lunes, septiembre 03, 2007

Cartas cruzadas (III): ¿Qué nos queda de la dominación musulmana?

¿Qué tal? ¿Habéis sido buenos? Eso espero. Yo, por mi parte, he hecho estas semanas las cosas lo mejor que he podido, lo cual quiere decir que he descansado a lo bestia. Una de las cosas que me ha dado tiempo a hacer ha sido acercarme un rato al zoo, donde alguien me sopló que se encontraba, en un intercambio de verano, el elefante Tiburcio. Al parecer, según él mismo me refirió, tiene algunos problemas técnicos cuando echa a correr por las estepas, pues la trompa tiende a quedársele atrás, se le mete entre las piernas y, bastante a menudo, acaba dándose uno o dos trompazos en los huevos; y, por una sencilla ley de proporcionalidad, a mayores huevos mayor dolor, así pues las testicularias a los elefantes les suelen doler bastante. Por eso vino a Madrid, para estudiar un Máster Velocípedo Paquidérmico que se imparte en la Casa de Campo y que, al parecer, tiene bastante fama entre los proboscídeos.



Tuvimos, pues, Tiburcio y yo ocasión de tomarnos un par de café y hablar de esto y de esotro. Hablamos de Pío Baroja, de la identidad oriental y de Gil-Robles, entre otros asuntos variados. Tiburcio intentó explicarme no sé qué del nirvana, pero es que cuando se pone a explicarte eso, su cuerpo se levanta unos centímetros del suelo, y a mí la visión de un elefante levitando me pone nervioso. Inevitablemente, yo le interrumpía con alguna pregunta chorras, rompiendo su concentración.



Una vez que nos separamos quedamos, cómo no, en seguir escribiéndonos cartas. Y me ha parecido un detalle adecuado el comenzar esta nueva serie de posts con las siguientes que nos hemos cruzado, en las que el tema ha sido propuesto por Tiburcio. Contendemos hoy sobre la pregunta de si persiste, o no, huella de la dominación musulmana en nuestra España de hoy.



He aquí lo alumbrado.







La carta de Tiburcio



Querido JdJ:

Cuando Europa ninguneaba al franquismo, a éste le gustaba exaltar los tradicionales lazos que nos unían al mundo árabe, como si una visita de Saddam Hussein a Madrid (que se produjo) pudiera reemplazar la de de Gaulle, que nunca se produjo y ya le hubiera gustado a Franco. Pero la leyenda de que España tiene unos lazos tradicionales con el mundo árabe no terminó con Franco. Los políticos de la democracia la han retomado y ahora ha adquirido carta de naturaleza en la Alianza de Civilizaciones, que parece que España, por haber tenido en su territorio a los árabes durante 700 años, pudiera tener con ellos una relación especial y privilegiada. Pero, ¿es eso cierto? ¿Qué nos queda de verdad de esos setecientos años?

Mi respuesta es muy poco, casi nada: unos cuantos centenares de palabras en el idioma, la música flamenca, la Alhambra y algunos monumentos más, y los pinchos morunos (esto último es una suposición mía).

Lo primero que he oído en ocasiones es que la invasión árabe separó la Historia medieval de España de la del resto del continente, nos hizo distintos e impidió que el feudalismo alcanzase su pleno desarrollo en nuestro país. Quienes afirman eso suelen tener en la cabeza una Historia medieval de Europa estándar, para la que todo lo que no hubiera ocurrido en el norte de Francia, Flandes y el Rhin no cuenta. España tuvo su invasión árabe. Italia tuvo dominación bizantina, invasiones lombardas, ocupación árabe en Sicilia y el sur, luchas con el Imperio… Inglaterra tuvo invasiones vikingas, conquista normanda y Carta Magna… ¿Quién tuvo una Edad Media normal?

La siguiente leyenda es la de la España de las tres culturas, conviviendo en paz y armonía. Es cierto que musulmanes, judíos y cristianos no se tiraban los trastos a la cabeza en nuestro país, lo cual en el contexto de la Edad Media ya era mucho. Pero esa coexistencia pacífica no la tenemos que confundir con multiculturalismo. El judío vivía en su judería, el cristiano en su barrio y el moro en su morería; de mezclarse, poco. Que el califa cordobés tuviera médicos judíos y los reyes cristianos recurrieran a prestamistas judíos, no es un ejemplo de tolerancia, sino de sentido práctico. Las aspirinas y los maravedíes no conocen de religión.

La España de las tres culturas empezó a estropearse a finales del siglo XI, cuando primero los almorávides y luego los almohades, llegaron a la Península trayendo la jihad y una moral más austera. Almorávides y almohades eran guerreros puritanos y fanáticos, que no estaban dispuestos a las componendas y acomodaciones con los cristianos que los reyes de taifas practicaban. Los cristianos respondieron con la misma moneda y entre ellos empezó a difundirse un espíritu de cruzada, que se hizo evidente en las Navas de Tolosa.

Cuando los Reyes Católicos unieron las coronas de Castilla y Aragón e iniciaron la construcción de un estado moderno en España, lo hicieron bajo la base de la unidad religiosa. No es casualidad que la única institución que al principio era común a ambos reinos fuese la Inquisición. En el siglo XV, disensión religiosa equivalía a disensión política y, después de las experiencias de las guerras civiles castellanas, lo último que querían los Reyes Católicos eran vasallos que no se doblegaran.

Tras la conquista de Granada, los musulmanes que quedaron en España vivieron como una minoría marginada, malamente tolerada y con poco contacto con el resto del país. La rebelión de las Alpujarras y la posterior expulsión de los moriscos en 1609 marcaron el fin de esa minoría. En todo caso, para cuando esa minoría desapareció de nuestro país, hacía mucho que los musulmanes habían dejado de contar en España. No hay más que ver las «numerosas» ocasiones en las que las obras literarias del siglo XVI introducen algún personaje morisco, aunque sea de secundario.

En Muslims in the Philippines, el historiador filipino Cesar Adib Majul cuenta sorprendido cómo los informes que escribían los sacerdotes españoles sobre los musulmanes de Mindanao y Sulu mostraban una ignorancia supina sobre el Islam. En su libro incluye un par de descripciones de la oración musulmana escritas por curas españoles del siglo XVI, que muestran que no se habían enterado de nada. Cesar Adib Majul no entiende que los españoles conocieran tan poco de una religión a la que se habían enfrentado durante setecientos años. Yo lo entiendo: la nacionalidad española, tal y como se había ido forjando desde el siglo XIV, lo había hecho en contra del moro. La guerra contra el moro se había configurado como un elemento clave de la identidad nacional. El moro no era español. Conocer su cultura y su religión falsa no merecían la pena. El período de Al-Andalus no formaba parte de la Historia de España, era otra cosa.

Con los Borbones, España, que había dejado de ser una potencia hegemónica, se volvió un poco más normal. Seguíamos siendo muy católicos, pero habíamos bajado en varios grados nuestra militancia. Nuestra política exterior ya no se movía según parámetros religiosos, sino de interés geoestratégico, como los de todo el mundo. Los Borbones no llevaron a cabo una política antimusulmana. Donde hubo luchas con los musulmanes (norte de África y sur de Filipinas) fue sólo porque éstos interferían en nuestros intereses. Los musulmanes ya nos interesaban tan poco que ni tan siquiera les odiábamos.

La Guerra de África, que empezó a lo tonto y acabó ocupando 66 años de nuestra historia, tampoco llevó a una mejor comprensión del musulmán. Más bien sirvió para que triunfasen los estereotipos. Todos los musulmanes eran iguales que los rifeños a los que nos costaba tanto derrotar: taimados, traicioneros, embusteros, crueles, perezosos… Es más, durante todos esos años y aún después, triunfó la palabra moro, que denotaba tanto el prejuicio como la ignorancia, porque podía utilizarse tanto para designar al norteafricano (tanto al árabe como al bereber), al árabe (que no se le pidiera a la gente hilar con que hay árabes cristianos o que en el norte de África hay musulmanes que no son árabes; y ya no hablemos de quienes eran capaces de distinguir entre árabes, turcos y persas, que eso era para nota) como al musulmán.

Sin el aislamiento del franquismo, sin el petróleo de Oriente Medio (por el interés te quiero, Andrés) y sin los monumentos árabes de nuestro país, que se han convertido en una fuente de ingresos turísticos, posiblemente hoy tendríamos tan olvidado nuestro pasado musulmán como tenía a Franco aquel estudiante que te preguntó por el dictador Fernando Franco.

Lo dicho. De moros no nos queda casi nada y los famosos 700 años que los tuvimos en la Península empiezan a desdibujarse tanto como los 70.000 años que tuvimos a los neandertales.



La carta de JdJ

Querido Tiburcio:

Creo que el problema está en el concepto de traza. Para que a una sociedad le queden trazas de otras que en otros tiempos se desarrollaron en su tierra no hace falta que las costumbres, ni la religión, se mantengan. De hecho, España y Europa son civilizaciones cristianas, y ello es así a pesar de que hoy por hoy el complicado entramado de formas de pensar y de actuar impulsado por la creencia en Jesucristo no esté demasiado presente en nuestro día a día.

En tal sentido, yo sí considero que la dominación musulmana ha dejado una honda huella en nosotros, huella permanente aún hoy en día; y esto es lo que hace que nos parezcamos, en algunas cosas, poco a nuestros vecinos europeos, con los que se supone que compartimos patio de luces.

La principal traza de la civilización musulmana en España es, paradójicamente, negativa. No podemos negar que somos medio musulmanes por la forma en que los rechazamos. Cuando en el siglo XIX al Vaticano ya no le quedaba ningún imperio ni ningún reino al que adjuntar a sus ambiciones diplomáticas, pasotismo éste que permitió la creación del Estado italiano; cuando eso pasaba, digo, España seguía prestando su pleno apoyo al desprestigiado vicario de Cristo. Y esto es así porque España tuvo que defender la cristiandad como ninguna otra nación de Europa se vio obligada a hacer. Para un saboyano, por ejemplo, defender la cristiandad era un concepto invasor: coger el ferry e irse a tomar Jerusalén. Para los españoles, sin embargo, defender la cruz supuso recuperar las campanas de la catedral de Santiago pues los musulmanes, en España, entraron hasta la cocina.

Asimismo, en mi opinión nuestro pasado musulmán nos genera un contacto y una relación muy especial con el Mogreb. Esto tiene que ver muy directamente con la reivindicación de Ceuta y Melilla. No son pocas las personas que identifican el caso de Ceuta y de Melilla con el de Gibraltar cuando, en realidad, no tienen nada que ver. Del Peñón fueron desalojados españoles para hacerle sitio a unos ingleses que querían instalarse ahí por motivos estratégicos; sin embargo, cuando los musulmanes comenzaron a crear en el Mogreb sociedades complejas y entes nacionales, los españoles ya estaban en Ceuta y en Melilla, de donde no habían desalojado a nadie. La presencia en el Mogreb ha sido siempre parte de la Historia de España y, en realidad, a mí me sorprende mucho escuchar a las voces que defienden que España debe afirmar su identidad musulmana negarle, de seguido, el Mogreb su derecho a afirmar su identidad cristiana, a través precisamente de Ceuta y Melilla. ¿En qué quedamos? La relación de España con el norte de África ha sido siempre distinta de la que ha tenido el resto de Europa.

Creo que lo natural que debemos hacer los españoles con nuestro pasado musulmán es algo parecido a lo que hacen los australianos con su pasado quinqui. Durante mucho tiempo, los australianos han sabido que su nación surgió, en buena medida, de los detritus sociales de que Inglaterra se quería deshacer, ladrones y asesinos que no tenían cabida en la metrópoli y que por ello fueron desplazados al culo del mundo, supongo, con la esperanza de que se los merendase un jaquetón. Esto ha generado una relación conflictiva con esa identidad que, con el tiempo, se lima, y hoy es el día en el que muchos australianos, lejos de huir de esa identidad, la exageran, haciendo de sus antepasados unos hijoputas de mayor caletre de lo que en realidad lo fueron. El caso es tener un antepasado realmente impresentable.

La dominación musulmana de España, de haberse consolidado, nos habría jodido bien. Tras unos siglos muy buenos, el modus vivendi musulmán se estaba degradando en España, primero por presión de los fundamentalistas, y segundo por la extrema atomización del poder: los famosos reinos de taifas. La Alhambra es muy bonita, pero Boabdil estaba, cuando fue expulsado, a punto de echar su reino a los brazos de los genoveses, a falta de nada mejor. Seguir siendo musulmanes nos habría apartado de la evolución que se estaba cociendo en Europa; y qué decir del sueño imperial, puesto que no creo que ningún siervo de Alá le hubiese dado un duro a Colón, así pues hoy los culebrones televisivos estarían todos repletos de personajes llamados Sebastiao Nuno y Dulce Amarela, y hablarían portugués. Lo cual no excluye, por cierto, que nosotros mismos lo hablásemos también.

Desde ese punto de vista, el barrido de la religión musulmana de España es, quizá, un proceso inevitable, una de esas cosas que, en los libros de historiografía marxista, pasan sí o sí porque las tendencias sociales quieren. Pero de ahí a negar ese pasado hay un paso muy grande. Ellos nos dejaron una concepción de la vida que, si bien no cabe calificar de hedonista, sí lo es, desde luego, comparada con la de nuestros vecinos del norte. Una parte de nuestra fogosidad, de nuestro individualismo, elementos nucleares de nuestra creatividad, tienen que ver con la visión del mundo que tuvieron aquellas sociedades musulmanas.


Son, por así decirlo, nuestro hecho diferencial europeo.

5 comentarios:

  1. Anónimo5:11 p. m.

    Me alegro de que estés de vuelta. Por favor, corrige ese "hecha a correr" por "echa a correr"... Gracias, sigo leyendo :-)

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  2. Anónimo12:04 a. m.

    Felicitaciones a Tiburcio. Es un elefante sabio. Tenía que ser un no-humano, y encima probóscido, el que tuviese una visión simple, lógica, y racional (y luego hablan de los animales irracionales), de lo que quizás fue, o pudo ser, la historia de aquellos peninsulares de los que desdendemos (¿o ascendemos?).

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  3. Que gusto leerte de nuevo... aunque sea para no estar de acuerdo contigo con el tema Ceuta y Melilla. Vamos, que no llegamos alli y nos quedamos porque no había nadie y las vistas nos parecieron muy bonitas. En ambos casos desplazamos a los pobladores nativos. Sobre todo en el caso de Ceuta, conquistada por los portugueses y cedida luego a España, ya existía la ciudad. Musulmana, por supuesto. Aparte del hecho de que no veo la relación entre esto y el hecho de que tanto Gibraltar como Ceuta y Melilla son, hoy poy hoy, perfectos ejemplos de colonialismo. Buscar diferencias entre ambas situaciones es un ejercicio de funambulista bastante inutil, a mi parecer.

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  4. Anónimo4:40 a. m.

    A ver, muchas cosas.

    "Mi respuesta es muy poco, casi nada: unos cuantos centenares de palabras en el idioma, la música flamenca,..."

    Ni eso. Eso también es un tópico indemostrable pero, eso sí, querídisimo para flamencólogos (?) y demás ilusionistas hartos de vivir del cuento. La única realidad es que el flamenco es una música muy moderna, que nace en el siglo XIX, y cuyos orígenes, cuando se han querido rastrear en otras músicas anteriores, se pueden seguir con alguna seguridad durante el XVIII y con poquísima ya en el XVII.

    El origen "moro-musulmán-árabe" (para qué especificar, la "flamencología" no tiene tiempo de fruslerías) es pura conjetura. Se diga lo que se diga no hay ni una (ni una) sola prueba firme de tal aseveración. Todo se basa en especulaciones basadas en el "a mí me parece", "esto me recuerda", "el rezo del almoecín me evoca tal", y especulaciones vaporosas similares. Todas estas conjeturas no tienen más base que aquellas que retrasaban los orígenes del baile flamenco a tiempos romanos y prerromanos porque en ciertos mosaicos las famosas puellae gaditanas aparecían bailando con algo parecido a castañuelas en las manos y los brazos en alto.

    Majaderías.

    Y junto a eso, el ¿argumento? "geográfico": surge en el sur de la Península, así que TIENE que venir de la dominación mahometana.Pero Valencia fue liberada más tarde que el Valle del Guadalquivir, tuvo muchísima presencia morisca hasta la definitiva expulsión, y sin embargo no surge el flamenco por allí... Tampoco en Aragón, dicho sea de paso.

    El que surja siglos después del fin de dicha dominación es irrelevante: eso sólo demostraría la profunda "huella" dejada. Tan profunda que salvo interpretaciones forzadísimas, es irrastreable en los materiales que nos han llegado.

    Sin embargo (curioso esto último) a nadie se le ocurre achacar los verdiales y otros bailes similares a "lo árabe-moro-musulmán" en base a su localización. Seria de chiste. Tampoco gaitas (flauta), tamboriles ni castañuelas parecen muy "musulmanas". ¿Cierto? Sobre eso, chitón. La moda es la moda y manda, y si está de moda enraizarlo todo en el Islam, pues a callar y punto. Hasta la teja romana es "árabe".

    Y el flamenco, por mucha paja mental de la que se tire para hacerlo milenario, es del XIX y gracias.

    "¿Quién tuvo una Edad Media normal?"

    Claro. De hecho, ¿qué es una Edad "Media" normal?

    "Es cierto que musulmanes, judíos y cristianos no se tiraban los trastos a la cabeza en nuestro país"

    Hombre, tirárse los trastos musulmanes y cristianos se los tiraron mucho, muchísimo, sin tener que esperar a almorávides o almohades. La primera gran emigración al norte se da pocos años después de la "conquista/golpe de estado". Del 754 es la crónica mozárabe. Cuatro años después de la llegada de los musulmanes, se da la primera rebelión de importancia en Toledo, ahogada en sangre de la nobleza goda y el patriciado local.

    Durante el siglo IX surgen ya las revueltas mozárabes (por lo suave que se iba volviendo el yugo islámico) que en el siglo posterior tomarán dimensiones impresionantes (seguidas de nuevas emigraciones).

    Del siglo VIII al XI las incursiones de castigo continuarán sin descanso, y la captura de esclavos era una práctica estacional que se repetía de año en año.

    Para qué hablar de cierto elemento llamado Almanzor.

    No, no hubo que esperar a almorávides y almohades para que la vida bajo la bota musulmana fuera insoportable. Que se lo digan al famoso Omar ben Yufsun.

    "Los cristianos respondieron con la misma moneda y entre ellos empezó a difundirse un espíritu de cruzada"

    El espíritu de "recuperación de la España perdida" aparece ya por 754 en la crónica mozárabe ya mencionada, y desde entonces es muy común en todo el norte, de Barcino a Santiago, mitos góticos incluidos. Tampoco hubo que esperar a los almorávides para eso.

    "Tras la conquista de Granada"

    Guerra civil entre los musulmanes de Granada y guerra iniciada (en su faceta anticristiana) por ellos, aunque a mucha gente sorprenda (qué curioso que esto tampoco suelan recordarlo por la tele, ¿por qué será?). Incluso la primera acción militar como tal fue la toma por parte granadina de un castillo fronterizo. Pensaban que los turcos (recién atacada Italia) los apoyarían, así como los berberiscos.

    Todavía los están esperando.

    "Tras la conquista de Granada, los musulmanes que quedaron en España vivieron como una minoría marginada, malamente tolerada y con poco contacto con el resto del país."

    Y quinta columna levantisca del Islam en la península, amenazando con convertirse en cabeza de playa de una invasión otomana. Siempre se habla de la expulsión como de una decisión "estúpida" y "económicamente nefasta", para lo cual no se duda en exagerar los efectos negativos sobre la producción agrícola como han puesto de manifiesto las últimas investigaciones en Historia Económica.

    Esa decisión "estúpida" se estuvo demorando durante más de un siglo -a pesar de dos revueltas sangrientas y terribles- precisamente porque se conocía el precio a pagar (sobre todo la nobleza terrateniente). Era una medida apoyadísima por los campesinos cristianos y que ponía fin a la presencia de una población inasimilable y peligrosa. ¿Y era o no un valor económico la seguridad militar? ¿Las guerras no cuestan dinero?

    Hubiera sido digno de verse qué habría pasado en 1640 de llegar dicha fecha con los moriscos aquí dentro. Y con los turcos sacando pecho.

    "Yo lo entiendo: la nacionalidad española, tal y como se había ido forjando desde el siglo XIV, lo había hecho en contra del moro. La guerra contra el moro se había configurado como un elemento clave de la identidad nacional. El moro no era español. Conocer su cultura y su religión falsa no merecían la pena. El período de Al-Andalus no formaba parte de la Historia de España, era otra cosa."

    Y lo era. Entenderlo es muy sencillo: de triunfar Al-Ándalus como trayectoria histórica en lugar de España, hoy este país sería parecido a Marruecos o Túnez... en el mejor de los casos. Bueno, quizás se parecería a Turquía.

    "Nuestra política exterior ya no se movía según parámetros religiosos, sino de interés geoestratégico, como los de todo el mundo."

    La política exterior se dirigió con criterios religiosos y utilitaristas o estratégicos, mezclados e indistinguibles, por parte de todos. Otro topicazo insufrible es el que afirma que mientras la política exterior de la Monarquía Hispánica se basaba en el puro "quijotismo"/"fanatismo" católico (dependiendo de quien lo valore), el resto de potencias eran más "racionales". Todos los actores del siglo XVII se movían por una mezcla inseparable de intereses materiales y radicalismos de fe. Todos. La Monarquía Hispana era tan racional e irracional como el resto, y si hubiera que juzgarla diría que era bastante más práctica que los estados centroeuropeos o incluso Inglaterra, a pesar de lo que afirma el lugar común. Sólo Francia se destacó claramente del resto como potencia "moderna" en su toma de decisiones. Los ejemplos son infinidad.

    Fue española la decisión de apaciguar a todo el mundo, incluso en claro detrimento de sus intereses, para intentar un período de paz que incluso fue bautizado como Pax Hispánica en tiempos de Felipe III. Igualmente, tras la ruptura en 1621 de la Tregua de los Doce (u Once) Años, fue el militarismo expansivo (sobre Bélgica) y depredador (sobre América y Asia) holandés el que venció, en una mezcla de "antipapismo" furibundo y fiebre del oro, al propio "partido de la paz" de las Provincias Unidas. España aceptó la vuelta a la guerra como un mal inevitable.

    Que las decisiones estratégicas y económicas se disfrazasen con la única ideología del momento que era la Religión, no quitaba para que muchos, incluidos grandes y señores fueran sinceramente fanáticos. En muchos casos, ambos vectores coincidían. Una vez pasada la juventud de Felipe II la política española nunca fue motivada por la rectitud en la defensa a ultranza del Catolicismo, si es que alguna vez dejó de ser, al menos parcialmente, una forma de discurso justificador, como lo era el anticatolicismo inglés, o sueco, u holandés, u hugonote, o protestante alemán, o protestante checo, etc.

    ¿Y quiénes comenzaron objetivamente la mayoría de los conflictos de religión en suelo europeo? Liga de Smalkalda, agresiones inglesas a las posesiones españolas (furibundo anglicanismo mediante), rebelión de las Provincias Unidas, posterior expansionismo sobre la futura Bélgica, GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS (comenzada por la agresión protestante, y realimentada una y otra vez por los mismos -entrada sueca- a excepción de la definitiva irrupción francesa EN SU FAVOR), etc., etc.

    Pero el tópico habla de la "cerrazón católica" y caricaturiza la política "reputacionista" con Olivares como una "chulería vacía". Nadie parece interesado en reflexionar en que la fuerza propia dependía de la complejísima red de alianzas (y a los aliados que no se apoya se los pierde). Tampoco nadie considera modernamente la disuasión mediante la imagen de fuerza como una "chulería vana".

    Sobre este último período recomiendo de verdad el libro "La Política Exterior de Felipe IV", de Francisco Martín Sanz (UCM, 1998, creo). La cantidad de tópicos que destruye es impagable. Imprescindible si se quiere conocer de verdad por qué y cómo se tomaban las decisiones en la Monarquía Española en aquel momento (todo intereses muy terrenales y prácticos, frente a los no siempre tan racionales de sus adversarios)

    Un sólo ejemplo más: en las negociaciones para alargar la Tregua de los Doce Años España exigía bien poco, lo mínimo, a cambio de salvar la imagen y librarse de esa sangría de hombres y sobre todo, dinero. A saber:

    1.- Que cesase las piratería industrial contra las posesiones españolas y principalmente portuguesas (los holandeses hacían una interpretación muy particular de la Tregua: era sólo tregua en Europa, fuera podían hacer lo que quisieran y de hecho lo hacían)

    2.- Que dejasen de apoyar con hombres y dinero toda clase de causa protestante enemiga de los Habsburgo.

    3.- Que diesen seguridades para el culto católico y dejasen de perseguir a los católicos que aún resistían la brutal represión dentro de las PP.UU.

    A cambio España reconocía plenamente su independencia y rompía su bloqueo terrestre.

    Pues bien. Tras la lucha interna entre el "partido de la paz" y "el de la guerra", ganó este último y los holandeses eligieron guerra. ¿Por qué? Porque vivían demasiado bien de la piratería (luego lo pagarían caro con la flota corsaria de Flandes, como también los ingleses) y porque odiaban a muerte a los "malditos servidores" del "anticristo sentado en Roma".

    Ésa era la racionalidad pragmática de unos y otros.

    "Donde hubo luchas con los musulmanes (norte de África y sur de Filipinas) fue sólo porque éstos interferían en nuestros intereses."

    ¿Sólo "interferían nuestros intereses"? La guerra sorda contra la piratería y el esclavismo berberisco y filipino (no sólo la diaria de pequeñas acciones, sino la de grandes operaciones y desembarcos) se llevó ingentes recursos y vidas durante todo el siglo XVIII. Hubo de hecho unos tales Blas de Lezo y "Capitán Toni" que se hicieron famosos en la parte dieciochesca de esa irrelevante guerra de más de trescientos años.

    El último navío civil español atacado por piratas berberiscos, cuando venía de Canarias -y salvado in extremis por una fragata de la Armada- lo fue en la década de 1830...

    "Es más, durante todos esos años y aún después, triunfó la palabra moro"

    La palabra moro había triunfado un poco antes. En el siglo VIII se hablaba ya de "moro", como antes se había hablado de maurus... en tiempos de Roma.

    Y no, esas acepciones no son ignorancia:

    "moro, ra.

    (Del lat. Maurus).

    1. adj. Natural del África septentrional frontera a España. U. t. c. s.

    2. adj. Perteneciente o relativo a esta parte de África.

    3. adj. Que profesa la religión islámica. U. t. c. s.

    4. adj. Se dice del musulmán que habitó en España desde el siglo VIII hasta el XV. U. t. c. s.

    5. adj. Perteneciente o relativo a la España musulmana de aquel tiempo.

    6. adj. Se dice del musulmán de Mindanao y de otras islas de Malasia. U. m. c. s.

    7. adj. Dicho de un caballo o de una yegua: De pelo negro con una estrella o mancha blanca en la frente y calzado de una o dos extremidades.

    8. adj. coloq. Dicho del vino: Que no está aguado, en contraposición al bautizado o aguado.

    9. adj. coloq. Dicho de una persona, especialmente un niño: Que no ha sido bautizado.

    10. adj. Cuba. Dicho de una persona mulata: De tez oscura, cabello negro lacio y facciones finas.

    11. m. trigo moro.

    moro de paz.

    1. m. moro marroquí que servía de intermediario para tratar con los demás moros en los presidios españoles de África.

    2. m. Persona que tiene disposiciones pacíficas y de quien nada hay que temer o recelar.

    moro de rey.

    1. m. Soldado de a caballo del ejército regular del Imperio marroquí.

    moro mogataz.

    1. m. Soldado indígena al servicio de España en los antiguos presidios de África.

    moros y cristianos.

    1. m. pl. Fiesta pública que se ejecuta vistiéndose algunos con trajes de moros y fingiendo lid o batalla con los cristianos.

    a más moros, más ganancia.

    1. expr. Era u. en las guerras españolas con los moros para despreciar los riesgos, afirmando que a mayor dificultad es mayor la gloria del triunfo.

    como moros sin señor.

    1. loc. adv. U. para referirse a una reunión o junta de personas en que reina gran confusión y desorden.

    haber moros en la costa.

    1. loc. verb. coloq. U. para recomendar precaución y cautela.

    haber moros y cristianos.

    1. loc. verb. coloq. Haber gran pendencia, riña o discordia.

    moros van, moros vienen.

    1. expr. coloq. U. para indicar que a alguien le falta poco para estar enteramente borracho.

    □ V.

    cangrejo moro

    caracol moro

    hierba mora

    lanzada a moro muerto

    raíz del moro

    reina mora"

    Diccionario de la RAE, 22ª edición.

    "Lo dicho. De moros no nos queda casi nada y los famosos 700 años que los tuvimos en la Península empiezan a desdibujarse tanto como los 70.000 años que tuvimos a los neandertales."

    Améeen. Y no es que lo digamos nosotros, es que lo dice hasta la genética:
    http://www.pubmedcentral.nih.gov/articlerender.fcgi?artid=1275654

    Más aún si tenemos en cuenta que, previsiblemente, ese pequeño flujo se dio en tiempos prerromanos y sobre todo romanos.

    "Vamos, que no llegamos alli y nos quedamos porque no había nadie y las vistas nos parecieron muy bonitas. En ambos casos desplazamos a los pobladores nativos. Sobre todo en el caso de Ceuta, conquistada por los portugueses y cedida luego a España, ya existía la ciudad."

    Ceuta fue, probablemente, un pequeño puerto de recalada fenicio y luego cartaginés. Después fue romano (esto ya es seguro) y como toda la Tingitania, administrativamente dependía de Hispania. No sólo eso: Ceuta, por entonces cristiana y latina, fue creciendo de tal modo que a partir del siglo IV se convirtió en uno de los centros más florecientes de la zona, y en su seno se constituyó una comunidad cristiana tan importante que todavía hoy la basílica construida por aquel entonces es la mayor basílica encontrada en toda la Hispania Tingitana.

    Allá por el 430 la ocupan los vándalos, aprovechando el vacío de poder tras la desaparición práctica del imperio. Cuando justo un siglo más tarde aparezcan por allí los bizantinos para tomarla, se la encontrarán ocupada por una fuerza vándala-visigoda. Se lucha por ella, parece que cambia de manos un par de veces, y finalmente se la quedan los bizantinos (los romanos de Oriente que intentaban reconstruir el Imperio, no lo olvidemos), que la usarán para saltar a la península, en la que ocuparán una franja importante durante más de medio siglo.

    Cuando llega el 711, Ceuta es un ciudad del reino godo de Hespanna, y un oscuro gobernador, por razones nunca aclaradas, decide traicionar al rey en ese momento en el poder y usar los medios navales de la ciudad para que unos mercenarios beréberes al mando de unos fanáticos y ambiciosos aventureros árabes pasen el estrecho para ayudar a derrocar a ese rey y entronar a sus rivales vitizanos. Luego las cosas serían un poco distintas...

    Así que vaya, resulta que en 711 Ceuta era parte de la Hispania romano-goda, culturalmente latina y además fuertemente cristiana. Y resulta que se pierde con el resto de España... VAYA, VAYA. Qué cosas.

    Pero no sólo eso, porque entonces se inaugura el largo período musulmán (como en el resto de España) y la ciudad pasará por mil vicisitudes: será arrasada en una rebelión, será abandonada por un siglo, se convertirá en república pirata independiente tras ser "reconstruida" por una cabila local, etc., etc. Pero incluso bajo dominio del Islam, la mayor parte del tiempo será posesión del poder dominante en la Península, ya sea Con el Emirato, con el Califato, con los almorávides, con los almohades, etc.

    Y sí, luego se reconquista por los portugueses. Igual que el Algarve, o Lisboa. Y sí, se queda con España en 1640 porque no les interesaba lo bastante como para afrontar su defensa, igual que por ejemplo se intercambiaron pacíficamente territorios en la zona de Huelva. Sí.

    Todo eso es cierto.

    Tan cierto como que ni en 711, ni en 1415, existía el estado marroquí. Por no existir ni siquiera existía el sultanato de Marruecos (hasta el siglo XVII no).

    ¿A quién dices que hay que "devolver" Ceuta (y Melilla, cuya historia es muy similar)? ¿¿¿Devolver??? ¿¿¿¿¿Colonia?????

    Es curioso que la proislámica ONU negase a Ceuta y Melilla la consideracion de colonias, mientras que sí se la otorgó a Gibraltar... ¿Por qué será?

    Los que son colonos con la nacionalidad regalada en los ochenta es el 90% de la población musulmana, de origen marroquí, infiltrada en la ciudad, que a día de hoy sigue invadiéndola y que entre eso y su tasa de natalidad va a ser mayoría en diez años. Ésos son los colonos.

    Todo lo demás son ejercicios de funambulista, o de volatinero de circo de tres pistas.

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  5. Anónimo12:14 a. m.

    No, no, si yo no digo que haya que devolver Ceuta y Melilla a nadie. Perdón si me he explicado mal. Yo lo que digo es que no se puede pretender que Gibraltar es una cosa y Ceuta/Melilla otra diferente. Y menos con argumentos como ese de que "es que entonces no existía Marruecos". Para mi está claro que los Ceutíes y Melillenses no son ni quieren ser Marroquís, como sin duda los Gibraltareños no son ni quieren ser Españoles. Creo que este es el factor a tener mas en cuenta.

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