lunes, julio 31, 2006

Recuperando la memoria histórica

Acojo aquí, con todo el gusto y espero que no sea la última vez, una amable colaboración de mi amigo Inasequible Aldesaliento. Ina y yo tenemos una relación ya larga, en la que hemos discutido sobre un montón de asuntos relacionados con la Historia de España y del mundo. Yo creo que hace tres años que lo hacemos y hoy es el día que no nos conocemos físicamente (qué sexual ha sonado esto; aunque yo me refería únicamente al contacto visual).

Cuando puse en marcha este blog, no perdí el tiempo e invité a Ina para que colaborase en él. De hecho, y lo digo públicamente, albergo la ambición de que algún día acepte ser coeditor de estas notas.

Ina empieza su recorrido en esta lista por un tema de actualidad: la memoria histórica de la guerra civil española. Todo lo que puedo apostillar de sus notas es que, de haberlas escrito yo, habría dicho lo mismo, sólo que me habría expresado peor.

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Recuperando la memoria histórica
© Inasequible Aldesaliento™


Cuando oigo hablar de la recuperación de la memoria histórica, me da por pensar en abnegados arqueólogos toscanos recuperando vasijas etruscas en las cercanías de Florencia.

Recuperar la memoria histórica de sucesos que ocurrieron hace setenta años y sobre los que se han escrito centenares de volúmenes suena a tarea inútil, casi como discutir si Colón llegó a América a las 11 de la mañana del 12 de octubre de 1492 o a las 12 menos 20.

Por eso me parece que cuando se habla de recuperar la memoria histórica de lo ocurrido hace 70 años en España lo que en realidad se nos está diciendo es «reinterpretar la memoria histórica». Porque la Historia es siempre una, pero sus interpretaciones son infinitas.

Es un hecho que Julio César murió en los Idus de marzo del 44 a.C. Pero podemos pasarnos años discutiendo si sus asesinos eran republicanos de pro que temían el cesarismo de César (hay nombres que marcan), si eran ambiciosos que no querían que César se adjudicase una corona a la que ellos mismos aspiraban o maridos y padres hartos de que César se cepillase una noche sí y otra tambíén a sus mujeres y a sus hijos adolescentes. Esto segundo es interpretación.

Franco participó en la conspiración antirrepublicana que condujo al 18 de julio. Eso es un hecho. ¿Lo hizo porque no quería quedarse fuera de lo que intuía que iba a ser el caballo ganador? ¿Lo hizo porque era un legalista y veía que la legalidad republicana estaba siendo tan subvertida que era necesario un golpe de timón? La respuesta a esa pregunta es interpretación y responderla tiene algo de novela policiaca. Ver las palabras de Franco en esos días y sus justificaciones a posteriori, leer las memorias veraces o no de los protagonistas de aquella época y decidir con qué carta nos quedamos.

En unos momentos en los que Oriente Medio arde, el planeta se recalienta, hay pandemias y terremotos, que haya políticos dedicados a interpretar la Historia parece un ejercicio entre pueril y futil. Estúpido, incluso.

A veces parece que el ejercicio consiste en una recuperación de la memoria histérica, conseguir revivir las pasiones de aquellos años. La ciencia histórica, el deseo de buscar interpretaciones lo más objetivas posible, no parecen estar muy alto en la lista de prioridades.

Así que cuando la pesada de mi vecina, que nunca se entera de nada, me encuentra en el ascensor y me pregunta por eso que ha dicho Zapatero en el Congreso sobre la Historia y que tenía tan buen talante, pero ella que sólo acabó el graduado escolar apenas ha entendido, la comprendo perfectamente. Yo mismo no acabo de ver la utilidad del ejercicio e intento explicarselo. Pero la pobre es un poco obtusa (sería una parlamentaria perfecta, siempre silenciosa y votando lo que le dijeran) y todo se lo tengo que repetir varias veces hasta que pierdo la paciencia y le acabo por gritar:

- Se trata de recuperar la memoria, histérica.