lunes, junio 08, 2009

La mafia en sus orígenes (3)

Junio de 1943. Un campesino siciliano a quien todos llaman Mangiapane lleva un mensaje. Esto ocurre en los mismos días en que los aliados desembarcan en Sicilia. El papel que porta Mangiapane, y que debe tragarse caso de ser capturado, es la orden más importante de toda aquella operación militar. Dice así:

Curutalu Turi partira cu li vutidazzo, pi la vera de Cuda martedi iournu 20. In partiro lu stissu iurnu cu li vacci, li voi di carruzzu e lu tavaru. Priparati l'ordimi pi fari lu fruttu e li mannari pi riparari li pecuri. Avvertiti l'autri curatuli di tinirse pronti. Pi lu quagghiu ci mensatu lu.

En este mensaje, escrito en siliciano, alguien da instrucciones a un tal Turi (Mario Turi) para que salga el día 20 con unos pastores hasta Cerda. El remitente avisa que el mismo día saldrá con las vacas, los carros y el toro. Conmina a Turi para que prepare el fuego para la comida y abrigo para las cabras y que avise a los amigos.

Este mensaje utiliza los términos habituales del mundo rural para referirse en clave a las tropas aliadas, y ordena su apoyo por parte de los partisanos independentistas sicilianos. Y fue escrita por Calogero Vizzini, don Calo, el jefe de la Mafia.

El independentismo es un sentimiento tan legítimo como cualquier otro. Pero, como cualquier otro, también puede ser pasto de influencias e intereses más o menos espurios. Sicilia, por otra parte, ha tenido siempre la conciencia de ser distinta. Su condición insular ha hecho que desde que existe memoria haya formado un territorio aparte y, aunque está culturalmente incluida dentro de Italia, tiene elementos, por ejemplo su idioma, claramente diferenciales. Quizá la mejor expresión del sentir de los sicilianos como italianos esté en una de las escenas centrales de El gatopardo, la genial novela de Lampedusa. En esa escena, el protagonista tiene una conversación, creo recordar que con un político de Roma, en la que define muy claramente la filosofía del siciliano frente al poder central romano.

La marcha de la guerra mundial e, internamente, la resistencia contra el fascismo de Mussolini, exacerbó los sentimientos independentistas de los sicilianos. Ya en 1942, el Ejército de Liberación Sicilia, conocido como EVIS, realizó una primera acción armada contra el ejército italiano. Mussolini puso precio a la cabeza de los líderes del EVIS, y especialmente de su comandante en jefe, Antonio Canepa, alias Mario Turi, un oscuro profesor de Derecho en la universidad de Catania. Canepa es el brazo militar de un movimiento independentista que está comandado, en el flanco ideológico, por Andrea Finocchiaro Aprile. Aprile envió un memorando a la Conferencia de Casablanca celebrada por los aliados en enero de 1943 en la que calificaba a Italia de nación colonialista y solicitaba la separación de Sicilia dentro del monumental juego de Stratego en que se convirtió, progresivamente, el final de la segunda guerra mundial. Aprile, sin embargo, era un puto radical siciliano; un tipo demasiado abajo en el organigrama del mundo como para conseguir parir un papel que fuese leído por Franklin Delano Roosevelt, Josif Stalin y Winston Churchill. Si consiguió eso, sólo pudo ser por una razón: el apoyo de la OSS, es decir la inteligencia militar estadounidense, cuya principal cabeza era el coronel Charles Poletti, quien acabaría siendo gobernador de Sicilia y jefe del AMGOT, es decir el ejército aliado en los territorios ocupados.

Poletti tenía una misión. La misma que muchos otros ocupantes en diversos puntos del mundo. La misión de Poletti era garantizar la preeminencia norteamericana desde el punto de vista geoestratégico. De momento, el partido iba en contra en el Mediterráneo; o, si preferís, en las vías hacia el petróleo de Oriente Medio. Las dos llaves de esta vía, es decir el Estrecho de Gibraltar y el Canal de Suez, estaban en manos británicas; Churchill, además, tenía el culo sentado sobre Egipto, Chipre, Rodas, Malta y Palestina, a lo que hay que unir que Grecia se muestra partidaria de llegar a algún acuerdo preferencial con Londres y que la fidelidad francesa, líder en el norte de África, no es algo en lo que quepa confiar. Por su parte, la URSS, mediante la más que previsible extensión de su área de influencia por lo que un día conocidos como los países del bloque del Este, tenía también su pica puesta. Para Estados Unidos, Sicilia e Italia eran cruciales; y, cuando termine la guerra, conforme Italia se vaya convirtiendo en el segundo país, con Francia, en el que la influencia comunista es más fuerte, no pocos estrategas americanos acabarán por darse cuenta de que la carta que deben jugar es la segregación de Sicilia; al fin y al cabo, en Sicilia manda una organización rabiosamente anticomunista. Que además fuese una organización rabiosamente criminal no parece que les importase mucho.

La falta de escrúpulos a la hora de buscar soldados para su cruzada queda demostrada con hechos como la detención por los fascistas, en mayo de 1943 en Sferracavallo, de un italonorteamericano que declaró haber sido reclutado por la inteligencia americana en una cárcel en Boston, donde cumplía condena por haber sido soldado de Charlie Lucky Luciano. Otros gángsteres de segunda fila como Nicky Gentile, Albert Vinizza o Romero Bertoluzzi, fueron al parecer usados por la OSS. En todo caso, Poletti tenía sus propios contactos en Estados Unidos, pues era buen amigo de James Riddle Hoffa, el que sería todopoderoso líder del sindicato de camioneros con notables conexiones mafiosas; o el propio Vito Genovese.

El 23 de julio, los aliados liberan Palermo. Cinco días después el CIS, o Comité por la Independencia de Silicia, reclama la segregación de la isla. El 21 de agosto, el coronel Poletti recibe a los miembros del CIS, bajo la dirección del barón Lucio Tasca, casi con honores de Estado. Este detalle despierta la ira de Don Sturzo, el líder de la democracia cristiana italiana. El 3 de septiembre, los últimos alemanes y camisas negras que quedan en Sicilia capitulan. Empieza una nueva etapa para Sicilia y para la Mafia.

Don Calo y Poletti acuerdan el nombramiento de Tasca como alcalde de Palermo. De hecho, en la administración provincial nombrada por el americano, son mayoría los partidarios del separatismo. Finocchiaro Aprile le dirige una carta al rey Víctor Manuel invitándolo a abdicar y a santificar la segregación de Sicilia. La democracia cristiana reacciona intentando hacerse presente en la vida política siciliana. El CIS contesta con un macrocongreso independentista celebrado en enero de 1944, en cuyas sesiones no faltó nadie. Estuvo Calogero Vizzini, pero también Genco Russo, quien acabaría heredando su padrinazgo, Vito Genovese, y todos los jefes locales.

Sólo era cuestión de tiempo que «el otro» moviese ficha.

El 15 de febrero de 1944 desembarca en Sicilia Andrej Vichinsky, embajador de la URSS en Italia. Lo primero que hace es visitar a Poletti. Y lo primero que hace, cuando lo tiene delante, es expresarle la honda preocupación de la URSS ante la posibilidad de que los EEUU y Gran Bretaña estén pensando en apoyar una solución secesionista en Sicilia. Vichinsky hace en esa reunión todo un alarde de conocimiento sobre la realidad siciliana y se preocupa muy bien de que, a su marcha, Poletti se dé cuenta de que ha llegado acompañado por Girolamo Li Causi, futuro onorevole miembro del Senado italiano, y el principal representante del Partido Comunista en Sicilia; amén de enemigo declarado de la Mafia.

Para los mafiosos se hace evidente que los comunistas son el enemigo. Palmiro Togliatti, el histórico líder comunista, regresa del exilio y deja claro desde el primer minuto que apoya la total unidad italiana; la situación se hace explosiva cuando el PCI se convierte en el principal valedor en Sicilia de la requisa de trigo decretada por el gobierno. En Regalbuto, en mayo de 1944, dos comunistas son asesinados. La mafia de Casteldaccio, a su vez, acaba con la vida de otro comunista integrado en una comisión de control y reparto de las requisas.

Salvatore Aldisio, nombrado en 1944 alto comisario italiano para Sicilia, impulsó un estudio sobre los diferentes apoyos existentes en Sicilia a las opciones políticas. Segúndicho estudio, el movimiento independentista tendría 480.000 miembros, a los que habría que unir otros 26.000 separatistas de partidos menores. La democracia cristiana tenía 25.000, los socialistas 7.000, y el Partido Comunista 250.000. Parece bastante claro de qué iban las hostias.

Aldisio y Poletti chocaron inmediatamente. El americano se negó a destituir a los alcaldes que había nombrado (casi todos separatistas o filomafiosos) y, de hecho, echar al barón Tasca del ayuntamiento de Palermo sólo fue posible cuando el asunto quedó en manos del gobierno Badoglio en Roma. El ministro del gobierno central Meuccio Ruini se deja ver por Sicilia, para hacer campaña. En el teatro Bellini de Parlermo, el mismo donde se celebró aquel supercongreso independentista, el público le tira tantos huevos podridos que el buen hombre tiene que huir.

El gobierno Badoglio decide actuar fieramente y decreta el arresto de Finocchiaro Aprile. La acción se realiza el 13 de septiembre. Se ha diseñado una operación para las ocho de la tarde de aquel día para la ocupación coordinada de sedes del MIS, detención de sus líderes y proscripción de la organización. A las 19,30, sin embargo, el coronel Poletti llega a la residencia de Aldisio y tiene con él una tormentosa reunión. Aldisio, que odia a Poletti, lo manda a la mierda. Poletti estalla. Viene a decir: vosotros, italianos, creéis que tenéis un gobierno y eso. Pero aquí quien manda es quien os ha salvado el culo y tiene los soldados. Aldisio dice que y una mierda. A las 21,45, se consigue tener comunicación con Nápoles, donde está el mariscal Badoglio, jefe del gobierno. Poletti habla con él. Badoglio le dice que le pase con Aldisio.

El alto comisario recibe la orden de abortar la operación.

Y, como decía Superratón: no se vayan todavía, aún hay más.