lunes, julio 07, 2014

History Quiz #2 respuestas

... bueno, pues aquí estamos otra vez, haciendo notaría de las 88 respuestas, que más que bien está muy bien, al cuestionario que planteé hace unas horas.

Vayamos allá con las soluciones.



El problemilla de Nébrija

Vuestra apuesta mayoritaria ha sido: Antonio de Nébrija era tartamudo. Supongo que esta apuesta tiene que ver con la idea de que alguien que habla mal, bien puede refugiarse en los libros y por ello convertirse en un intelectual. A continuación se ha situado por la apuesta de que era cojo, cosa que es perfectamente plausible.

Más cerca han estado, sin embargo, las cuatro personas que han pensado que era alcohólico.

El primer biógrafo de Cisneros, Alvar Martín de Castro (citado por José López de Toro en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia: Perfiles humanos de Cisneros. Madrid, 1958), cuenta en su escrito que el sacerdote/gobernante y Nébrija solían debatir a menudo. De hecho, dice, Cisneros había tomado la costumbre de pasar todas las mañanas, camino de sus ocupaciones, por la casa de Nébrija, que vivía en un bajo con una de esas ventanas enrejadas a la calle, para departir con él un rato. Insinúa, finalmente, que aquella conversación era un pacto entre ambos, impulsado por el gramático, para así prevenirle de beber vino por las mañanas, cosa a la que, informa, era muy aficionado.

Tengo por mí que «aficionado» no es la palabra. Beber por la mañana, beber solo y necesitar de alguien que nos impulse a no beber son, los tres, posibles síntomas de dipsomanía; y los tres juntos casi nos deben llevar a concluir que Nébrija bebía más de lo que él mismo consideraba prudente.

Dándole al griego

En esta pregunta las respuestas se decantan, casi por igual, entre los que piensan que un porfirogénetes es un rey, o es una persona nacida en la fe cristiana, o es un hombre santo.

En realidad, es un rey. Y no cualquier rey, porque para ser porfirogénetes ha tenido que nacer con derecho de vestir la púrpura real. Es, pues, un rey nacido rey.

Mujer decimonónica

Susanne Alleyn, en un divertido libro llamado Medieval underpants, dedicado a las cagadas que suelen cometer los autores de novelas históricas por no documentarse adecuadamente, le dedica un capítulo entero a este tema, que por otra parte habéis cazado al vuelo la mayoría de quienes habéis contestado.

En efecto, como bien recuerda Alleyn en su libro, cuando María Antonieta, una mujer de finales del XVIII, iba a ser conducida al cadalso, pidió permiso para mear y, cuando le fue concedido, simplemente se fue a la esquina de la sala en la que estaba, se puso de cuclillas y se levantó algo la falda. Porque no llevaba bragas. Ni ella, ni yo diría que nadie antes que ella.

La ropa interior femenina, e incluso la formulación de la masculina como tal, es algo que hoy damos por sabido pero que, sin embargo, es un fenómeno relativamente reciente.

Merece la pena, como digo, leer este librito de Alleyn, donde se encontrarán otras cosas divertidas.

Tabúes

La inmensísima mayoría de vosotros ha considerado que Dios era la palabra que Freud no dejaba que se pronunciase en su presencia. Pero habéis fallado. En realidad, Freud no tenía tantas cosas contra Dios como para no permitir que se hablase de él en su presencia. De hecho, si lo pensáis con algún detenimiento, alguien que pensaba que al hombre consciente lo gobierna un subconsciente que le hace decir y pensar las cosas que dice y piensa para poder procesar sus miedos y sus deseos; alguien que piensa eso, digo, está en muy buena posición para entender el fenómeno religioso.

No. La palabra que Freud no pronunció nunca, desde que comenzó a sufrirlo, fue cáncer. Sufría un cáncer en la boca que, además, le hizo sufrir mucho en los últimos años de su vida, y era incapaz de hablar de ello conscientemente. El formulador de los tabúes no podía evitar, él mismo, tener uno.


En las Cortes castellanas

Hay que felicitar a los vecinos del Gamonal y adyacentes, porque parece evidente que mis corresponsales tienen claro que Burgos era una de las ciudades preeminentes en las Cortes castellanas. Y es cierto, a fe de Don Rodrigo.

Eso sí, habéis sido mayoría los que habéis pensado que la segunda ciudad en litigio ha sido León. Supongo que habéis pensado que la configuración de los viejos reinos (de Castilla y de León) hace lógico pensar que una de las ciudades sería representativa de uno, y la otra, del otro.

Pues no. Hay que ir un poco más allá.

No habéis sido pocos (en puridad, casi tantos como los que eligieron León) los que han elegido la ciudad correcta: Toledo. Como digo, hay que ir un poco más allá en el tracto lógico. Antes incluso de que los reinos se intitulasen de Castilla y de León, estuvieron los reyes visidogos, de los cuales, no se olvide, Pelayo y sus gardingos eran herederos (en realidad, eran nobles godos). La capital del viejo reino visigodo, con el que las Cortes querían hacer continuidad histórica convirtiendo la dominación musulmana en una especie de hiato, era Toledo. En Toledo eran los concilios anuales que estructuraban la monarquía.

No obstante hay que matizar que esta igualdad es sólo aparente. Los reyes castellanos siempre otorgaron mayor importancia a Burgos y apelaron a la disciplina de los toledanos para no reclamar su teórico derecho a hablar los primeros.

Acudamos a las fuentes. La que yo os recomiendo, insuperable, es la Teoría de las Cortes del canónigo Francisco Martínez Marina (1813).

Según la descripción que nos hace MM, lo que el rey, en la sesión de apertura de las Cortes, veía desde su silla elevada era:
  • Frente a él, una primera fila de asientos en las que se sentaban los reinos de Sevilla, Córdoba, Granada, Burgos, León, Jaén, Murcia, y los miembros de la Cámara Real.
  • Detrás de ellos, el secretario, solo, tomando notas.
  • Detrás de todos ellos, solos, los representantes de la ciudad de Toledo, situados en lugar especial por mandato del rey (probablemente relacionado con que siempre estuviesen dando la brasa con que tenían que ser los primeros en votar).
  • A la derecha del rey, las provincias de Valladollid, Soria, Zamora, Toro (la vieja Gothorum, ciudad de los godos, lo que no tiene nada que ver con los cornúpetas) y Madrid.
  • A la izquierda del rey: Ávila, Salamanca, Guadalajara, Segovia y Cuenca.
La preeminencia de voto era de Burgos (luego León, Granada, Córdoba, Murcia y Jaén...), con la prerrogativa para Toledo de votar el último de todos los reinos.

Como digo, en todas las cortes castellanas se produjo la pretensión de Toledo por hablar antes; y cuando digo en todas, digo en todas: hasta en las convocadas por Fernando VII. El rey cortaba sistemáticamente esta discusión dando la prevalencia a Burgos, aunque normalmente otorgando la merced a Toledo de que figurase en el acta de que así lo había ordenado él, así pues la sede toledana obedecía por mera disciplina. Una sola vez, en las cortes de Madrid de 1462, no habló Burgos la primera. Pero eso fue porque el cachondo de Enrique IV, en un gesto inusitado, le dio la primera palabra a un representante de Segovia.

El origen del conflicto reside en que Burgos era cabeza de reino, pero Toledo, al mismo tiempo, era primada de las Españas, por haber sido, como digo, capital antes de la llegada de los musulmanes. Sin embargo, cuando terminó la Reconquista, Burgos adujo que no podía ser primada en las Cortes una ciudad que había sido invadida por el moro, por lo que consiguió ser nombrada Caput Castellae

Granada, de hecho, tras su conquista por Fernando el Católico, pretendió obtener la primacía que se le otorgaba a Toledo, lo cual provocó que los toledanos le exigiesen a los reyes que dejasen bien claro el mantenimiento de la tradición; cosa que éstos se vieron obligados a adverar por carta.

El bisabuelo

Entre mis encuestados hay como ganas de que Toñito del Plesís muriese en un burdel. Antoine era un mal bicho, digámoslo por adelantado. Fervoroso católico, era partidario de la limpieza étnica de los hugonotes, y con tal pasión lo era que llegó a participar en un genocidio en el cual una veintena de protestantes, que para más inri se habían refugiado en una iglesia, fueron masacrados sin piedad por una patota de católicos que él comandaba.

Le fue cogiendo el gusto a esto de la pendencia y el asesinato, hasta el punto de convertirse en un tipo poco recomendable que hacía cosas poco recomendables. El siempre divertido Pierre de L'Estoile nos dejó notaría de su muerte: «El 19 de enero de 1576, el capitán Richelieu, hombre con muy mala fama por sus robos, sus latrocinios y sus blasfemias, habiéndose convertido en un gran rufián, fue asesinado en París, en la rue des Lavanderies, por unos rufianes como él». 

Así pues, murió en un ajuste de cuentas.

O esa era mi intención de respuesta cuando hice el cuestionario.

El caso es que tomé la cita del libro sobre Richelieu de Auguste Bailly; Bailly deja aquí las palabras de L'Estoile. Sin embargo, como uno nunca está contento, acabé por intentar leer la cita de su texto original. Y debo confesar que L'Estoile termina la descripción diciendo que Du Plessis fue asesinado por otros delincuentes como él étant avec des garces. Otrosí: estando con unas perras. 

Vista así la cosa, la probabilidad de que estuviese en un burdel es muy alta, así pues debemos declarar un empate entre quienes escogieron una cosa, y los que escogieron otra.

Motes

El mote de El Elefante no se lo pusieron a ninguno de los gobernantes que pensáis, salvo muy pocos de vosotros. Ese mote se lo pusieron a Cisneros, y la razón de ello era que tenía, por lo que se ha escrito, muy desarrollados los colmillos superiores de la dentadura. Entonces no había mucha posibilidad de motejarlo de morsa o algo así, porque las gentes de Alcalá no habían visto muchas morsas. Y el mito de los vampiros todavía no existía, así pues difícilmente podían llamarlo Drácula.

De nuevo Alvar Martín: «Los ojos pequeños, negros, lagrimosos. Las ventanas de las narices grandes. Encima de las narices, en el sobrecejo, un pedaço de carne. Feroz y severo. Amigo de pocas palabras. Era alto de cuerpo y de buen hueso, hombre enxuto. Sería de ochenta años cuando murió y meauase como si fuera de cincuenta. Tenía dos colmillos grandes. Decían que parecía elephante.»

Más animales

Pues sí: el Jabalí del Congreso era Joaquín Pérez Madrigal, diputado que se caracterizaba por hacer unos discursos encendidos, indignados diríamos hoy; pero que, al tiempo, es un rarísimo caso de diputado de las Cortes republicanas reciclado a franquista, que vivió muchos años bajo el régimen del general alabando la solución de la guerra civil y escribiendo unos libros que ponían a parir a la República; algunos de ellos, todo hay que decirlo, no exentos de lucidez.

Muchos habéis votado por Calvo Sotelo. No, no fue el Jabalí del Congreso. Pero bien pudo serlo.

Una paloma blanca

A ver, la mayoría de vosotros sois una panda de descreídos que, la verdad, tras leer este post deberíais ir a confesar y comulgar. ¿Qué es eso de que las patas de la paloma no significan nada para un cristiano? ¿Qué será lo siguiente? ¿Decir que el Espíritu Santo es, en realidad, un jilguero?

En la página 261 del seminal libro Mensaje simbólico del arte medieval, obra del erudito Santiago Sebastián (Madrid, Ediciones Encuentro, quinta edición, 2012) encontraréis la clave. Allí nos dice este iconólogo sin par que la paloma, entre otras cosas, fue considerada como símbolo de la Iglesia, y que sus patas rojas venían a significar la sangre de sus mártires

Hunting

Pues sí. Se ve que sois duchos en cazar unicornios, que sois amplia mayoría los que consideráis que es necesario llevar una virgen en la partida de caza. Cierto. Es tradición sostener que el unicornio, animal astuto y esquivo frente a los cazadores, se vuelve manso y confiado como el cachorrito de un perro cuando se le acerca una mujer virgen. Así pues, los cazadores de unicornios deben llevar con ellos una fémina ajena al himeneo, por ver que el cabrito del animal no se les escape.