viernes, julio 03, 2009

Razones para no tener un ministerio de Cultura

Hay muchas razones para no tener un ministerio de Cultura.

La principal de ellas es que, casi siempre que el Estado ha decidido tomar las riendas de la cultura, ha terminado por querer decidir lo que es cultura y lo que no lo es. Esto es algo que ha existido siempre en la Historia y se llama academicismo: un grupo de notables de la cultura, normalmente apegados a estilos bien conocidos que son los que ellos practican, pretenden convencer al mundo de que esa forma de hacer música, o de hacer poesía, o de diseñar edificios, es la única forma válida; es la única forma que merece llamarse cultura. En buena parte, el avance de la cultura, el avance del arte, los cambios de época y de estilos, se deben a la acción de artistas no academicistas.

El apoyo público a la cultura es, en todo caso, ligeramente diferente. En teoría, busca únicamente garantizar que las personas que se dedican a la creación cultural puedan seguir creando y viviendo de ello y, consecuentemente, producirán más y mejor. Pero, en realidad, el apoyo estatal a la cultura deriva en una forma de academicismo; una forma, además, no pocas veces mucho más férrea, mucho más dicriminatoria, que el academicismo en sí.

Los amantes de los ministerios de cultura y de las normas protectoras de la cultura deberían fijarse en el pequeño detalle de hasta qué punto las dictaduras adoran este tipo de cosas. La mayor parte de las dictaduras crearon su arte; por ejemplo, la arquitectura de la Alemania nazi, en la cual Hitler creía hasta tal punto que, en un paroxismo cultural, había momentos en que se mostraba feliz por la destrucción de Berlín porque así, decía, su querido Albert Speer podría reconstruirlo desde cero cuando ganasen (al parecer, la paranoia no le daba para darse cuenta de que la destrucción de Berlín era un síntoma bastante claro de que iba a perder la guerra). Por su parte, ese otro gran factótum de la creatividad política del siglo XX, el amigo Vladimiro Lenin, impulsó, en compañía de otros, eso que hoy se conoce como realismo socialista, y que se parece como una castaña verde a otra castaña verde a la retórica icónica de los altorrelieves de mineros y productores que fueron tan comunes en la iconografía franquista.

Franco, por cierto, fue un gran protector de la cultura española una, grande y libre. Suya es la decisión indirecta de crear en España una gran industria de doblaje, decisión que ha sido notablemente beneficiosa para el sector español del cine, pues se ha convertido en un fielato por el que tiene que pasar, sí o sí, quien quiera triunfar en nuestras salas, se llame Coppola, Bergman o Smith; pero que, eso sí, nos ha colocado, me temo que para siempre, en la cola de la diglosía mundial (de bilingüismo ya ni hablamos), tan necesaria en el curro y tal. Alguna horrorizada mente lectora quizá este pensando: pero es que Franco creó un Consejo Supremo de Cinematografía que decía qué películas españolas merecían ser exportadas y cuáles no; o sea, cuáles eran franquistas y cuáles, no. Y su horror tendrá razón. Sin duda, el objetivo de Franco con su política cultural era controlar la cultura, y predicar eso de un régimen democrático es exagerado. Pero es que hay cosas que el actor público hace queriendo y otras sin querer. Las dictaduras controlan la cultura queriendo; las democracias sin querer. Pero ambas la controlan, porque ambas tienen siempre un concepto de lo que es de lo que no es, de lo que merece y lo que no lo merece, y lo aplican a la hora de decir: tú sí, tú no.

Las dictaduras, además, al igual que eso que llamamos el Antiguo Régimen, siempre han tenido propensión a poseer capillas de corifeos disfrazando su adhesión inquebrantable en conjuntos de hexámeros, armonías varias o películas de eso que, en un arlarde de ironía, se llama «cine independiente» (creo que era Valle Inclán quien dijo que un independiente es alguien pendiente de otro pendiente). Lo que ha cambiado entre Séneca recitándole sus henchidas alabanzas a Nerón y el productor que solicita subvención para esa película que (sólo por casualidad) trata la temática adecuada es, tan sólo, la tecnología, y las formas. Ahora hay un parlamento que vota esas cosas. Un parlamento en el que nadie con la más mínima posibilidad de gobernar algún día, votará en contra de que se subvencione a una cultura más o menos oficial. Porque, ya lo he dicho antes, un gobernante que renuncie a disponer de ésa su cultura oficial es como Yndurain renunciando a que su bicicleta tenga pedales.

Que yo sepa, además, no existe ni un solo estudio o análisis que demuestre con claridad meridiana que la subvención a la cultura mejora la cultura. Es más: cabe pensar incluso lo contrario. En un entorno en el que veintisiete pueden vivir de escribir poemas, habrá cinco que escribirán obras maestras, diez poetas aseados y doce juntaletras. Si ese entorno se cambia y ya son sólo cinco los que pueden vivir de ser poetas, ¿cuáles sobrevivirán como tales?

De hecho, en la Historia hay un montón de ejemplos de personajes hoy desconocidos que fueron la pera limonera en su tiempo, encandilaron a mangraves, a condes, a duques y, en los últimos tiempos, a subsecretarios, pero que no soportan la prueba del algodón del tiempo.

La siguiente razón es que el creador cultural subvencionado deja de ser un creador para convertirse en un productor industrial. Ya no importa decir cosas; lo que importa es decir algo, por lo menos, una vez al mes, para cobrar. Ejemplos hay, y estoy pensando en Bach o en Mozart, que estaban tan sobrados que eran capaces de jugar a eso y aún así poner una muesca en la Historia cada vez que tosían. Pero, en lo general, esto, a lo que lleva, es a la producción por la producción. En ese momento, el apoyo a la cultura deja de ser eso para pasar a ser, de forma ya descarada, lo que realmente es hoy en día: una medida de protección industrial. Porque del libro, del cine y del teatro, no viven sólo los escritores, los actores y los directores. De hecho, éstos son sólo una minoría en términos de cash flow. La cultura da de comer a un montón de gente que no crea cultura ni cantando en la ducha, porque es una industria, y como tal los gestores públicos la defienden.

Una prueba de esto que digo de que cuando subvencionas la cultura, ésta se convierte en un simple crear por crear, es esta medida tan curiosa de que en España, por montar un negocio privado para el cual necesitas una concesión pública (o sea, tener una televisión que usa una determinada frecuencia que es de todos), tengas que subvencionar al cine. Que yo sepa, las gasolineras también se montan partiendo de una concesión pública; ¿por qué, entonces, no subvencionan políticas de seguridad vial? Y las líneas aéreas, que al fin y al cabo suben y bajan gracias a la posesión de otro bien público que es el derecho de utilización del espacio aéreo y las facilidades de un aeropuerto, ¿por qué no subvencionan a la industria de fabricación de bandurrias?

Lo más interesante es en qué ha quedado esto. Porque el subvencionador no es tonto. Quizá, el día que le sacaron la ley de marras, le encerraron en un despacho y le dijeron que procurase utilizar los duros en fomentar la cultura del cine, la expresión de los valores de la igualdad, la solidaridad, la blablabla. Pero el subvencionador, ya que se que va a gastar los duros, busca algo fundamental en economía: retorno. Y, en la búsqueda de un retorno, lo que hace es subvencionar cosas que cree que le van a dar pasta; menos, la misma o más que la que puso, eso ya lo veremos.

Fruto de este fenómeno, que tiene tanta lógica desde el punto de vista económico que hay que ser tonto de la mata de habas, con seis balcones a la calle y doce trienios de antigüedad, para no preverlo, son hechos como el que hoy tenemos en los cines españoles: un negocio privado de televisión ha producido una película llamada Pagafantas. No la he visto, pero me han contado los que saben de esto que tiene una profundidad de mensaje, una arrolladora capacidad narrativa, y hace uso de unos recursos estéticos tan novedosos, que ya hay quien piensa que, en los libros de Arte del futuro, habrá un capítulo que se titulará: La revolución estética del siglo XXI, antes y después de Pagafantas.

Aquí tenemos la perversión de la política cultural subvencionada. Siempre ha habido y siempre habrá, porque tiene que haberlos, productos para el puro ocio. Pero los productos para el puro ocio, también por definición, deben sostenerse solos, porque sólo tienen un juez, que se llama público. Lo que se crea para entretener tiene que ser entretenido, no rentable. O mejor dicho: sólo debería ser rentable si fuese entretenido. La subvención crea un ruido en este sistema, un ruido por el cual quien no es suficientemente entretenido puede llegar ser rentable. Y como es más fácil hacer coñazos que cosas entretenidas, la subvención, para lo que sirve al fin y a la postre, es para denigrar la calidad de los productos que fomenta.

Pero es que hay más; porque eso de colocar alrededor de un determinado sector industrial un corralito protector tiene poco pase. Pensemos en un tipo que tricota jerseys y que está viendo que los chinos tienen talleres que cosen prendas veinte veces más deprisa que él y además cobrando una patada en los cojones y un vaso de agua. A ese tipo le decimos que se tiene que bien joder en aras de la libertad de mercado; pero, con las mismas, vamos y decimos que la industria del cine, del teatro o de la edición patria han de ser conservadas como quien conserva un trilobites en una vitrina.

¿Por qué? O sea: ¿por qué tiene que haber un ministerio de Cultura, y no tiene que haber un ministerio de Jerseys? El personal que se abriga cuando hace frío es mucho más numeroso que el personal que se interesa por la última peli de Sandrina Petixtet. Puestos a sumar voluntades, ganan los primeros. Y entonces se dice: es que un país sin cultura, ni es país, ni es nada.

Aquí está la madre del cordero de la tautología. Porque todo este montaje mental parte de la base de que aceptemos, como un axioma euclidiano, que la cultura sobrevive gracias al apoyo que recibe.

Volvamos a Franco. Como he dicho Franco, como todo dictador que busca multitudes agolpadas bajo su balcón, tuvo su cultura oficial y la apoyó de muchas y diversas maneras. ¿Coincide lo que hoy conocemos como cultura española del siglo XX con la que Franco apoyó/impulsó? ¿Qué día de la semana exactamente iban Carlos Barral, o Ángel González, o Miguel Delibes, a cobrar su cheque al palacio de El Pardo? ¿Descubriremos ahora que Franco aprendió a escondidas a tocar la guitarra para poder disfrutar en soledad las canciones de Paco Ibáñez, de Luis Pastor, de Hilario Camacho? ¿Alguien se lo imagina amenizando los consejos de ministros silbando aquello de segur que tomba/tomba, tomba? Esto nos lleva a una pregunta muy interesante, tan interesante que no tiene respuestas o, si se prefiere, tiene tantas como lectores la lean: ¿cuántos y cuáles de los actuales escritores, músicos o directores de cine serán colocados, en las enciclopedias del siglo XXX, en el frontispicio del capítulo que se titule La cultura española a principios del siglo XXI? Y, ¿en cuántos casos el mérito será del funcionario que los subvencionó?


La cultura es pobre. Pero tiene la ventaja de que es experta en buscarse la vida. ¿Es deseable que no sea pobre de solemnidad? En la misma medida que lo es que un camarero cobre un sueldo razonable para poder pagarse la vida después de trabajar diez horas seguidas de pie. No hay razón para que el Estado decida que un escritor debe ganar más que un camarero. Eso lo deciden los que leen libros y toman cafés.

Otra característica de la cultura es que no mejora por acumulación; esto es: que haya más personas cultivándola no garantiza que sea mejor. Una sinfonía no suena necesariamente mejor porque la interprete una superorquesta de mil músicos. Más áun: en realidad, construir ese filarmónico monstruo no sirve para otra cosa que para multiplicar la probabilidad de que alguien desafine, y la cague.

Por esto mismo, quien inventa ministerios de Cultura, quien inventa politiquitas de apoyo, se acaba condenando a que el común de los mortales lo que vea sea un montón de cagadas.

miércoles, julio 01, 2009

Traducción libre

Algunas citas de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Batasuna, traducidas usando el diccionario Derecho Chapurreau Gabacho-Español, Español-Derecho Chapurreau Gabacho.



Parágrafo 79:



La Cour se doit de rappeler également qu'un parti politique peut mener campagne en faveur d'un changement de la législation ou des structures légales ou constitutionnelles de l'Etat à deux conditions : (1) les moyens utilisés à cet effet doivent être à tous points de vue légaux et démocratiques ; (2) le changement proposé doit lui-même être compatible avec les principes démocratiques fondamentaux.


Tradux: Todo el mundo debe tener la libertad de poder entrar en un baño público. Pero ese derecho se extingue si el usuario se dedica a cagar sistemáticamente en el lavadero.



Parágrafo 80:


Certes, la Cour a déjà estimé que les statuts et le programme d'un parti politique ne peuvent être pris en compte comme seul critère afin de déterminer ses objectifs et intentions. Il faut comparer le contenu de ce programme avec les actes et prises de position des membres et dirigeants du parti en cause.


Tradux: Eso de escribir estatutos y papelitos diciendo Soy Ricitos de Oro y luego dedicarse a hacer el cabra ya lo hizo hace mucho Hitler, inter alia. Otrosí, ya no cuela.



Parágrafo 81:


La Cour considère néanmoins qu'on ne saurait exiger de l'Etat d'attendre, avant d'intervenir, qu'un parti politique s'approprie le pouvoir et commence à mettre en œuvre un projet politique incompatible avec les normes de la Convention et de la démocratie, en adoptant des mesures concrètes visant à réaliser ce projet, même si le danger de ce dernier pour la démocratie est suffisamment démontré et imminent. La Cour accepte que lorsque la présence d'un tel danger est établie par les juridictions nationales, à l'issue d'un examen minutieux soumis à un contrôle européen rigoureux, un Etat doit pouvoir « raisonnablement empêcher la réalisation d'un (...) projet politique, incompatible avec les normes de la Convention, avant qu'il ne soit mis en pratique par des actes concrets risquant de compromettre la paix civile et le régime démocratique dans le pays » (Refah Partisi précité, § 102).


Tradux: En cuestiones de gobierno, eso de poner la otra mejilla no lo hacen ni los tonto'l'culo. Y es que no deben hacerlo, porque hacerlo sería faltarle al respeto a los que le han votado para que gobierne.



Parágrafo 87:


Par ailleurs, quant aux arguments des requérants selon lesquels ces manifestations doivent être considérées comme protégées par le droit à la liberté d'expression, la Cour estime que les méthodes employées n'ont pas respecté les limites fixées par la jurisprudence de la Convention, à savoir la légalité des moyens utilisés pour exercer ce droit et leur compatibilité avec les principes démocratiques fondamentaux.


Tradux: La libertad de expresión está muy bien. Pero cuando se invoca para poder decir que está uno contento de que a un guardia civil nacido en Almonacid del Marquesado le hayan reventado los riñones, pues va a ser que no.



Parágrafo 88:


La Cour est d'accord avec les arguments du Tribunal constitutionnel exposés au paragraphe 46, ci-dessus lorsque la haute juridiction considéra le refus de condamner la violence comme une attitude de soutien tacite au terrorisme.


Tradux: En política, como en la vida, quien calla otorga. Y los silencios son muy a menudo mucho más importantes que los ruidos.





Parágrafo 93:


A cet égard, la Cour rappelle qu'elle vient de constater que l'ingérence en cause répondait à un « besoin social impérieux ». Dès lors, compte tenu du fait que les projets susmentionnés sont en contradiction avec la conception de la « société démocratique » et comportent un fort danger pour la démocratie espagnole, la sanction infligée aux requérants est proportionnelle au but légitime poursuivi au sens de l'article 11 § 2 (Refah Partisi c. Turquie précité, §§ 133 et 134).


Tradux: Meterle una hostia en la mandíbula a un chorizo desarmado que ya se ha rendido es brutalidad policial. Meterle esa misma hostia a otro chorizo que te ataca con un hacha con la sana intención de abrirte la cabeza, no.






Sobre la ley ahora juzgada por el tribunal, y durante su debate, dijeron:


Iniciativa per Catalunya-Els Verds:


Consideramos que sigue siendo un grave error político que va a tener repercusiones negativas en Euskadi y que además va a tener consecuencias imprevisibles sobre la estabilidad social y política de Euskadi





BNG


(...) Un proyecto de ley que blinda al PP y al PSOE mientras que nos coloca a todos los demás, a sus competidores políticos y electorales, bajo la amenaza de suspensión o de disolución

(...)

En cualquier caso, el Bloque Nacionalista Galego no está solo cuando defiende una ley de partidos distinta. También Amnistía Internacional manifestó recelos e inquietudes similares frente a un texto que, se diga lo que se diga, proscribe ideas.



ERC

Creo que aquí se ha querido perseguir ideologías.


Eusko Alkartasuna

En definitiva, señorías, vamos a votar que no. En la última Comisión detallamos exhaustivamente el porqué de nuestros reparos a este proyecto de ley: porque afecta a cuestiones clave que debemos respetar todos, independientemente de lo que nos guste más o lo que nos guste menos, de a quién afecte o a qué afecte, de dónde vivamos o dónde convivamos. Afecta a la libertad de expresión, a la libertad ideológica, al pluralismo político y a la participación política.

PNV

Da la impresión a todos los efectos de que el texto ha sido elaborado por alguien a quien no gustan en absoluto los partidos políticos y, precisamente por ello, el aspecto que más le interesa de su régimen jurídico es aquel que tiene que ver con la ilegalización o con la disolución de los partidos políticos.

(...)


Nuestras enmiendas al articulado pretenden incorporar al texto la más relevante jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Izquierda Unida

Señorías, como les decía, esta es una ley que ataca el Estado de derecho y la división de poderes

(...)

Decía, señorías, ataque a los partidos, ataque a los partidos porque frente a una ley, la del año 1978, impulsora de los partidos, estamos ante una ley excluyente, que coarta, que coloca a todos los partidos y a los miembros de los partidos bajo sospecha (...) Señorías, uno está pensando que quizás lo que ocurre es que la derecha, casi siempre la derecha, y muchas veces desgraciadamente la izquierda, cuando no saben cómo solucionar un problema se deja caer en la cuerda fácil de la tentación totalitaria.

(...)

Pero lo que sí puedo considerar es que esta ley va a echar más leña al fuego de la quiebra social de Euskadi que la que se abriría utilizando simplemente el camino de lo penal. Es una opinión, tan legítima, acertada o equivocada como cualquiera. Señorías, las verdades no se miden por porcentajes; por porcentajes se miden las legitimidades democráticas y ustedes la tienen. Pero la verdad es verdad, la diga Agamenón, 93 por ciento o lo diga su porquero, 7 por ciento.


jueves, junio 25, 2009

Mussolini (3)

Este blog se tomará un descanso, probablemente hasta el 8 de julio. Seguiré conectándome a ratos, pero mi existencia de ocio va a estar alejada de Internet por unos días. Me las arreglaré, no obstante, para moderar comentarios, así pues escribid sin recato. Tampoco descarto asomarme algún día con algún comentario corto.

Mientras tanto, os dejo con la siguiente toma de la historia del fascismo italiano.


En 1919, el fascismo quedó como el culo en las elecciones italianas. Pero en 1920 se le presentó ya la primera oportundidad para empezar a cambiar eso. La posguerra golpeó el país en forma de crisis económica de una forma extremadamente cruel, lo cual llevó a las masas obreras a radicalizar sus movidas, generando un miedo al bolchevismo que fue el caldo en el que se cocinó, poco a poco, el fascismo italiano. Un proceso que Mussolini llevó, justo es reconocerlo, con notables dosis de habilidad, pues conocía bien los resortes del PSI, en el que no había sido precisamente un cualquiera , y por lo tanto sabía bien de su capacidad de disensión interna, por la cual, entre otras cosas, los socialistas acabarían demostrándose incapaces de sacar verdadera rentabilidad al filón de votos obtenidos en las urnas.

En junio de 1920, en medio de una crisis de la hueva, cae el gobierno Nitti y es sustituido por Giovanni Giolitti. El nuevo primer ministro busca inmediatamente la colaboración de los socialistas, pero éstos tienen en su seno a muy amplias bases y dirigentes que ya sólo creen en la toma del poder obrero y rechazan la idea de colaborar con las fuerzas burguesas, así pues Giolitti queda abocado a gobernar solo. Una prueba incomensurable de miopía política por parte de la izquierda, puesto que un gobernante en minoría, si su pierna izquierda se niega a transportarlo, andará, si es necesario, a la pata coja, dándole todo su apoyo a su otra pierna. La derecha.
Al amparo del comprensivo Giolitti, los fasci di comattimento comienzan su lúgubre historia de expediciones de castigo en la que incluso son apaleados diputados de la nación.

En agosto, la negociación colectiva se rompe. La respuesta de los sindicatos obreristas es reclamar la ocupación de fábricas. Hasta 600.000 obreros ocupan sus centros de trabajo, en un movimiento claro de corte revolucionario, a la vez que reivindicativo. Ciertamente, la situación se normalizará en octubre, pero el debate interno dentro de la izquierda entre los que se tomaron la ocupación como un acto reivindicativo y los que lo consideraban un acto revolucionario forzará, en el congreso de Livorno de enero de 1921, la escisión en el seno del PSI que creará el Partido Comunista Italiano, llamado a ser, probablemente, el comunismo más poderoso de Europa occidental. En los oídos de Mussolini suenan músicas celestiales.

Músicas en duetto. Porque en los finales de 1920 no es una, sino que son dos las grandes noticias que recibe el líder del fascismo italiano. La otra gran noticia es la decisión del gobierno de acabar con la chorrada de Fiume. El 12 de noviembre de aquel año, en virtud del Tratado de Rapallo, Fiume es declarada por las potencias ciudad libre. El día de Nochebuena, el ejército italiano sitia la ciudad para echar de allí al folklórico D'Annunzio. Nada más producirse los primeros disparos desde un navío de guerra, la ciudad se rinde. El otrora carismático competidor de Mussolini se retira de la escena.

El año 1921 es el de la actividad frenética de las escuadras fascistas, que ocupan centros públicos, cortan barbas, intoxican a sus enemigos con aceite de ricino para que se caguen encima (práctica importada a España por los jonsistas y adoptada en Falange por José Antonio Primo de Rivera) y, en varios miles de ocasiones, se los apiolan. Italia asiste a ese espectáculo mirando hacia otro lado. Nadie, en realidad, intenta pararlos. Prefieren a los camisas negras haciendo el cabra que la sovietización del país.

El 15 de mayo hay elecciones. En una muestra más de debilidad y miopía, los partidos conservadores democráticos aceptan fascistas en sus listas. 35 correligionarios de Mussolini, entre ellos él mismo, entran en el Parlamento.

En lo siguientes meses, Mussolini hace uso de toda su capacidad camaleónica. Después de los sucesos de Viterbo (ocupada por los fasci), de Treviso (donde destruyen dos periódicos) y de Roccadastra (trece muertos, que se dice pronto), el líder fascista firma un pacto de paz con los socialistas. Este aparente viaje a la moderación le causa a Mussolini la oposición de los muchos miembros de su formación de corte radical y violento, pero el Duce sabe llevarlos con mano izquierda hasta noviembre, cuando funda el Partido Nacional Fascista, tras lo cual se apresta a denunciar el pacto que él mismo firmó, y se quita definitivamente la careta: «Los fascistas sustituiremos al Estado cada vez que éste se revele incapaz de combatir las causas y los elementos de la desintegración interior». El gobierno Bonomi trata de reaccionar, pero los fascistas amenazan con airear el pasado fascista de miembros de la Administración (entre ellos, él mismo).

Mussolini crea su ejército. Un ejército a la romana, con legiones y cohortes, y con elementos que serán en buena medida copiados por el fascismo español. Así, entre los adolescentes nacen los balilla y los piccole italiane, los avanguardisti y los giovanni italiane; categorías que sirven para encuadrar a los niños desde los ocho hasta los dieciocho años.

En 1922, los brotes verdes se van a la mierda. Quiebra la Banca di Sconto, que arrastra en su caída a dos consorcios industriales, Ansaldo e Ilva. En febrero cae el gobierno Bonomi. Los fascistas vetan cualquier solución contraria a ellos. Se elige primer ministro a Luigi Facta, un hombre enormemente contemporizador con la violencia de los camisas negras. Las izquierdas se juegan el órdago a grande: huelga general el 31 de julio. Llevan cuatro reyes y son mano, así pues están convencidos de ganarlo.

Pero los fascistas sacan la porra y les dan de hostias hasta que sueltan las cartas.

Las clases medias italianas aplauden con las orejas. Por fin, está claro que hay un italiano que está dispuesto a hacer lo que sea para parar el avance bolchevique. Todo está agraz para lo que tiene que venir.

Pocas semanas después, llegará la marcha sobre Roma.

martes, junio 23, 2009

Mussolini (2)

Italia no hizo un gran papel en la primera guerra mundial. Su enfrentamiento con los austriacos le costó más de medio millón de muertos, amén de heridos y prisioneros. No obstante, estaba en el bando ganador, así pues, fruto sobre todo del agotamiento del ejército austríaco, los tropas italianas acabaron por obtener una victoria decisiva en Vittorio Veneto, que acabó por forzar el armisticio por parte de sus enemigos. En 1917, Mussolini resultó herido por la explosión accidental de una bomba.

Italia terminó la primera guerra mundial literalmente arruinada por el conflicto, el cual, entre otras cosas, había hecho perder un 80% de su valor a la lira. Evidentemente, como país ganador, obtuvo un botín. La primera perla del mismo fue la propia desaparición del imperio austro-húngaro, que hasta entonces había influido tanto en la realidad política italiana. Además, obtuvo recompensas territoriales, tales como el Trentino, es decir el valle del Adigio y del Isonzo, hasta el Brennero. No obstante, se quedó con la miel en los labios en lo que se refiere a su reclamo de la costa de Dalmacia. Italia intentó en la conferencia de París un abandono teatral por no conseguir sus reivindicaciones, pero todo lo que consiguió fue quedar aún más humillada, pues tuvo que volver con el rabo entre las piernas ante el acojone de perder, con su gesto, lo que ya creía seguro. Esta humillación creó entre los italianos el concepto de victoria mutilata, o victoria menor o victoria gilipollas, es decir la sensación de que se había luchado para nada. En buena medida, los italianos hablan con mayor amargura de su victoria en la primera guerra mundial que de su derrota en la segunda (aunque también es cierto que su sempiterna habilidad negociadora consiguió convertir esta segunda en una victoria durante el tiempo de descuento).

Lo más importante a efectos de lo que estudiamos en estas notas es que, en un paralelismo con el fascismo alemán, esta decepción será uno de los grandes filones que encontrará Mussolini para impulsar el fascismo. En la pluma del futuro Duce, los políticos parlamentarios son los culpables de todo lo que ha pasado. Los apela sin recato de «seres apestados y sifilíticos», además de bastardos e idiotas. En muchos hogares que han perdido uno o dos hijos en aquella guerra tan cruel y que ahora se preguntan el porqué de pago tan caro, este mensaje prenderá como la estopa cuando se den las circunstancias para ello en la década de los veinte.

De alguna manera, el fascismo italiano nace el 11 de enero de 1919. El dia en el que un político socialista, Leonida Bissolati, tiene cita para dar un mitin en la mítica Scala de Milán, patrocinado por la Sociedad de Naciones. Al comenzar la intervención, un grupo de individuos comenza a entonar cánticos bélicos, interrumpiendo la conferencia. Esos hombres son fundamentalmente excombatientes y portan boinas negras. Se llaman asimismo arditi. Apenas hace unos días que Mario Carli Marinetti, más conocido en la Historia del Arte por representar un movimiento estético que conocemos como futurismo, ha fundado la primera asociación de arditi en Roma. No será la única.

En la Scala estaba también presente Benito Mussolini.

Italia intenta, en la posguerra, una especie de bipartidismo imperfecto, diseñado no tanto para un turno pacífico entre los dos grandes partidos como para garantizar el mando más o menos continuado de uno de ellos, el Partido Popular Italiano, o sea la democracia cristiana, fundado por un sacerdote, el padre Luigi Sturzo. Basándose en la raíz decicidamente católica del pueblo italiano, el PPI aspira a gobernar Italia por encima de las aspiraciones de los socialistas, los cuales, en esa época, en Italia como en cualquier otro país europeo, están aún debatiéndose en un combate entre revolucionarismo marxista y socialdemocracia parlamentaria que no queda del todo claro.

El acto fundacional del fascismo italiano propiamente dicho se produce en la Piazza San Sepolcro de Milán, el 21 de marzo de 1919. A aquel acto acuden más o menos medio centenar de excombatientes de la primera guerra mundial, que han llegado para escuchar a Mussolini, bajo la presidencia de Ferruccio Vecchi. Sin embargo, será en esa reunión donde se funden los primeros fasci de combattimento.

Los fascios crecen inicialmente muy despacio, lo cual mueve a Mussolini a concluir que hace falta algún tipo de acción que los haga visibles ante la sociedad italiana, que es la manera de conseguir ser apoyado por los cuerpos de la clase media amantes del orden, que tanto en Italia como en Alemania como casi en cualquier experimento fascista son los que aúpan a estos movimientos. Cualquiera puede pensar que los fascistas son tipos de hombros anchos, temperamento violento y un buen par de cuernos en las sienes. Claro que, también, como pensar, cualquiera puede pensar que dos y dos son veintisiete.

En abril de 1919, una huelga general decretada por el PSI paralizó Milán. Por la tarde se produce una magna asamblea con miles de obreros presentes. En ese momento, los fasci de combattimento atacan, fuertemente armados. Lo más destacable de esa mano de hostias fue la actitud pasiva de la policía y de ejército, que parece demostrar que, ya entonces, había muchos que veían en los fascistas a unos tipos que hacían lo que otros, en el fondo, quisieran hacer.
Tras los enfrentamientos, unos doscientos arditi se dirigen a la redacción del Avanti, periódico que un día dirigiera Mussolini y que está protegido por el ejército. Los boinas negras lo rodean. Suena un disparo. Un soldado, Martino Speroni, cae muerto (es el cuarto muerto del día). La tropa, inexplicablemente, se retira. Los fascistas entran en el periódico y no dejan ni un cenicero sano.

El gobierno felicitó a Vecchi y Marinetti por aquella acción. Sí, les felicitó. Y hay que entender por qué, se comparta o no tamaña bestialidad, porque si no se entiende ese factor no se comprenderá nunca ni el ascenso del fascismo ni el del nazismo. La felicitación del ministro de de la guerra, general Caviglia, no significa otra cosa que las fuerzas vivas italianas, y sobre todo la clase media que sostiene los gobiernos, encontraba mucho más remoto el peligro fascista, o incluso inexistente porque en ese momento aún no se había probado con los hechos; y, sin embargo, todos los peligros ligados de alguna manera a la revolución rusa los encontraba mucho más cercanos.

La Europa de los albores de los felices años veinte está literalmente acojonada con el comunismo; y los socialismos existentes en los países no ponen las cosas fáciles a base de otorgar a sus huelgas generales y movidas varias un claro sentido revolucionario, esto es, se preocupan de decir que los obreros no paran sólo para conseguir mejores salarios, sino también para implantar la dictadura del proletariado. En 1920, ya todo el mundo en Europa conoce bien cuál es el destino que le reservó ese gran demócrata llamado Lenin a todo aquél que en Rusia medio olía a burgués, y muy especialmente si era un burgués campesino. Las gentes no querían acabar así y, cada vez que los obreros salían a la calle con sus banderas, les venían a decir que así ocurriría si no se andaban listos. Así que resolvieron frenar el tsunami obrerista. Por las malas, o por las malas.

En ese momento, sin embargo, el problema para Mussolini es que él no era el único candidato a pasar a la Historia como fundador e impulsor del fascismo italiano. Otro conspicuo candidato le presentaría batalla aprovechando el asuntillo de Fiume. La ciudad de Fiume, como la Dalmacia, era reclamada por los italianos, pero no vino en el paquetito de regalos de la posguerra. Fue puesta bajo la administración de la Sociedad de Naciones. Así las cosas, el protofascista Gabriele D'Annunzio albergó la idea de tomarla por la fuerza, aprovechando el hecho, que en la Historia se puede comprobar muchas veces, de que el fuerte de la SDN, como en el caso de la ONU, no era precisamente tener tropas resolutivas capaces de defenderse. Los conjurados tomaron la ciudad el 12 de septiembre de 1919. Fue allí, en Fiume, donde nació, o más bien renació, el saludo romano como saludo fascista. D'Annunzio, verdaderamente, se vestía por los pies en ese asunto de los símbolos y los desfiles.

Pero tenía otra idea. Para Gabriele, la acción de Fiume era sólo un primer paso. Lo que él quería, en realidad, era montar una marcha sobre Roma. Esto sí que puso nervioso a Mussolini, a quien el condottiero di Fiume trataba con la displicencia con la que un líder trata a un segundo nivel cagarro.

El 16 de noviembre de aquel año, pocas semanas después de lo de Fiume, hubo elecciones. El fascismo presentó tres candidatos: uno era Mussolini. Los otros dos eran hombres de la cultura: Marinetti y el músico Toscanini. Juntos, apenas sumaron 4.000 votos en toda Italia. Los socialistas les sobrepasaron en casi dos millones de votos y se convirtieron en los grandes triunfadores de esa noche. El PPI sacó unos 400.000 votos menos y el resto de los partidos tradicionales, todos juntos, sumaron unos tres millones y medio de votos.

Como casi siempre en la Historia del fascismo éste, a punto de dar el estirón para situarse, parece vencido. Todo indica que Italia le ha dado la espalda a ese señor gesticulante y ampuloso. Además, como acabamos de ver, Benito tiene problemas dentro de su propio partido, en el que hay elementos tan inclasificables e incompatibles como el propio D'Annunzio, o el nefasto Roberto Farinacci, o activistas sin dudas como Arrigo Dumini o Italo Balbo, o antiguos militares, estrategas bastante pobres, como Cesare María de Vecchi o Emilio de Bono. Todos ellos conforman la mediocre tropa fascista italiana, al estilo de la cuadrilla hitleriana en Alemania; y todos son ambiciosos, aunque de momento, más que un pastel, lo que se están repartiendo entre todos es un bollycao.

Pero sabemos bien que eso no fue así durante mucho tiempo. Y lo contaremos pronto.

sábado, junio 20, 2009

Mussolini (1)

La Sala del Mappamondo del Palazzo Venezia, en Roma, fue la oficina principal de Benito Mussolini mientras fue dictador de Italia. En los tiempos en que el país decidió construir su imperio colonial y abrió la guerra de Etiopía, el Duce se hizo instalar en una pared de la sala un gran mapa del país africano, en el que estaban clavadas las decenas y decenas de banderitas que simbolizaban las unidades puestas en juego en esa invasión.

Una noche, las señoras de la limpieza entraron en la sala para limpiarla cuando ya no había nadie. En su celo por dejarlo todo como los chorros del oro, acabaron descolgando por error el enorme mapa. El papel cayó al suelo, las banderitas se desclavaron y se esparcieron caóticamente por el suelo. Contritas y nerviosas, aquellas buenas mujeres resolvieron deshacer el entuerto de la mejor manera posible. Colgaron de nuevo el mapa y, una vez hecho esto, recogieron, una por una, las banderitas del suelo, y las fueron clavando en el papel buscando los agujeros ya dejados por los alfileres, a la buena de Dios, como su entendimiento les dio a entender.

La guerra de Etiopía siguió su curso. Italia la ganó. Pero, en todo ese tiempo transcurrido, el Duce jamás se percató de que los ejércitos de su mapa habían sido colocados por unas chachas. Jamás se dio cuenta de que en el mapa había despliegues que a un militar, con sólo saber sumar dos y dos, jamás se le ocurriría hacer. Flancos de artillería precediendo a la infantería. Divisiones de caballería inútilmente concentradas en áreas montañosas donde probablemente no eran capaces de maniobrar. Estados mayores separados de sus tropas por cordilleras o grandes accidentes orográficos. Hubo dos guerras de Etiopía: la que ocurrió en Etiopía, y la que ocurrió en el mapa de Mussolini. Y no se parecieron ni una mierda.


Ése era Benito Mussolini. Una impulota y orgullosa cáscara de huevo, dentro de la cual no había nada.


El siglo XX es el siglo de la eclosión de dos ideologías: el fascismo y el comunismo. Yo, la verdad, considero que se trata, en realidad, de dos formas distintas de fascismo: uno, si se quiere, de derechas, y el otro de izquierdas. Pero me cuesta ver muchas más diferencias entre ambos desde un punto de vista programático y filosófico. No obstante, respetando la nomenclatura que todo el mundo usa (de momento; todo es cuestión que un catedrático de campanillas decida destacar diciendo algo parecido), el fascismo es, en gran medida, Benito Mussolini. Porque si por esencia del fascismo muchos tienen a Adolf Hitler, no hay que olvidar que para fascista influyente, el italiano. Esto es especialmente verdad en un blog mayoritariamente dedicado a la Historia de España, ya que el fascismo español, donde quiera que lo situemos, fue, sin duda alguna, de inspiración mussoliniana.

Benito Amilcare Andrea Mussolini Maltoni nació el 29 de julio de 1883 en Varano dei Costa, en la Romaña. Las veleidades revolucionarias de su padre, miembro de la pequeña burguesía rural, hicieron que el niño llevase tres nombres dedicados a tres revolucionarios. Fue Benito por el mexicano Benito Juárez; fue Amilcare por Amilcare Cipriani, activista anarquista; y fue Andrea por Andrea Costa, uno de los fundadores del Partido Socialista Italiano. En 1902, el joven Mussolini se desplazó a Suiza, donde se estableció el primer paralelismo entre él y alguno de los personajes que se le parecieron, en este caso Hitler. Igual que le ocurrió al dictador austriaco en Viena en su juventud, en Suiza Mussolini vivió muy precariamente, aceptando empleos de repartidor o almacenero. Por aquel entonces, por cierto, iba por la vida con una medalla al cuello que portaba un retrato de Carlos Marx. De hecho, su principal influencia de aquella época fue la rusa revolucionaria exiliada Angélica Balabanov, al calor (ideológico) de la cual labró su antimilitarismo cerril (no acudió a filas cuando le llegó la edad militar, por lo que fue condenado a un año de prisión) y su ateísmo militante. Es una escena bien conocida de su vida el debate sobre la existencia de Dios mantenido con un sacerdote llamado Tagliatella, durante el cual conminó a Dios a que lo fulminase para demostrar su existencia. Resulta difícil creer en la existencia de Dios, la verdad, si, aún habiendo sido requerido para ello, y teniendo en cuenta que es omnisciente y por lo tanto sabría la que iba a montar aquel cabezón, no aprovechó para apiolárselo.

En 1904 se decreta una amnistía en Italia que permite al prófugo Mussolini regresar al país. Tiene que prestar el servicio militar, cosa que hace con disciplina. En 1909, en Forlí, conoce a Rachele Lombardi, que será la madre de sus hijos primero y su esposa después (no se casó hasta pasados ocho años) y una de las dos mujeres de su vida junto con Clara Petacci, su particular Eva Braun. Entre dicho año y 1912, Mussolini escala en el prestigio dentro de los socialistas hasta conseguir ser nombrado director del órgano partidario Avanti.

Como todo fascista que se precie, Mussolini tenía una habilidad; cierto don. Hitler era un orador cautivador, capaz de electrizar a las masas de pequeñoburgueses y obreros que iban a escucharle a la Löwenbräukeller. Franco, por su parte, era un militar bajito y de voz bastante atiplada, pero que, a decir de sus contemporáneos, tenía una mirada y una actitud que acojonaban. José Antonio Primo de Rivera era persona de un atractivo personal y una capacidad carismática que ni siquiera sus enemigos niegan. Mussolini era regordete, no muy buen hablador (sus discursos, vistos hoy, parecen los discursos de alguien que lo estuviese parodiando con gestos exagerados), y también carecía de una presencia imponente. El don de Mussolini era la convicción. Era uno de esos políticos que era capaz de decir, con la distancia de unos pocos meses o años, una cosa y la exactamente contraria, y sonar convincente en ambos casos. Como escritor no estaba exento de talento, y tenía visión periodística. Bajo su dirección, Avanti multiplicó su difusión por cinco.

El cambio de Mussolini comienza a labrarse en 1914, con el estallido de la Gran Guerra. En apenas unas horas Mussolini, que hasta entonces ha sido un antimilitarista furibundo, se convierte en un belicista impregnado del mismo tipo de entusiasmo. Esta voltafaccia le produce tantos problemas en el PSI que decide abandonar el Avanti antes de que le echen. En ese momento, Mussolini funda un periódico propio, Il Popolo d'Italia, sobre cuya financiación inicial hay mucho misterio.

Mussolini estaba en la quinta pregunta. Así pues, no pudo fundar su periódico con ahorro alguno. Evidentemente, tuvo que contar con apoyos, y esos apoyos lo más lógico es que estén vinculados al hecho fundamental que traía consigo la defección de Mussolini: la división del Partido Socialista. Así pues, sectores del gran capital o del propio gobierno son los más racionales candidatos a haber ayudado en este punto a Benito para sacar adelante su proyecto. Por otra parte, la postura aliadófila que inmediatamente tomó el periódico en lo que se refiere a la guerra mundial ha hecho a muchos pensar que el capital francés pudo no ser muy ajeno a la operación.

A base de estas presiones, Italia, en 1915, le declara la guerra a Austria. Una decisión que colocará el primer mojón del camino que lleva hasta el fascismo en el poder.

jueves, junio 18, 2009

Adivinanza beethoveniana: ganó Jota.

Bueno, pues esta vez he podido con vosotros :-P

Démosle la palabra al musicólogo francés André de Hevesy, en su obra Vida íntima de Beethoven, traducida al español por Enrique Ruiz de la Serna y publicada por la editorial Mundo Latino en 1927. Página 161:

«Por extraño azar, Beethoven, a quien sus camaradas de Bonn llamaban en otro tiempo «el español», iba a terminar sus días en una mansión que, a su vez, recordaba a España. Unos benedictinos catalanes, consagrados al culto de la Virgen Negra de Montserrat, construyeron a principios del siglo XVII una capilla y un monasterio en Viena. José II disolvió la congregación de los españoles negros. En lo que fuera iglesia, se instaló un depósito de catres de cuartel, llamado por el pueblo el «almacén de las pulgas». El monasterio quedó convertido en casa de vecindad. Era un amplio caserón de dos pisos, que por un lado daba a las murallas y las frondosas colinas que rodean la capital y por el otro a un vasto terreno que antaño sirviera para los ejercicios militares. Aquella vivienda de altas y resonantes bóvedas tenía algo de monacal. El 15 de octubre de 1825, Beethoven alquilaba en ella un modesto cuarto del piso segundo (...)»

Por lo tanto: lo de españoles negros tiene que ver no con los españoles, sino con su culto, que se centraba en una virgen negra, la de Montserrat. Y eran catalanes. Beethoven murió en lo que antes de ello fuera un monasterio de benedictinos catalanes.

Cataluña es la respuesta. De esta adivinanza, quiero decir.

miércoles, junio 17, 2009

Ludwig van Beethoven y el Estado de las autonomías

Hace tiempo que no cuelgo una adivinanza, pero el caso es que ayer, leyendo en el avión, me encontré con una curiosa. Ya no me atrevo a decir que difícil porque los lectores de este blog ya habéis demostrado que podéis con todo. Pero ahí va.

La pregunta es: ¿qué comunidad autónoma española está [probablemente, sin ella saberlo] íntimamente ligada a la muerte del genial Luis de Beethoven?

Y, ya puestos, ¿por qué?

lunes, junio 15, 2009

La huelga agraria del 34

Os contaré un pequeño secreto. Muchas veces, cuando me siento delante de este ordenador para escribir en el blog (o más bien escribir para el blog, pues preparo los posts en OpenOffice antes de volcarlos), no sé, en realidad, sobré qué voy a escribir. Frente al ordenador estoy yo y detrás de mí están mis libros. Siempre hay varios libros o conjuntos de libros donde he dejado una marca de página, o un conjunto de fichas, o los inevitables subrayados (todos mis libros, salvo las ediciones valiosas por antiguas, están subrayados; me gustan los libros subrayados, sobados, abiertos una y otra vez) que señalan la posibilidad de escribir, algún día, un post o varios. Así pues, tengo donde elegir y escribo más o menos lo que me apetece; la posibilidad que ofrece Blogger de etiquetar los artículos con una marca temática hace más fácil escribir sin ton ni son.


El secreto tiene que ver con que algunas veces, muchas incluso, es la música quien decide sobre qué escribir. Yo no sé si a vosotros os pasa lo mismo, pero el caso en que a mí hay músicas que se me quedan pegadas a temas del conocimiento, normalmente porque esa música sonaba en el momento en que yo hacía alguna lectura especialmente importante sobre esos mismos conocimientos. Este reflejo condicionado humano genera maridajes extrañísimos y casi imposibles de explicar a cualquiera que no sea yo, porque la identificación proviene de hechos tan íntimos que son imposibles de transmitir.

Hace muchos, muchos años, leí un libro sobre la historia del Egipto antiguo. Se trata de la monografía de Etienne Drioton y Jacques Vandier. Tiene casi 1.000 páginas, como corresponde a un manual universitario que está más diseñado para la consulta que para la lectura. En aquel entonces la Historia de Egipto me fascinaba más que ninguna otra y decidí pasar aquel verano leyendo el enorme libraco amarillo a ratos perdidos, en las horas de más calor. Por aquel entonces me pude comprar el primer tocadiscos que entró en mi casa. Lo que pasa es que la compra del tocata me dejó tan seco económicamente hablando (otra buena razón para leer de más en casa) que apenas pude comprar en el Discoplay de Princesa dos o tres discos, que escuchaba una y mil veces. Uno de aquellos discos era el de uno de los conciertos de Vinicius de Moraes y Toquinho, creo que en La Fusa, pero no estoy seguro. Un disco en el que ambos cantan una canción muy cadenciosa que se llama Tarde en Itapoa.

Aquel fue, por lo tanto, un verano de Tarde en Itapoa y dinastías faraónicas. La mezcla ocurrió tantas veces, y fue tan placentera, que desde entonces, cada vez que escucho esa canción, cierro los ojos y, si alguien me pregunta en qué pienso, le doy esta absurda respuesta: trato de imaginar al faraón Pepi reinando sobre el mundo con 108 años de edad.

Esta tarde he seleccionado para empezar a trabajar en el ordenador un disco que os recomiendo vivamente: Eleven string baroque, con piezas del guitarrista sueco Göran Söllscher. Confieso que la música barroca versionada para guitarra, piano y, en menor medida, arpa, me fascina casi tanto como Donizetti o los Doobie Brothers. Y no sabría decir por qué, no sabría decir cuál es el origen de este reflejo de Pavlov, pero lo cierto es que cada vez que Söllscher toca la primera pieza de este disco (el hermosísimo pasacalle de Silvio Leopoldo Weiss), si cierro los ojos, viajo al año 1934 y veo el rostro, contrariado y tenso, de Francisco Largo Caballero, en junio de 1934, escondido entre sus puños, mientras masculla: «¡Lo dije! ¡Lo dije!»



Y ahora debo explicaros el por qué de esta visión. Y, para eso, debo hablaros de la huelga general campesina de junio de 1934.

sábado, junio 13, 2009

La mafia en sus orígenes (y 5): la muerte de Lo Turridu

Es una apreciación meramente personal, pero a mí me parece que la muerte de Salvatore Giuliano, Lo Turridu, marca el final de esos primeros momentos de la Mafia siciliana. Luego hay muchas historias que contar, por ejemplo la guerra del juez Falcone. Pero son historias de otra calidad. Es por esto que esta quinta toma deja cerrado, quizás por el momento, el tema.

Salvatore Giuliano cobró caro su papel de desatascador contra la izquierda comunista siciliana. Se cobró aquel trabajo tan desagradable en forma de contactos e influencias al más alto nivel en los gobiernos italianos. Sin embargo, sólo era cuestión de tiempo que los políticos, que como sabemos siempre viven, de un forma u otra, al filo de la navaja, se diesen cuenta de que era negocio muy peligroso figurar en la agenda de un tipo como Lo Turridu. Aunque al mismo tiempo lo necesitaban. La democracia cristiana multiplicó por 1,5 sus votos en las áreas controladas por Giuliano desde el momento en que existió connivencia entre ambas partes.

Los poderes deciden acabar con Giuliano. Pero para eso necesitan a don Calo y su, digamos, capacidad logística.

El primer clavo del ataúd de Salvatore Giuliano lo clava el gobierno de Roma creando en Sicilia el Mando de las Fuerzas para la Represión del Bandidismo, al frente del cual colocará al coronel Ugo Luca, a quien muchos llaman El Chino, a causa de los muchos años que pasó en el Extremo Oriente realizando labores de información, o sea espionaje.

Luca y Vizzini se entendieron a la primera y llegaron a un pacto rápido. A cambio de protección para sus hombres, el jefe de la Mafia comprometió su colaboración en la caza de Giuliano. Este acuerdo supuso el inicio de un calvario para Lo Turridu, pues la Mafia comenzó a darle el queo a los carabineros de cada movimiento de su organización, con lo que la policía comenzó a ser sospechosamente eficiente (y selectiva) en sus acciones anticriminales. Giuliano, desde luego, no se quedó quieto. Ocho carabineros murieron en Bellolampo, dos más en Monreale e incluso un comandante del ejército fue asesinado en Montelvetrano. En paralelo, la Mafia maniobró para facilitar la detención de algunos de sus lugartenientes, tales como Nunzio Badalamenti, Castrenze Madonia, Antonio Guarino, Gaspare de Liso y Vincenzo Ofanto.

Con todo, no fue ninguno de estos hombres el utilizado para llegar hasta Giuliano. Fue Gaspare Pisciotta, un malhechor que para entonces ya estaba tuberculoso. Pisciotta era uno más de los fieles a Giuliano que se había dado cuenta de que algo no iba bien, porque la impunidad de que habían gozado en el pasado, y que su jefe les juró estaba garantizada con la victoria de la democracia cristiana, se había esfumado. Así pues, fue rápidamente sensible a las llamadas de la Mafia para que colaborase con la policía.

Otro elemento importante de la trama fue Benedetto Minasola, a quienes todos conocían como don Nitto, jefe de la Mafia de Monreale, que estaba mosqueado con la penetración en su territorio de los hombres de Giuliano.

En el hotel de Palermo donde Vizzini residía cuando estaba en la capital, don Calo le comentó a don Nitto que había que matar a Giuliano, y que Pisciotta estaba dispuesto a colaborar a cambio de impunidad y un pasaporte para irse a América (como el escolta que traiciona a Michael Corleone en la primera parte del Padrino y, con ello, causa la muerte de su primera mujer). Don Nitto se convirtió en el intermediario que atrajo a Pisciotta y lo llevó al cuartel de Calatafini de Palermo, donde se entrevistó con el coronel Luca. Mientras ocurrían estas gestiones, Giuliano acababa con el jefe de la democracia cristiana de Parnitico, Santo Flores, su principal colaborador y el hijo de éste, que sólo tenía tres años.

Giuliano tenía algunas costumbres que Pisciotta, por supuesto, conocía bien. Por ejemplo, cuando iba a Castelvetrano dormía en casa de un abogado de la localidad apellidado De María. Cuando Pisciotta avisó de que Guiliano iba al pueblo, se decidió la operación.

Ugo Luca puso en juego a otro personaje: el ex inspector de la seguridad pública Ciro Verdiani. Había sido cesado con la creación del mando de Luca, así pues odiaba a los carabineros y, conocedor de que Giuliano era su principal enemigo, procuraba darle soplos de todo lo que se enteraba. Luca lo llamó a su despacho y, jugándosela a fondo, le contó a Verdiani que pensaba matar a Giuliano. Sin embargo, le dijo, era algo que no podían hacer directamente los carabineros. Hacía falta alguien que fuese lo suficientemente bueno para llevar a cabo la operación pero que, al tiempo, estuviese lo suficientemente libre de cargos o responsabilidades como para no despertar sospechas. El ego de Verdiani se hinchó y se hinchó hasta que el policía, viéndose como el gran héroe de la lucha contra el crimen siciliano, aceptó. En realidad, todo aquello fue un movimiento de Luca para tener un Plan B por si la cosa salía mal, y así tener un pringao al que echarle la culpa. Como salió bien, optó por poner a los carabineros en primera fila para la foto.

Don Nitto era responsable de comunicarle al abogado De María toda la operación. De María ni se negaría ni se iría de la lengua; como miembro de la Mafia, estaba obligado a obedecer a su capo.
La noche de la muerte de Giuliano, los carabineros, dirigidos in situ por Verdiani, rodearon silenciosamente la casa del abogado De María, tras lo cual Gaspare Pisciotta y don Nitto llamaron a la puerta.

Pisciotta tenía una sola instrucción clara: cuando matase a Giuliano, resultaba imperativo que tuviese los pantalones puestos. Dado que toda la operación iba a hacerse pasar por una operación policial clásica, habría sido muy difícil, cuando no imposible, demostrar que la policía había logrado penetrar en su dormitorio hasta pillarlo en calzoncillos sin que antes hubiese sido prevenido. Así pues, Pisciotta le dice que le han descubierto y que debe huir. Cuando Giuliano se vuelve para ponerse los pantalones, espera unos segundos, que le debieron parecer siglos, hasta que se sube los pantalones, y después dispara tres veces.

Aún así, Pisciotta ser precipitó. Al morir Giuliano y soltar los pantalones que se estaba ajustando, éstos cayeron a los tobillos. Así pues, don Nitto y De María tienen que levantar el cadáver y terminar de vestirlo.


La policía, finalmente, tiene su gran triunfo contra el crimen en Sicilia. Pero ese triunfo no ha hecho otra cosa que consolidar a la Mafia.

miércoles, junio 10, 2009

La mafia en sus orígenes (4): muertos y más muertos

Si al final del anterior post de esta serie veíamos que Estados Unidos jugó, al final de la guerra mundial, con fuerza sus cartas a favor de la independencia siciliana, hay que reconocer que el propio gobierno italiano no se quedó corto. Por aquellas mismas fechas, el comisario policial de una localidad llamada Agnesina coordinó una ambiciosa operación por la cual los dos principales dirigentes del movimiento independentista, Finocchiaro Aprile y Varvaro, fueron secuestrados en plena calle y llevados a un barco de la armada italiana, el Pomona. Aquella acción no fue sino el principio de una guerra sin cuartel del gobierno romano de Ferruccio Parri contra el independentismo siciliano; guerra en la cual cayeron el abogado del movimiento Castrogiovanni, más de 130 miembros del EVIS detenidos en una operación en Caltanisetta, el abogado Restucia e incluso un jefe mafioso llamado Rindone, que fue detenido junto con 72 de sus pisciotti. En 48 horas, las sedes del movimiento independentista siciliano fueron clausuradas.

Todas estas acciones están relacionadas con la conferencia de Londres, celebrada poco tiempo antes de estas acciones. En dicha conferencia Estados Unidos, creyendo jugar sobre seguro en su apuesta, emplazó a la república italiana presidida por Alcide di Gasperi a que en seis meses demostrase que era capaz de gobernar su territorio. Con toda claridad, si Washington se lanzó aquel órdago a juego es porque estaba convencido de que Di Gasperi llevaba la jugada de Perete. No contaba, sin embargo, con la inteligencia de dos personas: el jefe de la diplomacia soviética, Molotov, y el alto comisario italiano para Sicilia, Aldisio. Molotov le rompió las pelotas a la propuesta del primer ministro laborista inglés, Clement Attle, de celebrar un referéndum en Sicilia, a base de proponer la misma solución para Grecia, un territorio de influencia británica en el que Londres por los cojones treinta y tres quería dar voz al pueblo para que decidiera. Por lo que se refiere al funcionario italiano, decidió movilizarse dentro del complejo sistema de influencias que era la política siciliana y buscó un aliado inesperado. Aquellos que seais aficionados al ajedrez me entenderéis si os dijera que esta jugada habría que describirla seguida de un par de signos de admiración.

Buscó la ayuda de la Iglesia.

El propio Calogero Vizzini tenía varios parientes directos que eran curas. Y la Iglesia, además, era y es una institución con una diplomacia lo suficientemente fina como para percibir los beneficios existentes en una solución autonómica para Sicilia, con un parlamento local controlado por los barones. Aldisio comenzó a vender esta solución y la jerarquía eclesiástica la compró y se la transmitió al jefe mafioso; con ello, lentamente, se comenzó a labrar el cambio de orientación de la Mafia en la cuestión siciliana.

Pero toda situación que está jodida es siempre susceptible de empeorar. En el tablero hay una pieza más, con ganas y capacidad de moverse: los comunistas. Se moverán, y su movimiento desencadenará la tragedia.

Es el 16 de septiembre de 1944. Estamos en la pequeña localidad de Villalba, centro neurálgico de la provincia de Catalanisetta; la población de origen, el Corleone de Calogero Vizzini. Al pueblo entran camiones de militantes comunistas, que se bajan de los mismos profiriendo cánticos. Es una demostración en el mismo epicentro de la Mafia organizada por Girolamo Li Causi, el dirigente local que acompañó al embajador soviético en su visita al coronel Poletti.

Mafioso y comunista se encuentran frente a frente en plena calle. Como en una escena de spaguetti western, ambos llevan en los ojos el mensaje de que los dos a la vez no caben en el mismo pueblo. Vizzini conmina a Causi a que se marche con sus militantes. El comunista se niega. Vizzini parece ceder, y le invita a tomar café en una taberna que está cerrada, pero que abre por arte de magia nada más acercarse a ella el jefe mafioso. En la trastienda, se sientan Vizzini, su confidente don Lumia, Li Causi y Michele Pantaleone, militante socialista. Allí, el mafioso vuelve a exigir que se vayan. Y los comunistas se vuelven a negar.

Llegan las tres de la tarde. A las tres de la tarde, la treintena de comunistas llegados en camión más algunas decenas de braccianti, jornaleros, atienden al estrado de los oradores. Al fondo de la plaza, don Calo con medio centenar de pisciotti observa la escena en silencio.

Li Causi toma la palabra. Habla de las razones por las que el PCI ha decidido apoyar al gobierno Badoglio. Y también conmina a los sicilianos a liberarse de la Mafia, una organización criminal, dice, cuyo principal jefe está al fondo de la plaza.

Don Calo ruge.

Los pisciotti amartillan sus armas.

Y disparan.

Es difícil de creer, pero aquella tarde, en Villalba, hubo 18 heridos, pero ningún muerto. Entre los heridos estuvo Causi, que recibió un balazo en un muslo. Nadie fue jamás encarcelado por esta acción, que fue sobreseída definitivamente catorce años después.

No será ésta la única tragedia del año. El 19 de octubre de 1944, unas sesenta mil personas se manifiestan por la escasez de abastecimientos en Sicilia. Toda Italia sufre racionamiento, pero en la península es más fácil encontrar abastecimientos que en Sicilia, porque en la isla, además de la escasez, hay una Mafia que se lucra de la misma. En la manifestación se producen disparos contra el ejército, hasta que un soldado resulta muerto. En ese momento, el alto comisario Aldisio ordena una carga contra los manifestantes. Dicha carga provoca nada más y nada menos que 107 muertos, de los cuales 17 son niños que, en su mayoría, murieron aplastados por la multitud.

Tras esta manifestación, que no hace sino alimentar la idea general de que Italia es responsable del hambre siciliana, el independentismo recrudece su política. Comandos del ejército independentistaq incendian ayuntamientos, comisarías y edificios oficiales. Además, encienden los ánimos de los jóvenes que están siendo llamados al servicio militar, y que desertan en masa. En Ragusa, nueve desertores son detenidos, hecho que provoca una violenta rebelión social que se extiende a Comiso, Vittoria, Giarratana. Finocchiaro Aprile, ya libre, reclama... la reocupación de Sicilia por los aliados (o sea, por los Estados Unidos del coronel Poletti).

En marzo ya de 1945, el independentismo siciliano fue a más aflorando la acción contra el extranjero. Para ello, sus impulsores se inspiraron en una vieja tradición conocida como vísperas sicilianas. Según esta historia, en 1282 los sicilianos salieron a la calle con sus cuchillos y pararon a la gente en la calle, conminándola a pronunciar la palabra Cicerone. Aquél que lo hacía de forma defectuosa era considerado franco-normando, y degollado. Siguiendo esta tradición, el nacionalismo siciliano impulsa acciones defendiendo la idea de que Sicilia debe ser sólo para los sicilianos. No obstante, los independentistas tienen una grieta en el casco. Esa grieta se llama Mario Turi, o sea Antonio Canepa, uno de los líderes más carismáticos del EVIS, el cual ha desarrollado una animadversión clara hacia los mafiosos y, además, parece querer iniciar acercamientos con los comunistas.

El 17 de junio de 1945, en Randazzo, Canepa y los comunistas tienen una cita para hablar de la posibilidad de una Sicilia autónoma dentro del Estado italiano que pueda placer a todos. A las doce menos cuarto de la mañana, una moto con sidecar conduce por la carretera de Catania a Randazzo, que transcurre por las laderas del volcán Etna. En un solitario punto del camino, al paso del vehículo, ráfagas de ametralladora. Lo Giudice, el joven que conduce la moto, muere casi antes de soltar el manillar. Los otros dos viajeros también están muertos: Antonio Canepa y Rosano, su principal lugarteniente. Dos pájaros de un tiro. El independentismo siciliano se ha quitado de en medio a un tibio y, de paso, lo ha convertido en un mártir.

Vizzini no da hilo sin puntada. Es probable que mucho antes de la muerte de Canepa ya estuviera pensando en la posibilidad de colocar a Salvatore Giuliano en su puesto de jefe militar del independentismo. Giuliano, a quien todos llaman Lo Turridu, es un malhechor de pies a cabeza con un temible estado mayor: Gaspare Pisciotta, que tendrá una importancia crucial en su vida; Pasquale Sciortino, Antonio Terrano, Guiseppe Zito, Antonio Cucunella... Todos ellos pasarán a la Historia por caminos malolientes.

Hablamos de la tragedia de Portella della Ginestre.

Es el 1 de mayo de 1947. Lo que significa el día del trabajo para los comunistas supongo que no hay que explicarlo. En la localidad de Portella della Ginestre, los militantes y simpatizantes comunistas de San Ciripello, de San Giuseppe Juto, de Piana dei Greci, se han ido acumulando en la plaza del pueblo para un mitin de celebración. Salvatore Giuliano los observa desde unas peñas cercanas. Cuando ya hay formada una multitud de centenares, entrada la mañana, Giuliano se levanta y da una señal. Lo siquiente que se oye es el paqueo de las armas.

Dispararon durante doce minutos sobre hombres, mujeres, niños y animales. Hubo once muertos, de ellos cuatro mujeres y cinco niños, amén de 56 heridos muy graves, varios de los cuales morirían en los días por venir.

La matanza de Portella della Ginestre marca el punto más elevado del poder de la Mafia separatista siciliana. Si Giuliano se atrevió a llevarla a cabo era porque no sólo contaba con la capacidad de mando de la Mafia en Sicilia, sino con connivencias al más alto nivel en el gobierno italiano. Sin embargo, hay una cosa que la Mafia había olvidado. Una cosa que sustenta la idea de que, pase lo que pase, un régimen democrático no debe nunca dejar de serlo. Porque en una democracia hay siempre un factor que, por mucho miedo que se genere, siempre es incontrolable; y ese algo es el voto. Las personas pueden vivir con miedo; pueden no decir nunca en público una palabra más alta que la otra. Pueden mostrar respetos casi perrunos y callar sus opiniones. Pero, al final, en una democracia hay una cabina, la soledad, y un sobre. Ahí reside su grandeza.

El 2 de junio de 1946 hay elecciones, y el separatismo se queda muy lejos de conseguir los resultados apetecidos. La Mafia se da cuenta de que ha llegado el momento de plegar velas, de volver grupas sobre el secesionismo.

Y ya casi hemos terminado.

lunes, junio 08, 2009

Hijos de puta

Hoy ha saltado en la prensa digital española la noticia de que Kaing Huek Evak, conocido como Duch, de 66 años de edad, famoso torturador de los jémeres rojos de Pol Pot, ha reconocido ante la corte especial camboyana que juzga los crímenes de aquel régimen que sus soldados mataron a decenas de bebés aplastando sus cabezas contra los árboles.

En el momento en el que este hijo de puta ha hablado, el mundo ha sido, siquiera por unos segundos, un lugar más respirable. Y el día que le condenen quizá podamos tomar algo más de resuello.

La mayoría de nosotros no podemos imaginar un régimen político que en apenas unos años mata a tres millones de personas y, además, en una humorada que es bastante habitual en los fascismos comunistas, le llama a eso democracia. La Kampuchea Democrática le llamaron los jémeres rojos a aquel régimen asesino.
Resulta, de hecho, curioso que siempre que queramos buscar un icono de la abyección, del genocida, busquemos la imagen de Adolf Hitler. Bien buscada, pues lo fue. Pero tampoco olvidéis ésta:




Este hombre mató a tres millones de sus conciudadanos. Los condenó a campos de trabajo o los internó en prisiones secretas que no tuvieron nada que envidiarle a los campos de Dachau o Treblinka.

¿Queréis ver el rostro de sus peligrosos prisioneros? Aquí tenéis uno.


Alguno de vosotros tendrá hijos pequeños. ¿Acaso este niño parece más peligroso que ellos?

¿Alguno de vosotros tiene un hijo de diez a doce años? ¿Queréis ver el aspecto que tendría si estuviese internado en una prisión en la que se practicasen la tortura y los trabajos forzados? Pues aquí lo tenéis.



¿Y si lo que tenéis es una hija? ¿La imaginais internada en una prisión pensando, cada noche, en la muerte, en la violación, en el hambre? ¿Creéis que pensaría en vosotros en el momento de ser fotografiada por sus torturadores? Éste es su aspecto:


Hoy no puedo ser yo quien hable. Ya llegará el día de hablar largo y tendido sobre ese rincón de Asia y su indigno experimento dictatorial. Hoy sólo quiero recomendaros, si no pediros, que invirtais un rato visitando, por ejemplo, la web de la prisión de Toul Sleng de donde he sacado los rostros de estos niños. Es sincrética, silenciosa. Sólo tiene rostros. Pero tenéis que mirarlos, al menos una vez, porque si no los miráis, los olvidaremos. Y el olvido es lo único que no podemos permitirnos.

La mafia en sus orígenes (3)

Junio de 1943. Un campesino siciliano a quien todos llaman Mangiapane lleva un mensaje. Esto ocurre en los mismos días en que los aliados desembarcan en Sicilia. El papel que porta Mangiapane, y que debe tragarse caso de ser capturado, es la orden más importante de toda aquella operación militar. Dice así:

Curutalu Turi partira cu li vutidazzo, pi la vera de Cuda martedi iournu 20. In partiro lu stissu iurnu cu li vacci, li voi di carruzzu e lu tavaru. Priparati l'ordimi pi fari lu fruttu e li mannari pi riparari li pecuri. Avvertiti l'autri curatuli di tinirse pronti. Pi lu quagghiu ci mensatu lu.

En este mensaje, escrito en siliciano, alguien da instrucciones a un tal Turi (Mario Turi) para que salga el día 20 con unos pastores hasta Cerda. El remitente avisa que el mismo día saldrá con las vacas, los carros y el toro. Conmina a Turi para que prepare el fuego para la comida y abrigo para las cabras y que avise a los amigos.

Este mensaje utiliza los términos habituales del mundo rural para referirse en clave a las tropas aliadas, y ordena su apoyo por parte de los partisanos independentistas sicilianos. Y fue escrita por Calogero Vizzini, don Calo, el jefe de la Mafia.

El independentismo es un sentimiento tan legítimo como cualquier otro. Pero, como cualquier otro, también puede ser pasto de influencias e intereses más o menos espurios. Sicilia, por otra parte, ha tenido siempre la conciencia de ser distinta. Su condición insular ha hecho que desde que existe memoria haya formado un territorio aparte y, aunque está culturalmente incluida dentro de Italia, tiene elementos, por ejemplo su idioma, claramente diferenciales. Quizá la mejor expresión del sentir de los sicilianos como italianos esté en una de las escenas centrales de El gatopardo, la genial novela de Lampedusa. En esa escena, el protagonista tiene una conversación, creo recordar que con un político de Roma, en la que define muy claramente la filosofía del siciliano frente al poder central romano.

La marcha de la guerra mundial e, internamente, la resistencia contra el fascismo de Mussolini, exacerbó los sentimientos independentistas de los sicilianos. Ya en 1942, el Ejército de Liberación Sicilia, conocido como EVIS, realizó una primera acción armada contra el ejército italiano. Mussolini puso precio a la cabeza de los líderes del EVIS, y especialmente de su comandante en jefe, Antonio Canepa, alias Mario Turi, un oscuro profesor de Derecho en la universidad de Catania. Canepa es el brazo militar de un movimiento independentista que está comandado, en el flanco ideológico, por Andrea Finocchiaro Aprile. Aprile envió un memorando a la Conferencia de Casablanca celebrada por los aliados en enero de 1943 en la que calificaba a Italia de nación colonialista y solicitaba la separación de Sicilia dentro del monumental juego de Stratego en que se convirtió, progresivamente, el final de la segunda guerra mundial. Aprile, sin embargo, era un puto radical siciliano; un tipo demasiado abajo en el organigrama del mundo como para conseguir parir un papel que fuese leído por Franklin Delano Roosevelt, Josif Stalin y Winston Churchill. Si consiguió eso, sólo pudo ser por una razón: el apoyo de la OSS, es decir la inteligencia militar estadounidense, cuya principal cabeza era el coronel Charles Poletti, quien acabaría siendo gobernador de Sicilia y jefe del AMGOT, es decir el ejército aliado en los territorios ocupados.

Poletti tenía una misión. La misma que muchos otros ocupantes en diversos puntos del mundo. La misión de Poletti era garantizar la preeminencia norteamericana desde el punto de vista geoestratégico. De momento, el partido iba en contra en el Mediterráneo; o, si preferís, en las vías hacia el petróleo de Oriente Medio. Las dos llaves de esta vía, es decir el Estrecho de Gibraltar y el Canal de Suez, estaban en manos británicas; Churchill, además, tenía el culo sentado sobre Egipto, Chipre, Rodas, Malta y Palestina, a lo que hay que unir que Grecia se muestra partidaria de llegar a algún acuerdo preferencial con Londres y que la fidelidad francesa, líder en el norte de África, no es algo en lo que quepa confiar. Por su parte, la URSS, mediante la más que previsible extensión de su área de influencia por lo que un día conocidos como los países del bloque del Este, tenía también su pica puesta. Para Estados Unidos, Sicilia e Italia eran cruciales; y, cuando termine la guerra, conforme Italia se vaya convirtiendo en el segundo país, con Francia, en el que la influencia comunista es más fuerte, no pocos estrategas americanos acabarán por darse cuenta de que la carta que deben jugar es la segregación de Sicilia; al fin y al cabo, en Sicilia manda una organización rabiosamente anticomunista. Que además fuese una organización rabiosamente criminal no parece que les importase mucho.

La falta de escrúpulos a la hora de buscar soldados para su cruzada queda demostrada con hechos como la detención por los fascistas, en mayo de 1943 en Sferracavallo, de un italonorteamericano que declaró haber sido reclutado por la inteligencia americana en una cárcel en Boston, donde cumplía condena por haber sido soldado de Charlie Lucky Luciano. Otros gángsteres de segunda fila como Nicky Gentile, Albert Vinizza o Romero Bertoluzzi, fueron al parecer usados por la OSS. En todo caso, Poletti tenía sus propios contactos en Estados Unidos, pues era buen amigo de James Riddle Hoffa, el que sería todopoderoso líder del sindicato de camioneros con notables conexiones mafiosas; o el propio Vito Genovese.

El 23 de julio, los aliados liberan Palermo. Cinco días después el CIS, o Comité por la Independencia de Silicia, reclama la segregación de la isla. El 21 de agosto, el coronel Poletti recibe a los miembros del CIS, bajo la dirección del barón Lucio Tasca, casi con honores de Estado. Este detalle despierta la ira de Don Sturzo, el líder de la democracia cristiana italiana. El 3 de septiembre, los últimos alemanes y camisas negras que quedan en Sicilia capitulan. Empieza una nueva etapa para Sicilia y para la Mafia.

Don Calo y Poletti acuerdan el nombramiento de Tasca como alcalde de Palermo. De hecho, en la administración provincial nombrada por el americano, son mayoría los partidarios del separatismo. Finocchiaro Aprile le dirige una carta al rey Víctor Manuel invitándolo a abdicar y a santificar la segregación de Sicilia. La democracia cristiana reacciona intentando hacerse presente en la vida política siciliana. El CIS contesta con un macrocongreso independentista celebrado en enero de 1944, en cuyas sesiones no faltó nadie. Estuvo Calogero Vizzini, pero también Genco Russo, quien acabaría heredando su padrinazgo, Vito Genovese, y todos los jefes locales.

Sólo era cuestión de tiempo que «el otro» moviese ficha.

El 15 de febrero de 1944 desembarca en Sicilia Andrej Vichinsky, embajador de la URSS en Italia. Lo primero que hace es visitar a Poletti. Y lo primero que hace, cuando lo tiene delante, es expresarle la honda preocupación de la URSS ante la posibilidad de que los EEUU y Gran Bretaña estén pensando en apoyar una solución secesionista en Sicilia. Vichinsky hace en esa reunión todo un alarde de conocimiento sobre la realidad siciliana y se preocupa muy bien de que, a su marcha, Poletti se dé cuenta de que ha llegado acompañado por Girolamo Li Causi, futuro onorevole miembro del Senado italiano, y el principal representante del Partido Comunista en Sicilia; amén de enemigo declarado de la Mafia.

Para los mafiosos se hace evidente que los comunistas son el enemigo. Palmiro Togliatti, el histórico líder comunista, regresa del exilio y deja claro desde el primer minuto que apoya la total unidad italiana; la situación se hace explosiva cuando el PCI se convierte en el principal valedor en Sicilia de la requisa de trigo decretada por el gobierno. En Regalbuto, en mayo de 1944, dos comunistas son asesinados. La mafia de Casteldaccio, a su vez, acaba con la vida de otro comunista integrado en una comisión de control y reparto de las requisas.

Salvatore Aldisio, nombrado en 1944 alto comisario italiano para Sicilia, impulsó un estudio sobre los diferentes apoyos existentes en Sicilia a las opciones políticas. Segúndicho estudio, el movimiento independentista tendría 480.000 miembros, a los que habría que unir otros 26.000 separatistas de partidos menores. La democracia cristiana tenía 25.000, los socialistas 7.000, y el Partido Comunista 250.000. Parece bastante claro de qué iban las hostias.

Aldisio y Poletti chocaron inmediatamente. El americano se negó a destituir a los alcaldes que había nombrado (casi todos separatistas o filomafiosos) y, de hecho, echar al barón Tasca del ayuntamiento de Palermo sólo fue posible cuando el asunto quedó en manos del gobierno Badoglio en Roma. El ministro del gobierno central Meuccio Ruini se deja ver por Sicilia, para hacer campaña. En el teatro Bellini de Parlermo, el mismo donde se celebró aquel supercongreso independentista, el público le tira tantos huevos podridos que el buen hombre tiene que huir.

El gobierno Badoglio decide actuar fieramente y decreta el arresto de Finocchiaro Aprile. La acción se realiza el 13 de septiembre. Se ha diseñado una operación para las ocho de la tarde de aquel día para la ocupación coordinada de sedes del MIS, detención de sus líderes y proscripción de la organización. A las 19,30, sin embargo, el coronel Poletti llega a la residencia de Aldisio y tiene con él una tormentosa reunión. Aldisio, que odia a Poletti, lo manda a la mierda. Poletti estalla. Viene a decir: vosotros, italianos, creéis que tenéis un gobierno y eso. Pero aquí quien manda es quien os ha salvado el culo y tiene los soldados. Aldisio dice que y una mierda. A las 21,45, se consigue tener comunicación con Nápoles, donde está el mariscal Badoglio, jefe del gobierno. Poletti habla con él. Badoglio le dice que le pase con Aldisio.

El alto comisario recibe la orden de abortar la operación.

Y, como decía Superratón: no se vayan todavía, aún hay más.

viernes, junio 05, 2009

Estajanovistas

Víctor Martínez, en un comentario al post anterior a éste, me dedica un montón de flores, que yo le agradezco de cuore, entre las cuales incluye ésta: «eres el Stakhanov del cibermundo». Camarada Martínez, tu alabanza me llena de orgullo socialista, que lo sepas. Pero, entre los velos del orgullo, he encontrado la reflexión que sigue: ¡qué viejo se ha quedado Stakhanov! Ciertamente, creo que cualquier español de hoy, incluso aunque tenga sólo trece o catorce años, es susceptible de conocer la palabra estajanovista y saber que designa al que trabaja sin descanso el tiempo que haga falta, y normalmente muy deprisa. Pero, quizá, puede que haya quien no esté muy puesto en el origen de la palabra. Así pues, se me ha ocurrido hacer un pequeño receso mafioso y contar la historia de Alexis Stakhanov, el obrero cachoburro. 

martes, junio 02, 2009

La mafia en sus orígenes (2): De don Ciccio Caccia a la «victoria» de Caserta

El odio entre la Mafia y el fascismo italiano es cosa bien conocida. Bugsy Siegel, por ejemplo, quería ir a Italia a matar a Mussolini. Y los mafiosos locales no le andaban a la zaga. La cosa tiene lógica. El fascismo es una ideología totalitaria, palabra que todo el mundo conoce pero cuyo significado quizá se escapa a veces. Totalitario quiere decir que aspiras a controlar hasta el último rincón de la existencia social. En todo quieres mandar. Quieres que todo el mundo, de alguna manera, te tenga que obeceder en algo. La Mafia, sin embargo, sólo se obedece a sí misma. Es su naturaleza. Por utilizar una frase típica de las pelis del oeste, Italia no era lo suficientemente grande como para albergar al mismo tiempo a Mussolini y a la Mafia.

En mayo de 1924, un triunfante don Benito, señor de Italia, visitó Sicilia. En un pueblo llamado Piana dei Greci fue recibido por un hombre más bien bajito llamado Ciccio Cuccia, que era el jefe de la Mafia local además de podestá del área (juez nombrado a dedo). Tras visitar el pequeño pueblo Mussolini sugirió una visita por las zonas rurales de alrededor. Los locales asintieron.

Cuando don Ciccio llegó al automóvil oficial de Mussolini y vio al pequeño ejército de policías que lo acompañaba de escolta, estalló en cólera. Se volvió hacia el Duce y le dijo, más o menos, que estando don Ciccio con él, no necesitaba ni un solo protector. Nadie se atrevería siquiera a mirarlo torvamente. Mussolini comprobó, alucinado, cómo los propios prebostes facistas locales aprobaban las palabras del podestá. Finalmente, tuvo que aceptar el trayecto sin un solo escolta.

Aquel pequeño viaje tuvo que ser humillante para un infatuado como Mussolini. Quizá fue la primera y única vez desde su llegada al poder y antes de su defenestración en que tuvo que asumir que no era el número uno. Para empezar, cuando entraba en su coche, don Ciccio se volvió y se limitó a decir:

- ¡El que toque a mi amigo Mussolini se las tendrá que ver conmigo y con los míos!

Y luego está lo peor. El mafioso se colocó de pie en el coche descubierto, junto al Duce, y correspondía con saludos y sonrisas a los vítores de la población al paso del vehículo.

De regreso a Roma, Mussolini cursó orden al prefecto de Palermo, Cesare Mori, de que detuviese a Ciccio Cuccia. En realidad, Mori no tenía ninguna gana de tocar la punta del pelo de un solo mafioso. Al fin y al cabo él gobernaba Sicilia y sabía bien que, vistiendo camisa negra, azul o mediopensionista, en Sicilia ni las hojas de los árboles se atrevían a caer en otoño sin permiso de su ziu correspondiente. Pero Mussolini debió de insistir mucho, especialmente después de que don Ciccio cometiese la humorada de ir a Roma, donde pretendía reunirse con su colega; así que le preparó una celada a su llegada de aquel viaje y, en lugar de conducirle a tomar un aperitivo como le prometió, lo llevó a la prisión palermitana de Ucciardione.

El encarcelamiento del capo de Partinico dio el pistoletazo de salida de una vasta campaña antiMafia llevada a cabo por Mori, que terminó de convencer a la Mafia de que el fascismo no era para ellos.

La estructura administrativa fascista era efectiva en la lucha contra la Mafia. En un país sin elecciones, los mafiosos no podían comprar políticos, pues éstos no dependían de ellos, sino de la jerarquía fascista, para llegar a ser diputados o gobernadores. Por lo demás, si la Mafia es violenta, los camisas negras no iban por la vida precisamente dando rociadas de lilimento. Mori comenzó a obtener bastantes éxitos con sus operaciones, lo cual lo instaló en la megalomanía. Una megalomanía que terminó por convencerle de que no había reto en el mundo, y muy especialmente en la Mafia, que fuese imposible para él.

Mori, por lo tanto, decidió jugar en la Champions League de la lucha contra el crimen organizado. Creyéndose el Lionel Messi de la Historia Policial, puso sus ojos en una muy poderosa familia mafiosa palermitana, los Madonie, dirigida por un conocido oculista de la ciudad, Alfredo Cucco, quien además era diputado en Roma. Aquella investigación, conforme fue profundizando, fue sacando a la luz la connivencia en negocios de los grandes capos de la Mafia, con conexiones en el Estado. Así pues, Superman Mori fue destituido sin ruido.

Durante los años de Mussolini, en todo caso, se crearía el gran tridente mafioso del que se beneficiarían los Estados Unidos una vez que entrasen en guerra. Ese triángulo estaba formado por: Calogero Vizzini, capo de Villalba y jefe in pectore de la Mafia siciliana; Charlie Lucky Luciano, co-constructor en Estados Unidos del sindicato del crimen; y Vito Genovese, otro miembro de la Cosa Nostra que en 1936 hubo de salir de EEUU y acabó en Italia, donde hizo muy buenas migas con el fascismo y, además, sirvió de enlace entre la Mafia y la Cosa Nostra.


Como diría Sofía Petrillo: Sicilia, 1943.

La segunda guerra mundial avanza. Todo el mundo sabe que en 1944 se produjo el desembarco de Normandía, pero antes se produjo otro hecho de igual o mayor importancia, que fue el desembarco aliado en el norte de África, que le creó un frente más a Hitler y que permitió a los aliados, fundamentalmente estadounidenses, atacar por el flanco más débil del Eje, que era Italia. Los aficionados a los shooter recordaréis algunas de las misiones de Call of Duty 1 y 2, sobre todo las de la Big Red One, tras el desembarco aliado en Sicilia.

El 7 de febrero de 1943, dos oficiales de la inteligencia militar americana visitaron la prisión de Dannemora, cerca de Canadá. Solicitaron ver al preso Charlie Lucky Luciano, que había sido condenado en 1936 a 50 años de prisión por delito fiscal. Querían pedir ayuda al jefe mafioso. Sabían que su organización controlaba los muelles de Nueva York, y tenían informaciones de que agentes proalemanes habían conseguido infiltrarse en los mismos con el objeto de sabotear los suministros para los aliados. Los soldados de Luciano debían identificarlos y señalarlos para que la policía se pudiera encargar de ellos.

Pero había más. Los militares americanos fueron enormemente transparentes con Luciano. Le ofrecieron el traslado a una prisión más confortable a Albany. Pero es que incluso le contaron algo que Roosevelt ni siquiera le había contado a su mujer Eleanor: lo planes secretos para desembarcar en Sicilia.

El mito dice que Luciano garantizó a los americanos la colaboración de los sicilianos. Mentira. El americano no podía garantizar tal cosa y los militares lo sabían. Lo que le pidieron aquella tarde a Luciano no fue la connivencia de los sicilianos, sino que se la pidiese a quien realmente podía proveerla: Calogero Vizzini, don Calo.

El 23 de abril, de madrugada, estos dos militares sacaron a Luciano de la cárcel, también vestido de militar, y lo trasladaron al norte de África. El 2 de mayo, los tres se metieron en un minisubmarino que buceó hasta las costas de Gela, en Sicilia. Desembarcaron de madrugada en una playa donde les esperaba uno de los pisciotti locales, que los llevó a Villalba.

Vizzini puso una sola condición al trato que Luciano le propuso: poder quedarse con las armas que encontrase por el camino. Los militares jamás hablaron directamente del tema con don Calo. Un patri ranni no discute asuntos de negocios con rifardu.

El mayor éxito de Vizzini lo consiguió en la noche del 15 de julio de 1943, en Agrigento. Allí estaba situada la 5ª División del III Ejército italiano, que tenía que defender el terreno del empuje aliado. Estaba al mando de un oficial alemán, el Oberleutenant Wolfgang Ross; y el coronel Milani, de sólidas creencias fascistas, condecorado con la Cruz de Hierro.

Cuando Ross se acercó por las posiciones de la división, el espectáculo que vio lo dejó helado. Traseros. Montones de traseros. Culos a medio desvestir, accionando en el silencio de la noche. Una división entera del ejército italiano se estaba desnudando (los americanos llamaron a esta operación secreta con el nombre en clave strip-tease). Tardó el alemán en darse cuenta de lo que pasaba: los soldados se estaban cambiando y poniendo ropa de paisano. No uno, ni dos, ni doscientos. Todos. Sin excepción. Se vestían de paisano y se susurraban: «volvemos a casa». 6.000 hombres habían decidido no luchar, le habían dado una mano de hostias a los oficiales que habían intentado meterlos en vereda y habían visto cómo el resto de la oficialidad, más pragmágtica, simple y llanamente se había largado. Teléfonos, telégrafos. Hasta el último puto aparato de la División había sido inutilizado.

Lo que Ross y Milani no lograban comprender era de dónde habían sacado 6.000 soldados ropa de paisano. Claro que nosotros sabemos la respuesta. Muy cerca de donde estaban, alguien había enviado una flota de ¡¡¡150 camiones!!! repletos de ropa; camiones que ahora estaban siendo cargados con las armas y municiones que los soldados tiraban.

Ambos, alemán e italiano, hicieron lo que un oficial debe hacer en estas circunstancias. Sacaron sus pistolas y amenazaron con matar a todo el que desertase. Pero, claro, cuando los desertores son 6.000, lo más normal que ocurra, y ocurrió, es que el que acabe en el suelo cosido a balazos seas tú. Así, pues, se produjo la victoria aliada de Caserta, en la que sólo hubo dos muertos: Ross y Milani.

La colaboración entre la Mafia y los Estados Unidos llegará lejos. Mucho más lejos.


Y me voy, que estoy haciendo el Be a Legend del PES 09 y ayer me fichó el Athletic de Bilbao. Voy a ver si me aplico, porque tengo la sensación de que se han enterado de que no soy vasco, y por eso no me pasan el balón. Aunque no debería de ser por eso, porque, al fin y al cabo, el portero del Athletic se llama... ¡¡¡Kawashima!!!

Nos vemos.

lunes, junio 01, 2009

La mafia en sus orígenes (1): Don Vito

Un refrán gallego dice: el Miño se lleva la fama, y el Sil el agua. Completamente cierto. El río Miño lo conoce todo dios y al pobre Sil no lo conocen nada más que los naturales, a pesar de bajar más caudaloso. A veces pasa esto con la fama histórica. Hay personajes que se hacen muy conocidos en el consciente colectivo y otros, que quizá fueron más importantes, son poco conocidos.

Si sabes algo del mundo de la mafia supongo que conoces nombres como los de Dutch Schultz, Al Capone, Charlie Lucky Luciano, Lepke, Adonis, Bugsy Siegel... La lista es bastante larga pero tiene un denominador en común: se trata de nombres de la llamada Cosa Nostra, es decir la mafia americana. Hollywood es responsable de ello. Algunas de las mejores películas de la historia del cine han tenido a la mafia como asunto central. Eso marca. No son pocas las personas que consideran que la segunda parte de El Padrino es la mejor película sobre la mafia que se ha filmado (yo, personalmente, prefiero Goodfellas). Y conviene recordar aquí esta segunda tentativa de Francis Ford Coppola porque una de las cosas que nos cuenta esa segunda parte es la relación entre Don Corleone, interpretado por Robert de Niro, y su socio italiano, Don Tomassino, que se queda inválido tras una arriesgada acción para matar al capo responsable de la desgracia de la familia del niño Vito Andolini, que después sería el mayor mafioso de América.

Pero hoy, en este post, descubriréis que el hecho de que Mario Puzo escogiese para su padrino el nombre de Vito no es en modo alguno casualidad.

Las referencias a Sicilia son constantes en la historia de la familia Corleone y en el resto del cine mafioso (salvo, lógicamente, cuando la mafia tratada es la irlandesa o la negra de Harlem). Y es que en Silicia empezó todo. Pero una prueba de que todo este mundo está oscurecido es que, cuando os plantéis delante de alguien que diga saber de la mafia y rece los nombres que aquí ya se han citado, no tenéis más que contestarle: «muy bien; pero ahora, dime un nombre, uno solo, de un famoso capo de la mafia siciliana de Sicilia».

Hoy quiero salvar un poquito esta oscuridad hablándoos de mafiosos que nunca salieron de la isla de Sicilia. Hombres a quienes el mismísimo Lucky Luciano admiraba y respetaba. Hombres que, además, debieran llevarse todos los méritos de una historia conocida por todos, que es la connivencia entre los mafiosos y el gobierno americano durante el desembarco aliado en Italia durante la segunda guerra mundial. He llegado a oír cosas como que los carros de combate americanos llevaban dibujadas dos letras L, o sea Lucky Luciano, para garantizarse su seguridad. La verdad de las cosas es que, de haber hecho esto, los americanos no se habrían garantizado apoyo alguno por parte de los sicilianos. No era Luciano, sino, en este caso, don Calo Vizzini, quien quitaba y ponía apoyos en la isla. Pero ya llegaremos a eso. De momento, empecemos por el principio, o sea el génesis.



Parece existir cierto consenso al situar el nacimiento de la mafia en 1738, y señalar la responsabilidad que en ello tuvo nuestro buen rey Carlos III, que entonces era rey de Nápoles. En 1738 se produjo una sequía brutal en Italia que generó una hambruna desesperante en Calabria. Los calabreses huyeron del hambre cruzando el estrecho de Messina e invadiendo literalmente Sicilia. Los sicilianos los odiaron pronto porque aquellos scacciapagliari, es decir segadores de paja, segaban todo lo comestible que veían, dejando la tierra yerma. De haber actuado el rey Carlos adecuadamente y haber protegido a los sicilianos de los abusos de los calabreses, las cosas hubieran ido de otra manera. Pero no fue así. Los sicilianos precisaron crear su propio sistema de seguridad contra los invasores, sistema que alumbró a la mafia.

Por toda Sicilia comenzaron a patrullar a miles los soldados básicos de la mafia, conocidos como pisciotti, armados. Cazaron literalmente a casi 14.000 calabreses. Estos grupos de resistencia, que pronto comenzaron a cobrar por la misma, se denominaban cosche, en singular cosca (que significa, según los contextos, mulso o alcachofa). Los jefes de cosca no eran padrinos, sino tíos (ziu).

Cuando el problema de los calabreses se resolvió, las cosche existentes amagaron con empezar a luchar por el poder. Pero la gran novedad de la mafia estriba en darse cuenta de que esa estrategia no lleva a ninguna parte y que es mejor entenderse y repartirse lo que haya. En fecha tan temprana como 1742 se produjo ya la primera reunión de zii, de capos, en la que se coordinaron y repartieron territorios. Se pactó que cada cosca sería independiente y que los conflictos que pudieran surgir los dirimiría un uomo di respettu u hombre respetuoso. Una afirmación común y, a mi modo de ver, errónea, es que estos hombres de respeto son el antecedente de los capos mafiosos. Dicho antecedente hay que buscarlo en los zii; de hecho, los hombres de respeto, en su origen, eran de avanzada edad, siempre más de 60 años, y tenían que estar desconectados de la labor de las mafias; así pues, difícilmente podrían comandarlas.

En 1783, la mafia se enfrentó a una nueva invasión calabresa. Para entonces, se había organizado para plantar cara a los recaudadores de impuestos que llegaban de Nápoles, a los que mató en gran número; y había instituido la costumbre de que los productores le pagasen un porcentaje de sus ganancias, conocido en Sicilia como pizzu, o sea pizca, bocado. En 1793, cuando el reino de Dos Sicilias le declara la guerra a la Francia revolucionaria, la mafia organizará el evitamiento de la recluta por los jóvenes sicilianos. Esta campaña acabará por extender definitivamente su influencia por toda la isla.

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando el rey Victor Manuel y su primer ministro Cavour inician desde el Piamonte la reunificación de Italia, la mafia decide apoyar el movimiento. Los jefes de las cosche consideran que la monarquía borbónica está muerta y, además, no le hacen ascos a una dominación desde un sitio tan lejano como Piamonte. Así pues, pactan con Cavour la ayuda del pueblo a un desembargo de Garibaldi en la isla.

Una vez que la guerra de reunificación de Italia hubo terminado, los problemas entre Sicilia y la metrópoli comenzaron pronto. Lo racional es pensar que los zii jamás pensaron en otra cosa que en dominar la isla a su antojo y, por eso, cuando Piamonte pretende recaudar allí impuestos y cuando, más tarde, Italia comience sus guerras coloniales que harán necesarias las levas de jóvenes, la mafia, que hasta entonces había manejado el cotarro, se da cuenta de que formar parte de Italia no es ningún chollo.

De esta segunda mitad del siglo XIX, época de gran pobreza para Sicilia, datan la gran parte de las emigraciones masivas de sicilianos, que tienen América como destino. Una vez en Estados Unidos, muchos de estos sicilianos, pisciotti en su tierra de origen, reproducen el esquema. En un principio, crean una organización llamada la Mano Negra; es la organización a la que, si recordáis, pertenece don Fanucci, el mafioso de barrio a quien mata Vito Corleone en la puerta de su casa. Luego fundan lo que se llamó la Cosca Nostra, es decir nuestra organización, que acabaría por llamarse Cosa Nostra.

El primer emperador de la mafia siciliana fue Vito Cascio Ferro. Don Vito es el primer ziu que tiene la visión de crear algo parecido a eso que conocemos por crimen organizado. La mafia comenzó a establecer pequeños impuestos por una gran variedad de servicios, y a prosperar consecuentemente.

Vito Cascio tuvo que enfrentarse , además, al primer problema serio con las fuerzas del orden. En Estados Unidos, la policía se había dado ya cuenta de las importantes connivencias de los miembros de la Mano Negra con personas residentes en Silicia. Así pues, decidió enviar a un policía, Jack Petrosino, para investigar sobre el terreno. Petrosino llegó a Palermo acompañado de dos mafiosos que creía arrepentidos. Ese mismo día, Cascio visitó a un diputado siciliano llamado Petrani , a quien pidió prestado su coche. Buscó por Palermo al recién llegado Petrosino y, cuando lo encontró, se bajó del coche y lo mató de un único disparo. Si ya era respetado, aquel asesinato elevó a don Vito a los altares de la mafia siciliana.

Para este creador de la mafia moderna, mucho más poderoso que las organizaciones italoamericanas que, para entonces, todavía estaban luchando por prevalecer frente a otras mafias, y muy especialmente la irlandesa, la primera guerra mundial fue el chollo final. Las elevadas necesidades de material y sobre todo de animales forró a la mafia. Muchas comisiones de compras estaban asimismo compradas, así pues en realidad era la mafia la que ponía el precio por los pertrechos vendidos al ejército. Las tentativas de hacer justicia no prosperaron. Nadie habló.

La primera prueba de fuego llegaría en la primavera de 1924. Muchas cosas acababan de cambiar en Italia. La marcha sobre Roma, los camisas negras... En Italia mandaba un nuevo Duce; Benito Mussolini. Un hombre que no admitía compartir mando con otro jefe.

El choque era inevitable.

En un par de días, gritad y me despertaré.