En diciembre de aquel año, Delbos regresó de su viaje por la
Europa de Este y, unos pocos días después, compareció ante la
comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional. En unas
pocas semanas, el espíritu del ministro francés había cambiado
radicalmente. En noviembre se había mostrado, como hemos explicado,
totalmente implicado en la garantía de la independencia austríaca.
Esta vez, sin embargo, declamó, con una voz monocorde, como si fuese
la voz de un robot telefónico de atención al cliente, que en
Varsovia el coronel Beck le había dicho que no albergaba ningún
tipo de esperanza sobre el futuro de Austria. El coronel polaco decía
estar convencido de que la Anschluss era un hecho que ya nadie podría
parar y, de hecho, apostaba por la primavera de 1938 para su
producción.
viernes, junio 27, 2014
martes, junio 24, 2014
El hombre que sabía hacer bien las cosas (15)
Entre 1960 y 1963, aunque en ese momento no se supiese, Nikita Kruschev
estuvo varias veces a punto de ser echado del poder en la URSS. Lo cual quiere
decir que aquéllos que habían medrado a sus pechos y le eran teóricamente
fieles, como Leónidas Breznev, estaban también en el punto de mira.
viernes, junio 20, 2014
El hombre que sabía hacer bien las cosas (14)
En relativamente poco tiempo, Nikita Kruscher perdió pie en el poder
soviético. Y esto, como acabamos de insinuar, tiene razones muy precisas.
miércoles, junio 18, 2014
Anschluss (9: Aquel año 37.2)
Tras una visita de lord Halifax a Berlín, el año 1937 comenzó a dar
sus últimas boqueadas en medio de una sensación generalizada en el continente
de que Hitler había decidido ya terminar con los temas austríaco y
checoslovaco, a cambio de lo cual había ofrecido a Inglaterra aparcar la
cuestión colonial, y a Francia renovar las declaraciones formales de paz. Los
hombres del gobierno nacionalsocialista hicieron llegar con claridad al
Ejecutivo francés su reivindicación de que una paz duradera sólo sería posible
si Francia permanecía detrás de la Línea Maginot y, consecuentemente, renunciaba a
tener una política activa en Europa Central.
lunes, junio 16, 2014
Anschluss (8: aquel año 37.1)
En noviembre de 1937, el Partido Radical francés celebró su congreso y
en él su miembro, y ministro de Asuntos Exteriores, Yvon Delbos, hizo su famosa
declaración afirmando que Francia cumpliría sus compromisos respecto de Checoslovaquia.
Aquel congreso, de alguna manera, clavó el penúltimo clavo en el ataúd donde
fue enterrada la intervención en favor de la República por parte de las
potencias democráticas. Quedaba prístinamente claro para todo el mundo lo que
ya lo era para cualquier persona medianamente informada desde el mismo día que
se había firmado el pacto germanoaustríaco: lo que realmente importaba en las
cancillerías europeas era el Este de Europa, y a esto era a lo que estaban
dispuestos a dedicar sus esfuerzos, entre otras cosas porque era la última
ocasión que les quedaba para hacer de Mussolini un líder alejado del nazismo.
Días después del congreso, el propio ministerio francés le aclaró al
gobierno austríaco, que para ello había hecho las oportunas consultas, que su
planteamiento era honrar sus compromisos con Checoslovaquia cualquiera que
fuese la forma de la agresión que sufriese el país. Con estas ideas en la
cabeza, Guido Schmidt, en su calidad de responsable de los asuntos extranjeros,
escribió en diciembre una carta a Göring, que había sido demanda por éste,
tomando posición en el tema de la posible invasión de Checoslovaquia con ayuda
de los austríacos. La respuesta fue: no. Y, con casi total seguridad, cuando
Göring se presentó en el despacho de su jefe con aquella cara, Hitler decidió
invadir Austria algún día.
viernes, junio 13, 2014
Anschluss (7): ¿Por qué no invadir Checoslovaquia?
Releo las notas ya escritas en tomas pasadas de esta serie, querido
lector, y, la verdad, no estoy nada seguro de estar transmitiéndote con eficiencia
la importancia que jugó en la Anschluss la persona de Guido Schmidt. En
cuestiones de relaciones exteriores, y muy especialmente en cuestiones de
relaciones con Berlín, el canciller Kurt von Schuschnigg fue, siempre, un reo
de Schmidt, que primero fue quien sabía, después fue quien además tenía los contactos,
para acabar siendo quien, en realidad, sabía lo que estaba pasando.
miércoles, junio 11, 2014
Anschluss (6): Informes, porqués, y cambios de opiniones
En enero de 1937, el canciller Kurt von Schuschnigg recibió el primer
informe serio que le colocó en la convicción de que Hitler no se iba a parar en
el acuerdo de julio de 1936. Se trataba de un memorando de la industria westfalo-renania;
un informe que, por otra parte, tanto Schacht como Von Papen habían conocido
antes de ser enviado a Viena (así estaba el tema).
lunes, junio 09, 2014
Anschluss (5): debilidad
Tras aquel acuerdo, el denominado Comité de los Siete se establece en
el centro de Viena, en un inmueble de la Teinfalstrasse. No se puede decir que
los nazis austríacos se escondan. En su sede, todos portan libremente el
uniforme pardo del partido nacionalsocialista y, muy cerca de la misma, en una
trastienda de la Helferstorferstrasse, establecen un verdadero comité ejecutivo
del NSDAP alemán del que forman parte nazis destacados como los doctores Jury y
Menghin, In de Mauer, el ex presiente del Senado Manlicher; un tipo llamado
Wolfsegger que era Gauleiter de Carintia; un ingeniero llamado Erich
Kaltenbrunner, paisano de Hitler, jefe de las SS local; y un viejo oficial del
ejército, el mayor Jäger, que organiza tanto las SA como las SS en Austria, por
segunda vez tras las que existieron antes de 1934. En la Teinfalstrasse se
instaló una imprenta, de la que salía el Österreichische
Beobachter, órgano oficial del partido.
martes, junio 03, 2014
Un rey irresponsable
Históricamente hablando, la dinastía Borbón ha adolecido de dos grandes defectos. El primero de ellos ha sido la distancia. El segundo de ellos ha sido la escasa, en ocasiones, nula capacidad de comprender el paso del tiempo. Ambos errores son de raíz francesa, pues los capetos, de los cuales los Borbón son una copia en papel carbón, ya estaban bien definidos por estas dos características; y sus alternativas (los propios borbones, los Orleans, los napoleones) no les fueron a la zaga. El concepto francés de monarquía, centralista e inmanente, se adaptó como un guante a periodos en la vida de las sociedades humanas que pasaron hace mucho tiempo. Desde entonces, los reyes y príncipes procedentes de este tronco, de ese ADN dinástico, son como gordos mórbidos que se ven obligados a ponerse todos los días una faja con las medidas de Shakira.
lunes, junio 02, 2014
El hombre que sabía hacer bien las cosas (13)
Digámoslo claro: de todos los líderes que tuvo la Unión Soviética, con la
única excepción de Mijail Gorvachov que es, por muchas razones, especial,
Leónidas Breznev es el único que fue consciente de las oportunidades que la
modernidad le ofrecía para realzar su liderazgo y salir del pozo en el que
había caído por segunda vez.
viernes, mayo 30, 2014
El hombre que sabía hacer buen las cosas (12)
La ascensión de Breznev a la sombra de Kruschev fue semiautomática. En
1958, fue nombrado vicepresidente de la oficina del Partido encargada de la
Federación Rusa. Un cargo que merece una explicación. Al contrario que el resto
de repúblicas soviéticas, Rusia no tenía en la URSS un partido propio. La
expresión «Partido Comunista Ruso», por lo tanto, no tiene demasiado sentido
desde un punto de vista formal. Los temas de afección a la Federación Rusa se
ventilaban en una oficina especial encuadrada en el secretariado del PCUS, y
allí fue donde Breznev fue designado número dos. Esto le dio un gran poder a la
hora, sobre todo, de repartir canonjías.
De hecho, los miembros de la Mafia del Dnieper y otros amigos de Leónidas
comenzaron a prosperar. Georgy Yenyutin, que lo había sucedido al frente del
distrito de Zaporozhe, fue nombrado presidente de una nueva Comisión de Control
Soviética creada dentro del consejo de ministros. Asimismo, Konstantin
Chernenko se integró en el aparato del Comité Central. Georgy Tsukanov fue
directamente nombrado como asesor del propio Breznev, mientras Pavel Alferov
era promovido como miembro de la Comisión de Control del Partido.
En abril de 1959, Leónidas Breznev recibió el honor, verdaderamente muy
poco habitual, de ser la persona que intervendría en la celebración anual de la
onomástica de Lenin, en el Bolshoi. De forma poco sospechosa, su discurso, de
unas dos horas de duración, se dedicó a cantar las alabanzas de la persona de Nikita
Kruschev (que ni siquiera se molestó en ir, por cierto). Breznev, por cierto,
tampoco olvidó a Stalin, en cuya defensa cerrada salió en su discurso,
adjudicándole la creación de la sociedad socialista, y destacando su labor en
la lucha contra los agentes interiores del partido, trotskistas, bujarinistas y
zinozievistas. Tres años después del famoso discurso secreto de Kruschev,
Breznev dejaba claro hasta qué punto seguía creyendo en la dialéctica creada
por el estalinismo.
Tres meses después se produjo el primer encuentro entre Breznev y Richard
Nixon. Las cosas parecían irle muy bien, aunque a finales de aquel año tuvo que
irse a toda prisa a Alma Ata, porque los temas de Kazajstán habían comenzado a
ir como el culo.
Breznev había elegido personalmente a Iván Yakolev como su sucesor como
secretario general del Partido Comunista de Kazajstán, quien, en 1957, había
respondido a tanta confianza con un pequeño descenso, del 75% en la cosecha.
Consecuentemente, Kruschev lo purgó en diciembre de aquel año y lo sustituyó
por su primer asesor en temas agrícolas, Nikolai Belyayev. Belyayev era miembro
del Presidium, lo cual da una buena medida de la importancia que el líder
soviético concedió a la necesidad de arreglar las cosas en Kazajstán. La
primera cosecha de Belyayev, 1958, fue buena; pero la siguiente fue un
desastre. En enero de 1960, Breznev viajó a Alma Ata, cesó a Belyayev, y nombró
a un amigo suyo, el hasta entonces primer ministro Dinmohamed Kunayev.
El gesto de Breznev de tomar cartas directas en el asunto se interpretó muy
rápidamente como el signo de que había decidido librar la batalla para ser el número
dos de la URSS, detrás de Kruschev. Puesto en el que tenía que enfrentarse con
Andrei Kirichenko, que había sido líder del partido comunista ucraniano hasta
1957, año en el que su compatriota lo llamó a Moscú y lo hizo miembro del
Presidium y secretario del Comité Central. Sin embargo, en enero de 1960,
coincidiendo con el viaje de Breznev, había sido despedido, y enviado como
secretario del partido en el oscuro distrito de Rostov-on-Don.
Parece ser, aunque es muy difícil de saber, que Kirichenko se había
buscado, con unas maneras que tenía un tanto dictadoras y displicentes, muchos
enemigos en la cúpula soviética, y muy especialmente Anastas Mikoyan. Sea como
sea, la caída de Kirichenko dejó bien libre el espacio para Breznev.
Pero, en realidad, el año 1960 acabaría relevándose como una auténtica
putada para él.
En mayo de 1960, Breznev pareció alcanzar la cumbre de su carrera, si las
cosas se leen con ojos occidentales. En efecto, con dicha fecha fue nombrado
sucesor de Yakov Sverdlov, Mijail Kalinin, Nikolai Shvernik y Kliment
Voroshilov como jefe del Estadol soviético o Presidente de la URSS.
Leónidas Breznev era, pues, el jefe del Estado. Pero eso, en la URSS,
apenas significaba nada. En un sistema político donde el Partido era mucho más
importante que el gobierno, el presidente de la URSS era poco más que una
figura cosmética que no servía para nada. Juzgue el lector, sin ir más lejos,
cuánta gente puede recitar, casi sin errores, la lista de los líderes del
Partido Comunista de la URSS desde Lenin hasta Gorvachov, y cuántos habían
siquiera oído hablar de los antecitados como presidentes de la Unión.
Aquella elección era una putada para Leónidas. Un paso atrás, un gran paso
atrás. Pero, entonces… ¿qué había pasado?
Aquel año de 1960, un avión espía U2 estadounidense, pilotado por Gary
Powers, había sido derribado cerca de Sverdlovsk. Todo el escándalo que supuso
aquel suceso acabó, rápidamente, en volverse contra Kruschev y, por simpatía,
contra Breznev.
Desde septiembre de 1959, en la prensa soviética, lo cual quiere decir en
sus centros de poder, se podía adivinar una cierta tendencia crítica hacia la
política de Kruschev hacia Occidente. En aquel mes, el líder soviético había
visitado EEUU y había tenido las cordiales y famosas conversaciones de Camp
David con el presidente Eisenhower. Los comunistas acérrimos y grupos de las
fuerzas armadas soviéticas se aliaron rápidamente en contra de estas tentativas
de entendimiento. Mijail Suslov y Frol Kozlov eran los dos arietes de esa
oposición, que había forzado no pocos gestos de endurecimiento de las
posiciones soviéticas. El derribo del U2 no hizo sino llevar este debate a una
temperatura mucho más elevada que en el pasado.
Kruschev había basado su estrategia en política exterior en el principio
general de que los estadounidenses eran de fiar. Obviamente, para su oposición
el incidente del U2 demostraba exactamente lo contrario, y más todavía cuando
Eisenhower, presionado por los hechos, acabó por reconocer que había ordenado
personalmente espiar a la Unión Soviética.
El 4 de mayo, apenas tres días después del derribo, había reunión del
Comité Central, y en la misma Kruschev tuvo la oportunidad de comprobar hasta
qué punto las cosas se le habían complicado. Todas las propuestas de calado que
se presentaron en la reunión estaban encaminadas a mitigar el poder del
secretario general. El secretariado del Comité fue reducido en su tamaño y
colocado bajo el control de Frol Kozlov. Y, además, tres personas no
especialmente ligadas a Kruschev fueron elevadas al Presidium: Aleksei Kosigyn,
nombrado también primer viceprimer ministro; Nikolai Podgorny; y Dimitri
Poliansky. Anastas Mikoyan, el gran apoyo de Kruschev, fue severamente
derrotado. Y a Breznev le dieron la patada hacia arriba, haciéndole presidente
de la Unión.
Breznev luchó como gato panza arriba. El 6 de mayoi, el Soviet Supremo
confirmó su nombramiento, aunque aun seguía siendo miembro del secretariado del
Partido. Del 11 al 14 de dicho mes, se celebraba en el Kremlin una gran
conferencia de contenido político dirigida a los militares. La conferencia
estaba dirigida por el ministro de Defensa, mariscal Rodion Malinovsky, y el
jefe del comisariado político, general F. Golikov. Pero lo realmente importante
es que de los tres ponentes civiles (Suslov, Nikolai Ignatov, otro kruschevista
caído en desgracia, y Breznev), el tercero fue el único que habló. Detalle con
el que Leónidas consiguió escenificar el apoyo que recibía del Ejército; apoyo
que, como sabemos, se había trabajado duramente a lo largo de aquellos años.
Hizo lo que pudo. Pero, aun así, en julio, Leónidas Illich Breznev dejó de
ser miembro del secretariado del Partido Comunista de la Unión Soviética. Otra
vez en la mierda.
Jamás un presidente de la URSS había logrado regresar a la primera línea de
la política tras haber sido nombrado. Jamás, claro, hasta que llegó Breznev.
jueves, mayo 29, 2014
Un kilo
He sido yo mismo, según el Google Analytics.
Hace tres minutos, se ha producido la visita 1.000.000 a este blog.
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miércoles, mayo 28, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (11)
La pregunta de si el Plan de las Tierras Vírgenes fue una gran idea o una
cagada permanecerá siempre en la agenda de debate de los fiquis sovietólogos.
Mi friquiopinión es que Breznev, en parte por suerte y tal vez en parte por su
bien entrenado ojo agrícola, saltó de Kazajstán en el momento adecuado. Yo no
sé gran cosa de agricultura; de hecho, si por mi fuera no habría por mi casa ni
una sola de las plantas de interior que riega mi costilla. Pero, aun así, tengo
leído que plantar, plantar y plantar todo el suelo disponible, todos los años,
es muy mala estrategia a la larga, porque el suelo se erosiona, se agosta y
produce menos. A partir de 1958, la cosecha kazaja comenzó a decaer, sobre todo
en términos medios de producción por hectárea. Pero eso ya no era
responsabilidad de Leo.
lunes, mayo 26, 2014
Anschluss (4: el Grupo de Leopoldo)
La prensa austríaca del 12 de julio destacaba unánimemente,
tras haber sido adecuadamente «trabajada» por la Cancillería, que el acuerdo
suponía que el movimiento nacionalsocialista ilegal de Austria estaba
condenado. En un efecto parecido al que podría haber introducido en el bando
republicano de la guerra civil española el pacto Molotov-Ribentropp de haber
continuado la guerra entonces, la prensa austríaca se jactaba del hecho de que,
manteniendo planes insurreccionales contra el Estado, el nacionalsocialismo
local no sólo se convertía en un traidor a su país, sino al propio Hitler. Esta
interpretación de la opinión publicada era incluso más ciegamente optimista
entre las elites gobernantes, que de hecho estaban convencidas de que el
nacionalsocialismo alpino, tras el acuerdo, se despoblaría.
viernes, mayo 23, 2014
Por qué me meto contigo
En el hilo de comentarios del último post que he escrito, un amable lector (asiduo, por el contenido de su crítica) me afeaba la conducta de «meterme siempre con los de menos de 30 años». Ya tuvo una respuesta por mi parte, escueta que, por lo tanto, no parece mía (porque yo la última vez que fui escueto fue el día que le expliqué a mi primera novia qué quería hacer esa tarde). Es obvio que no me pude quedar contento con las dos o tres líneas que le dediqué, así pues me fueron rodando algunas ideas en la cabeza que espero destilar aquí, en este post-aftermath sobre la cuestión de la educación y por qué «me meto» tanto con los que la la han recibido en los últimos diez o veinte años.
martes, mayo 20, 2014
Padres, maestros y tuits: ¡Es la educación, estúpidos!
Anda el mundo hispano muy revuelto con el tema de la criminalidad de palabra en las redes sociales. Lo que parece haberlo disparado todo ha sido la cascada de comentarios provocada por el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, pero la cosa viene de antiguo. Hoy mismo he visto la noticia de que un dirigente de Nuevas Generaciones del PP ha amenazado de muerte al diputado gatoclarinete Alberto Garzón; y, al tiempo, un amigo mío, gallego, me ha informado de que incluso el accidente del tren de Angrois provocó ya algunos tuits despectivos hacia los muertos por su condición galaica. Aquí mismo se puede comprobar el tipo de apelaciones que tiene que soportar en Twitter la periodista Ana Pastor. Y qué decir de cuando la delegada del Gobierno en Madrid se arreó el toñazo en la moto...
lunes, mayo 19, 2014
Anschluss (3: el acuerdo)
Los primeros contactos entre Von Papen y Von Schuschnigg
habían comenzado, realmente, apenas un poco antes del famoso concierto en el
que se sacó por primera vez la idea de un pacto sólido entre ambas naciones. En
realidad, Von Papen conoció al canciller austríaco el 1 de mayo de 1935,
durante la fiesta de la Constitución. Viejo y hábil diplomático, Papen supo excitar,
a un tiempo, el germanismo de Von Schuschnigg y sus enormes ganas de deshacer
su pacto de gobierno con el príncipe Starhemberg.
jueves, mayo 15, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (10)
El joven y prometedor burócrata comunista Leónidas Breznev heredó una
tierra teóricamente independiente situada donde Cristo perdió la tarjeta
sanitaria de la Comunidad de Madrid y que puede considerarse un buen ejemplo
del tipo de panachés humanos creados por el estalinismo. Porque uno podrá
pensar que Kazajstán estaba formada de kazajos. Error. En realidad, aquella
república, además de por locales, estaba poblada, en bastante proporción, por
alemanes residentes en las riberas de Volga que habían sido desterrados allí
durante la segunda guerra mundial, chechenos (ésos que luego volvieron a casa
para poner bombas), polacos, e incluso descendientes de los ucranianos que
utilizara el zar en el siglo XIX para colonizar aquellas tierras, y que todavía
se sentían ucranianos en mayor medida de que kazajos. Por no citar las miles y
miles de personas de otros variados destinos que habían sido deportados, ellos
o sus familias, por la policía zarista, o por la comunista.
lunes, mayo 12, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (9)
El imperio dictatorial de Iosif Stalin desapareció dejando tres herederos,
cada uno de ellos poseedor de uno de los tres pilares de la URSS: Kruschev
controlaba el partido, Beria la policía, y Malenkov la maquinaria estatal.
Beria fue, de los tres, el que estuvo menos ágil y más torpón. Da la
impresión de que al georgiano, que probablemente temía ser purgado por Stalin,
le bastó con la muerte de aquél a quien consideraba el origen de todos los
peligros contra su persona; y, consecuentemente, no se dio cuenta de que había una
lucha por el poder que realizar, una lucha en la que sus dos contrincantes no
tardaron en aliarse.
viernes, mayo 09, 2014
miércoles, mayo 07, 2014
Anchluss (2: por qué Von Schusschnigg llegó a creerse sus propios lereles)
El año 1936, que tan resonantes recuerdos nos presenta a los
españoles, fue también muy importante para Austria. Los primeros tres o cuatro primeros meses de esta anualidad marcan el punto en el cual el conservadurismo en el poder en Austria, nominalmente en el marco de un sistema democrático parlamentario pero en la realidad en un sistema semiautoritario, llega a la conclusión de que puede llegar a un pacto con Hitler que le permita preservar su identidad. dos factores fundamentales colaboraron para construir esta errónea convicción. Los siguientes párrafos están destinados a apuntarlos.
lunes, mayo 05, 2014
Anchluss (1: aquel concierto de la Filarmónica)
En el otoño de 1935, mientras los gobiernos españoles de
derechas naufragaban bajo el peso de los escándalos y la huida hacia adelante
del tándem Alcalá Zamora-Portela, un canciller volvía al trabajo. Se trataba de
Kurt von Shuschnigg, primer mandatario austríaco, que había pasado las semanas
anteriores confinado y como alelado.
lunes, abril 28, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (8)
Iosif Stalin murió, oficiamente, hablando, un poquito más tarde de las 10
de la noche del día 5 de marzo de 1953. Si no fue una circunstancia
plantificada y ejecutada, que esto es algo difícil de establecer, entonces fue
algo bastante sorprendente para todos los hombres del poder soviético, muchos de los
cuales no es que esperaran la muerte de su jefe, sino que más bien temían la
suya propia a manos de él.
viernes, abril 25, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (7)
Verdaderamente, hablar en un congreso del PCUS era una gran
cosa. Pero también era un encargo amenazante.
En 1952, cuando Leónidas Breznev estaba en su momento dulce
en Moldavia, Iosif Stalin estaba bastante cerca de su muerte, aunque esto es
algo que no sabía nadie, salvo él, si tuvo controles médicos y esas cosas; y,
por supuesto, si es que se lo cargó alguien, ese alguien.
miércoles, abril 23, 2014
Mis libros: de cómo le encendimos el pelo a los gabachos
En el día del libro, se me ha ocurrido poner este post con fotos de alguno de los libros que he ido atesorando en mi vida de crápula buquinista.
Éste que os coloco hoy es una edición Ad Maiorem Kaiseri Gloriam, de 1910, sobre la guerra francoprusiana de 1870, en la cual los teutones, al grito de ¡ya era hora, coño!, le arrearon a los gabachos más hostias que merengues hacen falta para romper una campana. Tiene todo el sabor de los libros decimonónicos y su gusto inmarcesible por el grabado.
(Quede claro que esto no debe ser interpretado en modo simbólico a unas pocas horas del Madrid-Bayern.)
Auf viedersehen.
Éste que os coloco hoy es una edición Ad Maiorem Kaiseri Gloriam, de 1910, sobre la guerra francoprusiana de 1870, en la cual los teutones, al grito de ¡ya era hora, coño!, le arrearon a los gabachos más hostias que merengues hacen falta para romper una campana. Tiene todo el sabor de los libros decimonónicos y su gusto inmarcesible por el grabado.
(Quede claro que esto no debe ser interpretado en modo simbólico a unas pocas horas del Madrid-Bayern.)
Auf viedersehen.
El hombre que sabía hacer las cosas bien (6)
El trabajito que
le dieron a Breznev en Moldavia no era ninguna panacea. Porque Moldavía
presentaba el problema de ser, en el seno de la URSS, una especie de
entelequia. Se trataba de una de las repúblicas soviéticas más pequeñas, con
una identidad más que discutible, hasta el punto que su pertenencia a la
URSS, si hacemos abstracción del argumento estalinista o te unes o te fostio, que es el que realmente imperaba, no se
entiende muy bien.
lunes, abril 21, 2014
Historia de la vieja escuela
1914, de Margaret MacMillan, no sólo es el mejor libro que sobre la primera guerra mundial se ha publicado en este año aniversario del inicio de las hostilidades, sino que es, probablemente, el mejor libro de Historia que se ha publicado en el 2013. Así de claro. Lo es por lo menos para mí, probablemente por la forma directa y sin complejos con que converge MacMillan con mi opinión de cómo se debe de hacer Historia.
La historiografía siempre ha sido, cuando menos en mi opinión, una cueva en la que han hibernado muchos mediocres. Es muy fácil ser historiador y esconder la estulta condición propia. Basta con realizar una de tres acciones, o las tres a la vez, o cualquiera de sus combinaciones. Los tres elementos que permiten al tonto contemporáneo dárselas de experto en Historia son:
Ceñirse mucho. El historiador que dedica toda su vida al estudio único de los dolores prepuciales de Luis XIV, o a la represión de la guerra civil en las cuatro calles que van de Núñez de Balboa a Ortega y Gasset en Madrid, acaba, aunque no se aplique mucho, en ser un experto. Acaba sabiendo cosas que los demás no saben sobre los sufrimientos debidos a la hipersensibilidad del bálano del rey francés, o cualquier otro tema particular, que de éstos, en la Historia, como en la vida, los hay a millares. Así, nos encontramos con que nuestro experto, en realidad, es un cabestro incapaz de distinguir a la guardia civil de una partida de tártaros de Tamerlán pero, a cambio, como sabe la hostia sobre la circulación fiduciaria en el Cádiz de 1848 durante una epidemia de golondrinos, da la impresión de maestría.
Este primer elemento tiene el problema de que si el asunto al que uno dedica sus investigaciones es una mierda que no le interesa a nadie, es probable que el investigador no pueda salir adelante como tal. Aquí entra en juego el segundo factor.
Este segundo factor es dedicarse a algo que sea de interés político. Normalmente, los departamentos universitarios tienen muy buen olfato para estas cosas; además, el Estado de las Autonomías ha acabado por teñir la intelectualidad académica española de un localismo aldeanista que hace bastante fácil nadar a favor de esta corriente subvencionadora. Al calor del dinero público, aquel Maestro Ciruela, que no sabía escribir y puso escuela, puede llegar a publicar docenas de libros y ser ponente habitual de esos simposios cuyos coffee break pagamos todos.
El tercer elemento, que es el que nos interesa a efectos de esta recensión, es mutar la Historia en una especie de cóctel de saberes a medio camino entre la sociología y la economía. Hace algunas décadas, para sostener esta forma de ver las cosas había que ser marxista, porque fue el marxismo el que introdujo la interpretación de que la Historia no es sino la dinámica de la lucha de clases; pero, la verdad, hoy ya ni siquiera es necesario tener ideología para creer en esto. Para el historiador mediocre, basta con tener fe en la idea de que los protagonistas de la Historia son las dinámicas socioeconómicas. A partir de ahí, sus investigaciones se harán mucho más fáciles porque, como sabe cualquier economista y cualquier sociólogo, una serie de datos ordenados en una tabla sirve lo mismo para demostrar que la guerra civil española la provocaron las derechas, que las izquierdas, o incluso los romulianos del doctor Spock.
Hay, sí, una Historia de la vieja escuela que, sin negar que las sociedades, sus percepciones, sus elementos culturales e ideológicos, y el modo en que los hechos económicos los hacen evolucionar, son protagonistas de la Historia, ésta no se acaba ahí. Ésta es la Historia de la vieja escuela, la Historia de los hombres y de los nombres, de los hechos, incluso de las ucronías contrafactuales, tendentes a introducir en nuestras cabezas una idea que es herética a los ojos de los historiadores mediocres y sus libros fatalistas: la idea de que las cosas pudieron ser de otra manera.
Todo el mundo sabe que la primera guerra mundial estalló cuando los serbios se cargaron al heredero de la corona dual austro-húngara, Francisco Fernando. Pero, en realidad, y esto es algo que las 800 páginas de MacMillan describen puntillosamente, esto es una convención de la misma naturaleza que ésa que dice que la Edad Media terminó en 1453. La entrada de los turcos en Constantinopla, se dice, acabó con el Medievo; y no deja de tener gracia que se diga eso, cuando, en realidad, lo que los bizantinos recordarían por mucho tiempo como algo fatal, y que de hecho fue mucho más cruel, fue la razzia de los europeos caminos de las cruzadas, algunos años antes. O sea, siempre han pasado cosas, siempre han ocurrido cosas, antes de lo que señalamos en la convención, que han sido incluso más importantes que el hecho que inocentemente consideramos como el fulminante de todo.
La primera guerra mundial pudo estallar varias veces antes del mentado asesinato. Muy específicamente, cuando Austria-Hungría se anexionó Bosnia, acción que equivalió a meter un bastón cargado de electricidad en un avispero; tras el órdago a juego del káiser alemán en Marruecos con su visita a Tánger; o en el curso de las dos guerras balcánicas previas a la propia guerra global. La médula espinal del belicismo europeo de aquella época, esto es la carrera armamentista naval entre Alemania y Gran Bretaña, llevaba desarrollándose casi dos décadas en 1914 y, a pesar de conversaciones y correveidiles, sus dos protagonistas no habían conseguido solucionarla.
El proceso de generación de las hostilidades, pues, es un proceso muy lento, de varias décadas, durante el cual las sociedades europeas van a abrazando la idea de darse de hostias. Dos de los contendientes, Austria-Hungría y Rusia, probablemente no tenían más remedio que ir a la guerra por razón de las muy complejas circunstancias en las que se encontraban; y trabajaban para ella porque tenían la sensación de que dilatar el estallido en el tiempo les jugaba en contra.
Pero lo realmente importante del libro de MacMillan es su afirmación, que repite en varios puntos del texto, de que sorprende mucho comprobar cómo un proceso que embarcó en un titilimundi de muerte a Europa entera e incluso a los EEUU, fue, en realidad, un proceso gestionado y decidido por un número muy escaso de seres humanos; no más allá de cincuenta. Es en este punto en el que el análisis de MacMillan abraza la vieja escuela historiográfica que concede a las personas la importancia que en sí tienen. Alabado sea Dios.
Porque la primera guerra mundial no es el choque de las placas tectónicas sociales de una serie de nacionalidades y clases sociales que entran en conflicto. No. La primera guerra mundial es el torpe error de una lista muy corta de monarcas, políticos y militares. Personas que podían haber hecho las cosas de otra manera. No sabemos con exactitud qué habría pasado si hubieran hecho las cosas de un modo distinto; pero sí sabemos que podían haberlas hechos de ese otro modo.
Que los países los gobierne gente estúpida. fútil, ambiciosa o directamente retrasada mental, tiene consecuencias. La presunta sabiduría del pueblo llano tampoco ayuda mucho, porque los pueblos, por lo general, están también surcados por arroyos de estulticia, que la demagogia, además, consigue, muy a menudo, que bajen anchurosos y preñados de caudal; como tsunamis de imbecilidad colectiva. Ésta es, en mi opinión, la gran enseñanza de la primera guerra mundial, el primer gran enfrentamiento bélico global que tenemos bien documentado; enseñanza que el libro de MacMillan transmite de forma prístina, casi sin ruido. Tal vez tenga algo que ver, dicho sea con admiración, el hecho de que la autora sea mujer, porque es muy femenino el gusto que demuestra por los detalles aparentemente nimios sobre las personas; piececitas sin importancia que, sin embargo, ensambladas todas acaban otorgando lógica a eso que llamamos decisiones de alta política.
En consecuencia, no os recomiendo; en realidad, os pido que leáis este libro. A mí, la verdad, el centenario de las narices me la pela. Lo doy por bueno si ha provocado publicaciones como ésta. Si os pido que leáis este libro es porque es un texto de plena actualidad. Si tuviese razón Engels y la Historia la hiciesen los momentos estratégicos del proletariado y la burguesía en su dialéctica histórica, cabría preguntarse para qué leches leer hoy un libro sobre 1914, si al fin y al cabo la sociedad ha cambiado, y mucho, así pues poco podremos aprender. Pero la cosa es que Fede se equivocaba. Mucho. Proletariado y burguesía podrán seguir ad calendas graecas peleándose por la puta plusvalía pero, la verdad, los hechos que luego son Historia los construyen otras cosas, y los construyen también las ambiciones, envidias, cortedades y pies forzados ideológicos de las personas que en cada momento están erguidos en los puteales del poder, tomando decisiones.
Es importante leer este libro para comprender esto. Y luego mirar a Ucrania. O a China. O
viernes, abril 11, 2014
Reflexionando
Este blog estará reflexionando sobre la muerte de Adonis durante los días por venir.
Que se pase bien.
Que se pase bien.
miércoles, abril 09, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (5)
Terminada la segunda guerra mundial, allá por agosto de
1946, para Leónidas Breznez llegaba el momento de dejarse de coñas
provincialistas y de, en consecuencia, intentar jugar la Champions League del
poder soviético en aquella URSS estalinista en la que tan complejo y peligroso
resultaba dicho juego.
lunes, abril 07, 2014
El hombre que sabía hacer bien las cosas (4)
En el verano de 1941, inmediatamente después de la invasión
alemana de la Unión Soviética, Leónidas Illych Breznev entró en
la elite del ejército de Stalin, los que ya Trotsky había llamado
los samuráis comunistas, tras ser nombrado jefe adjunto de
administración del Grupo de Ejércitos del Sur, con grado de
teniente coronel. Su jefe era Leónidas Korniets, que había sido
segundo secretario del partido en el distrito de Dnepropretovsk.
Menos de un año después, Breznev fue ascendido a coronel y nombrado
comisario político jefe del 18 Ejército, sustituyendo a otro amigo
suyo, Kirilenko, que había sido llamado a Moscú para supervisar la
producción de aviones. Al final de la guerra le llegaría el rango
de general y el nombramiento como jefe del directorio político del
IV Grupo de Ejércitos de Ucrania.
miércoles, abril 02, 2014
Una homilía
Bueno, como últimamente parece que la cosa va de homilías, he pensado que tal vez os gustaría que os copiase aquí en un post una que fue muy famosa en su momento. Se trata de la homilía pronunciada por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón muy pocos días después de la muerte del general Francisco Franco y escaso tiempo después de la proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey de España.
Tengo por mí que todo lector que tuviese menos de, digamos, 10 años, en 1975, tendrá problemas serios para captar todos los significados que portan estos párrafos. Esto es así porque dará por sabidos, esto es por normales, muchos hechos que no lo eran en el momento en que Tarancón pronunció estas palabras. La pongo, sin embargo, porque a mí de esta homilía lo que más ha gustado siempre ha sido, más que el contenido, el tono. Mi opinión particular es que la Iglesia española actual no ha perdido el contenido; básicamente, sigue defendiendo las mismas cosas que defendía Tarancón y su Biblia particular, que eran los cánones del Vaticano II. Lo que sí ha perdido ha sido el tono. La iglesia española, sea para oponerse al aborto o para mostrarse comprensiva con los crímenes etarras; sea para combatir el guerracivilismo o para denunciar la pobreza en España, ya no sabe decir las cosas como entonces las decía.
Aquí queda, pues.
Tengo por mí que todo lector que tuviese menos de, digamos, 10 años, en 1975, tendrá problemas serios para captar todos los significados que portan estos párrafos. Esto es así porque dará por sabidos, esto es por normales, muchos hechos que no lo eran en el momento en que Tarancón pronunció estas palabras. La pongo, sin embargo, porque a mí de esta homilía lo que más ha gustado siempre ha sido, más que el contenido, el tono. Mi opinión particular es que la Iglesia española actual no ha perdido el contenido; básicamente, sigue defendiendo las mismas cosas que defendía Tarancón y su Biblia particular, que eran los cánones del Vaticano II. Lo que sí ha perdido ha sido el tono. La iglesia española, sea para oponerse al aborto o para mostrarse comprensiva con los crímenes etarras; sea para combatir el guerracivilismo o para denunciar la pobreza en España, ya no sabe decir las cosas como entonces las decía.
Aquí queda, pues.
Libia (y 14)
A pesar de los muchos errores, fundamentalmente estéticos,
cometidos por el gadafismo en su nueva etapa de buen rollito internacional, al
final de la primera década del siglo XXI el régimen parecía haber conseguido
sus objetivos principales. Los informes favorables del Fondo Monetario
Internacional habían conseguido que el rubro investing in Libya reapareciese en los seminarios bursátiles, y el
país registraba una entrada bastante frecuente de nuevos inversores en su
interior. Por lo demás, cuando menos en la superficie, el elemento
revolucionario del régimen parecía no estar en cuestión. En esto, se podría
decir, Libia se parecía un poco a China: un país que mantiene sus esencias
revolucionarias mientras, al mismo tiempo, alimenta un capitalismo fácil, y sin
tensiones sociales. Olvidándonos del pequeño detalle de que afirmar que China
no tiene tensiones sociales es un tanto optimista en exceso, en el caso de
Libia no es, desde luego, tan cierto.
lunes, marzo 31, 2014
Libia (13)
En el momento de torcer la esquina del siglo, los salarios
en Libia llevaban casi veinte años congelados. Los sucesivos embargos liderados
por Estados Unidos habían terminado por ser efectivos a la hora de provocar un
colapso del régimen libio. Muamar el-Gadafi, ciertamente, adoptaba, en cada
renuncia, una retórica orgullosa: cada paso atrás en el esquema revolucionario
lo vendía como un paso evolutivo, como un cambio que la revolución se podía
permitir porque estaba ya consolidada. Nada de eso, sin embargo, era verdad. La
revolución no había conseguido construir una economía petrolera, y la práctica
totalidad de lo que el país necesitaba para pasar el día a día era importado.
jueves, marzo 27, 2014
Libia (12)
Con el tiempo Libia, a causa de su dirección basada en
comités revolucionarios que negaban al Estado y, sobre todo, los caprichos y
fobias de su primer representante, acabó cayendo en la tan inesperada como en
el fondo inevitable crisis económica. A lo largo de los años ochenta, conforme
los ingresos del petróleo fueron perdiendo suelo, y no digamos ya en los
noventa, cuando a George Bush padre la jugada de la primera guerra del Golfo le
sale, en este punto, de cine, Libia comienza a verse condenada a ver colas
interminables en las tiendas de alimentos básicos y, en general, escasez. A
ello hay que unir que la reacción de los gestores del país a estos problemas,
derivados fundamentalmente de los embargos dictados desde Washington, fue tirar
de reservas, con lo que tardaron demasiado tiempo en generar consecuencias
económicas para el país.
miércoles, marzo 26, 2014
Libia (11)
Acabamos de decir que Gadafi acabó dándose cuenta de que lo
que tenía que hacer era ser menos revolucionario de lo que había sido hasta ese
momento. Pero no hemos dicho, exactamente, que le llevase apenas un telediario
darse cuenta de eso. De hecho, su primera reacción a los bombardeos
estadounidenses, lejos de la que apuntamos, fue perseverar en el error. Libia,
después de 1986, pasó a implicarse en el apoyo del terrorismo como no lo había
hecho nunca, hasta el final de su ominosa década de los ochenta.
lunes, marzo 24, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (3)
El 28 de enero de 1938, la edición del Pravda incluia en su primera página la foto de un hombre ya calvo y
con cierta pinta de hombre de campo: Nikita Kruschev, el hombre al cual el
Plenario del Comité Central del Partido Comunista ucraniano había elegido
primer secretario. Probablemente Leónidas Breznev no lo sabría en ese momento,
pero con aquella primera página se estaba laborando la lanzadera que, durante
un cuarto de siglo, iba a elevarlo a los eslabones superiores de la estructura
de poder de la Unión Soviética, aportándole la oportunidad de llegar a ser,
según se vea, el hombre más poderoso del mundo, o el segundo.
jueves, marzo 20, 2014
Libia (10)
En realidad, durante buena parte de los años setenta, el
régimen libio no mostró un especial interés en enfrentarse con los intereses
occidentales, y Estados Unidos les dejó hacer, interesado como estaba en que el
país no cayese en la órbita de influencia soviética. Por ello, Washington nunca
reaccionó seriamente a la decisión de Gadafi, a la muerte de Nasser en 1970, de
erigirse en su heredero en la construcción de una estrategia panárabe en la
zona que presentase batalla a la influencia occidental. Los estrategas de
Langley calcularon que, siendo como era Gadafi bastante infatuado y un poco
pollas con la cuestión del nacionalismo árabe, acabaría a hostias con sus
propios correligionarios. Y no se equivocaron, porque primero fue el propio
Gadafi quien partió peras con el régimen del egipcio Anuar el-Sadat, al que
consideraba tibiamente nasserista; y, en 1980, fue Arabia Saudita quien mandó a
freír vientos a Trípoli, fundamentalmente a causa de su manía de ir por libre
en el tema del petróleo.
lunes, marzo 17, 2014
Libia (9)
Ya a finales de la década de los setenta, a causa de la
obstinación del régimen libio de mantener su antiamericanismo incluso más allá
de lo que lo que lo hacían otros países del mundo árabe, así como las primeras
sospechas de que podía estar financiando terroristas, Estados Unidos había
comenzado a propugnar restricciones al comercio con el país. En 1981, La situación
dio un salto cuántico más con la salida de varias compañías petrolíferas
estadounidenses del país y, finalmente, en 1982 llegó el embargo de Washington
al petróleo libio.
jueves, marzo 13, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (2)
Breznev estuvo en la escuela de Kursk entre 1923 y 1927.
Tras este periodo formativo, fue destinado como supervisor en una explotación
en Orsha, en la Rusia Blanca, más o menos a la misma distancia de Moscú de la
que separa Madrid de La Coruña. A pesar de estar muy lejos de Kamenskoye, Orsha
está en las orillas del mismo río: el Dnieper. Fue en esa estancia cuando
Leónidas conoció a una enfermera llamada Victoria Petrovna, que se acabaría
convirtiendo en su mujer.
lunes, marzo 10, 2014
Libia (8)
Hay una pregunta relevante: ¿por qué Gadafi y su régimen
libio consiguieron concitar tantas ilusiones en occidente? ¿Por qué algunos intelectuales,
periodistas y ciudadanos en general, gustaron de llevar de vez en cuando
vestimentas a la libia, amén de predicar a los cuatro vientos que Gadafi era un
genio que había conseguido introducir el socialismo en el mundo árabe y
enseñaba una nueva vía al mundo?
viernes, marzo 07, 2014
El hombre que sabía hacer las cosas bien (1)
Alguna vez ya ha pasado en este blog que he concelebrado en
el tiempo dos series distintas. Es a gusto del cliente, que así no se ve
abrumado por un montón de textos sobre el mismo tema (que lo mismo le interesa
menos) y puede ir poniendo su atención en otras cosas.
Además, hay un pequeño aliciente más en esta historia que
quiero comenzar a contaros aquí porque, como hace unos días decía un comentario
a uno de mis posts, hay demanda de información sobre Ucrania, y de Ucrania,
aunque sea indirectamente, tendremos que hablar aquí queramos o no, porque será
en Ucrania donde transcurra una parte no poco importante de esta Historia.
Os quiero contar el relato de, como reza el título de esta
serie, un hombre que sabía hacer las cosas muy bien. O sea, sabía colmar
perfectamente las expectativas de sus jefes y, precisamente por eso, llegó él
mismo a ser algún día un jefe supremo. Y lo escribo porque me da rabia que se
esté olvidando la figura de este hombre que, sin embargo, tiene mucho que ver
con el mundo actual en el que vivimos, que fue, en gran parte, preconfigurado
por sus aciertos y, de modo nada despreciable, por sus errores. Porque Leónidas Breznev sabía
hacer las cosas bien, pero eso no le impidió equivocarse.
lunes, marzo 03, 2014
Libia (7)
En 1973, Muamar el-Gadafi comenzó trece años de revolución
que, por lo tanto, no terminarían hasta 1986. Durante aquellos años, el dinero
fluyó gracias al petróleo hacia el país en auténticas paletadas. La renta per
cápita libia se multiplicó por cinco en muy pocos años.
Con ese apoyo de gran importancia, Gadafi redobló su cruzada
contra todos los impedimentos existentes para que el pueblo ejerciese el poder
efectivo sobre ese país sin Estado que había imaginado. Fruto de esta intención
es lo que se conoció como la Tercera Teoría Universal del mandatario libio.
Probablemente inspirado en la mitología y estética maoísta, Gadafi codificó su
nueva teoría política en el denominado Libro Verde. Un texto que desborda en
todas sus páginas una profunda desconfianza en los partidos políticos y en las
instituciones estatales, y que concluye la necesidad de crear la denominada
Jamahiriya, esto es el país directamente gestionado por sus ciudadanos, sin
intermediarios. La anti-burocracia, anti-tecnocracia, anti-clase política que
tan atractiva será, durante mucho tiempo, a los teóricos europeos del 15-M de
la época.
jueves, febrero 27, 2014
Libia (6)
A pesar de esta retórica revolucionaria bottom-up, Muamar el-Gadafi se tomó su tiempo para partir peras con
los Estados Unidos. Washington colaboró en este sentimiento, pues consideraba
que todavía era posible que Libia permaneciese fuera de la órbita de la URSS,
que era lo único que, al fin y a la postre, le interesaba.
Como consecuencia, Estados Unidos no le puso peros a la que
se convirtió pronto en la principal idea expresada y defendida por Gadafi: la
unión árabe. El mandatario libio compartía con su maestro y ejemplo, el egipcio
Nasser, el sueño de una unión de países árabes que crease una nación con
capacidad de influencia en el mundo. Creía, además, que la enorme fuerza de su
petróleo era un interesante activo a añadir a aquel experimento. Y no se puede
decir que no creyese lo que decía, porque en apenas dos décadas acabaría por
impulsar la friolera de siete uniones diferentes: En 1969, impulsó el que se
conoció como el Charter de Tripoli, esto es la unión de Libia, Egipto y Sudán;
en 1971, Tratado de Bengasi, creó la unión con Egipto y Siria; en 1972 se fusionó
con Egipto, en 1973, en virtud de los acuerdos de Hassi Messaoud, con Argelia;
en 1974, Tratado de Djerba, con Túnez; con Chad en 1981; y, finalmente, en
1984, firmando el Tratado de Oujda, con Marruecos.
lunes, febrero 24, 2014
Libia (5)
Meter pasta en un país atrasado que, además, no tiene
demasiadas ganas de superar las formas de dicho atraso, es plantar el germen de
un enfrentamiento. Libia no es una excepción. Conforme los pozos de petróleo
comenzaron a bombear crudo hacia el exterior y dinero hacia el interior, las
inversiones realizadas acabaron por permitir la creación de una joven clase
tecnocrática, de corte moderno, alejada de los pies forzados tribales que
gobernaban el país.
viernes, febrero 21, 2014
Libia (4)
Por una vez en la vida, a Libia le había tocado la lotería.
Eso sí: le había tocado el Gordo. Colocada a tiro de lapo de una Europa de
posguerra que cada vez necesitaba más petróleo, descubría que tenía el área de
Sirt petada de combustible fósil muy ligero y con poco sulfuro, o sea petróleo
pata negra. Además, y al contrario que otros productores árabes, ni tenía que
hacer pasar su crudo por otro país, ni tenía que usar el canal de Suez.
Y, además, hay que reconocer que lo planificó todo muy bien.
lunes, febrero 17, 2014
Libia (3)
Los poderes occidentales no dudaron lo más mínimo en apostar
por Libia para hacer del país un aliado. Casi una década después de la
independencia, de hecho, Libia era uno de los principales receptores de ayuda
financiera de los Estados Unidos, a cambio de lo cual tanto Washington como
Londres tenían acceso libre a las bases militares de Wheelus y al-Adem. Esta
situación contrastaba claramente con la que se producía en el que había sido el
principal bastión británico en Oriente Medio, Egipto, donde el nacionalismo
arabista de Gamal Abdul Nasser estaba cambiando las cosas de forma muy
relevante.
viernes, febrero 14, 2014
Libia (2)
En octubre de 1918, cuando Turquía firmó el armisticio de la Gran Guerra, Italia se apresuró a aventar los acuerdos de Londres de abril de 1915, que le otorgaban la soberanía sobre Libia. Sin embargo, agotada tras una guerra, no tenía ningunas ganas de seguir disparando balas en el norte de África, por lo que aceptó que, bajo la supervisión británica, la Sanusiya se estableciese autónomamente en la Cirenaica. En 1919, Italia aprobó dos estatutos distintos para la Tripolitania y la Cirenaica, de forma que cada una de las regiones tendría su propio parlamento.
martes, febrero 11, 2014
No lo pillo
En todo discurso hay un elemento fundamental que se puede definir con las palabras «coherencia interna». En el muy reciente discurso sobre el Estado de la Unión, y entre los muchos temas que trató, el presidente Obama se refirió a la emisión de unos nuevos activos financieros públicos, los denominados bonos MyRA, diseñados para que las personas de sueldos bajos o medios pudiesen comprarlos. En su discurso no se refirió a esas personas hablando de persons, o people. Utilizó la palabra folks. Tipos, pavos, pollos. Quería dejar bien claro de quién estaba hablando. Si hubiese dicho, un suponer, gentlepersons, probablemente nadie le habría entendido bien.
Así las cosas, ponerse encima del cuerpo unos aperos de vestimenta que un español medio tendría que pasarse quince años sin beber una mísera caña para poder pagar, para luego subir a la tribuna y decir «estoy en la ruina», no es, lo que digamos, un discurso coherente. Pero es exactamente lo que la familia del cine español hace cada vez que las cosas no le van como querría. El discurso del cine español se parece al de aquel banquero, (creo recordar que era Higinio Torras, el presidente del Banco de los Pirineos), que en una entrevista periodística dijo: «estoy arruinado»; e, inteligentemente repreguntado por el periodista sobre qué consideraba él por estar arruinado, contestó: «a tener diez millones [de la época] en el banco». Luego, el personal no responde a sus electrochoques, y ellos se extrañan.
El cine español es lo más parecido al nacionalismo que hay más allá de los partidos nacionalistas. Su estrategia es la misma: buscar un enemigo y encalomarle todos los males que sufre. Si, además, su enemigo tiene el gesto de escurrir el bulto, mejor que mejor.
Ya he escrito otras veces que la jugada realizada por las personas del mundo del espectáculo durante estos últimos cincuenta años merece un aplauso cerrado. En tiempos de la II República, el mundo de la farándula estaba tan o más implicado con los objetivos políticos del momento (ahí está La Barraca, y otros muchos proyectos); pero, sin embargo, a nadie se le ocurría considerar que los actores eran intelectuales con derecho a ser especialmente respetados, dotados de la condición de ciudadanos especiales, en el terreno de la opiniones. Ese calificativo se reservaba para los escritores y los directores, que son los que realmente tienen que hacer un esfuerzo intelectual.
Gracias al franquismo (lector, por favor, regrese un momento a la palabra que se ha escrito en itálica), esa etapa de la vida de España que todo lo cambió y todo lo condicionó, los actores cambiaron de estatus. Aupados en sucesos a los que se dio gran trascendencia, pero que en realidad no dejaron de ser conflictos como los tuvieron también los torneros, los fresadores y hasta los sexadores de pollos, los actores se convirtieron en una parte de la intelectualidad. En realidad, en el caso de un actor, eso equivale a aceptar barco como animal acuático; porque así como es imposible escribir El Quijote sin tener en la cabeza algo más que la clasificación de la Liga BBVA de las últimas cuatro semanas, sí es posible, con ese bagaje, interpretarlo. Groucho Marx explicó en los años sesenta que Margaret Dumont, su sempiterna compañera en varias de las grandes películas de su saga, nunca entendió los chistes que él hacía sobre ella. A una actriz creo que es de una peli que se llama Milicianas la escuché en la tele contar que cuando había hecho la película había alucinado, porque, cito de memoria, antes de hacerla no tenía ni idea de «el follón» que se había montado en Barcelona en mayo del 37. Acto seguido soltó la típica perorata sobre eso de que si la guerra civil fue una lástima porque cercenó la República democrática y tal, y yo me preguntaba cómo se puede sostener la dicha opinión, o cualquiera, sobre la materia, sin tener antes información sobre, entre otras cosas, «el follón» que se montó en Barcelona en mayo del 37.
Los actores han adquirido condición de intelectuales por interpretar a los personajes que inventan los intelectuales. Es lo mismo que si considerásemos ingeniero a Fernando Alonso por saber pilotar una complejísima obra de ingeniería como es un fórmula uno. Pero es un hecho que la mayoría de la gente no percibe la incongruencia básica de este plantemiento. Y, además, al mismo tiempo que descubrían la política, los actores descubrieron su tirón mediático. El hecho, también filosóficamente absurdo pero en cualquier caso real, de que el humano medio es más proclive a adoptar la opinión que tenga George Clooney sobre los alimentos trasgénicos que la que tenga un ingeniero químico medioambiental con un máster del MIT y siete doctorados honoris causa. Clooney es bien parecido y en cambio el ingeniero tiene los codos pelados de tanto estudiar, está fofo y es feo. Y no lo conoce nadie.
Así las cosas, actores que para parir a su churumbel alquilaron no sé cuántas habitaciones de la misma planta de un hospital californiano, o sea que se lo pueden pagar, suben a la palestra a decir que el problema del cine es que la Administración no pone pasta, bien sea poniéndola (subvención), bien sea no cobrándola, esto es dejando al cine fuera del arreón fiscal que nos llega con la crisis y que afecta a otras muchas cosas (de hecho, por pura teoría de los vasos comunicantes, se les debería aplicar más si al cine se le bajase el IVA). Desde un punto de vista liberal, se podría pensar que a lo mejor el problema es que ellos, que tienen pasta (el churumbel, California, bla), no la arriesgan. De donde cabe deducir que la idea central de nuestra gente del cine es que éste no debe basarse en ser una práctica de riesgo; porque si lo pensasen, arriesgarían una pasta que, salvo noticia en contrario, sigue en sus bolsillos.
Yo creo que éste es el elemento nuclear que me separa del cine español. Mucho más que considere (que lo considero) que es, básicamente, de cuestionable calidad. Me cuesta entender que alguien crea que para poder dar un salto, alguien tiene que ponerle una red, aunque sólo sea media red; por la simple razón de que el parado que ayer capitalizó su prestación y hoy está pagando con gran sacrificio los 17.000 euros de traspaso de una taberna, no tiene ni un cuarto, ni un tercio, ni siquiera una décima parte de red. No acabo de entender por qué ese colombiano que se recicla de encofrador a cocinero/camarero tiene que arriesgarse al 100%, pero el que hace una película lo tiene que hacer en un porcentaje menor.
El cine español no quiere difundir la cultura. No quiere hacer eso porque, si quisiera, sería el primero en decir que hay que instrumentar un sistema para que obras como El otro lado de la cama o Pagafantas no puedan subvencionarse, porque no son cultura (otro de los triles del lobby del cine es llevar a la gente a creer que cultura y entretenimiento son la misma cosa). El cine español, ya lo he dicho, no quiere difundir la cultura; quiere construir un corralito de seguridad, un corralito dentro del cual sea posible vivir sin someterse al juicio del mercado, o sea del público. Y lo curioso es que convoca, en solidaridad con ello, al propio público; y éste se la otorga, con lo cual, lo tengo que escribir así, ya no sé cuál de las dos partes está más perdida en la vida.
Hay un mal en la cultura y el espectáculo españoles que está ya tan profundamente enraizado que yo creo que es imposible de extirpar. Este verano pasado, conduciendo, escuché en Radio 1 una entrevista creo (no estoy seguro, por ahí habrá algún podcast) que a Kiko Veneno, que por entonces sacaba disco y empezaba a girar en conciertos propios de la canícula. Se quejaba Veneno de lo mucho que los tiempos han cambiado, y decía algo así como (resumo de mis recuerdos): «antes, cuando actuabas, el Ayuntamiento te pagaba por hacerlo, y ya estaba; ahora tienes que ir a taquilla, y te llevas, o no te llevas, dependiendo de que la gente vaya, o no»... señores de la cultura (y del espectáculo): eso que para ustedes, para Kiko Veneno, es una realidad nueva, es el panem noster quotidianum para el resto del mundo. A nuestro amigo colombiano, el de la taberna, el Ayuntamiento de Getafe no le compra los primeros 300 cafés, los sirva o no. Su primo Washington Jesús lleva dinero a casa si coge pasajeros en el taxi; y si no, no. De hecho, es que ni siquiera hay que salir de la cultura. Hay en el mundo mogollón de concertistas clásicos, pintores, escultores, novelistas, que no cobran si no venden; no cobran si a la gente no le molan sus interpretaciones, o sus obras.
Una de las cosas que hacen mucho los actores y cinéfilos en general es reinterpretar el pasado. Estos días, en foros y comentarios varios que surgen en internet al calor de la pasada gala goyesca, se recuerda eso de que los artistas siempre han disfrutado el mecenazgo, así que no hay de qué sorprenderse de que se pida la subvención. Confundir mecenazgo y subvención es un error gravísimo; de hecho, es un error tan grave que lo racional es renunciar a explicarlo, porque es tan evidente que quien está en condiciones de entenderlo, lo entiende sin esfuerzo; y quien no lo entiende, no lo hará así se lo expliquen las marionetas de Barrio Sésamo.
Pero, en todo caso, este argumento comete la falacia, las más de las veces inconsciente todo hay que decirlo, de olvidar que los ejemplos de mecenazgo que se manejan son los positivos, esto es los ejemplos de quienes se beneficiaron de ello. La protección que el conde de Floridablanca otorgó a Francisco de Goya, por ejemplo. Sin embargo, para poner las cosas en auténtica perspectiva, deberemos recordar que Goya no era el único pintor que pululaba por Madrid a finales del XVIII. Había otros muchos, de los que sabemos poco o incluso nada; y nada sabemos de ellos porque, siendo como eran peores pintores que Goya, nunca atrajeron el interés ni de Floridablanca, ni de la Corte, ni de nadie, y tuvieron, con seguridad, que malvivir de vender sus lienzos a cuarto, o dedicarse a otra cosa que les pusiera comida en la mesa.
Lo que pretende el cine español, básicamente, es que todos los pintores de aquel Madrid, los buenos y también los malos, puedan ser pintores. Quieren un sistema en el que la opinión de la gente sobre El albañil herido no importe una mierda y que, de hecho, esta obra maestra tenga que convivir, colgada en una pared a la misma altura, con cualquier cagarro polícromo abortado por cualquier tonto'l'haba que se crea pintor, ergo merecedor de subvención. Es algo lógico y humano: no quieren tener que discutir entre ellos sobre quién hace buen cine y quién lo hace malo, quién actúa bien y quién interpreta como el culo. Su concepto de juzgar la labor del cine español es la gala de los Goya: un acto en el que ellos mismos se juzgan a ellos mismos. Una especie de meritocracia cooptada. A costa del contribuyente, of course. Deberían meditar un poco sobre el pequeño detalle de que algunos de sus creadores más exitosos, en el campo de la cultura o del mero entretenimiento fílmicos, sean, precisamente, quienes menos van a ese acto.
Dice el presidente de la Academia de la cosa que hacer cine en España es un acto heroico. Hay gente que piensa, que lo ha pensado muchas veces en distintos momentos de los últimos cuatro mil años, que es que, en realidad, un acto de creatividad que no se plantee en condiciones épicas corre peligro de ser cualquier cosa menos una obra de arte. Las confesiones de Enrique Jardiel sobre cómo era su vida en el momento en que estaba escribiendo algunas de las páginas cumbre de la comedia escénica española; la afirmación becqueriana de que no se puede versificar el amor si no se ha perdido; tantos y tantos casos nos enseñan que cuando se crea desde un sillón bol y con el riñón tibio, se corre peligro de parir creaciones contrahechas, aburridas, sosas, faltas de ritmo, autocomplacientes, monotemáticas. Entiéndase: nadie en su sano juicio desea que otra persona deba realizar su labor en condiciones incómodas. Pero llama la atención que un creador intelectual no apele, en circunstancias comprometidas, de pobredumbre o escasez de medios, a la creatividad, a la grandeza del intelecto humano, a la capacidad de hacer, en el peor de los momentos, la mejor de las obras. No. Apela a que la fiscalidad ponga las entradas baratas (porque de ponerlas ellos mismos, ni hablamos), y a que vuelva el torrente de dinero. En otras palabras, Alejandro Amenábar se equivocó rodando Tesis. Tenía que haber esperado a que la Comunidad de Madrid le soltase una pastizara y poder rodar Titanic en el lago de la Casa de Campo.
Aquí tiene que haber algo que no pillo, seguro.
Así las cosas, ponerse encima del cuerpo unos aperos de vestimenta que un español medio tendría que pasarse quince años sin beber una mísera caña para poder pagar, para luego subir a la tribuna y decir «estoy en la ruina», no es, lo que digamos, un discurso coherente. Pero es exactamente lo que la familia del cine español hace cada vez que las cosas no le van como querría. El discurso del cine español se parece al de aquel banquero, (creo recordar que era Higinio Torras, el presidente del Banco de los Pirineos), que en una entrevista periodística dijo: «estoy arruinado»; e, inteligentemente repreguntado por el periodista sobre qué consideraba él por estar arruinado, contestó: «a tener diez millones [de la época] en el banco». Luego, el personal no responde a sus electrochoques, y ellos se extrañan.
El cine español es lo más parecido al nacionalismo que hay más allá de los partidos nacionalistas. Su estrategia es la misma: buscar un enemigo y encalomarle todos los males que sufre. Si, además, su enemigo tiene el gesto de escurrir el bulto, mejor que mejor.
Ya he escrito otras veces que la jugada realizada por las personas del mundo del espectáculo durante estos últimos cincuenta años merece un aplauso cerrado. En tiempos de la II República, el mundo de la farándula estaba tan o más implicado con los objetivos políticos del momento (ahí está La Barraca, y otros muchos proyectos); pero, sin embargo, a nadie se le ocurría considerar que los actores eran intelectuales con derecho a ser especialmente respetados, dotados de la condición de ciudadanos especiales, en el terreno de la opiniones. Ese calificativo se reservaba para los escritores y los directores, que son los que realmente tienen que hacer un esfuerzo intelectual.
Gracias al franquismo (lector, por favor, regrese un momento a la palabra que se ha escrito en itálica), esa etapa de la vida de España que todo lo cambió y todo lo condicionó, los actores cambiaron de estatus. Aupados en sucesos a los que se dio gran trascendencia, pero que en realidad no dejaron de ser conflictos como los tuvieron también los torneros, los fresadores y hasta los sexadores de pollos, los actores se convirtieron en una parte de la intelectualidad. En realidad, en el caso de un actor, eso equivale a aceptar barco como animal acuático; porque así como es imposible escribir El Quijote sin tener en la cabeza algo más que la clasificación de la Liga BBVA de las últimas cuatro semanas, sí es posible, con ese bagaje, interpretarlo. Groucho Marx explicó en los años sesenta que Margaret Dumont, su sempiterna compañera en varias de las grandes películas de su saga, nunca entendió los chistes que él hacía sobre ella. A una actriz creo que es de una peli que se llama Milicianas la escuché en la tele contar que cuando había hecho la película había alucinado, porque, cito de memoria, antes de hacerla no tenía ni idea de «el follón» que se había montado en Barcelona en mayo del 37. Acto seguido soltó la típica perorata sobre eso de que si la guerra civil fue una lástima porque cercenó la República democrática y tal, y yo me preguntaba cómo se puede sostener la dicha opinión, o cualquiera, sobre la materia, sin tener antes información sobre, entre otras cosas, «el follón» que se montó en Barcelona en mayo del 37.
Los actores han adquirido condición de intelectuales por interpretar a los personajes que inventan los intelectuales. Es lo mismo que si considerásemos ingeniero a Fernando Alonso por saber pilotar una complejísima obra de ingeniería como es un fórmula uno. Pero es un hecho que la mayoría de la gente no percibe la incongruencia básica de este plantemiento. Y, además, al mismo tiempo que descubrían la política, los actores descubrieron su tirón mediático. El hecho, también filosóficamente absurdo pero en cualquier caso real, de que el humano medio es más proclive a adoptar la opinión que tenga George Clooney sobre los alimentos trasgénicos que la que tenga un ingeniero químico medioambiental con un máster del MIT y siete doctorados honoris causa. Clooney es bien parecido y en cambio el ingeniero tiene los codos pelados de tanto estudiar, está fofo y es feo. Y no lo conoce nadie.
Así las cosas, actores que para parir a su churumbel alquilaron no sé cuántas habitaciones de la misma planta de un hospital californiano, o sea que se lo pueden pagar, suben a la palestra a decir que el problema del cine es que la Administración no pone pasta, bien sea poniéndola (subvención), bien sea no cobrándola, esto es dejando al cine fuera del arreón fiscal que nos llega con la crisis y que afecta a otras muchas cosas (de hecho, por pura teoría de los vasos comunicantes, se les debería aplicar más si al cine se le bajase el IVA). Desde un punto de vista liberal, se podría pensar que a lo mejor el problema es que ellos, que tienen pasta (el churumbel, California, bla), no la arriesgan. De donde cabe deducir que la idea central de nuestra gente del cine es que éste no debe basarse en ser una práctica de riesgo; porque si lo pensasen, arriesgarían una pasta que, salvo noticia en contrario, sigue en sus bolsillos.
Yo creo que éste es el elemento nuclear que me separa del cine español. Mucho más que considere (que lo considero) que es, básicamente, de cuestionable calidad. Me cuesta entender que alguien crea que para poder dar un salto, alguien tiene que ponerle una red, aunque sólo sea media red; por la simple razón de que el parado que ayer capitalizó su prestación y hoy está pagando con gran sacrificio los 17.000 euros de traspaso de una taberna, no tiene ni un cuarto, ni un tercio, ni siquiera una décima parte de red. No acabo de entender por qué ese colombiano que se recicla de encofrador a cocinero/camarero tiene que arriesgarse al 100%, pero el que hace una película lo tiene que hacer en un porcentaje menor.
El cine español no quiere difundir la cultura. No quiere hacer eso porque, si quisiera, sería el primero en decir que hay que instrumentar un sistema para que obras como El otro lado de la cama o Pagafantas no puedan subvencionarse, porque no son cultura (otro de los triles del lobby del cine es llevar a la gente a creer que cultura y entretenimiento son la misma cosa). El cine español, ya lo he dicho, no quiere difundir la cultura; quiere construir un corralito de seguridad, un corralito dentro del cual sea posible vivir sin someterse al juicio del mercado, o sea del público. Y lo curioso es que convoca, en solidaridad con ello, al propio público; y éste se la otorga, con lo cual, lo tengo que escribir así, ya no sé cuál de las dos partes está más perdida en la vida.
Hay un mal en la cultura y el espectáculo españoles que está ya tan profundamente enraizado que yo creo que es imposible de extirpar. Este verano pasado, conduciendo, escuché en Radio 1 una entrevista creo (no estoy seguro, por ahí habrá algún podcast) que a Kiko Veneno, que por entonces sacaba disco y empezaba a girar en conciertos propios de la canícula. Se quejaba Veneno de lo mucho que los tiempos han cambiado, y decía algo así como (resumo de mis recuerdos): «antes, cuando actuabas, el Ayuntamiento te pagaba por hacerlo, y ya estaba; ahora tienes que ir a taquilla, y te llevas, o no te llevas, dependiendo de que la gente vaya, o no»... señores de la cultura (y del espectáculo): eso que para ustedes, para Kiko Veneno, es una realidad nueva, es el panem noster quotidianum para el resto del mundo. A nuestro amigo colombiano, el de la taberna, el Ayuntamiento de Getafe no le compra los primeros 300 cafés, los sirva o no. Su primo Washington Jesús lleva dinero a casa si coge pasajeros en el taxi; y si no, no. De hecho, es que ni siquiera hay que salir de la cultura. Hay en el mundo mogollón de concertistas clásicos, pintores, escultores, novelistas, que no cobran si no venden; no cobran si a la gente no le molan sus interpretaciones, o sus obras.
Una de las cosas que hacen mucho los actores y cinéfilos en general es reinterpretar el pasado. Estos días, en foros y comentarios varios que surgen en internet al calor de la pasada gala goyesca, se recuerda eso de que los artistas siempre han disfrutado el mecenazgo, así que no hay de qué sorprenderse de que se pida la subvención. Confundir mecenazgo y subvención es un error gravísimo; de hecho, es un error tan grave que lo racional es renunciar a explicarlo, porque es tan evidente que quien está en condiciones de entenderlo, lo entiende sin esfuerzo; y quien no lo entiende, no lo hará así se lo expliquen las marionetas de Barrio Sésamo.
Pero, en todo caso, este argumento comete la falacia, las más de las veces inconsciente todo hay que decirlo, de olvidar que los ejemplos de mecenazgo que se manejan son los positivos, esto es los ejemplos de quienes se beneficiaron de ello. La protección que el conde de Floridablanca otorgó a Francisco de Goya, por ejemplo. Sin embargo, para poner las cosas en auténtica perspectiva, deberemos recordar que Goya no era el único pintor que pululaba por Madrid a finales del XVIII. Había otros muchos, de los que sabemos poco o incluso nada; y nada sabemos de ellos porque, siendo como eran peores pintores que Goya, nunca atrajeron el interés ni de Floridablanca, ni de la Corte, ni de nadie, y tuvieron, con seguridad, que malvivir de vender sus lienzos a cuarto, o dedicarse a otra cosa que les pusiera comida en la mesa.
Lo que pretende el cine español, básicamente, es que todos los pintores de aquel Madrid, los buenos y también los malos, puedan ser pintores. Quieren un sistema en el que la opinión de la gente sobre El albañil herido no importe una mierda y que, de hecho, esta obra maestra tenga que convivir, colgada en una pared a la misma altura, con cualquier cagarro polícromo abortado por cualquier tonto'l'haba que se crea pintor, ergo merecedor de subvención. Es algo lógico y humano: no quieren tener que discutir entre ellos sobre quién hace buen cine y quién lo hace malo, quién actúa bien y quién interpreta como el culo. Su concepto de juzgar la labor del cine español es la gala de los Goya: un acto en el que ellos mismos se juzgan a ellos mismos. Una especie de meritocracia cooptada. A costa del contribuyente, of course. Deberían meditar un poco sobre el pequeño detalle de que algunos de sus creadores más exitosos, en el campo de la cultura o del mero entretenimiento fílmicos, sean, precisamente, quienes menos van a ese acto.
Dice el presidente de la Academia de la cosa que hacer cine en España es un acto heroico. Hay gente que piensa, que lo ha pensado muchas veces en distintos momentos de los últimos cuatro mil años, que es que, en realidad, un acto de creatividad que no se plantee en condiciones épicas corre peligro de ser cualquier cosa menos una obra de arte. Las confesiones de Enrique Jardiel sobre cómo era su vida en el momento en que estaba escribiendo algunas de las páginas cumbre de la comedia escénica española; la afirmación becqueriana de que no se puede versificar el amor si no se ha perdido; tantos y tantos casos nos enseñan que cuando se crea desde un sillón bol y con el riñón tibio, se corre peligro de parir creaciones contrahechas, aburridas, sosas, faltas de ritmo, autocomplacientes, monotemáticas. Entiéndase: nadie en su sano juicio desea que otra persona deba realizar su labor en condiciones incómodas. Pero llama la atención que un creador intelectual no apele, en circunstancias comprometidas, de pobredumbre o escasez de medios, a la creatividad, a la grandeza del intelecto humano, a la capacidad de hacer, en el peor de los momentos, la mejor de las obras. No. Apela a que la fiscalidad ponga las entradas baratas (porque de ponerlas ellos mismos, ni hablamos), y a que vuelva el torrente de dinero. En otras palabras, Alejandro Amenábar se equivocó rodando Tesis. Tenía que haber esperado a que la Comunidad de Madrid le soltase una pastizara y poder rodar Titanic en el lago de la Casa de Campo.
Aquí tiene que haber algo que no pillo, seguro.
lunes, febrero 10, 2014
Libia (1)
¿Por qué Gadafi; por qué Libia? La respuesta es obvia: por
el petróleo. Eso sí, hay alguna cosa más. En todo caso, si la explicación que
ya hemos escrito, por el petróleo, ya te vale, estas notas no son para ti.
Estas notas buscan contar algo de la Historia reciente de Libia, con el intento
de explicar por qué Muammar el Gadafi se ganó el triste mérito de ser atacado
por fuerzas internacionales, debilitado hasta el punto de caer como máximo
dirigente del país. Esto es lo que voy a intentar contarte durante los próximos
posts.
viernes, febrero 07, 2014
Galiza ceibe (al completo)
Como un servicio al ciudadano, aquí os dejo el texto completo de Galiza ceibe, o sea una breve historia del nacionalismo gallego.
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II República,
Siglo XIX,
Siglo XX
jueves, febrero 06, 2014
Galiza ceibe (y 11)
Cuando llega la Transición, obviamente las fuerzas
políticas gallegas se centran en el tema de la autonomía. Eso sí, no lo hacen
como en el País Vasco o en Cataluña, y la razón fundamental para ello es que,
para cuando llega la democracia, y a despecho de experimentos que se producirán
algunos años después, la referencia histórica del nacionalismo gallego, el
Partido Galeguista, está laminada. Castelao, ya lo hemos dicho, murió en 1950,
y esto lo coloca en una evidente inferioridad de condiciones frente a Josep
Tarradellas o el ex peneuvista, ya batasunero, Telesforo Monzón. Galicia
prácticamente no tiene líderes históricos, y para uno que tiene, Ramón Piñeiro,
es persona que, por mor de la reclusión sufrida, se ha apuntado tiempo atrás al
movimiento gallego culturalista (mucho poema enxebre, mucho estudio etnográfico, mucha gaita, y tal) y no quiere
saber nada del movimiento político propiamente hablando.
lunes, febrero 03, 2014
Galiza ceibe (10)
Ni siquiera ahora que, como toda España, el nacionalismo
gallego tiene un enemigo en su paisano el ferrolano Francisco Franco, logrará
la unidad. En realidad, la principal colonia gallega fuera de España, Buenos
Aires, ya estaba dividida en los años veinte, entre los emigrados
independentistas y los más afines a las fuerzas republicanas. La llegada de
Castelao a la capital argentina pareció limar estas asperezas y, de hecho, en
1942 se funda un grupo en el exilio, la Irmandade Galega, que parece ser
aglutinadora de tendencias (además de editora de A Nosa Terra en el exilio). Sin embargo, los enfrentamientos nunca
desaparecerán, muy especialmente entre primeros emigrados, esto es gallegos
establecidos en Argentina antes de la guerra, y nuevos emigrados.
jueves, enero 30, 2014
Las enfermedades de España
Una vez, hace algún tiempo, estaba conversando con una amiga y compartiendo con ella mi pesimista visión de la Historia de España, lo cual equivale a decir nuestro presente. En un determinado momento, ella me vino a decir que no terminaba de entender, si yo le decía que España no había sido siempre una nación enferma de las dolencias que yo denunciaba, en qué momento exactamente había enfermado. Es una pregunta profunda y dificultosa de abordar. Pero precisamente por eso acabas dándole vueltas, y te salen algunas ideas. Por ahí va este post de hoy.
miércoles, enero 29, 2014
Galiza ceibe (9)
El de 1934, como sabe todo el mundo, fue el peor año para
el sentimiento nacionalista o autonómico en mucho tiempo. Una persona de cierto
poder político y no muchas luces estratégicas, Lluis Companys, se dejó
convencer por uno de sus ministros, el filofascista Dencàs, de que la cosa
estaba ya madurita para que Cataluña se fuese por su parte. Así, coincidiendo
con el golpe de Estado revolucionario de las izquierdas, montó el pollo
independentista, aunque en cuando salieron las tropas del general Batet a la
calle, las ínfulas se fueron al carajo. Companys terminó en la cárcel, Dencàs
huyendo por las alcantarillas, y la autonomía catalana, la única que había
conseguido avanzar en realidad, suspendida.
lunes, enero 27, 2014
Galiza ceibe (8)
Las divisiones que generó en el grupo parlamentario
gallego la discusión sobre la forma de Estado que debía adoptar España hicieron
caer en el olvido el tenue borrador de Estatuto que había redactado la ponencia
controlada por la ORGA tras la asamblea de junio que, hemos de recordar,
prefirió preterir otros proyectos más sólidos, y también valientes,
procedentes de otras instituciones gallegas.
jueves, enero 23, 2014
Francisco Franco como problema histórico
La publicación de los resultados de la inocente encuesta con que he querido celebrar los 1.000 artículos de mi blog ha planteado inmediatamente, léanse los comentarios, un sub-debate hijo del debate, que sucintamente se puede resumir con la pregunta: ¿estará Franco ahí, donde está hoy, dentro de cien años?
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miércoles, enero 22, 2014
Los cinco personajes de la Historia de España: and the winner is...
Lamento el retraso de estos días, pero he estado un tanto liado. Finalmente, eso sí, he terminado por tabular los datos de la encuesta para friquis, y puedo decir que, tras ponerlos en conexión con los vagos, tengo un resultado. Hay, de hecho, ganadores. Ganadores además que, teniendo en cuenta que los friquis sí que ponían nota distinta a cada uno de sus candidatos, tienen puestos.
viernes, enero 17, 2014
El voto de los vagos
Bueno, vayamos por partes con esta pequeña encuesta. Hoy nos toca el voto de los vagos que, como recordaréis, era una encuesta sencilla, de escribir nombres, sin prelación entre unos y otros.
Han votado 30 vagos que han dejado 186 nombres, la práctica totalidad de ellos de la lista de 100, aunque no solo. Hay algún voto que debería aclararse (por favor, el señor del fondo que ha votado al Duque de Alba, ¿sería tan amable de aclarar a cuál?). Los votos, en esta fase, generan un areópago bien evidente que nos deja, como dicen los horteras, las espadas en todo lo alto ante la tabulación de la encuesta para friquis.
A todos aquellos que habéis votado a los reyes católicos os he desplegado el voto en dos.
Éstos son los resultados, con indicación del número de menciones.
Han votado 30 vagos que han dejado 186 nombres, la práctica totalidad de ellos de la lista de 100, aunque no solo. Hay algún voto que debería aclararse (por favor, el señor del fondo que ha votado al Duque de Alba, ¿sería tan amable de aclarar a cuál?). Los votos, en esta fase, generan un areópago bien evidente que nos deja, como dicen los horteras, las espadas en todo lo alto ante la tabulación de la encuesta para friquis.
A todos aquellos que habéis votado a los reyes católicos os he desplegado el voto en dos.
Éstos son los resultados, con indicación del número de menciones.
- Francisco Franco; 17
- Fernando el Católico; 16
- Isabel I de Castilla; 14
- Fernando VII; 13
- Carlos I; 13
- Cristóbal Colón; 12
- Felipe II; 11
- Antonio Cánovas; 6
- Carlos III; 3
- Hernán Cortés; 3
- Al Tariq; 3
- Juan Carlos I; 3
- El movimiento anarquista; 3
- Felipe V; 3
- Adolfo Suárez; 3
- Musa ibn Nusair; 2
- Carlos II; 2
- Carlos IV; 2
- Miguel de Cervantes; 2
- Escipión el Africano; 2
- Napoleón; 2
- Francisco Largo Caballero; 2
- Pelayo; 2
- Abderramán III; 2
- Saulo de Tarso; 1
- Miguel Primo de Rivera; 1
- Isabel II; 1
- Felipe IV; 1
- Pablo Iglesias (entiendo que se refiere al que ya está muerto); 1
- Blas de Lezo; 1
- Alfonso VIII de Castilla; 1
- Cardenal Cisneros; 1
- Viriato; 1
- Fernando II de Aragón; 1
- Beato de Liébana; 1
- Conde Duque de Olivares; 1
- Raquel Rubio (???); 1
- Carlomagno; 1
- Simón Bolívar; 1
- Don Pelayo; 1
- Sancho III el Mayor; 1
- Francisco Pizarro; 1
- Enrique de Trastámara; 1
- Duque de Alba; 1
- El pueblo español; 1
- El Gran Capitán; 1
- Enrique II de Castilla; 1
- Príncipe Juan, hijo de los Reyes Católicos.; 1
- Napoleón Bonaparte; 1
- José María Aznar; 1
- Felipe González; 1
- José Serrano; 1
- Recaredo; 1
- Josif Stalin; 1
- Wamba; 1
- Juan Bautista Topete; 1
- Juan Negrín; 1
- Baldomero Espartero; 1
- Jaime I el Conquistador; 1
- Juan Prim; 1
- Rodrigo Díaz de Vivar; 1
- Los Barca; 1
- El Duque de Alba; 1
- Los diputados de Cádiz; 1
- Alfonso X el Sabio; 1
- Los tontos útiles; 1
- Benito Pérez Galdós; 1
- Manuel Azaña; 1
- Isidoro de Sevilla; 1
Las encuestas siguen abiertas.
miércoles, enero 15, 2014
Galiza ceibe (7)
[Iros entreteniendo con esto a la que yo cuento votos]
El nacionalismo gallego, en 1931, está ampliamente
necesitado de un movimiento que resuelva tanto su fragmentación como la
confusión introducida sobre todo por la ORGA. Este paso será la creación del
Partido Galeguista; pero antes de eso hemos de hablar de las elecciones a
Cortes Constituyentes.
lunes, enero 13, 2014
1.000: La encuesta (y algunas apreciaciones)
Hemos llegado al post número 1.000
Bueno, pues si todo va bien y he entendido bien las instrucciones de Google Drive, en estos dos enlaces podréis acceder a la encuesta para friquis y encuesta para vagos. Cualquiera de las dos puede ser, por lo tanto, contestada. Ya sabes que la cosa va de definir, mediante los votos, a los cinco personajes más importantes para la Historia de España.
A partir de aquí, si todo lo que te importa es la encuesta, puedes dejar de leer.
En algún momento, en la primavera del año 2006, conversaba yo con mi sobrino, que entonces tenía catorce años y me torturaba un poco con las inevitables ayudas para estudiar los temarios de la ESO y tal. Tuvimos una conversación relativamente larga sobre política, ya se sabe, esas inevitables conversaciones sobre cómo está la cosa, lo que habría que hacer, que si los españoles somos así o asá... el caso es que, de forma un tanto casual, me surgió la idea de saber, con algo más de propiedad, qué nivel de información tenía mi interlocutor para elaborar las opiniones que elaboraba. Así que le pregunté: ¿qué sabes de la guerra civil española? Se encogió de hombros y me contestó, literalmente: «no sé; algo que pasó en 1952, creo».
Aquella respuesta me inquietó. Entonces, además, yo estaba en mi propia fase de descubrir internet, una herramienta que apenas utilizaba para documentarme en el trabajo. No sabía lo que eran las redes sociales y, por supuesto, no participaba en ellas. Una tarde no muy distante de la conversación del párrafo anterior descubrí que había foros de discusión a miles en la red, entre otros de la guerra civil, que era el periodo que en ese momento me atraía más por estar realizando la investigación previa de mi novela. Me apunté a un par y en alguno incluso he estado relativamente bastante tiempo. Pero la experiencia no tuvo nada de positiva. En el 2006 estábamos ya en la fase de intensa polarización en torno a la GCE que se acrisoló, no tanto en el texto, como en la discusión del texto de la denominada Ley de la Memoria Histórica. El hecho de que el pasado histórico se convirtiese en elemento de la discusión social y política, además, atrajo a ese entorno a una caterva de memos bastante importante, que en estos últimos años han escrito, casi todos, libros «divulgativos» sobre la cosa; con lo que, sobre una capa freática de historiografía que a golpe de subvención y sectarismo ya se había convertido en algo intelectualmente cuestionable, se posó esta otra de los sedicentes historiadores mediáticos, todos ellos fibrilándose en los debates de la red.
Lo que más me impresionó de aquellas experiencias en foros abiertos fueron dos cosas, que además están encadenadas. La primera fue la extremada ignorancia a partir de la cual las personas sostenían sus ideas. El primer debate más o menos largo que tuve implicó al general Queipo de Llano y su (según mi interlocutor) presunta falta de recursos en las primeras horas de su operación para hacerse con el control de la ciudad de Sevilla para la rebelión. Según este interlocutor, todos los relatos sobre la pobreza de medios con que había contado Queipo se los había inventado él a posteriori, y añadía que había contado con no sé cuántos miles de soldados para sus operaciones. Tras mucho porfiar (porque no fue fácil), mi interlocutor acabó informando de que el dato estaba en no sé qué libro, que consulté, y en el que pude ver que la dicha cifra se refería a los efectivos con los que había contado, no ya Queipo, sino Franco, cuando avanzó de sur a norte tras haber podido pasar al ejército de África a la península. En otras palabras; mi amable contertulio no distinguía el 19 o 20 de julio de 1936 de, digamos, los principios o mediados de agosto; lo cual, en términos de recursos para los alzados, es, siempre según mi modo de ver, un error garrafal.
La segunda cosa que me impresionó fue la forma con la que, al fin y a la postre, los compañeros de foro, inclusión hecha de sus (teóricos) moderadores, acabaron por recibir las respuestas que yo les escribía que, haciendo uso de mi habilidad con los diez dedos, solían ser bastante largas. Lo llamaron soberbia. A su modo de ver, manejar datos, contestar con datos, expresar que además son bien evidentes, que algunos de ellos no son cosas que se puedan opinar (un ejemplo: no cabe sostener que la afirmación de que las izquierdas abrieron en el 36 las cárceles también a los presos comunes es una invención de las derechas o de la historiografía franquista, porque entre otras cosas lo cuenta, negro sobre blanco y sobre la cárcel de Oviedo, Pasionaria en sus memorias) significaba desempeñarse con soberbia. Confieso que me llama mucho la atención esa mutación de España, que no sé muy bien cuándo se produjo, merced a la cual quien estudia y hace los deberes es un soberbio, y quien sostiene sus ideas en la nada resulta ser su víctima. En cualquier impostura intelectual que de tal se preciase, el primero habría de ser felicitado y el segundo, ridiculizado. Pero el mundo, por lo que se ve, ha caído en manos de los ridículos, que votando a tipos tan ridículos como ellos consiguen que la ridiculez adquiera timbre de actitud sana y respetable.
Todas estas cosas fueron las que me llevaron a abrir este blog. Quería, y creo que lo he conseguido cuando menos en buena parte, crear un espacio donde no sólo el conocimiento, sino el debate sobre la Historia se puede plantear en términos razonables y civilizados. Cierto es que la red es la red, y pronto me tuve que descabalgar de mi primera intención naïf de dejar los comentarios libres y abiertos, porque hoy en día no se puede evitar que los retrasados mentales, con todo el tiempo que tienen, acaben por localizar tu esquina en la red y empiecen a contaminar los comentarios con troleo de diversa naturaleza. Aun así, edito poco; yo creo que los lugares de internet se retroalimentan mucho, y las gentes que van buscando bronca, cuando no la consiguen, abandonan pronto, porque las posibilidades de lograrla en la red son innúmeras. De hecho, debo confesar que, a menudo, espío en Google Analytics de dónde viene gente que acaba en el blog y me encuentro enlaces a algún que otro foro de discusión; me enlazo al dicho foro y me descojono un rato leyendo las cosas que en «el mundo libre» se escriben, madre mía...
Después de siete años, estimo en aproximadamente 3.000 páginas lo escrito, incluyendo una novela completa, varios opúsculos, un par de ellos publicados en Kindle. Nunca pensé llegar tan lejos; la verdad es que pensaba que me aburriría después de un mes o dos. Sin embargo, muy pronto me dí cuenta de que la experiencia de la lectura, que ya de por sí es muy gratificante, lo es más si lees para algo. Yo tengo la suerte, o la desgracia, de que la Historia, que es lo que más me gusta leer, no tenga absolutamente nada que ver con mi vida, ni con mi trabajo, ni con mis necesidades. Es una suerte, sí, porque si no vivo de la Historia no tengo el problema de que me pueda convertir en un mercenario intelectual de ésos que cobran subvenciones por escribir libros demostrando que el rey Fruela era un dedicado activista de los derechos de los homosexuales, o que Recaredo albergaba el plan de petar la terra gothorum de molinos eólicos. Pero no lo es desde el punto de vista de que, como escribía supra, en realidad no leo para nada, como no sea para mi propia cultura. Si además tengo un blog sobre la materia, la cosa cambia.
En términos generales, leo tres cosas y escribo una. Tengo el problema de que me cuesta contar anécdotas; esto es lo que lía los textos. Me gusta la historia anecdótica, pero llega un punto en que los hechos hay que situarlos, e investigar, formular, esquematizar y luego describir ese encuadre es, también, una labor molona. Si algo me jode especialmente es estar perdiendo, ya casi sin remisión, la capacidad de escribir posts únicos; casi todo lo que me sale son series de artículos (porque hay mucha gente a mi alrededor comiéndome la oreja con eso de que al lector de internet hay que darle textos muy cortos), y cada vez más largas. Avanzo hacia lo superferolítico.
El blog lo visitan, en temporada normal, unas 800 personas diarias. Algunas de ellas, a base de dejar comentarios, ya están como sentadas en el mismo salón que yo, frente a la chimenea. El viaje intelectual es una experiencia individual que luego se comparte.
Podría escribir eso tan manido de que con una sola persona que haya aprendido leyéndome que la guerra civil comenzó el 18 de julio de 1936, ya me sentiré pagado. Pero, la verdad, es una gilipollez. A día de hoy, yo sigo sin esperar retribución alguna por algo que hago porque me da la gana; y mi sobrino, que ahora tiene 21 años, la verdad, tengo mis dudas de que sepa situar correctamente la fecha de marras. Cosas como este blog son como arrojar un merengue contra el casco del Titanic, porque lo que España necesita, a mi modo de ver, no son personas que intenten sacarla de la ignorancia, sino darse cuenta, ella misma, de que no mola ser ignorante.
Y esto último es algo, que, sinceramente, creo que está muy lejos de pasar. Así pues, aquí seguiremos divirtiéndonos, yo escribiendo y otros, espero, leyéndolo. Y ni más más, ni más menos.
Bueno, pues si todo va bien y he entendido bien las instrucciones de Google Drive, en estos dos enlaces podréis acceder a la encuesta para friquis y encuesta para vagos. Cualquiera de las dos puede ser, por lo tanto, contestada. Ya sabes que la cosa va de definir, mediante los votos, a los cinco personajes más importantes para la Historia de España.
A partir de aquí, si todo lo que te importa es la encuesta, puedes dejar de leer.
En algún momento, en la primavera del año 2006, conversaba yo con mi sobrino, que entonces tenía catorce años y me torturaba un poco con las inevitables ayudas para estudiar los temarios de la ESO y tal. Tuvimos una conversación relativamente larga sobre política, ya se sabe, esas inevitables conversaciones sobre cómo está la cosa, lo que habría que hacer, que si los españoles somos así o asá... el caso es que, de forma un tanto casual, me surgió la idea de saber, con algo más de propiedad, qué nivel de información tenía mi interlocutor para elaborar las opiniones que elaboraba. Así que le pregunté: ¿qué sabes de la guerra civil española? Se encogió de hombros y me contestó, literalmente: «no sé; algo que pasó en 1952, creo».
Aquella respuesta me inquietó. Entonces, además, yo estaba en mi propia fase de descubrir internet, una herramienta que apenas utilizaba para documentarme en el trabajo. No sabía lo que eran las redes sociales y, por supuesto, no participaba en ellas. Una tarde no muy distante de la conversación del párrafo anterior descubrí que había foros de discusión a miles en la red, entre otros de la guerra civil, que era el periodo que en ese momento me atraía más por estar realizando la investigación previa de mi novela. Me apunté a un par y en alguno incluso he estado relativamente bastante tiempo. Pero la experiencia no tuvo nada de positiva. En el 2006 estábamos ya en la fase de intensa polarización en torno a la GCE que se acrisoló, no tanto en el texto, como en la discusión del texto de la denominada Ley de la Memoria Histórica. El hecho de que el pasado histórico se convirtiese en elemento de la discusión social y política, además, atrajo a ese entorno a una caterva de memos bastante importante, que en estos últimos años han escrito, casi todos, libros «divulgativos» sobre la cosa; con lo que, sobre una capa freática de historiografía que a golpe de subvención y sectarismo ya se había convertido en algo intelectualmente cuestionable, se posó esta otra de los sedicentes historiadores mediáticos, todos ellos fibrilándose en los debates de la red.
Lo que más me impresionó de aquellas experiencias en foros abiertos fueron dos cosas, que además están encadenadas. La primera fue la extremada ignorancia a partir de la cual las personas sostenían sus ideas. El primer debate más o menos largo que tuve implicó al general Queipo de Llano y su (según mi interlocutor) presunta falta de recursos en las primeras horas de su operación para hacerse con el control de la ciudad de Sevilla para la rebelión. Según este interlocutor, todos los relatos sobre la pobreza de medios con que había contado Queipo se los había inventado él a posteriori, y añadía que había contado con no sé cuántos miles de soldados para sus operaciones. Tras mucho porfiar (porque no fue fácil), mi interlocutor acabó informando de que el dato estaba en no sé qué libro, que consulté, y en el que pude ver que la dicha cifra se refería a los efectivos con los que había contado, no ya Queipo, sino Franco, cuando avanzó de sur a norte tras haber podido pasar al ejército de África a la península. En otras palabras; mi amable contertulio no distinguía el 19 o 20 de julio de 1936 de, digamos, los principios o mediados de agosto; lo cual, en términos de recursos para los alzados, es, siempre según mi modo de ver, un error garrafal.
La segunda cosa que me impresionó fue la forma con la que, al fin y a la postre, los compañeros de foro, inclusión hecha de sus (teóricos) moderadores, acabaron por recibir las respuestas que yo les escribía que, haciendo uso de mi habilidad con los diez dedos, solían ser bastante largas. Lo llamaron soberbia. A su modo de ver, manejar datos, contestar con datos, expresar que además son bien evidentes, que algunos de ellos no son cosas que se puedan opinar (un ejemplo: no cabe sostener que la afirmación de que las izquierdas abrieron en el 36 las cárceles también a los presos comunes es una invención de las derechas o de la historiografía franquista, porque entre otras cosas lo cuenta, negro sobre blanco y sobre la cárcel de Oviedo, Pasionaria en sus memorias) significaba desempeñarse con soberbia. Confieso que me llama mucho la atención esa mutación de España, que no sé muy bien cuándo se produjo, merced a la cual quien estudia y hace los deberes es un soberbio, y quien sostiene sus ideas en la nada resulta ser su víctima. En cualquier impostura intelectual que de tal se preciase, el primero habría de ser felicitado y el segundo, ridiculizado. Pero el mundo, por lo que se ve, ha caído en manos de los ridículos, que votando a tipos tan ridículos como ellos consiguen que la ridiculez adquiera timbre de actitud sana y respetable.
Todas estas cosas fueron las que me llevaron a abrir este blog. Quería, y creo que lo he conseguido cuando menos en buena parte, crear un espacio donde no sólo el conocimiento, sino el debate sobre la Historia se puede plantear en términos razonables y civilizados. Cierto es que la red es la red, y pronto me tuve que descabalgar de mi primera intención naïf de dejar los comentarios libres y abiertos, porque hoy en día no se puede evitar que los retrasados mentales, con todo el tiempo que tienen, acaben por localizar tu esquina en la red y empiecen a contaminar los comentarios con troleo de diversa naturaleza. Aun así, edito poco; yo creo que los lugares de internet se retroalimentan mucho, y las gentes que van buscando bronca, cuando no la consiguen, abandonan pronto, porque las posibilidades de lograrla en la red son innúmeras. De hecho, debo confesar que, a menudo, espío en Google Analytics de dónde viene gente que acaba en el blog y me encuentro enlaces a algún que otro foro de discusión; me enlazo al dicho foro y me descojono un rato leyendo las cosas que en «el mundo libre» se escriben, madre mía...
Después de siete años, estimo en aproximadamente 3.000 páginas lo escrito, incluyendo una novela completa, varios opúsculos, un par de ellos publicados en Kindle. Nunca pensé llegar tan lejos; la verdad es que pensaba que me aburriría después de un mes o dos. Sin embargo, muy pronto me dí cuenta de que la experiencia de la lectura, que ya de por sí es muy gratificante, lo es más si lees para algo. Yo tengo la suerte, o la desgracia, de que la Historia, que es lo que más me gusta leer, no tenga absolutamente nada que ver con mi vida, ni con mi trabajo, ni con mis necesidades. Es una suerte, sí, porque si no vivo de la Historia no tengo el problema de que me pueda convertir en un mercenario intelectual de ésos que cobran subvenciones por escribir libros demostrando que el rey Fruela era un dedicado activista de los derechos de los homosexuales, o que Recaredo albergaba el plan de petar la terra gothorum de molinos eólicos. Pero no lo es desde el punto de vista de que, como escribía supra, en realidad no leo para nada, como no sea para mi propia cultura. Si además tengo un blog sobre la materia, la cosa cambia.
En términos generales, leo tres cosas y escribo una. Tengo el problema de que me cuesta contar anécdotas; esto es lo que lía los textos. Me gusta la historia anecdótica, pero llega un punto en que los hechos hay que situarlos, e investigar, formular, esquematizar y luego describir ese encuadre es, también, una labor molona. Si algo me jode especialmente es estar perdiendo, ya casi sin remisión, la capacidad de escribir posts únicos; casi todo lo que me sale son series de artículos (porque hay mucha gente a mi alrededor comiéndome la oreja con eso de que al lector de internet hay que darle textos muy cortos), y cada vez más largas. Avanzo hacia lo superferolítico.
El blog lo visitan, en temporada normal, unas 800 personas diarias. Algunas de ellas, a base de dejar comentarios, ya están como sentadas en el mismo salón que yo, frente a la chimenea. El viaje intelectual es una experiencia individual que luego se comparte.
Podría escribir eso tan manido de que con una sola persona que haya aprendido leyéndome que la guerra civil comenzó el 18 de julio de 1936, ya me sentiré pagado. Pero, la verdad, es una gilipollez. A día de hoy, yo sigo sin esperar retribución alguna por algo que hago porque me da la gana; y mi sobrino, que ahora tiene 21 años, la verdad, tengo mis dudas de que sepa situar correctamente la fecha de marras. Cosas como este blog son como arrojar un merengue contra el casco del Titanic, porque lo que España necesita, a mi modo de ver, no son personas que intenten sacarla de la ignorancia, sino darse cuenta, ella misma, de que no mola ser ignorante.
Y esto último es algo, que, sinceramente, creo que está muy lejos de pasar. Así pues, aquí seguiremos divirtiéndonos, yo escribiendo y otros, espero, leyéndolo. Y ni más más, ni más menos.
viernes, enero 10, 2014
999: los cien
Bueno, en este post 999, y como algunos habéis sugerido, os coloco la lista de mis cien personajes (que no españoles). Para que la podáis poner a parir a gusto.
La próxima vez que nos veamos, será en el post número 1.000.
jueves, enero 09, 2014
998
Hemos pasado las fiestas, de la forma más elegante posible, y ya nos encontramos, aquí, apostados en el artículo de este blog que hace el número 998. Esto es, estamos a dos del Año 1000 y los portentos que, tal vez, nos traiga aparejados.
Quienes sean fieles seguidores de este blog sabrán que hace tiempo afirmé que celebraría el post número 1.000 con una encuesta. Mentí. Lo voy a celebrar con dos.
La cosa tiene su explicación.
En realidad, en las últimas semanas he estado trabajando en diversas encuestas posibles. Elaboré una que incluía diversas preguntas y cuestiones, tales como cuál ha sido el mejor y el peor rey de España; qué diferentes niveles de responsabilidad otorgan mis lectores a los diferentes personajes de la II República en lo que concierne a la guerra civil; y tal. Sin embargo, algunos de mis cercanos me han atacado con el nada elegante argumento de que la encuesta quedaba superferolítica. «A la gente no le puedes pedir que conteste más allá de tres o cuatro preguntas», me decían. Luego, un día, en Facebook una amiga colgó un mensaje diciendo que su hijo había hecho una encuesta en internet para un trabajo en el colegio o en la universidad, y que por favor la contestásemos. Me conecté y la contesté; me pareció un coñazo. Entonces tuve que reconocerme que tal vez mis críticos tenían razón.
Esa encuesta sigue ahí, aunque guardada en el baúl de los recuerdos. Mientras tanto, yo cambié de estrategia. Me dije: hay que buscar un enfoque fácil. Un domingo, durante uno de mis habituales paseos mañaneros, sentado en la plaza de Oriente a los pies de Ordoño I, me vino la idea: el Hall of Fame de la Historia de España. Los N (siendo N entero y menor de, digamos, 25) españoles que han sido más importantes para nuestra Historia. Bingo. Un enfoque fácil, sencillo, en el que pueden tener opinión hasta quienes no sepan gran cosa de Historia.
A partir de ahí, la cosa se complicó again, como me suele pasar.
Primero pensé en una encuesta cerrada: una lista de personajes, a cada uno de los cuales se le pone nota, de 0 a 10 como en el viejo cole, para construir un ránking con el promedio o la mediana (decisión pendiente, aunque a mí me suelen gustar más las medianas, porque a la hora de valorar personas hay mucha gente que da por culo estirando la desviación típica). Entonces hice la lista. No sé por qué pensé en la Última Cena, así pues, para tener por lo menos 11, quise hacer una lista de 25. Cuando iba por la mitad, me di cuenta de que iban a tener que ser más. Traté de parar en 50, pero no pude. Me juré que en 75 paraba fijo, pero la verdad es que, y muy a mi pesar, paré en 100. Y aun me quedo corto, pues todavía no me han entrado ni Zapatero ni Aznar que, como todo el mundo saben, marcan un antes y un después en nuestra Historia.
Pero, claro, estábamos otra vez en las mismas: ¿verdaderamente, me dijeron los allegados, vas a pedirle a la gente que le ponga nota a 100 personajes? Hombre, no es tan así, porque se puede dejar en blanco a quien se quiera, pero...
En esas estaba cuando me acordé de Artur Mas. Él me dio la clave: ¡no hagas una pregunta, sino dos!
Así pues, tomé una decisión sobre el tamaño del Hall of Fame. Como éste es mi blog y aquí mando yo y a mí lo que me mola es el baloncesto, me decidí por el 5. Los cinco personajes (ojo: no necesariamente los cinco españoles) que conforman el quinteto titular de nuestra Historia, desde el punto de vista de que han sido más relevantes para su definición; sea, ojo, dicha relevancia positiva, o negativa. O sea, no quiero preguntar quién te cae bien. Quiero preguntar quién, en tu opinión, te ha hecho, en el sentido del verbo que utiliza el famoso y denostado anuncio televisivo de Campofrío.
De lo que se deduce que, en el post 1.000, colocaré dos encuestas:
Quienes sean fieles seguidores de este blog sabrán que hace tiempo afirmé que celebraría el post número 1.000 con una encuesta. Mentí. Lo voy a celebrar con dos.
La cosa tiene su explicación.
En realidad, en las últimas semanas he estado trabajando en diversas encuestas posibles. Elaboré una que incluía diversas preguntas y cuestiones, tales como cuál ha sido el mejor y el peor rey de España; qué diferentes niveles de responsabilidad otorgan mis lectores a los diferentes personajes de la II República en lo que concierne a la guerra civil; y tal. Sin embargo, algunos de mis cercanos me han atacado con el nada elegante argumento de que la encuesta quedaba superferolítica. «A la gente no le puedes pedir que conteste más allá de tres o cuatro preguntas», me decían. Luego, un día, en Facebook una amiga colgó un mensaje diciendo que su hijo había hecho una encuesta en internet para un trabajo en el colegio o en la universidad, y que por favor la contestásemos. Me conecté y la contesté; me pareció un coñazo. Entonces tuve que reconocerme que tal vez mis críticos tenían razón.
Esa encuesta sigue ahí, aunque guardada en el baúl de los recuerdos. Mientras tanto, yo cambié de estrategia. Me dije: hay que buscar un enfoque fácil. Un domingo, durante uno de mis habituales paseos mañaneros, sentado en la plaza de Oriente a los pies de Ordoño I, me vino la idea: el Hall of Fame de la Historia de España. Los N (siendo N entero y menor de, digamos, 25) españoles que han sido más importantes para nuestra Historia. Bingo. Un enfoque fácil, sencillo, en el que pueden tener opinión hasta quienes no sepan gran cosa de Historia.
A partir de ahí, la cosa se complicó again, como me suele pasar.
Primero pensé en una encuesta cerrada: una lista de personajes, a cada uno de los cuales se le pone nota, de 0 a 10 como en el viejo cole, para construir un ránking con el promedio o la mediana (decisión pendiente, aunque a mí me suelen gustar más las medianas, porque a la hora de valorar personas hay mucha gente que da por culo estirando la desviación típica). Entonces hice la lista. No sé por qué pensé en la Última Cena, así pues, para tener por lo menos 11, quise hacer una lista de 25. Cuando iba por la mitad, me di cuenta de que iban a tener que ser más. Traté de parar en 50, pero no pude. Me juré que en 75 paraba fijo, pero la verdad es que, y muy a mi pesar, paré en 100. Y aun me quedo corto, pues todavía no me han entrado ni Zapatero ni Aznar que, como todo el mundo saben, marcan un antes y un después en nuestra Historia.
Pero, claro, estábamos otra vez en las mismas: ¿verdaderamente, me dijeron los allegados, vas a pedirle a la gente que le ponga nota a 100 personajes? Hombre, no es tan así, porque se puede dejar en blanco a quien se quiera, pero...
En esas estaba cuando me acordé de Artur Mas. Él me dio la clave: ¡no hagas una pregunta, sino dos!
Así pues, tomé una decisión sobre el tamaño del Hall of Fame. Como éste es mi blog y aquí mando yo y a mí lo que me mola es el baloncesto, me decidí por el 5. Los cinco personajes (ojo: no necesariamente los cinco españoles) que conforman el quinteto titular de nuestra Historia, desde el punto de vista de que han sido más relevantes para su definición; sea, ojo, dicha relevancia positiva, o negativa. O sea, no quiero preguntar quién te cae bien. Quiero preguntar quién, en tu opinión, te ha hecho, en el sentido del verbo que utiliza el famoso y denostado anuncio televisivo de Campofrío.
De lo que se deduce que, en el post 1.000, colocaré dos encuestas:
- La encuesta de frikis, con los cien candidatos, para quien quiera toquetearla y calificarla.
- La encuesta para vagos, en la que simplemente se le pedirá que escriba los nombres de sus candidatos, sin más intervención.
El resultado saldrá del cálculo ponderado de ambas encuestas.
He dicho.
jueves, enero 02, 2014
Precarious... ¿Japan?
Quién: Anne Allison
Qué: Precarious Japan.
Dónde: Duke University Press.
Cuándo: 2013.
Cuánto: 246 páginas.
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