miércoles, marzo 28, 2007

¿Para qué están las hemerotecas?

Supongo que alguno de los lectores de este blog que resida en España o vea el canal internacional de TVE habrá visto, en la noche del martes 27 de marzo, la entrevista del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con 100 ciudadanos españoles, elegidos no sé muy bien cómo por alguna empresa demoscópica. Es la primera vez que se ha hecho en España este experimento modelo «ciudadanos de a pie entrevistando a político».

Por lo que he visto esta mañana, y ya me podía imaginar ayer al verlo, un de los detalles más famosos del programa es y será el del café. Un señor de 50 años, de Pamplona, se le quejó al presidente de lo mucho que le había jorobado la llegada del euro. Como quiera que el presidente contestó con vaguedades (un error por su parte; debería aprender que las respuestas deben ser proporcionales a la pregunta), el ciudadano, ni corto ni perezoso, volvió a coger el micrófono, se quejó de cómo habían subido los precios y, a bocajarro, le preguntó al presidente si sabe lo que cuesta un café hoy en España.

El presidente, tras dudarlo unos segundos, sentenció: 80 céntimos.

Hoy es el cachondeo de todas las cafeterías. La gente no quiere pagar más que 80 céntimos por los cafés, cuando es un hecho que valen un euro, o más; pero aducen, claro, que lo que dice el presidente, va a misa. Como le dijo al presidente el navarro: «ese precio que usted ha dicho es de los tiempos del abuelo Patxi».l

Pues bien: ¿cero para el presidente? No. Quien piense que una persona que es secretario general del principal partido de la oposición desde hace como diez años, y presidente del gobierno desde hace tres, haya tenido en los últimos diez años que echar la mano al bolsillo una sola vez para pagar un café, quien piense eso, digo, es que está tonto.

El cero es para sus asesores. Porque venían avisados.

Hace ya muchos años, tantos que no he conseguido encontrar evidencias en internet de lo que voy a contar, Jacques Chirac, entonces alcalde de París y aspirante a llegar donde llegó (a la Presidencia de la República) fue entrevistado creo que en una emisora de radio. La gente llamaba y preguntaba al señor alcalde. Y hubo un tipo que se limitó a preguntarle: señor Chirac, ¿podría decirme cuánto vale un billete de metro?

Chirac fue incapaz de dar una cifra. No lo sabía, y eso fue un problema de imagen para él, porque un alcalde de París que no sabe lo que cuesta moverse por París queda como un elitista soberbio.

Desde aquel día, todos los políticos bien asesorados que se presentan ante auditorios no profesionales (colegios, encuentros con corporaciones, tertulias electorales en los mercados, etc.) suelen llevar en la cabeza una batería de precios que les preparan sus asesores. Desde la anécdota Chirac, obligación número uno a la hora de preparar a un político que dice aquello de dejad que los votantes se acerquen a mí es conseguir que no le pillen en un renuncio. Y es relativamente fácil, porque nadie le va a preguntar a un político cuánto vale un billete de avión en clase turista de Madrid a Pekín con escala en Frankfurt (pregunta que se asemeja a la de la velocidad de la golondrina africana de Los caballeros de la Tabla Cuadrada); si cae la pregunta será sobre el precio de un café, o de un menú del día, o de un metrobus, o de un piso.

Ya sé que la Historia se considera disciplina inútil. Pero a veces resulta, más que útil, vital.

Lo dicho: cero zapatero para los asesores de patatero.

7 comentarios:

  1. Vale. De acuerdo. Cero para los asesores.

    Pero creo recordar que el presidente hablo de vivienda, paro, inmigración, terrorismo, desigualdad, política social, etc.

    ¿Y donde se ha situado hoy el foco de la prensa? Sobre si Zapatero sabe o no el precio de un café. La pregunta que me lleva rondando la cabeza todo el dia es: ¿somos tontos? ¿o nos tratan como a tontos?

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  2. Anónimo10:20 p. m.

    Javier. Sinceramente: pienso que somos tontos y nos tratan como tales.

    Para mí, lo de menos es de lo que hablara Zapatero. Lo que me importa es mi calidad de vida y mis derechos (y los de todos se entiende). Y ahí no valen palabras sino hechos. Ellos, por su parte, saben mucho de hablar y poco de hacer.

    Todos esos problemas de que hablas: vivienda, paro, etc., ni los solucionó el PSOE ni el PP. Ni los van a solucionar. No saben, no quieren o no pueden ... y los seguimos votando. Tenemos lo que nos merecemos.

    Salud!

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  3. Te contaré una historia, Javier.

    Hace ya algunos años, cerca de Londres la policía paró a un coche que iba a velocidad excesiva. Dentro iba un conductor de cierta edad con una mujer muy joven que resultó ser una trabajadora del sexo. El conductor, además, se había tomado dos copas.

    Cuando el policía le pidió al conductor la documentación personal, éste, en el acto de dársela, le dijo: «Aquí le entrego una carrera política».

    Era un diputado conservador.

    Tampoco a él le preguntaron todo lo que había hecho por el país, las propuestas de ley que hubiese elaborado, los esfuerzos realizados por tal o cual colectivo de votantes con problemas. Es lo que se llama imagen.

    Una sola frase mal dicha se carga todo el trabajo de horas. Eso lo sabe cualquier político. Por eso tienen asesores. Asesores que les enseñan cosas como, por ejemplo, a estructurar las frases de forma que sea difícil que una televisión o radio, a mala hostia, tome un recorte en el que el político parezca decir lo que no ha dicho.

    Y siempre es una lotería. Pero el precio de un café, por favor... Es una trampa más vieja que mear de pie (de cuando Chirac era joven, ahí es nada).

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  4. hmmm pero es que yo conozco 10 cafeterias a lso largo de españa en que vale entre 75 y 85 centimos, igual que conzco sitios donde vale 3€, si tenemso en cuenta que el sr. es de Valladolid... y que lleva un chingo de tiempo siendo funcionario... creo que el error es que contesto debio haber dicho que no tomaba cafe. no importa lo que dijese se habria sacado de quicio.

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  5. Anónimo12:04 p. m.

    La lista de las cosas que tengo que reprochar a ZP, con sucinta explicación de cada una, ocuparía lo que varios posts de este blog. Desde luego, entre ellas NO está que no sepa lo que vale un café.

    No me extraña nada que el Presidente de Gobierno no sepa lo que vale un café, o un billete de metro, o una barra de pan, o un kilo de carne. Me parece perfectamente lógico y disculpable. Y, como ciudadano, no creo necesitar para nada que ningún presidente de gobierno sepa esas cosas. Otras son las que tienen que saber.

    La pregunta es estúpida. Centrarse en ella es una manipulación deliberada, para resumir en una anécdota trivial y sin importancia todo lo que pueda haberse dicho en el programa de marras.

    Programa que, por otra parte, es la misma clase de estupidez tramposa a gran escala. Nada hay más fácil que contestar quedando bien cualquier pregunta, cualquiera, que te haga un ciudadano anónimo, sin tiempo para repreguntar e insistir y con la posibilidad, que ZP y todos los políticos manejan a la perfección, de irse por las ramas, contestar vaguedades vistosas y referir cualquier cuestión a otra más general sobre la que enrollarse amablemente y quedar como los ángeles.

    Es un programa demagógico y necio y, lógicamente, ha quedado reducido y retratado por una pregunta demagógica y necia.

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  6. Anónimo5:53 p. m.

    Selara, te puedo garantizar que en Valladolid te va a costar sobre un euro el cafe, vayas donde vayas....

    En cuanto a que Zapatero sea de Valladolid, Zapatero es leones (el hombre no es de donde nace, sino de donde pace)

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  7. Anónimo12:15 a. m.

    Yo no vi el programa. He oído lo del café y no le doy mayor importancia. Sí vi, en cambio, un pequeño resumen que salió en el telediario con un par de preguntas. Una de ellas era de un señor al que no le gustaba nada la monarquía y decía que por qué la sufríamos los españoles si nadie nos había preguntado si la queríamos. Después vino un chascarrillo sobre si Rubalcaba podría hacerlo mejor si fuese Rey. Zapatero se apuntó al chascarrillo y poco más. Creo que a los españoles se nos preguntó si queríamos monarquía cuando se votó la Constitución. Después se podrá estar o no de acuerdo, querer la república o que se modifique la Constitución, pero el caso es que nos preguntaron. Para mí es mucho más grave que lo del café el que todo un señor presidente no se lo recordase al ciudadano en cuestión.

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