lunes, abril 22, 2019

Pericles (1: un proyecto imperialista)


Muy probablemente, los atenienses podrían haber ambicionado ser una talasocracia, un imperio basado en el poderío marino, bastante antes de lo que lo hicieron. Al fin y al cabo, la Historia de Atenas mira desde muy pronto hacia el Egeo y las islas allí situadas, y concibe todos esos territorios como elementos lógicos de la expansión de la metrópoli continental. Sin embargo, como bien nos cuenta Fustel de Coulanges en su seminal La cité antique, los griegos, en realidad, eran gente profundamente constreñida por su religión, una religión que se basaba fundamentalmente en la conservación de los cuerpos muertos (que no consideraban propiamente muertos y, de hecho, vivían con sus parientes vivos en las mismas casas); por lo que la perspectiva de morir en el mar, ahogados, durante una batalla, no les molaba mucho.

En eso, como en otras muchas cosas, los griegos en general, y los áticos muy en particular, acabaron por evolucionar. En el sexto siglo antes de Cristo, los atenienses ya se habían anexionado la isla de Salamis, una conquista que marcó el inicio de una expansión hacia el noreste, con objetivos en el Egeo y el Helesponto que ser mantuvieron vivos hasta la dominación macedonia (dominación que, obsérvese el chiste gilipollas, fue muy variada). En aquel sexto siglo, Atenas vivió la dictadura conocida como de los pisistrátidas, que ya estuvo, en buena parte, teñida de estos deseos imperialistas. De hecho, en los tiempos por venir, en Atenas habría gobiernos de muy variada naturaleza; pero todos ellos compartirían el sueño talasocrático; pues para Atenas, que, a falta de la Unión Europea que todavía no se había inventado, basaba en buena parte su Producto Interior Bruto en el comercio de granos, era fundamental controlar el Helesponto.

Cito a los pisistrátidas (que gobernaron del 546 al 510 antes de Cristo) porque creo que son muy importantes en el dibujo de lo ateniense. Es cierto que muchos contemporáneos de Pericles ya los veían como lo que fueron, esto es, unos dictadores bastante poco consistentes con el ser de Atenas. Pero también lo es que, como le ocurre a muchos dictadores, en su momento no fueron percibidos como tales; y, de hecho, a los pisistrátidas los echaron de Atenas los espartanos, no los atenienses. Bajo su mando, Atenas se convirtió, en buena parte, en la ciudad poderosa que luego fue, por no mencionar que la etapa relativamente traumática de su gobierno sirvió, a la postre, para que el pueblo llano adquiriese conciencia de su posible papel en la gobernación.

La incorporación al mando ateniense de las pequeñas villas del Ática había comenzado ya en el octavo de los siglos antes de Cristo. Al fin y a la postre, Atenas conseguiría controlar una superficie de terreno tan grande que sólo Esparta sería capaz de competir con ella. Fue, en realidad, un proceso bastante generalizado dentro de la Grecia clásica en aquel periodo; un proceso en el que las ciudades-Estado del territorio que hoy conocemos básicamente con Grecia se aplicaron a una multitud de expediciones colonizadoras, que los llevaron desde las orillas del Mar Negro hasta, como sabemos bien, nuestras costas.

Atenas, de hecho, anduvo tardana en ese proceso. La gran mayoría de sus vecinas ya habían comenzado a explorar el Mediterráneo cuando Atenas seguía centrada, básicamente, en el Ática propiamente dicha. Sin embargo, allá por el 600 antes de Cristo, los atenienses ya se están dando cuenta de que están haciendo un poco el maula; que para defender el Pireo y su modelo de negocio necesitan ir más allá; así pues, ya los encontramos peleando para controlar la región de Sigeion, fundamental para hacerse con la llave del Helesponto.

De hecho, la política exterior ateniense, desde ese tiempo, se centrará en obtener la consiguiente influencia a ambos lados de ese estrecho estrecho sin el cual todas sus capacidades como potencia exportadora de cereales serían nada. Así las cosas, el principal interés de Atenas era lo que luego sería Macedonia y la Tracia septentrional, así como las islas del Egeo. Todo esto creó todo un espíritu ateniense basado en la necesidad de defender constantemente esa presencia de la ciudad-Estado como elemento fundamental de su poder y su capacidad de proveer bienestar a sus ciudadanos. Los atenienses, pues, eran gentes que hacían valer la famosa frase de John Fitzgerald Kennedy: antes de preguntarse qué podía hacer Atenas por ellos, se preguntaban qué podían hacer ellos por Atenas.

Aproximadamente en los cien años anteriores al momento del nacimiento de Pericles, Atenas estuvo en un estado de guerra prácticamente constante, impulsado por sus ambiciones imperialistas y colonialistas. Su gran problema era Megara, una ciudad situada en la hebilla del estrecho cinturón que une el Peloponeso con el resto de Grecia. Ambas ciudades se enfrentaron en una guerra bastante complicada cuyo botín era el control de la isla de Salamis. Los atenienses reclamaron la propiedad de esta isla invocando los poemas homéricos y afirmando que ellos eran los herederos, por así decirlo, de los descendientes de Ajax, ese potente guerrero que formó parte de la tropa griega que tomó Troya y que, por si no lo sabéis, era oriundo de Salamis. Según los atenientes Fileo, el hijo de Ajax, se había hecho ateniense, y de hecho la familia de Cimón, quien sería el gran contrario de Pericles, afirmaba ser descendiente de este Fileo y, por lo tanto, heredera de Salamis. Otros, sin embargo, acusaban a los atenienses nada menos que de interpolación, pues decían que las líneas de la Ilíada en las que más claramente se establece la identidad de Ajax con Salamis habían sido introducidas por Solón para así sustentar las reclamaciones atenienses. Y los más cultivados de entre todos venían a recordar que el papel de Atenas en la guerra de Troya había sido poco menos que decorativo (¿quién se acuerda de Menesteo? Pues fue el campeón ateniense que, según Homero, participó en dicha expedición); lo que no era otra cosa sino la constatación de que el papel de Atenas en la Grecia preclásica había sido más bien poca cosa. Atenas era un parvenu en el mundo de las reivindicaciones griegas, y por eso se vio obligada a jugar el complicado juego de carambolas relacionado con Ajax.

La importancia de la guerra (más precisamente, las guerras) por el control de Salamis queda afirmada por detalles como que tanto Solón como Pisístrato sirvieron en la armada ateniense en estas guerras. Les costó casi un siglo pero, al final del siglo VI, los ateniense habían arrimado el ascua a su sardina, o más bien el Salamis a su Pireo, y habían integrado el territorio dentro de los de su dominio común. Fue la de Salamis la última posesión de Atenas que les aportó, además de nuevos territorios y riquezas, también nuevos ciudadanos.

A mediados del siglo VI se produjo en Atenas la dominación dictatorial de los pisistrátidas. En esa época, Atenas guerreó para controlar Sigeion y también el Chersoneso; de hecho, un ateniense, Miltíades, tío del vencedor de Maratón, se convirtió en el tirano de la zona, inaugurando una dinastía de poder que conocemos como los cimónidas o, en ocasiones, como los filaides. El último de los cimónidas que dominó el Chersoneso fue el propio Miltíades que resultaría ganador en Maratón, y siguió conquistando territorio, pues se hizo con el control de la isla de Lemnos (muy cerquita de Monmforte). Toda esta red de influencias y poder, y teniendo en cuenta que los cimónidas y los pisistrátidas colaboraban muy estrechamente entre ellos, hizo que Atenas consiguiese en aquella época, aproximadamente medio siglo antes de que naciera Pericles, su ansiado objetivo de controlar ambos lados del Helesponto; lo que la convertía, digamos, en algo así como la dominadora del Canal de Panamá o de Suez de su época. Así es como debe de entenderse el salto de poder dado por la polis en relativamente poco tiempo, y que justifica que los atenienses, por lo general, y a pesar de reconocer que Pisístrato había sido un poco mala burra, guardasen un excelente recuerdo de él (imagínese el lector que el general Franco hubiera, durante su dictadura, obtenido para España el control de la Costa Azul francesa, y trate de imaginar cómo influiría esto en su juicio histórico contemporáneo).

Pisístrato, además, fue el responsable de la conquista ateniense de la isla de Naxos. Sin embargo, en algún momento, aproximadamente en el 510, los pisistrátidas fueron expulsados de Atenas, pues nada dura eternamente. Pero dejaron su impronta militarista, porque es un hecho que, con su desaparición, Atenas no cedió en su política de reforzamiento militar. En torno al año 506, por ejemplo, realizaron una expedición a la isla de Eubea, donde tomaron grandes porciones de territorio que hasta entonces habían sido propiedad de la ciudad de Chalkis.

Fue en esta Atenas peleona, talasocrática e imperialista, en las que había de nacer Pericles.

Los pisistrátidas, como ya os he dicho, fueron tiranos de Atenas a mediados del siglo VI y, como una prueba más (por si hacen falta) de que no hay que mirar nunca el pasado con los ojos del presente, que eso no es Historia sino relato (y del malo), los atenienses clásicos siempre contemplaron esos años como una edad de oro. Lo realmente importante, sin embargo, son las consecuencias permanentes que parece dejó aquel gobierno en la ciudad. Parece ser, por ejemplo, que una de las consecuencias permanentes del dominio pisistrátida en Atenas fue la pérdida de poder por parte de algunas familias aristocráticas que hasta entonces habían dominado el momio. Según la mayoría de los indicios de que disponemos, los tiranos de Atenas, entre otras cosas, trataron de construir en la ciudad estructuras centralizadas, ensayando los primeros intentos de exacción tributaria, para conseguir construir eso que hoy nos parece tan natural: la existencia de un poder centralizado, con capacidad económica, que pueda abordar las inversiones y los gastos por el bien común. Los pisistrátidas, de hecho, abordaron diversas obras públicas en la ciudad, en lo que más que probablemente fue un intento de hacer las cosas de manera que esos desarrollos ya no dependiesen, nunca más, del albedrío de las familias dominantes en la ciudad.

Cuando los tiranos cayeron, este modelo, cuando menos parcialmente, se quedó ahí. Atenas, por así decirlo, se había acostumbrado a que existiese un poder centralizado, independientemente de que lo ejerciese un tirano o un cargo electivo; lo importante es que la ciudad ya no estaba dispuesta a cederlo de nuevo a quienes habían tenido, por derecho natural por así decirlo, ese poder de decisión antes del periodo tiránico. En términos actuales que podamos entender, tras la caída de los pisistrátidas se dio el primer paso, pequeñito obviamente, en una dirección en la que no han dejado de avanzar ya nunca los sistemas políticos, esto es, hacia la dominación de la economía de los particulares por parte del Gobierno; pues, a los políticos, tengan en el color que tengan, eso de firmar en el BOE estatuyendo que tienes que hacer esto o aquello, les gusta más que a un tonto un lapicero. Y por mucho que digan, cuando todavía no se han subido al pedestal, que cuando lo hagan van a dejar de presionar el botoncito del mando social luego, cuando llegan, seguirán apretándolo.

Existe otra razón para que Atenas desarrollase, durante el sexto siglo antes de Cristo, una política tan ambiciosa de expansión y poder: la plata. Era la ciudad la única de toda Grecia que poseía minas propias de este metal y, como no quería dejar de tener ese poder, por eso, en parte, se expandió por todo el Egeo, precisamente por las islas que también tenían minas de este tipo. Dado, además, que el descubrimiento de los mejores yacimientos parece haberse producido en plena dominación tiránica pisistrátida, esto explicaría que, desde el inicio de la explotación intensiva de la plata, los atenienses considerasen las minas como propiedad pública (lo que inicia toda una tendencia jurídica, sólidamente establecida, según la cual es subsuelo es público, es de todos; y, por eso, aquél que tiene una mina tiene, en realidad, una concesión).

Esto explica, en buena parte, el proyecto centralizador ateniense: antes del periodo tiránico, apenas se explotaban minas de plata. Éstas fueron perfeccionadas durante la tiranía, lo cual hizo que los pisistrátidas las poseyeran en nombre de la ciudad. Cuando los tiranos fueron expulsados, la ciudad, sin embargo, se había acostumbrado a ser empresaria de la plata, además de que, en puridad, no tenía a nadie a quien devolverle las minas, puesto que nadie había sido su propietario antes. Así pues, se las quedó. Este detallito sin importancia marca, sin embargo, un antes y un después en la Historia de Atenas, pues supone que, de golpe y porrazo, la ciudad accedió a una fuente generosa y continuada de ingresos públicos, con los que, por ejemplo, pudo construir la potente flota con que obtendría resonantes victorias ya en el siglo V.

De alguna manera, pues, el juicio de Pericles debe comenzar por una paradoja: este personaje, que es tomado por mucha gente (muy notablemente por los ignorantes que ni siquiera saben señalar a Grecia en un mapa, pero que aun así se presentan a elecciones y esas cosas) como el epítome de la democracia, fue, sí un gobernante democrático y todo eso. Pero todo lo que pudo hacer, pudo hacerlo porque alguien había sentado las bases socioeconómicas para que pudiera hacerlo; y ese alguien era un tirano o, más propiamente, una familia de tiranos.

La Historia, hermanos, se escribe con renglones torcidos.

5 comentarios:

  1. Anónimo10:54 a.m.

    Muy bueno. Quedo esperando las siguientes entregas; conociéndote, imagino que bastantes... :)
    Como única pega: personalmente me despista algo que no uses muchos topónimos castellanos habituales (Salamina, Sigeo, Quersoneso, Calcis...)
    Gracias en todo caso. Un saludo.
    Torvic

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  2. añado, dijo el mosquito, estuve correteando por google maps y por el buscador homónimo siguiendo tus pasos. Porque: ¿donde mierda queda Mégara? ¿y que será el Helesponto?

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    1. Mégara está en frente de Atenas, y entre media de ambas la isla de Salamina.

      Helosponto es el estrecho de los Dardanelos.

      Saludos

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  3. A todo esto, esas Polis eran meros poblachones con unos pocos miles de habitantes, ¿no?

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    1. Hombre, Chicago en hora punta, no eran. Pero las principales sí que llegaron a tener un tamaño respetable para su época.

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