martes, marzo 15, 2011

Alguna cosa más sobre ese portento llamado «La República»

Me mandan el vínculo a un diálogo internetero con la guionista de La República, esta serie de TVE que me tiene fascinado porque desde aquella película de Charlton Heston y Tony Curtis que creo se llamaba El mayor espectáculo del mundo no veía a alguien (en este caso, a un guión), dar tantos saltos en el trapecio.

Dice la citada escribidora en su entrevista que la serie trata los tiempos de los que habla «con rigor histórico» y que está diseñada para llegar a finales del 32. Lo segundo no lo pongo en duda. Lo primero...

Por lo que he podido ver del tráiler del capítulo de ayer lunes, que aún no he visto, por fin se nos desvela la incógnita existente desde el primer capítulo, relativa al momento histórico exacto en el que nos encontramos, porque se celebra el año nuevo de 1932. Pues, vale. Entonces sabemos que todo lo que ha pasado hasta ahora ha ocurrido en 1931.

Según la serie, pues, el general Sanjurjo ya estaba conspirando para realizar un golpe de Estado contra la República en 1931. Esto lo sabemos porque, en la serie, le envía una carta a un teniente coronel (en la que pone su nombre en el remite; vaya, con perdón, conspirador de mierda) instándole a unirse a la rebelión. Caray con el rigor histórico, porque Sanjurjo comenzó a conspirar tras ser puteado por el gobierno por los sucesos de Castilblanco, que ocurrieron el último día del año de 1931.

Pero, con todo, la mejor es que en la serie vemos cómo una personaja es extrañamente contratada para pilotar la reforma agraria. Digo extrañamente porque no se nos dice nada ni sobre sus méritos ni sobre nada para ser ella la encargada de tan noble acción. La mujer se pone rápido a la labor y en varios diálogos habla con otra prota, su secretaria, del asunto, que sí hay que hacer censos de tierras, y bla.

La Ley de Bases de la Reforma Agraria se aprobó en septiembre de 1932. O sea, aproximadamente cuatro meses antes de cuando la propia guionista dice que está previsto terminar la serie.

Menos mal que han guionizado la serie «con rigor histórico». Si lo llegan a hacer de cachondeo, nombran a Torrebruno Presidente de la República y a Don Pimpón secretario general de la UGT.

Quizá la clave está en una frase de la guionista en el citado encuentro digital (las cursivas son mías): «Creo que el marco histórico, el tiempo en el que se desarrolla la historia, el Madrid inmediato a la proclamación de la II República, es apasionante y está muy poco contado».

¿¿¿Poco contado??? ¿Las memorias de Largo, de Gil Robles, de Alcalá Zamora, de Chapaprieta, de Hernández, los diarios de Azaña, el libro de Ramos Oliveira, los artículos de Prieto, las historias de Arrarás, de Tuñón, de Thomas, de Payne, de Preston, de Bolloten, de Santos Juliá, los libros de Romero, de Bravo Morata, de tantos otros, equivalen a contar poco algo? Me parece que ya voy entendiendo por qué la serie es tan torpe con los hechos...

Post Scriptum: Una pregunta para freaks de la cosa militar.

En el último capítulo que he visto (penúltimo emitido) dos militares, uno afecto al gobierno (el Guaperas) y el otro conspirador (el cojo Manteca), charlan en el cuartel de éste. Ambos llevan en sus guerreras la que yo creo es la insignia de infantería (¿dos fusiles y un cornetín?). Como digo, el conspirador deja claro que aquél es su cuartel, dice mi cuartel por aquí, mi cuartel por allá...

Luego, cuando caminan por la fachada del mismo, se ve, si no me equivoco, que se trata de un cuartel de artillería. ¿Es normal que un teniente coronel de infantería sirva en un cuartel de artillería?

(... bueno, ya puestos a comentarlo todo, mientras hablan en el patio, se supone que hay gente que va pasando junto a ellos. En la escena, se ve que ambos interlocutores se turnan para hacer el saludo militar. Una vez saluda uno, otra vez saluda el otro. En fin, ya sé que es una obviedad siendo la guionista una mujer, pero se hace bastante evidente que quienes escriben esa escena y/o la dirigen y/o la interpretan jamás han hecho la mili).