miércoles, septiembre 09, 2026

Restauración (5): Francia, siempre Francia

 




 


El huevo Káiser
Las veleidades del serranismo
El príncipe se pone burro en Viena
Los Borbones parias
Francia, siempre Francia
La varienta inglesa
Enredados en la sotana
Manifiesto y grito
La reconciliación con el monspensierismo
El convenio de Cannes, y su fracaso
La alternativa carlista
La Gorda como problema
Un imbécil destapa la Gürtel de la reina
Las tribulaciones económicas de la no-Corona
De Salamanca a Cuba
El enigma Serrano
La monarquía española, en riesgo de olvido
La solución, militar, por supuesto 



La Francia pos Sedán estaba gobernada por un Ejecutivo formado por antiguos regalistas y republicanos moderados, que habían ganado las elecciones convocadas más o menos por orden de Bismarck, que era el hombre que verdaderamente mandaba en el país. En esto, sin embargo, el astuto canciller alemán, que tan fino se mostró en su capacidad analítica en otras cosas, se fijó únicamente en el trazo grueso del tema: que Francia tuviese un gobierno legitimado por las urnas. Le costó, sin embargo, entender hasta qué punto el país estaba dividido.

martes, septiembre 08, 2026

Restauración (4): Los Borbones parias




 


El huevo Káiser
Las veleidades del serranismo
El príncipe se pone burro en Viena
Los Borbones parias
Francia, siempre Francia
La varienta inglesa
Enredados en la sotana
Manifiesto y grito
La reconciliación con el monspensierismo
El convenio de Cannes, y su fracaso
La alternativa carlista
La Gorda como problema
Un imbécil destapa la Gürtel de la reina
Las tribulaciones económicas de la no-Corona
De Salamanca a Cuba
El enigma Serrano
La monarquía española, en riesgo de olvido
La solución, militar, por supuesto 



Como ya os he dicho, el austríaco era un imperio de capa caída, y su geminación magiar no mejoró las cosas. El Imperio, como maquinaria económica, carburaba cada vez menos, puesto que para mucho capital centroeuropeo, cada vez más Alemania resultaba mucho más atractiva y rentable. Al Imperio le acabó pasando lo que a veces pasa (véase España 1992): que el año diseñado para ser el cénit del triunfo nacional, el año de la Exposición Universal, sea, sin embargo, el año que te das, que diría Antonio Recio, una hostia terrible.

lunes, septiembre 07, 2026

Restauración (3): El príncipe se pone burro en Viena




 


El huevo Káiser
Las veleidades del serranismo
El príncipe se pone burro en Viena
Los Borbones parias
Francia, siempre Francia
La varienta inglesa
Enredados en la sotana
Manifiesto y grito
La reconciliación con el monspensierismo
El convenio de Cannes, y su fracaso
La alternativa carlista
La Gorda como problema
Un imbécil destapa la Gürtel de la reina
Las tribulaciones económicas de la no-Corona
De Salamanca a Cuba
El enigma Serrano
La monarquía española, en riesgo de olvido
La solución, militar, por supuesto


 


En aquel entorno cebado por el general Serrano para que la pregunta de quién podría ser el nuevo rey de una monarquía española restaurada quedase permanentemente en paso, los que se sentían como principales candidatos a dicha candidatura, sin embargo, estaban en situación de debilidad. Los borbónicos (cuya primera victoria de opinión pública es que todo el mundo, historiadores e historiatrices incluidos, los llame alfonsinos) tenían un candidato muy poco potente. El hombre que debía racionalizar el avispero español, cerrar heridas y promover una especie de Era Meiji castiza, apenas tenía pelos en los cojones y gastaba el típico rostro de atontolinao que provee la genética leonorita. En un entorno en el que los que aceptaban que el experimento republicano había sido un puto programa de Carlos Latre, éstos también tenían, mayoritariamente, la sensación de que lo que necesitaba España era un rey Chuck Norris. Por ello, las diferencias entre Alfonsitín y Federico Carlos se hacían evidentes. Cánovas y su gente tenían un problema de candidato; y no podían cambiarlo porque la otra alternativa: la Gorda, era totalmente inplanteable. Incluso borbónicos convencidos como el general Concha dudaban de Alfonso por estar demasiado verde.