miércoles, julio 02, 2008

Off Topic

Lo primero que quiero hacer es pediros disculpas. Este blog va de Historia y, aunque yo lo que voy a contar hoy es una historia, así, con minúsculas, no tiene nada que ver con la temática de este diario. Hoy tocaba hablar de Patrice Lumumba y de su asesinato; será pronto, en todo caso. No obstante, me asomo brevemente cambiando el asunto para contar una pequeña experiencia, no sin antes advertirte, lector, que si todo lo que buscas en este blog, y es normal que así sea, sean historias de la Historia, este artículo de hoy te va a decepcionar. Deja de leerlo en este punto.

Viernes, 27 de junio. Estoy en la marquesina del autobús de una avenida de Madrid. En esa parada sólo para un autobús, el X. Son las 7 y cuarto de la mañana. Entro en el curro a las ocho y el autobús no tarda en llegar ni veinte minutos. Así que voy sobrado.

He pasado mucho frío en esa marquesina. En invierno, es como esperar el autobús al lado de un monumental frigorífico cuya puerta Zeus se obstina en dejar abierta. Pero en verano mola. La temperatura es agradable y hay luz. Así pues, aquí pequé, aquí cometí yo mi primera agresión al Consorcio Madrileño de Transportes: me senté en el banco de la marquesina, saqué de mi mochila mi libro, y me puse a leer mientras llegaba el autobús.

Puede que algunos de vosotros, los más cretinos desde luego, hayáis pensado alguna vez que los bancos de las marquesinas están puestos ahí para que los viajeros se sienten. Pero no es verdad. Ya os dije que erais estúpidos. Como comprobarás pronto, pobre lector idiota, los bancos de las marquesinas están para que se sienten los paseantes, pero no los viajeros. Los visitantes de las marquesinas, pero no las personas que quieran tomar el autobús. Quizá pienses: pero, ¿es que tienen visitantes las marquesinas? Sigue leyendo. Según la EMT, sí. Según la EMT, sus marquesinas son una especie de bibliotecas ambulantes.

A las siete y cuarto pasadas, pasa una ráfaga. Supongo que delante iba Hamilton en su McClaren y, detrás, el autobús X persiguiéndole. No iba deprisa; iba muy deprisa. Luego me he informado, por una conductora de la EMT, que la velocidad de los autobuses está limitada. Pues no sé cuál será ese límite, porque os aseguro que fue visto y no visto, y dudo mucho que en condiciones de seguridad. La avenida es una avenida que mucha gente suele cruzar haciendo jogging o paseando a sus perros. Si los autobuses se obstinan en recorrerla así, cualquier día tendremos una desgracia.

El caso es que yo me quedé sin autobús.

Cojo el móvil y llamo al 010. Le pregunto a un muchacho que cómo puedo reclamar a la EMT. Me da un teléfono 902. Allí me informan de que la reclamación tiene que ser por escrito. ¿Por escrito?, le digo yo. ¿En el siglo XXI? Le pregunto al amable informante: ¿no ha oído hablar el Consorcio de lo que es un call center? Un call center es un servicio estudiado para que todas las gestiones puedan hacerse por teléfono; y esto es posible porque todas las conversaciones se graban y, de esta forma, la grabación tiene el mismo valor jurídico que el papel firmado, y el declamar tu DNI el mismo valor jurídico que tu firma. Pero eso es demasiado para el Consorcio de Transportes de Madrid. Existen call center que graban las conversaciones más o menos desde que el Australopitecus Afariensis montó el primero en África. Pero el CMT, a lo suyo. A pedalillo. Como veremos pronto, todo tiene su sentido. Es la mejor forma de pasar de las reclamaciones.

Bueno, el caso es que, algunas horas más tarde, entré en la web de la EMT y presenté mi reclamación. Hasta hoy. Algo tan sencillo como darle un capón a un conductor por saltarse una parada con viajero ha sido imposible hacerlo en cinco días. Y eso, teniendo en cuenta que lo denuncié por velocidad excesiva. O sea: le imputo un ilícito de tráfico, y el CMT a verlas venir.

A eso le llaman Atención al Usuario.

Esta mañana, miércoles, ha pasado lo que tenía que pasar. Si el perro se mea en la alfombra y nadie le da una hostia, pues lo lógico es que siga meándose ahí. La escena se ha repetido a las siete y media: viajero en la marquesina, banco, libro, y autobús que pasa. O sea, pasa. Del verbo pasar de. Pasa de mí como de deglutir deposiciones orgánicas.

010. Que me de usted otra vez el teléfono para reclamar a la EMT. Respuesta del O10: eso no se puede hacer por teléfono. ¡Coño! ¿El viernes sí y el miércoles no? El Cyborg despejabalones de Gallardón contesta: usted puede reclamar por correo ordinario o por correo electrónico, ¿cuál de las dos vías quiere que le facilite? Yo me callo el pequeño detalle de que también se puede reclamar a través de la web, dato éste que el robot gallardonita parece no tener grabado en su disco duro averiado. Le digo: lo que quiero es que me de usted el teléfono que su compañero me dio hace cinco días, más o menos a esta hora. El 010 reflexiona brevemente. Dice: le daré el teléfono del Servicio de Atención al Cliente.

Cráneo previlegiado.

SAC de la EMT. Al habla Fulano. Oye, Fulano, quiero que utilicéis esas emisoras tan bonitas que tenéis para darle un capón al conductor de la línea X que ha pasado por la parada de la avenida Tal a las siete y media y se ha dejado al viajero en tierra; entre otras cosas, porque es la segunda vez que pasa en cinco días. Fulano que si sí, que si no, que si reclame por escrito. Eso ya lo hice el viernes y me habéis contestado con el más insondable de los silencios, le contesto yo. Entramos en una conversación sobre cómo ha ocurrido el sucedido. Yo, sincerote que soy, le digo que estaba sentado en el banco leyendo cuando ha pasado el autobús.

Es el momento en el que Fulano ha visto la luz.

Respuesta del SAC de la EMT: el autobús se ha pasado porque usted estaba leyendo. O sea, porque no estaba pendiente de que pasara el autobús. Yo: ¿o sea, que la culpa es mía? Fulano: yo no he dicho eso. Yo: pero, entonces, ¿qué es lo que ha dicho? Porque resulta que, en mi estulticia de contribuyente, yo lo que entiendo que me está diciendo es que el conductor no ha parado porque yo, en lugar de estar en la marquesina en actitud pendiente y avisatoria, estaba leyendo un libro. Y aquí es donde Fulano se ha adornado como los mejores lidiadores. Me ha dicho:

‑ Si el conductor llega a la parada y ve a alguien en ella leyendo, puede pensar que no es un viajero, sino simplemente alguien que está leyendo ahí.

¡Acabáramos!

Tú estás en casa y dices: me voy a dar un paseíto. Te llevas un libro. Cuando te cansas de andar, te dices: pues me voy a sentar a leer. Tienes la opción de buscar una terraza, donde, además de la lectura, tendrás una cervecita y aceitunitas. O de irte al parque y sentarte en un banco, diseñado para eso. Pero, no: ¿adónde va la gente a leer? ¡A las marquesinas de la EMT! ¡Y a las siete y cuarto de la mañana! De verdad, ahora entiendo las colas y colas de gentes que se ven por todo Madrid, nada más despuntar el alba; personas con la última obra de Ruiz Zafón en el sobaco, esperando que les llegue el turno de poder sentarse en una marquesina de la EMT y leer a gusto.

Y, ¿qué me decís de la insondable inteligencia del conductor? El común de los mortales, el conjunto de paralíticos mentales que formamos la sociedad española, pensamos que la combinación de Parada de autobús + Persona en la parada equivale a Viajero esperando el autobús. Pero, no: según la EMT, si alguien está en una marquesina de autobús, lo más probable es que esté pasando el rato; pero de esperar el autobús, nada. La gente que espera el autobús, por lo general, se sube a la copa de los árboles o camina por las alcantarillas, como todo el mundo sabe.

Finalmente, llega el X. Conducido por una conductora. Nada más subir, le digo: el compañero que llevas delante se ha saltado la parada y me ha dejado en tierra. Y entonces llega ya la explicación metafísico-epistemológica. La guinda que le faltaba al pastel. La conductora sentencia, muy seria.

‑ Es que es un correturnos.

Cojonudo. Si llevas un autobús y ves un viajero en su parada, paras para recogerlo. Salvo que seas un correturnos. Si eres un correturnos, entonces te lo puedes saltar. Esta teoría es de gran profundidad y, de hecho, explica algunos de los enigmas de la Historia.

¿Por qué los Albertos no fueron a la cárcel? Porque son correturnos.

¿Por qué Bush nunca será juzgado por el Tribunal Penal Internacional? Porque es un correturnos.

¿Por qué el árbitro Al Gandur nos guindó el partido contra Corea en el Mundial? Porque era un árbitro correturnos.

And so on.

Cosas que he averiguado tratando, infructuosamente, de conseguir que se me diese una mínima reparación por llegar tarde a currar, tan sólo moral (de indemnizarme por el retraso ya ni hablamos).

1) El 010 es una lotería. Lo mismo te dan una información buitre, que palomi. Un día te dan un teléfono, al otro te lo esconden. Genial.

2) Como ya os he dicho, el SAC de la EMT no graba las conversaciones. Inteligente medida. De esta manera, por muy cabreado que esté el cliente, tiene que reclamar por escrito; se quitan de en medio las reclamaciones de los que se enfríen por medio. Y si la reclamación, como es el caso, es también contra la persona del SAC que ha atendido al viajero, es su palabra contra la tuya. Tú dices que dijo, él dice que no dijo.

3) Los conductores de la EMT, según he sido informado, NO TIENEN LA OBLIGACIÓN DE PARAR EN LAS PARADAS, INCLUSO AUNQUE HAYA ALGUIEN EN ELLAS. Es lo que me cuentan gentes del oficio, porque en el SAC (¿no lo habíais adivinado?) no me han informado; me han contado la chorrada ésa de que un tío leyendo en una marquesina puede ser cualquier cosa menos un viajero que espera leyendo.

O sea: el conductor parará si le das la señal de parar, como un taxi. Si no, tiene derecho a pensar que no eres un viajero, sino sólo un mediopensionista que está visitando la marquesina porque le gusta la decoración. ¿Alguno de vosotros está, quizá, pensando, que no tiene sentido igualar un autobús, que tiene paradas, con un taxi, que no las tiene, y es por eso que hay que señalarle que pare? Pues si lo estáis pensando, lamento deciros que en el Consorcio Madrileño de Transportes no tendríais futuro ni para llevar los cafés.

4) Los autobuses de la EMT no llevan tacógrafo. Eso es, al menos, lo que me han dicho sus conductores. Yo pensaba que sí, más que nada porque el tacógrafo es algo que faltó un pelo de Yul Brynner para que lo inventase Galileo, o sea que es más viejo que la tos; y porque es una medida básica para controlar lo que los conductores hacen con sus máquinas, que son de todos. Así las cosas, no me extraña que mi denuncia del viernes no haya tenido respuesta. Yo digo que el autobús iba follado, mas, ¿cómo lo demuestro? Solución: no sólo hay que estar en las marquesinas atento a que pase el autobús para hacerle ver que no somos gentes de paso sino viajeros; es decir, que no somos uno más de los millones y millones de personas que cada día se sientan a leer en las paradas de autobús, sino miembros de la estricta minoría de ciudadanos que utiliza las paradas de autobús para esperar el autobús. También es recomendable ir provistos de una cámara de video para, en el caso de que el autobús haga alguna pirula, poder grabarle para demostrarlo. Porque el interés de la EMT por saber lo que hacen sus conductores es nulo. Nulo. Ojos que no ven, viajero que se jode.

Así las cosas, he denunciado:

- Al conductor del viernes.
- Al conductor del miércoles.
- Al operador del Servicio de Atención al Cliente de la EMT que me atendió esta mañana.

¿Alguien apuesta sobre el resultado de estas gestiones?