lunes, febrero 29, 2016

Franquistas contra franquistas



Qué: Franquistas contra franquistas. Luchas por el poder en la cúpula del régimen de Franco.
Quién: Joan María Thomàs.
Con quién: Debate.
Por cuánto: 12 pavos con 34 pavitos en el Kindle de Amazon.
Calificación (de 0 a 10): 8



Joan María Thòmas es, con bastante diferencia por no decir mucha, de lo más aseadito que hay en las procelosas aguas historiográficas que recensionan el franquismo. Demasiadas veces, cuando uno se ocupa a la labor de leer lo que va cayendo en su lector electrónico, acaba contaminado por la idea de que nos van a hacer falta siete u ocho décadas más, esto es otras tantas como las que han pasado desde la guerra civil, para poder encontrarnos con análisis historiográficos de calidad sobre la materia. 

Empezando por el hecho de que los historiadores de hoy en día cometen, alegría en sus pechos, el notable constructo epistemológico de conectar Historia y memoria, ya todo lo que viene detrás crece torcido. Básicamente, el lector de libros de Historia contemporánea de España, si tiene años suficientes, resulta ser un tipo que durante una parte de su vida ha sido condenado a leer la versión de los ganadores para pasar, en la siguiente, a enfrascarse en la versión de los perdedores; versión que tiene mucho más que ver con el concepto de memoria que con el de Historia. Contra lo que mucha gente piensa, la Historia de los perdedores no es de mucha más calidad que la de los ganadores; sólo dejando atrás estos conceptos (esto es: deslindando memoria e Historia) comienza esa actividad llamada historiografía a merecer la pena.

Thòmas es, cuando menos yo lo creo, de las pocas referencias que hoy se pueden tener a una labor investigadora honesta y, se diría, científica. Franquistas contra franquistas no es su mejor libro, probablemente tampoco pretende serlo dada su corta extensión y su limitación temática. Cuando menos para mí, su mejor trabajo es La Falange de Franco, un extraordinario análisis del proceso de travestismo de una formación política en su inicio fascista, acomodada a dos procesos que transcurren al mismo tiempo: por un lado, el correr de los tiempos y la necesidad que genera a la dictadura española de convertirse en algo presentable para un secretario de Estado estadounidense; y, por otro, el hecho más que evidente de que el régimen nacido de la guerra civil, lejos de ser el patrimonio de un colectivo de fuerzas unidas para derrotar al demonio rojo, era un régimen personal, concebido desde, hacia, para, por y según el general Francisco Franco.

Cito La Falange porque, de alguna manera, este libro que hoy os cuento aquí se me hace un poco como el anexo de aquel otro. Creo que el tracto correcto sería leerlos según el orden cronológico en que el autor los escribió.

Joan María Thomàs centra su actividad investigadora en un periodo muy concreto del franquismo, que se puede definir como el tiempo transcurrido entre el final de la guerra civil y el día que en el Pardo comenzaron a pensar que Hitler iba a perder su guerra (que, de repente, era su guerra). Es lo que el autor ha llamado el periodo fascista y de des-fascistización del régimen, impulsada por una serie de necesidades del mismo.

En ese proceso brilla un personaje con luz propia: Ramón Serrano Súñer. Cuñado de Franco, político hábil allí donde las habilidades del propio general patinaban (recuérdese su famoso haga como yo y no se meta en politica), Serrano es un curioso ejemplo de fidelidad mezclada con ambición personal. En realidad, él no era falangista en esencia; durante la República se había bañado en otras piscinas. Sin embargo, terminada la guerra llegó a la conclusión, errónea, de que la Falange era la mano que mecía la cuna del Régimen. Hoy en día es muy fácil juzgar algo así como la obra de un ciego infatuado, pero yo creo que, en los tiempos en los que Serrano lo era todo en España, resultaba relativamente fácil pensarlo.

Serrano venía de la nomenklatura política de las derechas españolas. Como buen político, contemplaba a los no políticos como seres necesarios en un determinado momento, pero que lógicamente tiene que llegar un momento en que se han de apartar para dejar sitio a los que saben. Es la misma actitud que la de un político de izquierdas que a la hora de montar bulla convoca un acto tras otro en compañía de las gentes del cine o, en general, de la intelestualidá; pero luego, a la hora de gestionar la pastizara de un Ministerio de Cultura, ni de coña aceptaría que alguno de los perroflautas que visitan la gala de los Goya fuese ministro.

Siempre he creído que Serrano, en el fondo, pensaba lo mismo de su cuñado. Franco había sido, para él, la pieza necesaria para ganar la guerra. La guerra, sin embargo, estaba ganada, y en ese momento acabaría sonando el carrillón de los políticos, momento en que el general se tendría que retirar a sus cuchipandas y sus juras de bandera, probablemente ostentando un papel florero dentro del Estado. De todas las personas que no supieron ver la ambición de poder de Franco, su cuñado era, probablemente, el más conspicuo de todos.

Franquistas contra franquistas, sin embargo, no va de Serrano Súñer. Lo cita, pero no lo convierte en el protagonista. No puede, porque don Moncho nunca fue un franquista contra el franquismo. No llegó a eso. Que Von Ribentropp se lo insinuase, no digo que no. Que alguna que otra paja se hiciese pensando en ello tomándose algún café con Muñoz Grandes, por citar a otro de los que llegaron a pensar que tenían perfil de líder per se, tampoco. Sin embargo, nunca remató. Entre otras cosas, esto sí lo cuenta este libro, porque Franco le hizo su típica envolvente ferrolana, consistente en cesar a la gente cuando menos se lo esperaba. Se la hizo a Serrano; se la haría a Fernández Cuesta década y media después. Franco, cesando, era un puto killer.

[Si se me permite el interludio publicitario, el proceso que rodea a los hechos que cuenta el libro lo he tratado yo en cuatro tomas de mi palimpsesto sobre la íntima relación entre el general Franco y el poder. Se leen aquí, aquí, aquí y aquí.]

Este libro va de dos cosas. La primera de ellas es el fulgor y muerte, no de Joaquín Murrieta, sino de Gregorio Salvador Merino. Bueno, siendo sinceros, Merino no perdió el gañote, pero como si.

El grito de los falangistas más radicales en los años cuarenta y cincuenta era: ¡Estado sindical! Lo gritaban las centurias de montañeros que le montaron un inesperado pollo a Franco en El Escorial a mediados de los cincuenta, y lo gritaban otros muchos. El backbone del fascismo español no era un partido político, entidad hacia la que el fundador JAPR sentía repugnancia, sino un sindicato. Un sindicato único, interclasista, que es una forma muy elegante de decir: totalitario. En la España ganadora de la guerra civil el principal problema era la indefinición institucional. Algo que es lógico tras una guerra que acaba con el régimen anterior, pero que se prolongó por causa de la ambición de Franco de permanecer en el poder, ambición que sabía ilegítima en el momento en que se le encargase organizar el Estado a cuatro o cinco catedráticos que supiesen derecho constitucional de verdad.

La España que no-diseñó Franco era, por utilizar dos expresiones muy del habla coloquial española de la época, un sí es no es y, a la vez, un ten con ten. El Estado se estructuraba, malamente, sin llegar a rematar nunca, teóricamente obediente a unas instituciones de corte mussoliniano en las que en realidad muy a menudo se discutían chorradas. Todo ello se nucleaba alrededor de un movimiento político argéado, calificativo éste que no deja de ser un chiste malo porque venía a consistir en una macedonia (de ahí el chiste) de ideologías casi opuestas.

Como consecuencia, pues, las diferentes familias del franquismo necesitaban hacerse valer frente a las otras, en una lucha cainita por el poder; y, además, tenían margen para hacerlo, porque las columnas del Estado eran de plastilina; en realidad, lo único que funcionaba bien en aquel Estado era el mando de Franco.

Gerardo Salvador no es sino el tipo que se compró el Catón jonsista salpimentado por el fundador, y se lo creyó. Estado sindical. Aquí lo que hay que hacer es tragarse a todas las organizaciones obreras y empresariales afines al régimen, empaquetarlas en una sola organización, establecer un a modo de afiliación obligatoria, y con la pastizara que eso supone, comenzar a mangonear la vida social de España hasta en sus últimos detalles. Ingeniería social, pues. En modo Falange.

El libro nos analiza esta ascensión y, sobre todo, la meteórica caída de que fue objeto este pobre hombre a cuenta de unas difusas acusaciones de veleidades masónicas que yo, cuando menos, tras leer el libro y otros relatos sobre la materia, tiendo a reputar de falsas. Pero en el fondo da igual. Aquella era una pelea de pícaros, y Merino debería haberse imaginado que otros eran capaces de hacer el mismo tipo de putadas que estoy seguro él imaginaba para con sus enemigos. El relato es muy pormenorizado e interesante, y está hecho con la meticulosidad que muestra Thòmas en todos sus libros.

El segundo episodio al que se dedica el texto es bastante más trágico. Se refiere a los sucesos ocurridos en la basílica de Begoña el 16 de agosto de 1942 cuando, tras una misa por las almas de los carlistas muertos, se produjo una trifulca delante de la iglesia entre éstos y unos falangistas que andaban por allí, y acabó volando una granada (o dos, aunque si hubo una segunda no explotó) que ocasionó un elevado número de heridos, aunque ningún muerto. Juan José Domínguez, uno de los fogosos falangistas que estaban allí, cargó con el marrón de haber tirado la bomba, y fue fusilado. Los que hayáis leído mi novela, recordaréis que este episodio se evoca en la misma indirectamente.

¿Qué pasó allí? Pues os diré que, probablemente, es en este libro donde encontraréis más respuestas para esa pregunta. O, cuando menos, una respuesta sólida. La puntillosa descripción de los datos que el historiador ha sido capaz de acopiar lleva al lector, creo yo, a hacerse una idea cabal de los hechos más probables, dentro de que todo es un poco complicado de adverar. El autor defiende, o creo que defiende, que el asunto surgió como una casualidad, esto es, los falangistas que se presentaron en la basílica no estaban allí por un plan preconcebido de tiempo atrás; yo, personalmente, tengo mis dudas: creo que también pudo ser algo más o menos buscado en lo que los agitadores no esperaban encontrarse una reacción carlista tan furibunda. Sea como sea, los camisas azules que fueron a la basílica fueron, eso sí, sabiendo a lo que iban, y esperando encontrarse lo que probablemente se encontraron, es decir, a una multitud carlista coreando eslóganes, si no subversivos (me cuesta creer que se diesen mueras a Franco delante del general Varela), sí, cuando menos, críticos con la persona del Régimen.

Aquellos falangistas eran, en su mayoría, cargos orgánicos. Como tales, se sentirían protegidos (eso tan español de "usted no sabe con quién está hablando") y probablemente por eso se sintieron con ganas y arrestos para enfrentarse a una multitud que los superaba en número claramente. Poco diplomáticos y muy echados para delante (dos de ellos acababan de llegar de la División Azul y uno de éstos, Mariano Sánchez Covisa, tuvo luego una historia bien conocida como policía), supongo que les encantó comenzar a rifar hostias; aunque no tanto cuando se diesen cuenta de que casi todas las rifas les tocaban a ellos. En ese entorno, tiendo a creer que el lanzamiento de la granada, que es probablemente imputable a Domínguez, fue tal vez un acto de defensa propia. Los falangistas sabían que allí estaba el ministro de Defensa, pero cuando te están cayendo capones es difícil pensar en otra cosa que no sea ganar los coches para salir a la naja. En dos palabras: la cagaron.

Lo verdaderamente interesante es lo que pasó luego. Franco permitió que los falangistas implicados fuesen objeto de un juicio exprés sumarísimo en el que se pronunciaron dos condenas a muerte, de las que conmutó una. Sin embargo, y es éste un punto en el que el libro de Thòmas es particularmente informativo, tampoco permitió que el general Varela, furibundo antifalangista, se saliese con la suya, admitiendo que todo aquello había sido un atentado contra él. Tal vez le falta al libro, por buscar una crítica, el haber explicado un poco más que, en realidad, cuando se produjo el follón de Begoña ya llovía sobre inundado; se podría haber explicado por ejemplo, el pollo que montaron Ridruejo y Tovar un año antes cuando decidieron poner a parir a Valentín Galarza, otro antifalangista, en las páginas del Arriba (aquel artículo, por cierto, se titulaba El hombre y el currinche, y no El hombre y el pelele como erróneamente cita la Wikipedia). Al final del proceso, ya lo he dicho, la envolvente ferrolana: tanto Serrano como Varela (y Galarza) se fueron a la calle.

En suma, nos encontramos ante una notaría minuciosa de unos hechos que muchos libros citan sin conocer muy bien, por lo que es de agradecer esa labor que se aprecia en un historiador que no da las cosas por sabidas. Debo decir, no obstante, que personalmente no estoy de acuerdo con todas las interpretaciones que hace el autor. Por ejemplo, creo que carga demasiado las tintas al considerar que, tras las crisis que cuenta el libro, Franco encontró el falangista genuflexo que estaba buscando en la persona de José Luis Arrese. Arrese, con el tiempo, y aunque es evidente que los tiempos del Poder falangista (con mayúsculas) pasaron pronto, se mostraría menos domeñado de lo que parece. En 1956, todavía comandó un proyecto para aprobar unas leyes de gobierno que introducían elementos de desafío a la persona de Franco y que hicieron a Esteban Bilbao, tradicionalista entonces presidente de las Cortes, escribirle una furibunda carta en la que le acusaba nada menos que de querer convertir España en la Unión Soviética. Más tarde aun, siendo ya ministro de Vivienda, López Rodó lo acusa de aprobar planes ambiciosísimos de vivienda para los que no había dinero, para así poner a la opinión pública en contra de los tecnócratas, gestores del Presupuesto y por lo tanto obligados a decir niet.

Quiero decir, o sea escribir, que otra cosa que me encanta de Thòmas es su gusto por las anécdotas. Sus libros no tienen nada de anecdóticos pero, sin embargo, ello no quiere decir que no le guste salpimentar su narrativa historiográfica de ejemplos notorios basados en episodios concretos que a veces se hacen muy divertidos de leer. La descripción que hace en La Falange de una reunión falangista en El Escorial en la que el padre Fermín Yzurdiaga fue recibido a gritos de ¡Quieren hacer una España de curas y monjas!, no tiene desperdicio. Y en este libro que hoy tratamos, la anécdota del director de periódico que fue cesado por poner a parir, sin saberlo, a Pilar Primo de Rivera, no le va a zaga.

Si te interesa la época, te gustará el libro. Te gustará mucho, me atrevo a decir. Y si no te interesa la época, la verdad, ¿qué coño haces leyendo este post?

miércoles, febrero 24, 2016

El acorazado Potemkin (10)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado. 


Después, hemos contado lo caliente que estaba Odessa antes de la llegada del Potemkin, y el movidón que se montó cuando ya habían llegado, y que inmortalizó Einsenstein. Después comenzó el toma y daca entre los marineros y los revolucionarios, y algún que otro susto. Finalmente, los marineros del Potemkin logran enterrar al marinero Vakulinchuk, aunque con incidentes. Y, finalmente, hemos pasado al bombardeo de Odessa por el acorazado y, posteriormente, sus consecuencias y los movimientos de la Flota del Mar Negro. Sin embargo, cuando dicha Flota llegó para acojonar a los amotinados, sus mandos se llevaron una sorpresa.

Los revolucionarios del Potemkin podían ser tontos, pero no gilipollas. Lo que había pasado en la mayoría de las cubiertas de los acorazados de la Flota les garantizaba la simpatía de sus camaradas marineros, pero tampoco podían estar seguros de nada más. Muy especialmente, no podían confiar en que, si decidían atacarlos, sus camaradas se dejasen atacar. Por lo tanto, la victoria que suponía haberse enfrentado a la Flota sin ser bombardeado había que administrarla con cuidado.

lunes, febrero 22, 2016

Estados Unidos (21)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.



Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California. Tras plantearse ese problema, los Estados Unidos comenzaron a globalizarse, poniendo las cosas cada vez más difíciles al Sur.

Con Franklin Pierce los Estados Unidos comenzaron una tendencia, hoy no cerrada, hacia la elección de presidentes básicamente formados por su fachada (de la que usualmente ellos mismos tienen una altísima opinión) y que, en lo concreto, basan su gestión en decirle a todo el mundo lo que quiere escuchar. No era Pierce, es mi opinión, el mejor inquilino en la Casa Blanca para un momento en el que el enfrentamiento por la esclavitud estaba entrando en Defcon 2. En realidad Pierce, como otros muchos estadounidenses, creía que con las concertaciones ya alcanzadas se había conseguido encajar el problema para siempre.

miércoles, febrero 17, 2016

Six années qui ont changé le monde



Qué: Six années qui ont changé le monde (1985-1991). La chute de l'empire soviétique.
Quién: Hélène Carrère d'Encausse.
Dónde: Fayard, París.
Cuánto: 16 pavos en versión digital.
Nota (sobre 10): 9.

Hace ahora algunos meses escribí en este mismo blog una crítica, no muy partidaria la verdad, sobre un libro de Emmanuel Carrère titulado Limónov. En el curso de ese texto tuve ya la ocasión de recordarle al lector que Carrère es hijo de una de las más reputadas sovietólogas de Europa, miembro de la Academia Francesa, velay que por propio mérito: la historiadora Hélène Carrère d'Encausse, nacida Helena Zourabichvili, de ascendencia georgiana. Hoy me ocupo del último libro de esta mujer, dedicado a la desintegración de la URSS.

lunes, febrero 15, 2016

Estados Unidos (20)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.


Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.


Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional, por ejemplo en la compleja cuestión de California.


A partir más o menos de 1830 las fuerzas partidarias de la esclavitud humana en los Estados del Sur iniciaron su contraataque filosófico y de opinión pública. Su principal arma era la misma que lo ha sido siempre que alguien ha intentado establecer una relación de subordinación en algún otro humano: afirmar la minoridad de ese “otro humano” y situar lo defendido (la esclavitud, la imposición de una creencia, la dictadura del proletariado; esas cosas que se parecen tanto) en el terreno de lo que hay que hacer para equilibrar en lo posible esa minoridad.

jueves, febrero 11, 2016

El acorazado Potemkin (9)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado. 


Después, hemos contado lo caliente que estaba Odessa antes de la llegada del Potemkin, y el movidón que se montó cuando ya habían llegado, y que inmortalizó Einsenstein. Después comenzó el toma y daca entre los marineros y los revolucionarios, y algún que otro susto. Finalmente, los marineros del Potemkin logran enterrar al marinero Vakulinchuk, aunque con incidentes. Y, finalmente, hemos pasado al bombardeo de Odessa por el acorazado y, posteriormente, sus consecuencias y los movimientos de la Flota del Mar Negro.

En efecto, en la noche del 29 al 30 de junio, con la excitación del bombardeo y las novedades, poca gente pudo dormir en el acorazado amotinado. Mucho menos los miembros del Comité Popular, los cuales, tras el regreso de la delegación con el niet del general Korkhanov, estuvieron reunidos hasta más allá de la medianoche. Pero durante toda la madrugada hubo asambleíllas improvisadas en cualquier rincón del barco.

lunes, febrero 08, 2016

El acorazado Potemkin (8)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado. 

Después, hemos contado lo caliente que estaba Odessa antes de la llegada del Potemkin, y el movidón que se montó cuando ya habían llegado, y que inmortalizó Einsenstein. Después comenzó el toma y daca entre los marineros y los revolucionarios, y algún que otro susto. Finalmente, los marineros del Potemkin logran enterrar al marinero Vakulinchuk, aunque con incidentes. Y, finalmente, hemos pasado al bombardeo de Odessa por el acorazado.


Tras la cagada del bombardeo interruptus, las prioridades en el Potemkin, y en su Comité Popular, eran dos: por un lado, procurarse ese mapa de la ciudad que demandaba Bedermeyer para así poder disparar con precisión; y, en segundo lugar, elaborar un nuevo ultimátum para Korkhanov. El Comité, que andaba un poco nerviosillo, tardó más de una hora en elaborar el nuevo ultimátum. En un notable ejercicio de transparencia, los líderes del acorazado, que en realidad eran los únicos que sabían que la habían cagado, le contaron a sus compañeros que se habían limitado a realizar dos disparos de intimidación.

miércoles, febrero 03, 2016

Estados Unidos (19)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.


Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.



Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México, y la guerra propiamente dicha, tras la cual rebrotó la esclavitud como gran problema nacional.


En el año 1949, California estaba menos poblada que cualquier barrio de Los Ángeles, apenas 100.000 personas, la mayoría de las cuales eran prostibularias, bebedoras y amigas de meterse en líos. Toda aquella patota de aventureros y logreros era gobernada por un ejecutivo de carácter militar que contrastaba con las legislaturas organizadas en los Estados ya incorporados a la Unión. En su propio seno surgieron voces de personas que consideraban necesario estructurar todo aquello, y el presidente Zachary Taylor les escuchó, instando el proceso constitucional tanto de California como de Nuevo México. Taylor quería dejar que lo Estados decidiesen por sí solos sobre el espinoso asunto de la esclavitud, pero el Congreso estaba en otra onda.

lunes, febrero 01, 2016

Estados Unidos (18)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.


Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas. Luego llegó la presidencia de Polk y la lenta evolución hacia la guerra con México.


Pensar que México podía no haber ido a la guerra con los Estados Unidos es ver las cosas como no las ve la Historia. La fricción entre ambas naciones le estaba suponiendo a la primera la pérdida de Texas y de California; es difícil pensar en razones de mayor peso. Lo único que necesitaban los mexicanos para poner pies en pared era una disculpa, un motivo, y eso lo tuvieron en 1846, cuando Polk ordenó al general Zachary Taylor ocupar territorios al sur de la frontera texana. Con una forma de pensar muy de Washington, Polk pensó que realizar una demostración de fuerza “ayudaría” a los mexicanos a pensar en la negociación. En realidad, ocurrió todo lo contrario.

miércoles, enero 27, 2016

El acorazado Potemkin (7)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado. 


Después, hemos contado lo caliente que estaba Odessa antes de la llegada del Potemkin, y el movidón que se montó cuando ya habían llegado, y que inmortalizó Einsenstein. Después comenzó el toma y daca entre los marineros y los revolucionarios, y algún que otro susto. Finalmente, los marineros del Potemkin logran enterrar al marinero Vakulinchuk, aunque con incidentes.

El gesto por parte del Potemkin de poner a hablar a los cañones no fue un gesto fácil ni inmediato. Y, lo que es más importante, estaba diseñado y casi decidido antes de los sucesos producidos en el entierro del marinero Vakulinchuk. 

lunes, enero 25, 2016

El acorazado Potemkin (6)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado. 

Después, hemos contado lo caliente que estaba Odessa antes de la llegada del Potemkin, y el movidón que se montó cuando ya habían llegado, y que inmortalizó Einsenstein. Después comenzó el toma y daca entre los marineros y los revolucionarios, y algún que otro susto. 

Según Feldmann, aquel día 28 tan convulso y lleno de sorpresas terminó con una arenga suya a los marineros que éstos celebraron sin ambages. Sinceramente, me cuesta creer ese ardor revolucionario que el speaker quiso ver, teniendo en cuenta la escasa o nula proclividad que había mostrado ya la tripulación hacia la idea de apoyar a los revolucionarios de tierra antes de tener noticias ciertas de la Flota. Pero, en buena medida, Feldmann se beneficia de ser asi la única fuente fiable con que se cuenta sobre los hechos.

miércoles, enero 20, 2016

Estados Unidos (17)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.


Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler. Este tiempo se caracterizó por problemas con los británicos y el estallido de la cuestión de Texas.


Las elecciones presidenciales de 1844 se vieron presididas por la cuestión de Texas y la de Oregón. En 1834, Jason Lee, al frente de un grupo de misioneros metodistas, había realizado la primera colonización del valle de Willamette en Oregón. Aquel lugar era tan fértil que, con bastante rapidez, los colonos se fueron olvidando de su objetivo primigenio, que era hablarle de Dios a los indios, y se convirtieron en agricultores y ganaderos. Sin embargo, en 1836 la escasa pasión evangelizadora metodista funcionó de efecto llamada para los presbiterianos, los cuales, al mando de Martus Whitman, se establecieron en un lugar que parece fundado por los teletubbies. Fort Walla Walla.

lunes, enero 18, 2016

Estados Unidos (16)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.


Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.

Luego hemos pasado, lógicamente, al pinchazo de la burbuja, imponente marrón que se tuvo que comer Martin van Buren quien, quizá por eso, debió dejar paso a Harrison, que se lo dejó a Tyler.

La cuarta y quinta década del siglo XIX marcan un cambio fundamental en el devenir de la Historia de los Estados Unidos a causa de la aparición en la misma de actores cada vez más fuertes. Es lo que comúnmente se conoce como la aparición de la costa del Pacífico.

miércoles, enero 13, 2016

El acorazado Potemkin (5)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado. 

Después, hemos contado lo caliente que estaba Odessa antes de la llegada del Potemkin, y el movidón que se montó cuando ya habían llegado, y que inmortalizó Einsenstein.

Nada más llegar la delegación de tierra que informó a la tripulación del Potemkin de los gravísimos hechos que se habían producido en Odessa, el Comité Popular fue convocado de nuevo, con la asistencia tanto de Feldmann como de los otros dos compañeros suyos socialdemócratas. Estos tres representantes civiles intervinieron, por supuesto, para exigir que los marineros desembarcasen en tierra y le diesen lo suyo a los cosacos. Sin embargo, se encontraron con la revolucionaria sorpresa de que los marineros pasaban de ellos.

lunes, enero 11, 2016

Estados Unidos (15)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente, para pasar a contaros la guerra del Second National Bank y el burbujón inmobiliario que provocó.


En realidad, el propio gobierno que había propiciado la burbuja financiero-inmobiliaria de la compra de tierras fue el que colaboró para pincharla con una medida que conocemos como la Sperie Circular.

martes, diciembre 29, 2015

El acorazado Potemkin (4)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado. 

Después, hemos contado lo caliente que estaba Odessa antes de la llegada del Potemkin.

Retrocedamos algún tiempo. La media hora de violencia real en la cubierta del Potemkin había dejado un saldo de siete oficiales muertos, once supervivientes aunque no pocos de ellos heridos incluso de seriedad, más el capellán del barco, el padre Parmen, que se encontraba también herido al cuidado del doctor Golenko, un adjunto del infame Smirnov. Entre los oficiales “pasados” al bando revolucionario se encontraba el teniente de navío Alexeyev, a quien hemos visto denunciando al comandante de la nave, así como algunos ingenieros que fueron compelidos por Matushenko para ponerse al mando de la sala de máquinas. Se trataba del mecánico de primera clase Kovalenko y del aspirante Kalujny. Estos tres eran los únicos no-marineros que permanecían sin arresto.

viernes, diciembre 25, 2015

¿Eres una señorita (o un caballero)? La solución

Iba a ponerlo en los comentarios al post anterior, pero finalmente he decidido dedicarle uno especial a las soluciones. Aquí las tenéis, según las reglas que cuando menos yo he leído en los manuales de la época:

martes, diciembre 22, 2015

¿Eres una señorita (o un caballero)?

Una de mis aficiones bibliófilas, que tengo varias (en realidad, demasiadas), es hacerme con libros sobre urbanidad. Hoy en día ya no se escriben; tengo la sensación de que han sido sustituidos por otros tipos de autoayuda. Sin embargo, en el pasado, y muy en particular en el siglo XIX, hicieron furor. La invención de los restaurantes, que ocurrió más o menos en tiempos de la Revolución Francesa, la generalización de los espectáculos públicos (notablemente, el teatro y la ópera) y, sobre todo, la eclosión del uso social más importante del siglo, esto es la visita o tertulia, hicieron necesario que mucha gente que tenía poca educación fuese rápidamente formada sobre las technicalities de un excelente caballero o una recatada señorita.

La mayoría de los libros que tengo son ingleses y franceses. Presentan algunas particularidades, pocas, sencillas de imaginar; pero, por lo general, vienen a establecer más o menos las mismas reglas.

En esta semana prenavideña, se me ha ocurrido plantearos algunas preguntas para saber si estáis bien educados según las reglas de vuestros tatarabuelos. Las más de las veces no deberíais encontrar problemas: en general, las reglas de la buena educación se basan en el sentido común.

Veamos:

lunes, diciembre 21, 2015

El acorazado Potemkin (3)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida y cómo los marineros tomaron el control del acorazado.

El general Kokhanov, la verdad, no quería líos. Su primera acción fue dirigirse a los empresarios de Odessa para intimarles a tener una reunión en la que discutir las posibles medidas que podrían tomar en materia de salarios, jornada y condiciones de trabajo. Sin embargo, antes de que dicha iniciativa pudiese dar sus frutos, la situación tendió a deteriorarse con rapidez. El lunes 26, unos 500 obreros organizan una asamblea en las instalaciones de la empresa Gena y en los astilleros Hoehn de Peresyp, para acordar realizar una marcha sobre la ciudad. Kokhanov, que ha sido informado de la iniciativa, aglutina a un grupo de policías y a una sotnia de cosacos (más menos, media compañía; unos cien hombres).

viernes, diciembre 18, 2015

Estados Unidos (14)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.

Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy. Una vez allí, hemos analizado dicho mandato, y las complicadas relaciones de Jackson con su vicepresidente.





Un elemento de la política gubernamental en el que Jackson puso toda la carne en el asador, elemento por el que viene a ser un presidente muy querido por los americanos, es su presencia exterior. Siguiendo su convicción de que el suyo era el gobierno del pueblo y de que las obligaciones de los funcionarios públicos eran plain and simple, inauguró una tendencia, también seguida muchas veces en la tradición americana y no americana, de nombrar embajadores que no eran profesionales de la cosa; lo cual, por cierto, escandalizó a muchos en la vieja Europa.

miércoles, diciembre 16, 2015

Estados Unidos (13)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.




Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe, hasta que hemos entrado en la Jacksonian Democracy.

La toma de posesión de Andrew Jackson en Washington es, probablemente, el primer acto de esta calidad en la Historia de los Estados Unidos que concitó la presencia de una gran masa de partidarios venidos de muchos rincones del país. Por primera vez, un candidato ganador despertaba una verdadera pasión partidaria, anunciando una tendencia que con las décadas no haría sino acrecentarse.

lunes, diciembre 14, 2015

El acorazado Potemkin (2)

Recuerda que ya te hemos contado cómo se montó la movida.

Una vez muerto el segundo oficial del Potemkin, la cosa ya no podía parar. El siguiente en caer fue el guardiamarina Liventrov, quien, a pesar de intentar hacerse con el arma de un miembro del pelotón de fusilamiento, fue abatido antes de conseguirlo. Inmediatamente después cayó el teniente de navío, oficial de cañones, Neupokoev. Lo tiraron al mar cuando todavía estaba vivo.

martes, diciembre 08, 2015

Historias triviales (6)

51.- En 1987, cuando el joven alemán Mathias Rust voló cruzando la Unión Soviética en una Cessna y aterrizó a unos pocos centenares de metros del Kremlin, el camarada primer secretario general del PCUS, Milhail Gorvachov, ordenó una investigación urgente para averiguar cómo había sido capaz de burlar las defensas soviéticas. La investigación demostró que la mayoría de las personas que manejaban los radares estaba mamada.

52.- No ha de extrañar, puesto que la afición de los rusos por la bebida es legendaria. William Craig, en su libro sobre el sitio de Stalingrado Enemy at the gates, relata que un general soviético que decidió dejar sin vodka a las tropas que estaban en primera línea de combate fue bombardeado por su propia artillería. Cuando comunicó a Moscú tamaña insubordinación, el Alto Mando respondió recomendándole que dejase beber a los soldados.

53.- Un anagnostes era en la antigua Roma un esclavo que sabía leer y que le realizaba lecturas en voz alta a sus amos.

54.- El político republicano español Emilio Castelar asombraba a los salones galantes de París, donde era bien recibido, por comer pan con aceite de oliva crudo.

55.- De creer diversos testimonios de la época y aún posteriores, una adecuada representación de Isabel la Católica debería presentarnos a una mujer con las mejillas teñidas de un rojo intenso.

56.- Pocas obras clásicas son tan intensas como el segundo concierto para piano compuesto por el ruso Sergei Rachmaninov. Este concierto, además de ser una obra cumbre, es, además, un raro ejemplo, tal vez único, de obra maestra compuesta en estado hipnótico. Rachmaninov había caído en una profunda depresión que le había hecho abandonar la composición; pero se puso en manos del doctor ruso Nikolai Dahl, que usaba terapias hipnóticas, y fue en pleno tratamiento cuando Rachmaninov compuso la obra.

57.- Cuando el presidente de los Estados Unidos va a tomar el Marine One (que suele ser un helicóptero) en los jardines de la Casa Blanca, los periodistas contemplan la escena a cierta distancia, y suelen aprovechar para gritar alguna pregunta al presidente. Ronald Reagan siempre afectaba no oír, haciendo pabellón en su oreja derecha con la mano y negando sonriente con la cabeza. Los periodistas siempre sospecharon que hacía eso para no responder. Un día, un periodista le preguntó, a gritos, dónde había comprado su americana. Reagan se llevó la mano a la oreja negando, como siempre. Pero pocas horas después, desde Camp David, le envió a ese periodista un mensaje que decía, escuetamente: At Bloomingdale's.

58.- Víctor Hugo siempre escribía de pie. Marcel Proust, en la cama.

59.- El pastelero londinense Thomas Rich es considerado el inventor, en 1703, de la tarta de boda compuesta de varios pisos. Para realizarla, se inspiró en la torre de la iglesia de St Bride's, en la misma ciudad.



60.- En 1588, la prestigiosa universidad de Bolonia buscaba un profesor de matemáticas para sus aulas. Dos candidatos compitieron por el puesto. La anécdota es más bien poco conocida por la personalidad de quien ganó y se convirtió en profesor: Antonio Magini. Es sin embargo, bastante conocida gracias al hecho de que el candidato que perdió, esto es el candidato a quien los doctores boloñeses desecharon, era un joven matemático de 24 años llamado Galileo Galilei.

lunes, diciembre 07, 2015

El acorazado Potemkin (1)

Todos los momentos culturales de la civilización moderna tienen elementos que son indiscutibles. Algunos son universalmente indiscutibles: así, El Quijote o las obras de Shakespeare. Otros son indiscutibles durante un determinado momento de la vida social, normalmente a causa de estar ligados a algún otro tipo de idea o ideología de moda.

En el tiempo en el que yo tuve veintipico años había muchas obras de referencia de éstas. Casi todas tenían que ver con el marxismo, pues yo fui joven en una Universidad Complutense en la que no se entraba en según qué fiestas sin ser de la Joven Guardia Roja o de alguna otra movida parecida; y si no se decía que se había leído El Capital, y a Sartre, y a Marcuse, y a Habermas, y tal. A los jóvenes de hoy podrá sorprenderles saber que se podía llegar a abrir la lata de una churri escéptica (y aquellas churris eran muy escépticas) hablándole de una cosa que era la infraestructura y la superestructura; pero yo doy fe de que funcionaba que te cagas.

Entre estas cosas que era obligatorio haber experimentado figuraba una obra maestra del cine mundial (así se la ha conocido siempre) denominada El acorazado Potemkin, obra de Serguei Eisenstein. La podéis ver aquí. En los tiempos de mi juventud, cuando un cine-fórum universitario se quedaba sin ideas, o sin películas de Ingmar Bergman, siempre tenía el recurso de proyectarla. Todo el mundo la conseguía con cierta facilidad, hecho éste al que sospecho la embajada de la URSS en Madrid no sería ajena. Y siempre que se exhibía la sala se llenaba porque el Acorazado era una de esas películas que había que ver. Todo el mundo orgasmaba con la escena del cochechito de bebé bajando por las escaleras (en puridad, la única escena de la que hablaban los cienes y cienes de estudiantes que, o no la habían visto, o se habían dormido durante las proyecciones, o estaban a otra cosa mientras la luz estaba apagada); y con eso nos llegaba a todos.

En realidad, ya os digo, todo aquello era una pamema. Hoy en día casi nadie es capaz de decir, sin mirar en la Wikipedia, quién fue Afanasy Matushenko, o el capitán de navío Yevgeni Golikov; o tantos otros protagonistas de aquella tragedia sin los cuáles ésta no se entiende. Hoy en día casi nadie los conoce; pero entonces era exactamente igual. La gente se sabía lo del puto cochecito por las putas escaleras, y punto.

Yo, sin embargo, pretendo hablaros en estas notas de la acción del Potemkin, porque fue un hecho histórico muy importante que, de hecho, estuvo cerca (aunque mucho menos cerca de lo que Eisenstein y los programadores culturales soviéticos pretendían) de adelantar la revolución rusa en una década. Es una historia interesante, parcialmente contada en la película, y que conforma uno de los hechos más interesantes del siglo XX.

Lamentablemente, ni este blog va a hacer historia de la cultura, ni la morena que está dos filas más adelante te va a hacer puto caso porque digas que te has leído estos post. Los tiempos han cambiado, macho. Tu padre está desfasado.

miércoles, diciembre 02, 2015

Estados Unidos (12)

Recuerda que ya te hemos contado los principios (bastante religiosos) de los primeros estados de la Unión, así como su primera fase de expansión. A continuación, te hemos contado los muchos errores cometidos por Inglaterra, que soliviantaron a los coloniales. También hemos explicado el follón del té y otras movidas que colocaron a las colonias en modo guerra.


Evidentemente, hemos seguido con el relato de la guerra y, una vez terminada ésta, con los primeros casos de la nación confederal que, dado que fueron como el culo, terminaron en el diseño de una nueva Constitución. Luego hemos visto los tiempos de la presidencia de Washington, y después las de John Adams y Thomas Jefferson

Luego ha llegado el momento de contaros la guerra de 1812 y su frágil solución. Luego nos hemos dado un paseo por los tiempos de Monroe.

Como ya he escrito antes en estas notas, la Historia de los Estados Unidos no se entiende sin el estudio, siquiera somero, de esa parte de su evolución que se coció en las decisiones del Tribunal Supremo; en el periodo en que ahora estamos, claramente dominadas por la personalidad de John Marshall. Hombre de vieja política, forjado en el nacimiento de la nación, Marshall tenía muy claro que los Estados Unidos necesitaban una labor de pulido jurídico que mejorase el poder del propio Supremo y del gobierno federal, en detrimento de las tendencias centrífugas de los Estados.

lunes, noviembre 30, 2015

La misteriosa muerte del teniente Hans Albrecht Herzner

El teniente Hans Albrecht Herzner tiene un lugar reservado en la Historia como, tal y como se lo suele denominar, el militar que pudo empezar la segunda guerra mundial algunos días antes de que comenzase. Esto es así porque Herzner estaba al mando del grupo de comandos de la Abwehrstelle de Breslau que atacó el 25 de agosto de 1939 la estación de tren de Mosty, en el borde entre Polonia y la actual Eslovaquia. El objetivo de aquella acción era tomar el llamado Paso de Jablonkow, en realidad un túnel de tren cuya posesión haría más sencillo el paso de tropas alemanas que, ahora lo sabemos, se iba a producir pocos días después. Los alemanes, sin embargo, fueron repelidos por el ejército polaco.

Sin embargo, el objetivo de este post no es contar el suceso de Jablonkow, bastante conocido y por encima del nivel, me parece a mí, de los lectores habituales de este blog. Si quiero escribir estas líneas es porque el teniente Herzner tenía una historia antes de que aquella acción y la tuvo después; y es una historia que tiene ribetes de misterio con los que cabe especular.

Herzner estaba integrado en el Regimiento de Brandenburgo desde que dicha unidad fue formada el 15 de octubre de aquel bélico año de 1939. Luego participó en la acción fallida de Jablonkow y en mayo de 1940 fue enviado a Suecia en una operación encubierta con una identidad falsa, la del doctor Heinrich Herzog. Un mes después participó en la invasión de Francia. No se sabe muy bien cuáles eran sus cometidos, aunque se sabe que viajó de Cambrai a Compiègne, donde se firmó el armisticio, y luego a París. Un año después, estaba preparándose para tomar parte en la invasión de Rusia. Era, como podéis leer, un militar de ésos que se usa de perejil para todas las salsas.

Es conocido que la Abwehr, esto es la inteligencia militar alemana (por favor: nunca digáis, ni penséis, ni escribáis, cosas como la inteligencia militar nazi), a la que Herzner estaba vinculado desde el inicio, tuvo una labor muy importante conforme las tropas germanas penetraban Ucrania, incluso antes. Se ocuparon, sobre todo, de buscar partidarios del líder ucranio Melnyk que formasen un ejército oculto que realizase acciones de sabotaje coincidiendo con la llegada de los alemanes. Pues bien: la fuerza militar alemana encomendada de ayudar a estos insurgentes era la conocida como Gruppe Nachtigall, un batallón compuesto por tres compañías de ucranios y una carta de alemanes procedentes del Regimiento de Brandenburgo.

El Nachtigall entró en Ucrania el 21 de junio de 1941, y la mejor seña de la importancia que el ejército alemán daba a su misión es que lo hizo portando documentación que le otorgaba prelación de movimiento frente a cualquier otra unidad del ejército alemán, motorizada o no.  El 23, la unidad mixta ucranio-alemana entró en acción en las localidades de Naklo y Podziadz. A mediados de julio, se encontraban dando por saco en las zonas de Ludawka y Brahilow. El 17 de julio, mientras en España el franquismo preparaba la primera celebración de su Día de la Victoria, un raid aéreo soviético localizó el vehículo blindado donde iba Herzner, y le lanzaron una serie de pepinos que lo dejaron inservible. A causa de ello, el 10 de marzo de 1942 Herzner recibiría la medalla de asalto de infantería.

El 30 de junio, la unidad de Herzner se dirigió hacia Lvov, donde fue recibida en loor de multitud por unos ucranianos que ya tocaban con los dedos su independencia (anda que no tuvieron que esperar...). Sin embargo, estos procesos que involucran el empuje de las masas uno sabe cuándo los comienza, pero no cómo los termina. El caso de Lvov es de libro. Herzner y el resto de oficiales de la inteligencia alemana habían llegado allí para entronizar al Melnyk, al que tenían más o menos controlado. Pero, sin embargo, quien se llevó el gato al vodka fue un líder más de izquierdas, llamado Stefan Bandera. Bandera, mucho mejor dotado que Melnyk y desde luego que los alemanes para hacerle tilín a las gentes de la zona, proclamó por su cuenta y riesgo el Estado Ucranio, aunque no se puso él al frente del momio, que dejó para su adjunto Yaroskav Stetsko.

La declaración del Estado Ucranio de Bandera retrasó notablemente las acciones de los hombres de Herzner, que de hecho estaban todavía enfangados en interminables negociaciones cuando a la zona llegaron las primeras Einsatzgruppen. Estas task forces eran formaciones muy móviles que operaban coordinadas por la RSHA (Reichsicherheitsamt, esto es la Oficina Central de Seguridad del Reich), y estaban encomendadas de supervisar la aplicación de lo que denominamos Solución Final en todos los territorios ocupados. Jefe de la RSHA, y consecuentemente de estos grupos, era el famosérrimo Reyhard Heydrich, al que sin embargo le quedaba poco pues como sabéis fue asesinado en el verano del 42.

El 2 de julio, estas brigadas de limpieza hicieron las primeras detenciones de partidarios de Bandera. El día 12 cayeron el propio Bandera y Stetsko. Tenían órdenes muy claras de Berlín en el sentido de que Hitler deseaba una Ucrania independiente lo mismo que deseaba trillarse los huevos en un pasapurés. El hecho nos demuestra que Heydrich era, desde luego, mucho más poderoso en Berchtesgaden que el almirante Canaris, jefe de la Abwehr y por lo tanto principal muñidor del proyecto de sedición y secesión ucranio. El 30 de julio, Canaris visitó la Nachtigall pero, si hemos de creer a Herzner que lo contó en una carta, no se paró ni para mear.

Herzner expresa su enorme mosqueo en varias cartas que por entonces le escribió a uno de sus camaradas, el teniente Oberlander; un hombre, por cierto, que treinta años después de todo aquello protagonizaría un escándalo político, pues llegó a ser ministro de los Refugiados en uno de los gobiernos de Konrad Adenauer, tras lo cual fue acusado desde la Alemania dizque Democrática de haber sido un criminal de guerra durante su servicio en la Nachtigall. Lo importante, en todo caso, es que la demolición rápida realizada por los alemanes del montaje ucranio encabronó en gran manera a Herzner.

Y no era la primera vez.

Antes he dicho que el teniente Herzner tenía una historia antes de Jablonkow. Y es cierto. En el otoño de 1938, Herzner había sido nada menos que el jefe de una pequeña partida de comandos que había llegado a tener la misión de matar a Hitler. A mediados de septiembre, la totalidad de la partida había sido reclutada y se encontraba dispersa en una serie de apartamentos en Berlín. Hemos hablado de esta intentona cuando describimos el intento más serio de matar al Führer. El encargado de arrestar a Hitler era el mayor Friedich Wilhelm Heinz, quien al contrario que los jefes de la conspiración como el general Beck o Hjamlar Schacht, no quería detener al Führer, sino matarlo. Pero Herzner también estuvo implicado en aquella acción.

Las diferencias entre los propios conspiradores, combinada con la visita de Chamberlain a Hitler en Berchtesgaden el 15 de septiembre, frustraron la operación. Dos semanas después, el 27, Hitler comenzó a movilizar sus unidades, por lo que los conspiradores se dieron cuenta de que mantenerse en Berlín seria cada vez más difícil. Al parecer, el grupo de Herzner preparó un plan para asaltar la Cancillería el 28, pero ése fue el día en que Mussolini convocó una conferencia urgente con Francia, Gran Bretaña y Alemania, frustrando la operación por incomparecencia de Hitler. Además, aquella conferencia rebajó notablemente la tensión bélica, haciendo parecer a algunos conspiradores que ya no era necesario el golpe.

¿Qué supo la Gestapo de aquella conspiración? Parece claro que no mucho, puesto que, aunque hubo alguna detención y tal, la aparición de algunos de sus protagonistas en la bomba que casi mata a Hitler demuestra que nunca tuvieron una información perfecta de la intentona del 38. La duda, sin embargo, lleva a la pregunta de qué sabían (ésta vez, sí) los nazis de Herzner; hasta qué punto conocían sus tendencias contrarias a ellos. Se podrá pensar que el hecho de que Herzner estuviese en todas las pomadas demuestra que los nazis confiaban en él. Pero ese pensamiento no es sino una consecuencia de la errónea concepción de las cosas que demuestra todo aquél que utiliza expresiones como el ejército nazi. Herzner estaba encuadrado en la Abwehr, y la Abwehr estaba al mando del almirante Canaris, él mismo un conspirador contra Hitler. Es perfectamente planteable que los jefes de la inteligencia militar protegiesen, por así decirlo, a un elemento que los nazis sospechaban no les era muy afecto. Pero también es posible que con el tema ucranio se saltase una tecla.

Los hechos son que Herzner fue gravemente herido en el verano de 1942 y transferido al Instituto Médico de Hohenlychen para su recuperación. Hohenlychen era un establecimiento ortopédico que estaba a un tiro de piedra del tristemente famoso campo de concentración femenino de Ravensbrück. Allí, Herzner fue inmovilizado durante dos semanas en escayola, tras de lo cual le fue retirada y pudo moverse. Al quinto día tras esa retirada, fue llevado a unas canoas de rafting en el lago Zenn. Teóricamente, el ejercicio era parte de su recuperación. Pero es muy probable que no estuviese en condiciones de llevarlo a cabo. De hecho, según el testimonio de un oficial presente, sólo podía sujetarse en canoa usando una mano. Acabó por caer de la embarcación. Para colmo, se adujo que su desaparición no había sido advertida en un primer momento. Comenzaron tarde a buscarlo y tardaron nada menos que 20 horas en encontrar su cuerpo en unas aguas cuya profundidad máxima era de siete metros. Todo esto ocurrió el 3 de septiembre de 1942.

El padre del teniente, Richard Herzner, que era arquitecto, no se mostró nada convencido por las explicaciones dadas por las autoridades, e inició una valiente lucha contra las mismas. El 3 de noviembre le escribió una carta al coronel doctor Siegfried Handloser, jefe de los servicios sanitarios de las Fuerzas Armadas. En dicha carta, acusaba a las autoridades médicas de Hohenlychen de graves negligencias en el caso de su hijo, y se preguntaba cómo era posible que una persona que estaba tan mal físicamente como su hijo podía haber sido adscrita a un ejercicio como aquél sin siquiera haberle asegurado a la barca por un arnés de seguridad o dispositivo parecido.

La verdad es que Herrn Herzner tenía elementos de sobra para agarrarse a la hora de reclamar por negligencia. Sin ir más lejos, el hospital había hecho público un comunicado sobre el suceso en el que había informado que la muerte del teniente se había producido por "ahogamiento mientras nadaba". ¿Nadando, un tipo que cinco días antes estaba en una cama convertido en una momia de escayola?

El 15 de marzo de 1943, el doctor Handloser respondió al padre de Herzner. Decía en su carta que había hecho una investigación de la que se deducía, sin género de duda, que la muerte había sido un accidente. Añadía que la causa real del fallecimiento no podía ser adverada, puesto que no se había autorizado una autopsia. Y añadía: "el tratamiento mediante nado fue personalmente adscrito por el profesor Karl Gebhardt, quien puso al más experimentado fisioterapeuta a cargo de su realización". Añadía que Herzner había sido examinado antes de comenzar el ejercicio, y que tras caer de la canoa la búsqueda había comenzado inmediatamente.

Richard Herzner contestó una semana después. Había hecho los deberes. Le recordaba al doctor Handloser que, en realidad, había un solo testigo de los hechos, un oficial compañero de su hijo, quien lo había visto caer al agua, pero que no avisó en el momento porque, aparentemente, realizar trayectos de buceo era parte del tratamiento. Seguía, pues, reclamando una corrección en el certificado de defunción (que decía simplemente: "ahogado en el lago Zenn"). El 22 de abril, recibió la notificación de que dicho apunte en el registro había sido finalmente modificado. Ahora decía que Herzner había muerto "mediante ahogamiento en el curso de un tratamiento natatorio".

Aquí terminó la presión del padre de Herzner. Lo que buscaba ya lo tenía, esto es: la asunción oficial de que su hijo había muerto durante un tratamiento que se le había llevado a cabo para curarse de unas heridas que se le habían producido al servicio de su país; lo cual supongo que le haría acreedor de algún tipo de pensión, que es lo que lógicamente buscaba. Pero para nosotros, 70 años después, el tema tiene otras derivadas.

¿Fue asesinado el teniente Hans Albrecht Herzner?

El móvil de posible asesinato es múltiple. En realidad, hay tres. En primer lugar, Herzner había intentado matar a Hitler en el 38, cosa que tal vez la Gestapo acabó por descubrir. En segundo lugar, conocía la primera acción de guerra alemana, y la podía referir. Y, en tercer lugar, conocía también las acciones de la unidad Nachtigall, así como las barbaridades cometidas por los Einsatzgruppen en Ucrania, y muy posiblemente simpatizaba con la causa nacionalista ucrania, que a Hitler le sobraba.

El arma y la oportunidad bien pudieron facilitarla los médicos que lo trataban que, como sabemos ahora, no eran trigo limpio precisamente. El doctor Handloser fue imputado por crímenes de guerra y contra la Humanidad en Nuremberg. El 20 de agosto de 1947 fue encontrado culpable y sentenciado a cadena perpetua, donde murió el 3 de julio de 1954.

Por lo que se refiere al terapeuta que prescribió el tratamiento de Herzner, doctor Karl Gebhardt, además de jefe médico del sanatorio donde estaba el teniente era el principal consultor clínico de la organización médica de la SS, presidente de la Cruz Roja del Reich y, también, uno de los médicos de Heinrich Himmler. También acabó en el banquillo de Nuremberg, donde fue condenado a muerte el 20 de agosto de 1947, y ejecutado en Landsberg. Uno de los adjuntos de Gebhardt, el doctor Kurt Heissmeyer, se dedicaba a investigar formas de muerte que, en las autopsias, pudieran pasar por fallecimientos por causa natural.

El III Reich, pues, pudo tener tanto motivo como arma y oportunidad para asesinar al teniente Herzner. Pero no podemos saber con exactitud si fue así. Éste es uno más de los muchos misterios de la segunda guerra mundial.