lunes, mayo 07, 2012

Mahoma


En el año 570 de nuestra era, con bastante probabilidad, nació Mahoma, en el seno de un clan árabe, los Banu Haxim, que, en el tiempo de la pujanza omeya, había perdido bastante de su fuerza pretérita. Los primeros cuarenta años de su vida son apenas conocidos, aunque se sabe que se casó con una mujer unos veinte años mayor que él, Jadicha, a la cual Mahoma amó tan intensamente que algunos islamistas han llegado a decir que, de haberle sobrevivido, quizás el Islam hoy sería monógamo como el cristianismo. Jadicha tenía una pequeña fortuna que más que probablemente administraría su marido, por lo que podemos estimar que Mahoma, si no era comerciante, debía de conocer algunos de los trucos de esa profesión.

No conocemos información esencial sobre qué pudo pasar en el 610 para que, repentinamente, Mahoma se creyese llamado por Dios. Se ha dicho, desde el descubrimiento de los famosos rollos del Mar Muerto, que pudo ser el contacto con estas comunidades esenias las que lo llevaron por ese camino; también puede ser, por qué no, que el arcángel Gabriel se le apareciese en el monte Hira, le entregase un libro y le invitase a leerlo, como afirma la tradición.

Es importante entender que la revelación que recibe Mahoma no proviene de un Dios distinto del Dios de los cristianos. Para los árabes, hablar de Alá es como para un hispanoparlante hablar de Dios. El Alá que provocó, por así decirlo, la iluminación de Mahoma es el mismo Dios de Abraham, y de Jacob; el Dios padre del Nuevo Testamento. Un musulmán que se precie de serlo no encontrará problema en rezar el Padre Nuestro.

Tras la revelación del monte Hira, Mahoma acopió una estrecha corte de creyentes: además de él mismo, contó con Jadicha, su mujer; su primo Alí abi Talib, que se había casado con su hija Fátima; y que será quien, a través de sus hijos y nietos de Mahoma, Hasán y Husayn, hará nacer las diferentes ramas del mahometanismo.

Desde el 610, año de la revelación, hasta el 622, es decir la primera etapa prosélita de Mahoma, éste parece haber encontrado importantes niveles de aquiescencia entre las personas de más baja clase social de su entorno, por lo que podemos entender que su mensaje se produjo, probablemente, con un importante contenido de orden social, reivindicativo incluso. Esto pudo granjearle la enemiga de los ricos y comerciantes, quienes podrían haberse planteado acabar con él, de no ser Mahoma miembro del clan hashimí, quien lo protegió de facto.

Tras unos años de existencia azarosa y poco relevante, se produjo en el entorno del oasis de Yatrib, es decir en las inmediaciones de Medina, un largo enfrentamiento entre tribus al que nadie parecía encontrarle solución. Por ello, los contendientes buscaron la figura de un mediador, y escogieron a Mahoma porque para entonces ya tenía fama de equilibrado y, además, había, al parecer, pasado algunos años de su infancia en la zona de Medina. Mahoma aceptó la labor y, por ello, burló la vigilancia de sus guardianes mequíes para huir a Medina. Esto ocurrió el 15 de julio del 622, fecha utilizada por los musulmanes para iniciar la cuenta del tiempo. 

En Medina continuó con su labor profetizadora, y esto es algo que muchos islamólogos ven claramente en el Corán, porque Medina, entonces, tenía una importante población de creencia judía, a la cual Mahoma habría intentado atraerse. Y lo hizo de la misma manera que el cristianismo, siglos antes, se atrajo a mitraístas, creyentes en Cibeles y en otros cultos: adaptando su propia teología con elementos que le fuesen familiares a esos creyentes. Como digo, esta es la razón, a decir de muchos expertos, de que existan en el Corán decretos como el ayuno en el día de Ashura (fecha de celebración mosaica; conmemora el ayuno que hizo Moisés después de salir los judíos de Egipto) o la santidad musulmana de la ciudad de Jerusalén (aunque ésta se la podía haber ahorrado, porque con los siglos ha acabado por dar unos problemas de la hueva). Es muy probable que fuese la escasa audiencia de los judíos hacia estas estipulaciones lo que acabase provocando que Mahoma decidiese girar la liturgia hacia elementos puramente árabes, tales como la oración mirando a La Meca o el, por así decirlo, sistema de ayuno propio (que conocemos como Ramadán). Cabe recordar, en este sentido, que también los primeros padres de nuestra iglesia hicieron todo lo posible por distinguir su Pascua de la judía.

En todo caso, la difícil conexión entre musulmanes y judíos plantó la semilla de la fuerte procura monopolística de los musulmanes, absolutamente patente aun a día de hoy, pues son los islámicos los países confesionales donde más difícil, cuando no directamente prohibido, es la profesión de cualquier otra fe.

En todo caso, consolidado ya su gobierno mediní, a partir del 622, Mahoma pudo comenzar con el que, probablemente, era su objetivo desde el principio, pues Mahoma comparte con el otro gran creador de religiones, Saulo de Tarso, la innegable característica de ser un excelente estratega, sobre todo en el largo plazo. Para mí, por lo tanto, lo más probable es que Mahoma no soñara nunca con consolidar una simple creencia local, sino con construir una religión universal, capaz de cautivar (o de invadir) a gentes del mundo entero.

Sin embargo, en su expansión, que era al tiempo religiosa y política, chocó con los coraixíes o coraixitas, es decir los habitantes de la zona de La Meca. En Badr los derrotó, pero en la batalla de Uhud, los mequíes le dieron a su ejército hasta en los bosones de las ingles. Por cierto, que se tiene por bastante probable que esta derrota fuese el origen de la prohibición musulmana de beber vino. Al parecer, en las tabernas de Medina se largó de la leche contra Mahoma por aquella derrota, motivo por el cual, dicen algunos estudiosos, éste incluyó en el Corán suras contra el vino. No obstante, hay que tener en cuenta que el Corán no prohíbe, en realidad, la ingesta de vino; previene a los creyentes contra el efecto de mamarse, porque hace que las personas no sepan ni lo que dicen ni lo que piensan (la más clara, la sura denominada de Las Abejas (43, si no he contado mal), que ordena al creyente no rezar bebido). La sura conocida como de la mesa servida asegura que el vino es abominación del demonio, pero recomienda evitarlo. La prohibición estricta del consumo de vino es, más que probablemente, posterior a Mahoma (y en modo alguno total, ni en la Historia, ni en el mundo musulmán).

El general mequí, al-Jalid ben al-Walid, decidió, tras Uhud, marchar hacia Medina para acabar con Mahoma de una vez.  Sin embargo Mahoma realizó una serie de obras en Medina, mediante la construcción de tapias y fosos, que hicieron la ciudad inexpugnable. Asimismo, secó el oasis de provisiones, con lo que los sitiadores comenzaron pronto a experimentar serios problemas con la alimentación, y tuvieron que retirarse.

El desprestigio sufrido por las tropas mequíes cambió las cosas en la que terminaría siendo ciudad santa de los musulmanes. Las familias de dinero, ante la sospecha de que tal vez no sería posible oponer a las tropas de Mahoma una oposición eficiente, comenzaron a pensar en abrazar su religión como forma de pacto. De esta manera, en el 628 las fuertes oposiciones iniciales a la  organización de peregrinaciones hacia La Meca fueron vencidas, marcando el auténtico punto de inflexión del poder de Mahoma. Al año siguiente, Mahoma peregrinó a la Kaaba por primera vez, peregrinación que duró tres días durante los cuales los coraixíes abandonaron la ciudad. Al año siguiente, los coraixíes se rebelaron, pero fue una lucha desigual, entre otras cosas porque los conversos entre sus filas se contaban por centenares.

En marzo del 632, Mahoma peregrinó de nuevo a La Meca, peregrinación durante la cual promulgó un número muy elevado de disposiciones destinadas a estructurar el nuevo Estado musulmán y su moral pública, y que aún hoy son la base del Derecho en la mayoría de los países musulmanes. Es probable que él mismo se sintiese morir de su malaria crónica. El 8 de junio, pocos días después de una ceremonia en la que se echó a los pies de sus fieles y les pidió perdón por todas las ofensas que les pudiera haber causado, falleció en los brazos de su esposa Aixa.

Terminaba un proceso de gran interés, y comenzaba otro de mayor interés aún, del que hablaremos pronto.

Pour en savoir plus, no podrás hacer nada mejor que leerte el, para mí, monumental, Mahoma, de Maurice Gaudefroy-Demombynes, editado en España por Akal. Menos densa, la biografía de mismo nombre de Juan Vernet.