lunes, septiembre 03, 2012

Breve historia de la ariosofía (3: Guido von List)

No te olvides de leer el capítulo 1 y el capítulo 2 de estas notas.


La primera sociedad teosófica alemana, bajo la presidencia de Wilhelm Hübbe-Schleiden, data de 1884. Con posterioridad, en la última década del siglo, Franz Hartmann funda un movimiento ariosófico, muy centrado en la labor de los rosacruces y cuya revista, Lotusblüthen, es la primera de que se tiene conocimiento que utilizó la esvástica en su portada.

La historia de los rusacruces también deberíamos contarla alguna vez en esta ventana a la Historia. El movimiento rosacruz es una extraña mezcla entre planteamientos teosóficos de poca raíz científica, directamente emparentados con la alquimia, y un espíritu pre-ilustrado, defensor de un despertar del ser humano al verdadero conocimiento. El auténtico y original movimiento rosacruz, llamado así por su primer protagonista, el mítico Rosen Creutz, está directamente vinculado a la lucha entre protestantismo y catolicismo en el centro de Europa y el intento de virar el viejo Sacro Imperio hacia el lado luterano.

Pero, en el fondo, da igual. El movimiento rosacruz, como las pirámides de Egipto, como los bajorrelieves mayas y tantas movidas, acabó, con el tiempo, importando poco en sus planteamientos reales pues, en manos de creyentes voluntarios y no muy exigentes como los ariósofos, se convirtió en otra cosa. Carne de pollas varios. Así, Hartmann contó en su floreado periódico que buena parte de su sabiduría la había obtenido en un monasterio rosacruz perdido en los Alpes bávaros (mito que buscaba que sus acólitos creyesen en la existencia de creyentes en la misma Europa). Todo esto se mezclaba rápidamente con otras teorías del mismo jaez, como las sostenidas por Friedrick Enstein, secretario personal del compositor Anton Bruckner, incansable estudioso de los templarios (cómo no, ya tardaban en aparecer) y las religiones orientales. Esfuerzos todos que forman parte de un esfuerzo más genérico, del cual la segunda mitad del siglo fue un espectador en primera fila, que, de alguna manera, se quintaesencia en el famoso Dios ha muerto de Friedich Nietzsche. El final del siglo XIX es el momento de la búsqueda de explicaciones para la vida y el mundo al margen del cristianismo (o cristiano-platonismo, dirá, con mayor precisión, Nietzsche); dado que el movimiento völkisch no tenía nada que agradecerle al cristianismo, le fue muy fácil abrazar cuantas alternativas se le ofrecieron para sustantivar este divorcio.

El primer gran gazpachero entre ocultismo y ultranacionalismo alemán es el austriaco Guido von List. List creía en la necesidad de superar el proyecto de Estado alemán pruso-bismarckiano, para crear un estado ario más que germánico, que sería gobernado por reyes-sacerdotes e iniciados en la gnosis aria. Él mismo era estudioso de la alquimia y de la Cábala (otro clásico, que ya faltaba) y se decía el último gran sacerdote Armanístico, es decir miembro de la casta gnóstica que en el pasado habría gobernado la tierra aria. Había nacido en Viena en 1848 de una familia católica pero, con 14 años, durante una visita a las catacumbas bajo la iglesia de San Pedro, se volvió medio tolili, decidió que aquello que estaba viendo eran las ruinas de un templo precristiano, y sus convicciones cambiaron radicalmente. Comenzó a preconizar el maridaje con el paisaje alemán (él mismo era un dedicado alpinista) y a estudiar (lo cual quiere decir inventarse a ratos) las tradiciones germanas. Así, celebró el 1.500 aniversario de la victoria germana sobre los romanos en una ceremonia en la que enterró ocho botellas de vino en una pequeña fosa... con forma de esvástica.

Entendiendo a su manera los ciclos vitales del universo y la civilización fijados por la Blavatsky, Von List entendía la Historia conocida del mundo como un continuo de dominación de la raza aria; que hay que tener, con perdón, unos huevos como los del caballo de Espartero para concluir que eso es lo que nos dice la Historia. Para List, sólo había dos periodos en los que esa dominación había sido detenida o suspendida: la dominación romana y la dominación cristiana (o sea, como 2.000 años seguidos y sin solución de continuidad). Sea esta historiografía todo lo pollas que era, no le faltaron acólitos, porque en la vida es bien claro que lo que la gente quiere creer es mucho más importante que lo que es lógico que crea. El nacionalismo germánico de los austriacos que se sentían constreñidos en la faja austro-húngara encontró en estas teorías el suelo que necesitaba pisar.

La publicación del best seller de List, la novela Carnuntum, le granjeó una rápida e intensa admiración por parte de los círculos ultragermanófilos austriacos, dirigidos en ese momento, en lo político, por nuestro viejo amigo el diputado Ritter Georg von Schönerer, quien, ya en tan temprana fecha como 1878, había elaborado, en sede parlamentaria, su primera diatriba violenta contra los judíos. La conexión de los grupos völkisch que votaban a Schönerer con las teorías de List hizo que las concepciones de éste, que como hemos leído no incluían inicialmente a los judíos entre los conspiradores antigermánicos, virasen rápidamente hacia el antisemitismo. En el festival germánico celebrado el 3 de diciembre de 1894, que consistió entre otras cosas en el estreno de una obra de teatro compuesta por List, se prohibió la entrada a los hebreos.

En 1902, Von List se operó de cataratas y permaneció once meses después medio ciego. Eso le obligó a estar ocioso en casa, motivo por el cual se centró, con gran pasión, en el estudio de las runas y el viejo lenguaje germánico. Al año siguiente, envió a la Academia Austriaca de Ciencias un voluminoso estudio sobre el protolenguaje germánico. La Academia no le hizo ni puto caso, más que nada porque el estudio, lejos de ser un serio trabajo lingüístico o paleográfico, era más bien una sarta de asunciones temerarias sobre el significado de las runas, las cuales, además, según esta interpretación, versarían sobre el origen del universo y otra serie de conocimientos perdidos. Pero, claro, lo que los científicos desecharon, el público de las publicaciones mistabobas lo engulló como si fuese lasaña de morcilla. Cerrando el círculo, List veía en las runas la descripción de las fases del universo (Blavatsky, again; de hecho, en sus escritos List perfecciona a la rusa, explicando que los lemurianos son la primera raza que se reprodujo a base de zúmballe-dalle), las cuales estarían simbolizadas por el triskelio y la esvástica.

Un diputado ultranacionalista, Rudolf Berger, exigió en el Parlamento austriaco una explicación oficial por el tratamiento dado a List por la Academia. Las acusaciones de discriminación provocaron la rápida creación del club de fans del alucinado escritor, la Guido von List Gesellschaft. Cabalgando a lomos de este apoyo inconmensurable, Guido von List produciría, en los años siguientes, sus informes de investigación, conocidos como los Guido List Bücherei o GLB-X, siendo X el número de cada uno de los trabajos. El sexto de ellos, el GLB-6, es considerado como la quintaesencia de las alucinógenas teorías de este hombre sobre el origen de los alemán y su radical (de raíz) relación con las fases del universo. Aquellos que tengáis cultura alemana o seais teutones o similar, de verdad, no os perdáis el GLB-6.

Muy sucintamente: la cosmovisión listiana sostenía que los alemanes habían practicado en la noche de los tiempos una religión propia, el wotanismo (de Wotan, su principal dios), basada en el Edda y las runas. Era la suya una religión un tanto pandémica (propugnaba la existencia de un Dios identificado con la naturaleza, al modo de Gea), motivo por el cual la vida virtuosa era aquella que se desarrollaba en conexión con lo natural (como Himmler, que prefería el kneippismo, que curaba con hierbas y tal, a la medicina convencional).

La antigua religión germana tendría amplios contenidos de carácter gnóstico y mistérico. List tomó de un escritor germano, Max Ferdinand Sebaldt von Werth, sobre todo de su muy alucinante Sexualreligion, contenidos sobre las antiguas creencias eugenésicas de los arios, dedicadas a preservar la pureza de la raza. En medio de una serie de alucinaciones varias sobre un tal Muldelföri, que habría creado un mundo dual de materia y espíritu, hombres y mujeres, Sebaldt es el formulador del principio general de que la supremacía aria sólo podría llegar mediante la eugenesia, esto es el puro y simple asesinato de los que no valgan; teoría que, al de un tercio de siglo que dicen lo vascos, acabaría abarcando a millones de judíos, y decenas de miles de subnormales y esquizofrénicos, entre otros.

La gran virtud o éxito de la cosmovisión listiana es que su complejidad y atractivo para cualquier nacionalista germánico hizo que cruzase con rapidez la frontera austro-alemana. Los libros de Von List encandilaron, en efecto, a amplios círculos ariosóficos en Alemania, y dispararon en el país el estudio de las runas, el Edda, las tradiciones teutónicas, etc. Rudolf von Gosleben, Werner von Bülow, Friedich Bernhard Marby, Herbert Reichstein o Frodi Ingolfson son hitos de este proceso; alguno de los cuales, no por casualidad, acabaría formando parte, directa o indirectamente, del círculo más íntimo de una persona de poder inversamente proporcional a su inteligencia, llamada Heinrich Himmler.

Durante la primera guerra mundial, en los hospitales donde los heridos alemanes y austrohúngaros germanos convalecían de sus mutilaciones y cegueras, los libros de List circulaban como droga. El propio Von List tuvo una visión en 1917 que le anunció la victoria de las potencias centrales; pero la frecuencia modulada ariosófica no debía de estar muy bien sintonizada, porque, vaya hombre, ocurrió justo lo contrario. Como diría Terminator, no problemo: automáticamente, List anunció que la virtual disolución de las monarquías alemana y austriaca eran fases necesarias en la salvación de la civilización ariogermana.

El historiador romano Tácito describió, en sus capítulos sobre los germanos, una sociedad relativamente jerarquizada alrededor de sus jefes militares y religiosos, material que fue utilizado por Von List para construir la civilización wotanista original, cuyos reyes-dioses, los Armanen, son una germanización de la palabra Hermiones, utilizada por el historiador latino para referirse a los caudillos germanos. List fundó (según él, refundó) en sus libros un auténtico armanismo, con una clase sacerdotal, la Armanenshaft, de la que él formaba parte. Aseveró List que agentes ocultos del armanismo habían sido personajes como Pico della Mirandola, o Giordano Bruno. Asimismo, definió algunas características de la “nación armanista”: prevalencia absoluta de los arios; normas estrictas de carácter racial y marital; sistema patriarcal (ario); estatutos de limpieza de sangre; y régimen de propiedad seudofeudal.

En una cosa se apartó List de la visión cíclica de la Blavatsky: él prefería el esquema cristiano, que prometía una redención futura. Ello a pesar del fuerte componente anticristiano de su filosofía pues, como ya hemos insinuado, situaba el inicio de los problemas de la civilización germánica original en su cristianización. Además, sus escritos no están exentos de elementos apocalípticos, pues para Von List las tensiones capitalistas introducidas por la revolución industrial eran como avisos del colapso de Austria, por cuanto suponían la destrucción de los viejos gremios de artesanos y comerciantes que, según él, habían sido los depositarios de las esencias germánicas durante los siglos oscuros.

A pesar de estas diferencias, Von List utilizó los libros de Blavatsky para sustentar sus teorías apocalípticas y, recalculando como los GPS a partir de los datos publicados por la rusa, llegó a la conclusión de que en 1897 se había consumido uno de los ciclos evolutivos mundiales. El equinoccio de la nueva era habría sido el equinoccio de 1899 y, con los años, Von List interpretaría la Gran Guerra como una consecuencia del inicio del nuevo ciclo.

En sus cálculos, List afirmó que los tres años fundamentales para la llegada de la gran dominación germana eran: 1914, 1923 y, finalmente, 1932.

En el caso de la última de estas profecías, se equivocó por un año.