miércoles, noviembre 05, 2008

Todo empezó hace 46 años

Todo empezó hace 46 años. El 1 de octubre de 1962. El protagonista, que yo sepa, sigue vivo. Se llama James Meredith. Meredith había hecho sus estudios escolares y había servido en el ejército durante nueve años. Una típica vida americana que, lógicamente, habiendo dinero y/o becas de por medio, era lógico que terminase en la universidad si el muchacho quería estudiar. Sin embargo, a lo largo del año 1961 y 1962, James Meredith solicitó por dos veces su ingreso en la Universidad de Mississippi, que le fue denegado.

Se me ha olvidado decir que Meredith es negro.

El Tribunal Supremo de los Estados Unidos hace las veces de Tribunal Constitucional. Su interpretación de las leyes es inapelable y ha sido muchas veces utilizado para realizar la interpretación de los preceptos constitucionales. En 1954, el Supremo atendió un caso, un caso cuya denominación conocen de memoria todos los activistas negros de los Estados Unidos: Brown versus Board of Education. Tiene cierta gracia histórica que quien le pusiera una demanda a las autoridades educativas se llamase precisamente Brown (marrón, el color con que eran entonces identificados muy a menudo los negros). Y Brown ganó, porque el TS dictaminó que la segregación racial en el sistema educativo iba en contra de los principios constitucionales de la nación. Fue el tercer gran paso de la raza negra; el primero se dio más o menos en el siglo XVII, cuando los moralistas europeos acabaron por decidir que los negros eran personas y no animales; y el segundo, obviamente, fue la abolición de la esclavitud.

Sin embargo, en medio país el fallo Brown versus BOE no se aplicaba. En el sur seguía existiendo segregación, y Massachussets no era una excepción. El Estado tenía un gobernador, Ross Barnett, que se negaba en redondo a aplicar la medida y a dejar entrar a Meredith en las aulas.

En 1960, sin embargo, Estados Unidos votó un cambio. Votó a su primer presidente católico, John Fitzgerald Kennedy; un personaje poliédrico de difícil juicio histórico, pues fue un decidido aperturista con una mano mientras con la otra ordenaba el asesinato de jefes de Estado; pero cuyas ideas en materia de segregación racial, o más bien las de su hermano, eran bien claras. Kennedy pensaba que Estados Unidos sólo tendría futuro como nación unida si superaba el trauma de la segregación racial. Quienes son propensos a amar a JFK sobre todas las cosas suelen pensar que esos eran sentimientos puros basados en su concepto ético de la política. Mi visión es algo más pragmática. John Kennedy, y sobre todo su hermano Bobby, eran furibundos anticomunistas. RFK se había puesto los pantalones largos de senador asistiendo a otro senador más experimentado llamado McCarthy; y el dato lo dice todo, o casi todo. Por lo demás, en aquel entonces el FBI y su director, J. Edgar Hoover, se pasaba el día redactando informes en los que siempre estaba demostrando la filiación comunista de los líderes negros, notablemente Martin Luther King, auténtica Bestia (nunca mejor dicho) Negra de Hoover. Para los Kennedy, por lo tanto, eliminar la segregación racial era quitar de los pies de los negros el trampolín que, en su idea, les podía catapultar al marxismo.

La ciudad donde tiene su campus la Universidad de Mississippi se llama Oxford. En Oxford, Miss., el gobernador Barnett se negaba a que un negro entrase en la universidad, pero se daba la circunstancia de que ese negro, a finales de septiembre de 1962, obtuvo la matrícula. Y tenía a alguien en la Casa Blanca dispuesto a admitir su entrada.

Ni corto ni perezoso, Kennedy envió a Oxford a los US Marshalls. Que son tropas federales. Hay que entender el gesto en sus puros términos en un país que, lejos de ser autonomista, es una federación de estados libres. Si hubiese un conflicto, digamos, en el campus de la Universidad de Barcelona, por los cojones treinta y tres iba a permitir la Generalitat que Zapatero enviase a doscientos guardias civiles para guardar el orden. De hecho, que Zapatero hiciese eso no demostraría otra cosa que su radical desconfianza hacia que los mossos d'escuadra fuesen aleccionados para conservar el orden. Y eso, precisamente eso, es lo que significa la remisión de tropas federales al campus de Oxford, Mississippi.

Hubo varios días de enfrentamientos. Los enviados de RFK, conectados constantemente por teléfono con el ministro de Justicia, llegaron a pasar momentos en los que temieron por sus vidas. Finalmente, hubo dos muertos. Pero Meredith entró en clase. Los disturbios de Oxford fueron tan importantes para el alma americana que el ínclito Bob Dylan les dedicó una canción, Oxford Town.

Es una mera curiosidad, pero resulta cuando menos vistoso que, entre los muchos conflictos raciales a los que hubo de enfrentarse aquella (presuntamente) idílica década de los sesenta, algunos de los principales se produjesen en ciudades llamadas Oxford y Cambridge. En el verano de 1967, Cambridge, Maryland, un activista negro, H. Rap Brown, se alzó contra la segregación racial que, allí, alcanzaba todavía a escuelas, autobuses y hasta tiendas. Se subió a un coche y gritó: «If Cambridge doesn't come around, Cambridge's got to be burned down»; que viene a ser como nuestro patrio «si esto no se apaña, caña, caña, caña», pero a lo bestia. La que se montó fue brutal. El presidente Johnson montó una comisión parlamentaria, la conocida como Kerner Commission, cuya obsesión era dictaminar que los gravísimos disturbios raciales que en aquél año se estaban produciendo en medio país eran fruto de la agitación comunista (y tal vez, en este dato, encuentre el lector la respuesta de por qué Johnson fue vicepresidente con Kennedy). Pero el tiro le salió por la culata. Las averiguaciones de la Comisión Kerner, en buena parte basadas en los disturbios de Cambridge, dictaminaron que, lejos de ser los conflictos fruto de la agitación de elementos comunistas, se debían a cositas como que los negros sólo pudiesen estudiar en sus escuelas y usando los libros desechados por los blancos.

Así pues, todo empezó hace ahora 46 años. En octubre de 1962. Hoy, 16.837 días después, Estados Unidos ha elegido al primer presidente negro de su Historia.

Eppur si mouve...