jueves, enero 17, 2008

La visión soviética de la guerra civil

Como todo el mundo sabe, las Navidades son fechas complejas para los elefantes. Las ETT proboscídeas suelen estar a tope en esos días porque, en verdad, quién no necesita un elefante por Navidad. Hay sesiones dobles en los circos, es necesario reforzar los turnos en los zoos porque van mogollón de niños y todos quieren que el animal suba la trompa y barrite un poco, esas cosas.

Es por esta razón que Tiburcio, co-editor de esta mamonada, lleva unas semanas bastante liado. No obstante, como diría el viejo ABC de Luis María Anson, nuestra centralita está bloqueada con llamadas de lectores protestando por esta ausencia (no tenemos centralita y, aunque la tuviéramos, nuestros lectores no se saben el número; pero eso son detalles sin importancia).

Hoy os traigo, anyway, un post de Tiburcio. Este blog, en mi opinión, sería un blog mucho más aburrido, y de peor calidad, si entre tanta verborrea juandejuánica no incluyese algún acertado post elefantiásico.

En el post de hoy, Tiburcio aborda una actividad que sé que le gusta, gusto que, además, es compartido en mi caso: revisar las revisiones históricas cuando su tiempo ya ha pasado. Alguien dijo una vez que pocas cosas hay más sometidas a los vaivenes de la Historia que la propia Historia, y es cierto. Cada tiempo tiene su manera de ver el pasado y cuando ese mismo tiempo es ya pasado, conviene echar la vista atrás y ver cómo se veían entonces las cosas y lo que entonces se daba por cierto; esto, quizá, nos sirva para relativizar nuestras convicciones de hoy.

El post de Tibur incide en un aspecto sobre el que habría para escribir largo y tendido: las interpretaciones no españolas de la guerra civil. En este caso, una muy concreta, que es la de la Unión Soviética. Podemos ser enormemente incapaces a la hora de leer nuestra propia situación, pero esa incapacidad se multiplica cuando lo que estamos leyendo es la situación de otro. La interpretación soviética de la guerra civil española influyó mucho a muchos historiadores, de dentro y de fuera de España, sobre todo en el aspecto crucial que trata este post, que es la consideración del conflicto como un conflicto de raíces internacionales. La URSS defendió hasta su último minuto que si había habido guerra civil en España fue, única y exclusivamente, porque así lo habían decidido Hitler y Mussolini; porque la sublevación de Franco cuadraba dentro de los planes alemano-italianos para sojuzgar Europa.

Esta versión no cuadra mucho con los hechos. Por ejemplo: es cierto que Hitler y Mussolini siempre fueron bastante amiguitos; pero no tanto como Alemania y la propia URSS cuando, en 1938 (momento en el que la guerra civil española empezaba a dar sus últimas boqueadas) se repartieron Polonia como buenos hermanos. Y luego está el argumento principal, y es que resulta abracadabrante sostener que la guerra civil española no tuvo causas internas. Sin embargo, se sostuvo y, además, mucha gente, sesuda gente en muchos casos, lo creyó. Lo cree aún, me atrevería a decir.

En fin. Os recomiendo, como siempre, la lectura del post, amén de recordaros que la Navidad ya ha pasado.

Supongo que muchos de vosotros iríais cuando érais niños, o vais ahora con vuestros hijos o nietos, a los espectáculos de marionetas al aire libre. Las representaciones de marionetas son siempre muy parecidas: hay un personaje que es el que defiende a los buenos y, cuando alguien está en peligro de ser cazado por el malo, los niños gritan su nombre, llamándolo, para que aparezca.

Os propongo que hagais lo mismo. Salís a la ventana de vuestra casa y del trabajo y gritais: «¡Tiburcioooooo!» Y lo mismo lo oye (digo yo que para eso será que tienen las orejas tan grandes los elefantes).

Os dejo con él.

La visión soviética de la guerra civil

By Tiburcio Samsa.


Hace veinte años nadie hubiera podido predecir que algún día la visión soviética de la Guerra Civil española nos resultaría tan irrelevante como la opinión que tenía el Rey Asurbanipal de la política agresiva de los elamitas. En beneficio de los sovietólogos desamparados, que vieron de un día para otro cómo entraban en la misma categoría de los sumeriólogos, la de aquellos cuyo objeto de estudio está muerto y enterrado, de los nostálgicos de la Guerra Fría y de los curiosos en general escribo unas líneas sobre qué era lo que se decía en la Unión Soviética en los años ochenta sobre la Guerra Civil española.

Tomo como base el primero de los dos volúmenes de la Historia de la Política Exterior de la URSS (Istorija Vneshnej Politiki SSSR), editado en 1986 en Moscú, bajo la redacción de A.A. Gromyko y B. N. Ponomareva. Es un libro que compré cuando aún pensaba que la sovietología podía dar dinero y todavía no me había dado cuenta de que los inviernos rusos no me van. Lo que sigue a continuación es un resumen de lo que dice el libro. Me ha parecido mejor no apostillar ni comentar y dejar que el texto hable por sí mismo. He mantenido incluso algunas de las maneras de expresarse del texto, aunque puedan resultar chocantes.

Antes de empezar, me parece interesante hacer dos observaciones. La primera es que a la Guerra Civil española se le dedican 5 páginas y ¾, en un volumen de 511 páginas. Algo más que lo dedicado a la agresión japonesa en Manchuria y a la conquista de Austria por Alemania, pero menos que lo dedicado a los acuerdos de Munich. La segunda es que el capítulo que trata este tema lleva el significativo título de La URSS y la intervención germano-italiana en España.

La victoria del Frente Popular en febrero de 1936 y sus primeras reformas de corte progresista causaron hondo desasosiego a la Alemania nazi y a la Italia fascista. Las fuerzas reaccionarias en España no podían aceptar la pérdida del poder y con el apoyo germano-italiano un grupo de oficiales reaccionarios encabezados por Franco se sublevaron. Alemania e Italia buscaban no sólo el establecimiento de un régimen fascista en España, sino también entorpecer las comunicaciones de Inglaterra y Francia con sus imperios coloniales, creando una amenaza a Francia por el sur.

La URSS y todas las fuerzas progresistas mundiales acudieron en defensa de la República. Sus esfuerzos se vieron entorpecidos por la actitud de Francia e Inglaterra, que querían un acercamiento a Alemania y optaron por una política de neutralidad que privó al Gobierno de la República de la posibilidad de comprar armas en el extranjero en un momento en el que Alemania e Italia abastecían a los sublevados fascistas. El instrumento de esa política fue el Comité de No Intervención.

En contraposición, la URSS en el Comité mostró su apoyo a la lucha de los demócratas españoles contra las fuerzas del fascismo y el 7 de octubre de 1936 presentó al mismo cantidad de pruebas del apoyo que recibían los sublevados y advirtió que si no se solucionaban inmediatamente las violaciones del acuerdo de no intervención, la URSS se consideraría libre de los acuerdos que la vinculaban al Comité. El 23 de octubre la URSS insistió en que se permitiese al Gobierno de la República la compra de armamento en el extranjero. El 25 de octubre finalmente el Gobierno soviético anunció que, en tanto no hubiera garantías de que cesaría el apoyo a los sublevados, se consideraba moralmente liberado de sus obligaciones hacia el Comité.

La política del Partido y del Gobierno soviéticos quedó expresada con claridad en el telegrama que el Secretario General del Comité Central del PCUS, Stalin, le envió al Secretario General del PCE, José Díaz: «Los trabajadores de la Unión Soviética cumplen simplemente con su deber, al prestar su fuerte apoyo a las masas revolucionarias de España. Esto da cuenta de que la liberación de España del yugo de los reaccionarios fascistas no es un asunto privativo de los españoles, sino de toda la humanidad avanzada y progresista.» Así pues, la Unión Soviética prestó su ayuda al pueblo combatiente español y al Gobierno legítimo, de acuerdo con las normas del Derecho Internacional y cumpliendo con sus deberes internacionales.

El libro da como pruebas del apoyo ofrecido a la República las siguientes cantidades de armamento entregadas entre octubre de 1936 y enero de 1939: 648 aviones, 347 tanques, 60 autoametralladoras, 1.186 cañones, 20.648 pistolas y 497.813 fusiles, así como gran cantidad de granadas y proyectiles. En el otoño de 1938 el Gobierno soviético concedió al republicano un crédito por importe de 85 millones de dólares. Asimismo envió a España especialistas y asesores militares, que ayudaron enormemente a la creación de un Ejército popular regular y que coadyuvaron a las principales operaciones contra los intervencionistas fascistas y los sublevados. También participaron en la lucha voluntarios de 54 países formados en las Brigadas Internacionales. De los 42.000 voluntarios, 3.000 provenían de la URSS y de éstos más de 160 eran aviadores. Los voluntarios soviéticos dejaron más de doscientos muertos en combate.
La URSS ayudó a la República hasta sus últimos días de todas las maneras posibles: apoyo diplomático, ayuda económica… Sin embargo, las fuerzas eran muy desiguales. Sólamente el Ejército de los intervencionistas germano-italianos contaba con cerca de 300.000 soldados y oficiales. El Ejército popular republicano, apoyado por voluntarios de muchos países, combatió con un heroísmo inaudito y aunque sufrió muchas pérdidas, siguió luchando. En la lucha, como resultado de los bombardeos germano-italianos y de la represión en los territorios conquistados por los fascistas murieron más de un millón de hombres.

Pero en Londres y París se cerraban los ojos ante la brutalidad de los intervencionistas germano-italianos. En enero de 1939 se negaron a adoptar sanciones contra los agresores germano-italianos, conforme a la Carta de la Sociedad de Naciones. Ello significó que los agresores tendrían completa libertad para estrangular a la República española.

No puedo morderme más la lengua y dejar de hacer un comentario recapitulador: la Guerra Civil española, según el libro, fue la historia de la agresión que sufrió el heroico pueblo español a manos de los intervencionistas germano-italianos, agresión ante la que sólo pudo contar con la ayuda de la URSS, ya que Francia e Inglaterra optaron por una no intervención vergonzosa. Me pregunto lo que dirá a propósito de esta versión de la Guerra la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica.