lunes, enero 31, 2011

Mano negra, Mano Blanca (9)

El viernes, 17 de agosto de 1923, Ana Lonergan cumplió su sueño acariciado durante años. Mientras daba vueltas bailando con unos y con otros en el Patrick Mulhern Caterers de la Cuarta Avenida, la hermana de Pegleg Lonergan todavía no podía creer que, finalmente, su amor de toda la vida, Wild Bill Lovett, le hubiese dicho, finalmente, que sí. Los quince días de luna de miel de la pareja en el Catskill Mountain Resort Hotel sellaban, pensaba Ana, una época en la vida de su ya marido.

¿Por qué accedió casarse Lovett? No lo sabremos nunca con certeza. Es posible que se sintiese mayor, y también es posible que se sintiese, si era realista, menos poderoso que antaño. Para cualquier persona con dos dedos de frente era bastante claro que la Mano Negra estaba ganando la guerra. Que, igual que había ocurrido en Chicago, donde Al Capone estaba barriendo a las mafias originales, los italianos llevaban camino de hacerse con el crimen organizado en Nueva York. Y estaba la insistencia de Ana, enamorada de aquel hombre desde el Cretácico y decidida a cambiarle la vida.

De hecho, cuando la pareja regresó de su luna de miel, Ana impuso la búsqueda de su nueva casa fuera del entorno ya conocido de Brooklyn. Se fueron incluso fuera de Nueva York y allí, lejos de la gran ciudad, comenzó el lento pero constante proceso de convencimiento femenino para que Lovett abandonase la dirección de la Mano Blanca. En realidad, Lovett transigió por el hecho claro de que, retirado él, sería Pegleg quien le sucediese. De esta manera, él seguía teniendo vínculos intensos con la Mano Blanca.

La «dimisión» de Wild Bill Lovett se produjo el 21 de septiembre de 1923, en el garage de Baltic Street. De esta manera Richard Lonergan fue investido nuevo jefe de la banda.

Wild Bill y su mujer se fueron a vivir a un chalé a Little Ferry, New Jersey. Lovett se empleó como soldador en los astilleros de la ciudad, pero por el astronónico sueldo de 250 dólares a la semana. Los antiguos protegidos de la Mano Blanca pagaron parte de su tributo con aquel sueldo.

El 31 de octubre de 1923, Lovett llevaba ya como un mes en su nueva vida y daba la impresión de ser intensamente feliz. Probablemente, lo era. Ganaba más que la mayoría de los asalariados, vivía au dessus de la melée, tenía una mujer que le amaba, una casa envidiable, y ninguna de las preocupaciones inherentes a la dirección de una organización criminal. A su mujer no le extrañó que, aquel día, le dijese que se iba a acercar por Brooklyn para tomar una copa con sus viejos compañeros.

Así lo hizo. Lovett condujo hasta la Bridge Street, en cuyo número 25 había un local de expedición de alcohol llamado Lotus Club. Ningún miembro de la Mano Blanca estaba allí, pero eso no le importó a Lovett, quien se dedicó a beber en compañía de Joe Flynn, un estibador al que conocía. Pasaron tres horas bebiendo juntos sin parar hasta las 10,30, hora en la que Flynn se marchó del local, más reptando que andando.

Una vez que se quedó solo, Lovett se dio cuenta de que no podía volver a casa. Estaba al borde del coma etílico, así pues la opción de conducir era implanteable. Así pues, puesto que conocía bien el local, se arrastró a la trastienda, buscó un banco de madera que había allí, y allí se acostó a dormirla.

Media hora después, a eso de las once, ya no quedaba nadie en el local, excepto John Flaherty, el encargado. Al comprobar el local antes de irse, Flaherty descrubrió a Lovett, profundamente dormido en la trastienda. No quiso molestarlo. Con una sonrisa comprensiva, decidió marcharse dejando al irlandés dentro.

Al salir se encontró con el portero de la finca, el italiano Antonio Maglioni, que también hacía de barrendero en el local. Le comentó, más como un chiste que como otra cosa, que Lovett se quedaba dentro.

Una confesión inocente que selló su destino.

Maglioni se quedó barriendo el local una hora más. Después, se marchó a su casa, en la Cuarta Avenida, muy cerca del garage de la Mano Negra. De hecho, tenía que pasar por delante de él y, cuando lo hizo aquella noche, quiso la casualidad que Willie Altierri lo saludase. Maglioni ni era un chivato ni quería la muerte de Lovett. Él se limitó, como Flaherty, a comentar algo inusitado, como era el hecho de que Lovett se hubiese tenido que quedar a dormir en el Lotus. Pero, obviamente, Altierri hizo una lectura completamente diferente del dato.

Altierri fue a buscar a Augie The Wop y a Silk Stocking Guistra.

Los tres llegaron al Lotus a la una y cuarto de la madrugada. Allí encontraron a Lovett, y le dispararon catorce veces. Lo que ocurrió es que los italianos venían tan mamados del garage de la Mano Negra que, increíblemente, pese a disparar contra un objetivo dormido y quieto, sólo le dieron tres veces, y ninguna de ellas mortal. Lovett acabó por despertarse y, cuando se dio cuenta de lo que pasaba, comenzó a buscar su arma. En ese momento, Dos Cuchillos apartó por un momento los velos del alcohol para terminar el trabajo con uno de sus cuchillos, para siempre.

Lo que siguió a la muerte de Lovett es lo más parecido a una guerra en las calles que se puede imaginar. En poco más de un trimestre, 19 italianos y 21 irlandeses fueron asesinados. El 4 de noviembre, apenas unos días después de la muerte de Lovett, el primero de la lista fue Antonio Maglioli, es decir el portero que, casi sin querer, había dado la pista sobre Lovett; fue atropellado mientras se dirigía a la boda griega de la hija de un amigo suyo. La Nochebuena de 1923, fue Eddie «Ducky» Callaghan, primo de Eddie Lynch, quien fue asesinado.

La guerra siguió, con distinta intensidad, hasta finales de 1924. Terminó porque Yale hizo un movimiento maestro. Atendiendo a las peticiones de Al Capone, Frankie Yale y algunos de sus guardaespaldas viajaron a Chicago y, allí, dispararon y mataron a Dean O'Bannion, el líder de la mafia irlandesa de la ciudad que todavía luchaba por la supremacía de la ciudad con Capone. Aquellos eran otros tiempos y los jefes mafiosos no eran todos tipos que viviesen en mansiones o en plantas de hoteles de lujo (como Capone), sino que tenían la fachada de una simple vida honrada. La de O'Bannion era su presunta profesión de florista, y a su tienda fueron los italianos a verlo y a matarlo.

Como contraprestación por este trabajo, Capone apoyó la candidatura de Frankie Yale al frente de la Unione Siciliana, lo que años después cristalizaría en el Sindicato del Crimen, lo cual le dio contactos con organizaciones italianas de todo Estados Unidos. Pegleg Lonergan y su menguante Mano Blanca no podían contra algo así.

En la noche del sábado, 17 de enero de 1924, se produjo una escena casi increíble: Pegleg Lonergan, Eddie Lynch y Ernie The Scarecrow, entrando por la puerta del Club Adonis. El propio Yale les había invitado. Se firmó la paz mediante la demarcación de las correspondientes comunidades autónomas. Yale y Lonergan se repartieron Brooklyn como buenos hermanos. Los italianos se quedaron los llamados Green Docks, mientras que los irlandeses se quedaron los Greenpoint Piers.

La paz duró cinco meses. Hasta que los irlandeses se dieron cuenta de que, oh casualidad, el tráfico de Greenpoint Piers, mayormente internacional, decaía constantemente, mientras que en los muelles de los italianos, casi todos dedicados al tráfico interior, se mantenía. Es difícil que Yale previese este hecho, pues para ello habría tenido que ser un experto economista; pero el hecho es que ocurrió, y que los irlandeses se sintieron engañados por ello. Así las cosas, Lonergan ordenó comenzar las actividades en los muelles de los italianos como si no hubiese habido acuerdo. El viernes, 19 de junio, Augie The Wop Pisano y Silk Stocking Guistra se encontraron en uno de estos muelles, el de las Intercoastal Shipping Lines, con Ernie Skinny Shea y Wally The Squint Walsh. Los irlandeses intentaron defenderse, pero Guistra fue especialmente rápido y dejó seco de un tiro a Walsh. Como respuesta, en los días siguientes la Mano Blanca acabó con tres soldados de la Negra: Antonio Abondando, Victor Cerullo y Michael D'Onofrio.

La guerra, sin embargo, no tuvo esta vez color. En diciembre de 1925, le había costado ocho vidas a la Mano Negra, y 26 a la Mano Blanca. La derrota se mascaba entre los irlandeses. Lonergan seguía apoyando una estrategia de enfrentamiento, pero la sensación de que iba a perder hizo que algunos comenzasen a pensar en arreglar las cosas por su cuenta.



En la tarde del 12 de diciembre de 1925, Eddie Lynch, uno de los principales lugartenientes de la Mano Blanca, hizo saber a Frankie Yale que quería verle.


Comenzaba el último acto de la guerra entre la Mano Negra y la Mano Blanca.