viernes, septiembre 21, 2007

La guerra fetén

Como bien sabréis los que sois lo suficientemente listos como para frecuentar su blog, Tiburcio Samsa, a la par que elefante, es budista. Estoy ligeramente informado sobre las consecuencias que ser budista tiene para los humanos pero, sinceramente, no tengo demasiada información sobre cómo se cuece esta filosofía dentro de un paquidermo. Mis amigos budistas, y tengo varios, suelen ser gente silenciosa y tirando a cauta. No sé si un elefante budista se reconocerá porque nunca va el primero de la manada, ni tampoco el último; o, tal vez, es que son budistas los elefantes ésos de los circos que han aprendido a postrarse.


El caso es que, siendo budista, Tiburcio creerá, digo yo, en la reencarnación. Nunca se lo he preguntado, pero lo doy por hecho, porque para alguien que se sabe incapaz de hacer cosas tan placenteras como dedicarse a estallar las pompitas de los plásticos de embalaje (o si no, ya me diréis cómo se las arregla un elefante para hacerlo), es una indudable ilusión creer en una vida posterior en la que ello será posible. La teoría, además, explicaría la mala leche de Tiburcio. Si no estoy equivocado, la reencarnación se basa en la creencia de que se viven muchas vidas y son los méritos de la vida n-1 los que deciden en qué te reencarnarás en la vida n. Si partimos de la base teórica (discutible, cierto es) de que en la escala de los seres vivos un elefante es un ser inferior al registrador de la propiedad, deberemos colegir que el hecho de que Tiburcio sea un elefante y no un registrador de la propiedad se debe a algún defecto suyo; y yo apostaría por su mala leche.


Toda esta cadena de chorradas la escribo para sustentar un hecho que este blog hace cada vez más incontrovertible: en una vida anterior, Tiburcio debió ser elefante de guerra. No sé si númida, cartaginés o persa. No sé si lo habrán montado (con perdón) Yugurta, Atila o Artajerjes. Pero que a este chico le gusta la guerra más que a mí los Solano Classic, está fuera de toda duda. Hoy, en este post, nos habla, cómo no, de guerra. De la grande, de la definitiva; de la, como dice él, guerra fetén. Y tiene razón. La segunda guerra mundial tiene mucho atractivo por esas cosas de Hitler y el cine y tal. Pero, para guerra, ciertamente, la que hubo antes, la primera.


Os dejo con Ina, aunque yo tocaré los cataplines alguna vez, entre corchetes, porque entre las cosas que él os va a contar hay alguna que me peta precisar.



La guerra fetén. By Tiburcio Samsa.




La II Guerra Mundial no fue más que la repetición con más medios de la I Guerra Mundial. Fue muy vistosa, pero no hizo más que confirmar los resultados de la I Guerra Mundial, que fue donde de verdad se repartió el bacalao. Podemos decir que la Historia del siglo XX ha consistido en ver qué hacíamos con el legado de la I Guerra Mundial.

¿Cuál fue ese legado de la I Guerra Mundial con el que llevamos casi un siglo intentando sobrevivir? Yo lo resumiría en los siguientes puntos:

* Emergencia de Estados Unidos como superpotencia. A comienzos del siglo XX, la economía norteamericana ya se había aproximado en términos de producción a la europea. En 1914 Estados Unidos ya era una potencia mundial con la que había que contar, aunque muchos europeos, afectados de ombliguismo, no quisieran verlo. Sin la Gran Guerra, tal vez Estados Unidos habría entrado en el tablero mundial como una gran potencia entre otras grandes potencias. La Gran Guerra permitió que Estados Unidos adelantase a las potencias europeas. A su término Europa estaba endeudada con Estados Unidos, cuya tardía intervención salvó el día para los aliados.



[Siendo cierto este análisis, creo debe completarse con un viaje que Estados Unidos había iniciado ya décadas atrás, y es el abandono del aislacionismo. En tiempos de Teddy Roosevelt, Estados Unidos comienza a reflexionar sobre que tiene un papel que jugar en el mundo y que no puede circunscribirse a la acción exclusiva dentro de América, tal y como propugnaba la denominada doctrina Monroe. No fue un proceso ni fácil ni corto: otro Roosevelt, Franklin Delano, tuvo muchísimas dificultades para romperlo varias décadas después, hasta el punto de especularse que conocía los planes de ataque de Pearl Harbour, pero que dejó que la agresión se produjese para poder tener una razón de entrar en la guerra.]

La II Guerra Mundial fue una repetición y ampliación de la jugada. Mientras que británicos y franceses tal vez hubieran podido derrotar a los alemanes sin ayuda en 1918, en 1940 no lo hubieran podido hacer sin la intervención norteamericana. Incluso puede afirmarse que sin los armamentos que Estados Unidos proporcionó a la URSS en 1941 y 1942, tal vez los alemanes hubieran podido derrotarla en el invierno de 1941. Si al término de la Gran Guerra Estados Unidos podía ser visto como un primus inter pares, al término de la II Guerra Mundial era como el primo de zumosol cargado de esteroides e inyectado de hormona del crecimiento.

* Conflicto árabe-israelí. Es probable que en Oriente Medio hubiera habido tortas en cualquier caso. Muchos años antes de la I Guerra Mundial, los sionistas habían iniciado su movimiento para crear un estado judío en Palestina. Lo que cambió las cosas fue la Declaración Balfour de 1917, por la que Gran Bretaña se comprometía a la creación de un hogar nacional judío en Palestina [también cierto, aunque yo creo que mucho más importante fue el acuerdo Sykes-Picott]. Eso fue como azuzar un avispero. En vísperas de la II Guerra Mundial las espadas entre árabes y judíos ya estaban más que levantadas. La II Guerra Mundial lo que hizo fue acelerar la creación de un estado de Israel, que en todo caso se hubiera acabado creando con o sin guerra.

Otro efecto de la Gran Guerra fue el mapa de Oriente Medio tal y como lo conocemos. Los británicos y marginalmente los franceses ocuparon las regiones no-turcas del Imperio Otomano. En la Conferencia de El Cairo de 1921 los británicos con una parte de frivolidad y otra de improvisación delinearon las fronteras de Oriente Medio. Iraq surgió como reino porque tenía petróleo y había que satisfacer a los hashemitas a los que se les habían hecho muchas promesas incumplidas. Jordania era un trozo de desierto que se convirtió en país para satisfacer a otro príncipe hashemita. Palestina quedó como un protectorado británico, que debía de servir para proteger al Canal de Suez de ataques procedentes del norte y el este. Arabia Saudí se formó con los trozos de desierto que no interesaban a nadie, más que a los saudíes a los que había que recompensar por su ayuda en la guerra, aunque fuera a costa de los hashemitas que controlaban el Hedjaz.

En resumen, la Gran Guerra nos dejó un mapa de Oriente Medio manifiestamente mejorable y la II Guerra Mundial no cambió nada de eso.

* Desaparición del Imperio Austro-Húngaro. Desde el siglo XVI el Imperio de los Habsburgos había controlado el centro de Europa y había ofrecido estabilidad en esa zona. El Imperio Habsburgo entró en el siglo XX muy tocado del ala. Sus estructuras obsoletas no eran las más indicadas para hacer frente a los nuevos nacionalismos. Es posible que incluso sin Gran Guerra el Imperio Habsburgo no hubiese sobrevivido. Pero sin la Gran Guerra, tal vez la ruptura habría sido menos traumática y las fronteras resultantes más lógicas (por citar algunos ejemplos: las mayorías húngaras de la Transilvania, hoy rumana, y la Voivodina, hoy serbia, habrían podido permanecer dentro de Hungría; se habría mantenido la distinción entre serbios y croatas y no se les habría unido en un inestable Reino de Yugoslavia; la Austria post-imperial habría podido integrarse en Alemania de una manera menos violenta que la del Anschluss hitleriano…). Sí, seguramente sin la Gran Guerra no habríamos conocido los conflictos balcánicos de los años 90.

* El inicio del fin de los imperios coloniales europeos. Durante la Gran Guerra se pidió a algunas de las colonias un esfuerzo bélico importante, lo que tuvo consecuencias de cara al surgimiento en ellas de una conciencia nacional. Australia (que no era técnicamente una colonia) recuerda especialmente el desembarco de Gallipoli, donde murieron miles de australianos. Las tropas indias fueron claves en la campaña de Mesopotamia. Muchos senegaleses murieron en las fronteras francesas.

De más trascendencia fueron los Doce Puntos del Presidente Wilson para lograr una paz justa y duradera. No fueron pocos los que advirtieron el doble rasero de reconocer los derechos de las minorías nacionales en Europa y olvidarse de los de los pueblos colonizados. Una señal de que ya no era tan sencillo colonizar como antes de 1914 fue el hecho de que las colonias de los vencidos se entregaran a los vencedores en calidad de mandatos, no de colonias. Tal vez de facto no pareciera muy relevante, pero ya indicaba hacia dónde se encaminaba la sociedad internacional.

Hay una última consecuencia de la I Guerra Mundial que influyó sobre el siglo XX, pero cuya influencia ya ha expirado: el triunfo del comunismo. La Rusia zarista anterior a la guerra estaba industrializándose y había iniciado unas tímidas reformas liberalizadoras. Es seguro que sin la Gran Guerra, el comunismo no habría triunfado. Y no lo digo yo, lo pensaba Lenin que en los años previos a la guerra se encontraba alicaído, viendo que nunca triunfarían.

Lo curioso es que el comunismo, que fue una de las ideologías en alza en el período de entreguerras y que fue la ideología rival del capitalismo durante la Guerra Fría, se ha desvanecido del tablero sin dejar más que unas cuantas repúblicas populares exóticas (Cuba, Corea del Norte y poco más) y unos partidos comunistas que, o no tienen posibilidades de alcanzar el poder o, cuando las tienen, se comportan más como socialdemócratas que como comunistas. Supongo que dentro de unos siglos veremos el comunismo como vemos a Atila, a Tamerlán, o a Ajnatón, torbellinos históricos que pasaron como un vendaval por la Historia, pero que apenas dejaron rastro. No creo que la Europa actual hubiese sido muy diferente sin los cuarenta y cinco años de comunismo que pasó Europa del Este y la propia Rusia, posiblemente sin Revolución de Octubre, no habría sido muy diferente de la actual, una semidemocracia autoritaria.

En fin, que deberíamos ver menos películas sobre el desembarco en Normandía y Pearl Harbour y estudiar un poco más la I Guerra Mundial, que es la fetén.