martes, octubre 29, 2024

Mao (40): 38 millones

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 

Si, es evidente, los grandes paganos de El Gran Salto Adelante fueron los campesinos chinos, a los habitantes de las ciudades tampoco les fue que te cagas de bien, que se diga. Mao también quiso crear el sistema comunal en las ciudades. Su plan era eliminar los salarios y obligar a las personas a vivir en barracones donde toda su miseria sería provista por el Partido. En realidad, lo que quería era destruir las ciudades como eran y construir sobre sus ruinas nuevos centros industriales. Una política que no se paraba ante nada. En 1958, el Partido ordenó un censo de monumentos históricos en Pekín. Encontró unos 8.000, y decidió mantener 78. Las cosas como son, conforme este plan fue siendo conocido, comenzaron a surgir voces contrarias al mismo. Tanto se les oyó que el plan fue abandonado. Aunque eso no le impidió a Mao derribar casi todas las murallas y puertas históricas de la ciudad.

lunes, octubre 28, 2024

Mao (39): El Gran Salto De Los Huevos

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


En la misma reunión, los dirigentes provinciales, que se habían convertido en el backbone del maoísmo, también cargaron contra Liu Shao Chi por haber sido el heraldo de los recortes. Liu, sin embargo, mantuvo el pulso, y siguió siendo el número 2 del Partido. No así Chou. El compañero de fatigas de Mao estaba tan jodido que le pidió al Presidente permiso para dimitir como primer ministro. A Mao le pareció buena idea, así que Chou siguió siendo el responsable de las relaciones exteriores, pero dejó de ser el coordinador gubernamental.

viernes, octubre 25, 2024

Mao (38): La Campaña de los Cien Ñordos

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


Los asistentes a la misa-romería leninista de 1957 eran comunistas de variado pelaje. Algunos eran estalinistas, otros ya no. Algunos tenían entonces tenues líneas de colaboración con occidente, otros no. Algunos estaban casi frontalmente enfrentados con Moscú, otros no. Pero todos ellos compartían un sentimiento: el temor a que la situación pudiese provocar una guerra con el mundo capitalista, por las gravísimas consecuencias que ello tendría para todos. No eran, en puridad, hombres pacifistas (porque mujeres había pocas); eran hombres de la Guerra Fría, más bien. Hombres que tenían claro que la palabra clave de la definición era “Fría”, no “Guerra”. Pero, junto a este sentimiento general, estaba el chino: Mao Tse Tung, que destacaba por ser un comunista que, lejos de temer una guerra, la esperaba y la deseaba. La diferencia fundamental entre aquel comunista y el resto de comunistas es que a Mao, como dejó bien claro en sus discursos, los muertos de la guerra, incluso los suyos, le importaban tres cojones. De hecho, ya se lo importaban en vida, puesto que una de sus perlas en aquel congreso fue esta confesión de acendrado marxismo: “La gente dice que la pobreza es mala, pero en realidad es buena. Cuanto más pobre es alguien, más revolucionario se hace”.  En esas condiciones, no ha de sorprender el dato de que Mao, que llegó a Moscú convencido de que iba a ser la gran estrella del encuentro, en realidad pasó sin pena ni gloria, sin ser citado por otros ni agasajado en las fotos oficiales. Mao apestaba.

jueves, octubre 24, 2024

Mao (37): A mí la muerte me importa un cojón

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


Después de Wuhan, Mao voló a Cantón. Mientras tanto, recibía noticias de Pekín, donde tanto Chou como Liu seguían apoyando la idea de que había que tascar el freno, por el bien del chino corriente. A finales de mayo, Mao volvió a Wuhan para nadar en el Yangtze. Hizo tres inmersiones públicas, literalmente rodeado de guardias de seguridad que no dejaban que se acercase ni el krill; pero en medio de los vivas y el cariño espontáneo de su pueblo. Porque de eso se trataba: de lanzar el mensaje de que China estaba con él, igual que España estaba con Franco y que todos los clientes de las librerías donde entra Pedro Sánchez lo adoran.

miércoles, octubre 23, 2024

Mao (36): El marxismo es así de duro

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 

Tal y como ya sospechaban los más conspicuos miembros del PCC, el caso Gao Gang no se iba a quedar ahí. En el comunismo de corte estalinista, una vez que has hecho el gasto de abrir la esquina de la lata de las purgas, ya la abres entera porque dejarla así sería tontería. Así que Mao ordenó la acusación de Rao Shu Shi. Rao Pescado Crudo no era un cualquiera: era el jefe del Departamento de Organización del Partido; y si habéis estado atentos en pasadas lecciones sobre la estructura del comunismo soviético, ya deberíais saber a estar alturas que este puesto controlaba un montón de cosas relacionadas con nombramientos, destinos y otras gabelas que llevaban a sus beneficiarios, no a la tierra que mana leche y miel, sino a la tierra que mana alcohol y donde la leche la pones tú. Mao hizo que Rao fuese acusado de haber complotado con Gao (o sea, sí: Mao acusó a Gao y a Rao) para romper el Partido ( o sea: de lo que Gao acusaba a Liu; es lioso, lo sé, y sobre todo con nombres chinos de por medio). El gran pecado de Rao, que a todas luces debía de ser un comunista listo y eficiencia, fue haber sido el jefe de la inteligencia china en Estados Unidos. Mao estaba pensando en hacer una purga en su sistema de inteligencia; en ese momento, estaba bien atento al merdé que tenía montada la URSS posestalinista con la figura de Lavrentii Beria; y claramente no quería eso. Rao fue correspondientemente arrestado, pero no fusilado. Lo metieron en el maco, donde murió tras haber incluso sobrevivido a Mao, en 1975. Esto quiere decir que, efectivamente, ni siquiera Deng Xiao Ping se planteó nunca revisar su caso, mucho menos rehabilitarlo. Lo cual nos lleva, de nuevo, a la enigmática frase de Patxi Arkhipov: ¿Por qué quieren ustedes saber tantas cosas de Gao Gang? ¿Qué más da, chavales, qué mas da?

martes, octubre 22, 2024

Mao (35): A mamar marxismo, Gao Gang

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 


A partir de junio de 1953, con la renuncia a la guerra de Corea ya en la buchaca, Mao pudo disfrutar de las noventa fábricas que los sucesores de Stalin le habían prometido; lo cual quiere decir que pudo comenzar a pensar en su proyecto de convertirse en un complejo militar-industrial como la propia URSS. Para ello, el líder chino repitió la jugada de su maestro unos treinta años antes con el primer Plan Quinquenal: un plan para industrializar China, todo lo más, en quince años; plan para el cual todo lo demás sería subordinado al objetivo principal. Es importante entender que a Mao, al revés que a personajes como Pedro Sánchez, la posteridad le importaba un huevo. A él, si los chinos iban a conservar un retrato suyo en Tiananmen o arrastrarlo por los albañales, se le daba una higa. Como veremos en estas notas, su lucha final con Deng Xiao Ping lo que por su seguridad personal; porque Mao veía al naciente líder comunista capaz de clavarle un estilete en la tráquea y luego sentarse encima; el futuro del maoísmo tuvo muy poco que ver. De hecho, cuando Mao visitó la momia de Lenin en Moscú, el único comentario que se le ocurrió fue preguntarse en qué medida toda aquella parafernalia le había beneficiado al propio Lenin. Lo suyo era la apoteosis en vida. Mao se miraba mucho en Confucio, a quien la tradición otorga una edad a su muerte de 73 años. Echaba cuentas, y le salía que, corriendo a buen ritmo, le llegaba para ser el dueño militar del mundo antes de morir. Y eso es lo que quería. Lo de labrar la grandeza de China no era su objetivo.

lunes, octubre 21, 2024

Mao (34): Quiero La Bomba

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 



Stalin tenía claro que under no circumstances debía poner la bomba atómica en manos de Mao. El líder de la URSS tenía claro que Mao era un bombardeador imprevisible. Hoy, quería tener la bomba para defenderse de los Estados Unidos. Pero mañana, si le cuadraba, podía soltarla sobre Mongolia, o la URSS. Y, en todo caso, un Mao con tecnología atómica podía dar fácilmente al traste con la cuidadosa imagen que el mundo comunista estaba construyendo de sí mismo, con la inestimable colaboración de los intelectuales gilipollas de occidente, como amante de la paz y de la libertad de los pueblos, del derecho de las mujeres a no depilarse, y de lo que hiciese falta. Sin embargo, tenía otro problema, y es que tenía miedo de su otrora aliado y residente en Reims, hoy presidente de los Estados Unidos. Le creía cuando insinuaba que podía soltar un pepinaco sobre China.

viernes, octubre 18, 2024

Mao (33): La guerra de la sopa de agujas de pino

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



La intervención china en la guerra de Corea salvó la dictadura de Corea del Norte en los minutos de descuento. Kim Il Sung estaba claramente perdiendo la guerra que había iniciado; pero unos meses después, las tropas del sur habían sido desalojadas del norte del paralelo 38. La consecuencia, sin embargo, fue una dependencia total de China. Kim todavía tenía 75.000 soldados; pero dependía totalmente de los 450.000 que Mao había puesto en juego. El 7 de diciembre, los chinos recuperaron Pyongyang, la capital de Corea del Norte. Kim, abrumado por los hechos, les cedió a los chinos la comandancia de la guerra. Eso convirtió a Peng De Huai en el general Mola de los comunistas.

jueves, octubre 17, 2024

Mao (32): El laberinto coreano

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  



Once días después de aquella entrevista, el 30 de enero, Stalin le envió un telegrama a Shtykov en el que le encargaba darle a Kim Il Sung el recado de que la URSS estaba dispuesta a ayudarle en lo de Corea. Así pues, lo históricamente adecuado es decir que Stalin no inició la guerra de Corea; en realidad, ni siquiera la quería. Si fue a ella fue porque se percató de que Mao iba a participar en ella sí o sí, y temía las consecuencias para su posición en el mundo comunista si el tema le salía bien (que, como sabemos, no le salió bien a la primera, sino a la segunda, en Viet Nam). Dos meses después, Kim estuvo en Moscú, y allí Stalin le habló de giros dramáticos en los acontecimientos geopolíticos que ahora permitían una ofensiva que antes había sido caca. Eso sí, el zorro soviético puso como condición sine qua non que Mao no se jiñase y se implicase de hoz y coz en la movida. Según acabaría contando el líder comunista español Santiago Carrillo, de hecho, Kim Il Sung iba por ahí diciendo (entre otros, a Santi) que, de no ser por Mao, en Corea no se habría movido ni un afilaminas.

miércoles, octubre 16, 2024

Mao (31): De Viet Nam a Corea

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


 Aunque parezca una estupidez, hay algo que se debe decir en este punto procesal: cuando Mao consiguió prevalecer en China usando la bandera roja, Stalin era su única apuesta. Mao prevaleció sobre una potencia mundial en ídem; pero sólo ídem. En realidad, China, por ejemplo, sólo tenía capacidad de fabricar armas ligeras; si quería ser una potencia militar, necesitaba a la URSS y, de hecho, la URSS era su única trump card. Mao había querido enfrentarse frontalmente con el Kuomintang, y eso, a la larga, lo había divorciado de británicos y estadounidenses. Por lo demás, por mucho que cueste creerlo, Mao Tse Tung vivió toda su vida acojonado ante la perspectiva de una especie de revolución liberal que acabase con él y con su régimen. De ahí que optase por un comunismo clásico, prohibiendo a sus ciudadanos poder abandonar el país; y trató de limpiar China de occidentales.

martes, octubre 15, 2024

Mao (30): Desperately seeking Stalin

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  

 

Uno de los grandes vicios de Mao Tse Tung fue siempre comer. Se hacía traer la comida que le gustaba de todos los rincones del país. Como consecuencia, dado que comúnmente Mao estaba a más de 1.000 kilómetros de un pescado típico de Wuhan, constantemente había que enviarle remesas del mismo, vivas en bolsas de plástico que eran periódicamente oxigenadas. El arroz debía de tratarse manualmente para que conservara exactamente las propiedades que le gustaban.  Los vegetales y la carne de ave del Presidente se producían en una granja especial llamada Jushan. Su té preferido era el de mayor calidad de China, conocido como el Pozo del Dragón; y las hojas para él se cosechaban especialmente en los mejores días del año.

lunes, octubre 14, 2024

Mao (29): En el poder

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


 

Desde el momento en que estalló la guerra contra Japón, los comunistas chinos habían parado completamente su política de incautación de tierras y, de hecho, lo que hicieron fue propugnar una reducción de los arriendos agrícolas. Pero con la guerra civil recomenzaron con su política más querida, que era y es quedarse con lo de otros.

viernes, octubre 11, 2024

Mao (28): La victoria de los topos

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


 

Con cuatro meses de tregua, los comunistas pudieron reconstruir su tropa de unos 200.000 efectivos en Manchuria. En un proceso paralelo, los soviéticos abrieron hasta 16 instituciones militares nuevas, y aceleraron las transferencias de armas al PCC, además de decenas de miles de prisioneros de guerra japoneses bajo su control. Esto fue fundamental; entre otras cosas, la fuerza aérea del Ejército Rojo fue creada por un japonés, con instructores japoneses. A eso hay que unir unos 200.000 soldados coreanos provistos por Corea del Norte. Con todo, probablemente el principal servicio que hicieron los soviéticos por los comunistas chinos fue mantener funcionando la línea férrea. Los soviéticos mantuvieron su ayuda, la de los coreanos y la de los mongoles en estricto secreto; aunque tampoco tenían que esforzarse mucho, puesto que el general Marshall no parece una persona capaz de percatarse de que pasa algo raro ni aunque Godzilla lo estuviese violando analmente.

jueves, octubre 10, 2024

Mao (27): El amigo americano

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


Stalin sabía bien que este cambio de actitud por su parte iba a suponer una noticia devastadora para Mao; sabía, pues, que tenía que tirarle un hueso. Así que el 18 de noviembre le envió un telegrama a Mao informándole de que, por fin, iba a dejar que Mao An Ying, su hijo, regresase a Yenan. La noticia le llegó al jefe comunista cuando se encontraba en medio de un colapso nervioso, derivado de que las cosas en Manchuria fuesen como la rana. El 22, fue ingresado en un hospital (del cual todos los demás pacientes habían sido dados de alta el día anterior); los primeros cuatro días que pasó allí no fue capaz ni de levantarse de la cama.

miércoles, octubre 09, 2024

Mao (26): Guerra civil

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


 

La prosperidad que le trajo a Mao el tráfico de drogas tuvo una consecuencia buena: le avino a mejorar sus relaciones con los campesinos, ahora que no necesitaba sangrarlos. Sin embargo, que los comunistas tomasen algunas medidas de buen rollo en ningún momento supuso algo tan material como para cambiar el estándar de vida del campesinado. En aquel entonces, un campesino medio comía unos dos kilos y medio de carne al año; mientras que esa misma ración, para los comunistas de más baja estofa, era de 12 kilos y medio (vodka, putas y filetes). Según Xie Jue Zai, en aquel entonces en Yenan morían más personas que las que nacían; en algunas zonas, de hecho, morían cinco veces más personas que las que nacían.

martes, octubre 08, 2024

Mao (25): Poderoso y rico

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


 

Al terror de Mao le pasó algo parecido a lo que le pasó al de Stalin: llegó un momento en el que ya sólo Mao podía estar seguro de que Mao no iba a acabar con Mao. Exactamente igual que Lavrentii Beria acabó delante de un paredón, y de que son muchos los indicios de que el propio Stalin estaba pensando en colocarlo ahí cuando murió, existen indicios de que Kang Sheng también vivió buena parte de su vida esperando escuchar los nudillos de sus subordinados llamando a su puerta en cualquier madrugada. Sheng sabía que su posición, en el fondo, era débil (no podía documentar adecuadamente su adhesión al comunismo); y es probablemente por eso por lo que siempre fue tan violento. Cuando los soviéticos expresaron dudas sobre él, a Kang se le cayeron los cojoncillos y le salieron rebotando por el suelo hacia la calle. Kang Sheng estuvo acojonado de Mao hasta la muerte del líder.

lunes, octubre 07, 2024

Mao (24): Wang Ming

Papá, no quiero ser campesino
Un esclavo, un amigo, un servidor
“¡Es precioso, precioso!”
Jefe militar
La caída de Zhu De
Sólo las mujeres son capaces de amar en el odio
El ensayo pre maoísta de Jiangxi
Japón trae el Estado comunista chino
Ese cabronazo de Chou En Lai
Huida de Ruijin
Los verdaderos motivos de la Larga Marcha
Tucheng y Maotai (dos batallas de las que casi nadie te hablará)
Las mentiras del puente Dadu
La huida mentirosa
El Joven Mariscal
El peor enemigo del mundo
Entente comunista-nacionalista
El general Tres Zetas
Los peores momentos son, en el fondo, los mejores
Peng De Huai, ese cabrón
Xiang Ying, un problema menos
Que ataque tu puta madre, camarada
Tres muertos de mierda
Wang Ming
Poderoso y rico
Guerra civil
El amigo americano
La victoria de los topos
En el poder
Desperately seeking Stalin
De Viet Nam a Corea
El laberinto coreano
La guerra de la sopa de agujas de pino
Quiero La Bomba
A mamar marxismo, Gao Gang
El marxismo es así de duro
A mí la muerte me importa un cojón
La Campaña de los Cien Ñordos
El Gran Salto De Los Huevos
38 millones
La caída de Peng
¿Por qué no llevas la momia de Stalin, si tanto te gusta?
La argucia de Liu Shao Chi
Ni Khruschev, ni Mao
El fracaso internacional
El momento de Lin Biao
La revolución anticultural
El final de Liu Shao, y de Guang Mei
Consolidando un nuevo poder
Enemigos para siempre means you’ll always be my foe
La hora de la debilidad
El líder mundial olvidado
El año que negociamos peligrosamente
O lo paras, o lo paro
A modo de epílogo  


 

A principios de 1943, contrariamente a lo que esperaba, la salud de Wang Ming comenzó a deteriorarse. Los médicos, tanto chinos como soviéticos, recomendaron que se trasladase, o bien a la China nacionalista, o bien a la URSS. Pero Mao se negó.