lunes, enero 11, 2016

Estados Unidos (15)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.


En realidad, el propio gobierno que había propiciado la burbuja financiero-inmobiliaria de la compra de tierras fue el que colaboró para pincharla con una medida que conocemos como la Sperie Circular.

Esta circular fue emitida por Jackson el 11 de julio de 1836, y en la misma se exigía que todo pedazo de tierra que se le adquiriese al gobierno desde el 15 de agosto siguiente debía pagarse en plata o en oro. Existía una medida transitoria para lo que se consideraba los compradores no especuladores, esto es los que adquirían menos de 320 acres, a los que se les permitía un periodo adicional de cuatro meses durante los cuales podrían pagar usando certificados bancarios.

La Sperie Circular fue una medida drástica tomada por un presidente que se encontraba hondamente preocupado por el tamaño que había adquirido la bola de nieve que él mismo había colaborado a crear (cosa que le ocurre a los políticos en el 130% de las burbujas que se producen). Pero, claro, como ocurre siempre con las medidas drásticas, provocaron asimismo una corrección drástica del ciclo. Meses después, en la primavera de 1837, a la quiebra de los precios de las tierras, que ya se había producido, siguió la de la producción en sí y las materias primas. Estados Unidos estrenó lo que sus libros de Historia Económica llaman el Pánico de 1837. Y, como comenzaría a pasar a partir de entonces con gran frecuencia, el pánico americano se convirtió pronto en un pánico mundial. El cordón umbilical por el cual se transmitió el virus a Europa fue la fuerte implicación de algunos bancos británicos en la financiación del comercio algodonero.

En 1839, a causa de estas presiones, el banco propiedad de Nicholas Biddle, que venía operando con una concesión pensilvana, quebró. Aquel otoño tuvo que suspender sus actividades por dos veces, pero eso no era más que el principio porque en 1841 fue definitivamente a la quiebra y la liquidación. Fue acusado de fraude pero absuelto. En 1844 murió arruinado y olvidado, algo que es un buen símil de lo que pasó durante aquellos años de intensa especulación por la política de colonización de las tierras del Oeste sobre la que la gente suele saber poco y que, de hecho, reputan mucho más sencilla y equilibrada de lo que fue.

Sabiendo esto, sin embargo, hay que ser consciente del hecho de que, en 1836, cuando se produjeron las elecciones presidenciales, ninguno de estos problemas se había desplegado. Esto quiere decir que aquellas elecciones se produjeron con Jackson en el Parnaso de la popularidad. Había luchado contra la anulación, había mantenido en la guerra bancaria las posturas que a la gente le gustaba ver defendidas, y había incrementado el prestigio de los Estados Unidos en el exterior. Sus oponentes del partido whig lo atacaban acusándole de ser demasiado presidencialista, pero eso no necesariamente calaba como una crítica ante el hombre común.

Como no podía ser de otra manera, Jackson designó para que le sucediese a su segundo de toda la vida, Martin van Buren. Frente a Van Buren, candidato sólido donde los haya, el partido whig montó una especie de coalición antijacksoniana. En la misma integró a los viejos partidarios de Adams en Nueva Inglaterra, los partidarios de Clay en el Oeste, los antimasónicos y demócratas en general. Sabedores de que no podían ganar a Van Buren con un solo candidato, diseñaron una estrategia consistente en presentar varios, todos ellos con poder en alguna zona del país, para así intentar obtener una elección muy repartida que dejase la designación del presidente en manos del Congreso, como doce años antes. Pero Van Buren ganó; por poco, pero ganó.

Como ya sabemos por lo escrito en párrafos anteriores, Martin van Buren se convirtió en un primer ejemplo en la política estadounidense de un hecho que ocurre un día tras otro en la política. Una vez escuché decir a un ministro socialista de Obras Públicas, Javier Sáenz de Cosculluela, que este departamento no lo suele querer ningún político inteligente, por la simple razón de que un ministro de Fomento que dure tres o cuatro años todo lo que hace, básicamente, es inaugurar las infraestructuras licitadas por su antecesor, y licitar las que inaugurará su sucesor. Así las cosas, un buen ministro de Fomento, lo que suele hacer es quedar como un mierda porque la política de su antecesor normalmente lo fue, y tenderle un puente de plata a su sucesor, que vivirá de coña gracias a su trabajo. El común de los mortales orgasma cuando lee que un nuevo gobernante ha logrado reducir la deuda de su administración en los primeros meses de su mandato, siendo lo cierto que eso es imposible que ocurra: si tal ocurre, el mérito no es suyo, sino de su antecesor.

La quintaesencia negativa de este desplazamiento temporal que, como digo, el votante medio se obstina en no ver, es llegar al poder dos días antes de que una bomba retardada que tu antecesor ha concebido, diseñado, construido y cebado, decida estallar. Esto mismo le pasó a Van Buren con su mandato presidencial y el pánico de 1837.

Ante los ojos del bienintencionado jacksoniano, los bancos comenzaron a quebrar y los precios de los bienes básicos, a dispararse. En el sur, tierras y esclavos se vendían por cuatro gordas. Los desempleados se contaban por decenas de miles en muchos lugares.

Los demócratas más conservadores presionaron a Van Buren para que diese marcha atrás en la circular y regresase a un sistema de banco estatal centralizado. Sin embargo, había otros puntos de vista. Por ejemplo, los Locofocos proponían que, lejos de eliminar la circular, se fuese más allá, así como que se retirasen todos los fondos públicos de los bancos. Su argumento era claro: era la única manera de proteger el dinero público de la acción de los especuladores.

Van Buren se inclinó a favor de los Locofocos. Por esta razón, su mandato se caracteriza, fundamentalmente, por el esfuero de crear un Departamento del Tesoro completamente independiente. Creo pequeños departamentos del Tesoro en los Estados y decretó que los pagos de la Administración se realizarían en cash. Cuando en septiembre de 1837, Van Buren se presentó en el Congreso con su propuesta de Departamento del Tesoro, fue recibido por muy poco entusiasmo, por decirlo elegantemente. Los whigs y los demócratas más conservadores se opusieron. Sin embargo, el presidente se las arregló para conseguir el apoyo del sureño Calhoun (que había abandonado a los whigs), así como suficientes votos demócratas como para sacar adelante el proyecto. Esta votación marca el punto de mayor influencia locofoca en la política de los EEUU.

El principal lider whig en las elecciones de 1836 había sido el viejo luchador contra los indios William Henry Harrison, representante, cómo no, del Estado de Indiana. En 1840, volvió a conseguir el apoyo del partido para su candidatura y, sobre todo, el apoyo de los dos hombres fuertes de dicho partido en ese momento: Thurlow Weed de Nueva York, y John Tyler, de Virginia.

El partido afrontó la campaña electoral con el objetivo fundamental de abrillantar la imagen de su candidato a base de recordar su victoria de treinta años atrás en Tippecanoe, Indiana. Asimismo, montaron una campaña contra Van Buren en la que trataron de hacerlo pasar por una persona excesivamente gustosa del lujo, con historias sobre el palacio asiático en que había convertido la Casa Blanca y, muy especialmente, el diván turco que tenía para reposar. En oposición, Harrison fue vendido al electorado como un tipo muy simple que sólo necesitaba una log cabin, una cabaña de madera, para vivir. Como era de esperar, el habitual ejército de votantes gustoso de decidir su voto usando ideas sencillitas y las más de las veces no comprobadas petó los colegios y le otorgó una victoria por 145.000 papeletas (234 a 60 en el colegio electoral). Desgraciadamente para él, Harrison murió al mes de empezar su presidencia. La muerte de Harrison supuso el primero, pero no el último, de los episodios de la Historia estadounidense en los que algunos juristas de aquel país (a los que se une este modesto amanuense) consideran que se produjo un golpe de Estado constitucional, por la vía de declarar presidente al vicepresidente (las razones de esta posición ya las hemos explicado). El caso es que, a la muerte de Harrison, en lugar de celebrarse nuevas elecciones, su vicepresidente, John Tyler, pasó a ser presidente.

El viejo general de Tippencanoe había aceptado con naturalidad seguir en su presidencia los raíles de la intelligentsia de su partido, notablemente Webster y Clay; pero Tyler ya fue otra historia. El ahora presidente nunca había escondido su repugnancia hacia el proteccionismo y la existencia de un banco nacional, y había sido un decidido partidario de la nullification. En otras palabras, el presidente de los Estados Unidos era un partidario de la autonomía estatal. Así pues, ni corto ni perezoso, Tyler devolvió la ley de creación del Departamento del Tesoro, y por dos veces vetó la propuesta de Clay de crear un Tercer Banco Nacional. Tras el segundo veto, los movimientos de Clay llevaron a que casi todo el gobierno dimitiera; en realidad, sólo Daniel Webster permaneció como secretario de Estado.


En septiembre de 1841, Tyler firmó la Pre-emption act, por la que se establecía que todo colono que tomase propiedad sobre una tierra del gobierno sin autorización tendría derecho de tanteo sobre dicha tierra al precio mínimo. Esto es, bajo su presidencia fue cuando se produjo la gran victoria histórica de los west settlers, quienes habían venido defendiendo por décadas el principio de la pre-emption, en mi opinión con toda, pero toda, la razón.