sábado, junio 20, 2009
Mussolini (1)
Una noche, las señoras de la limpieza entraron en la sala para limpiarla cuando ya no había nadie. En su celo por dejarlo todo como los chorros del oro, acabaron descolgando por error el enorme mapa. El papel cayó al suelo, las banderitas se desclavaron y se esparcieron caóticamente por el suelo. Contritas y nerviosas, aquellas buenas mujeres resolvieron deshacer el entuerto de la mejor manera posible. Colgaron de nuevo el mapa y, una vez hecho esto, recogieron, una por una, las banderitas del suelo, y las fueron clavando en el papel buscando los agujeros ya dejados por los alfileres, a la buena de Dios, como su entendimiento les dio a entender.
La guerra de Etiopía siguió su curso. Italia la ganó. Pero, en todo ese tiempo transcurrido, el Duce jamás se percató de que los ejércitos de su mapa habían sido colocados por unas chachas. Jamás se dio cuenta de que en el mapa había despliegues que a un militar, con sólo saber sumar dos y dos, jamás se le ocurriría hacer. Flancos de artillería precediendo a la infantería. Divisiones de caballería inútilmente concentradas en áreas montañosas donde probablemente no eran capaces de maniobrar. Estados mayores separados de sus tropas por cordilleras o grandes accidentes orográficos. Hubo dos guerras de Etiopía: la que ocurrió en Etiopía, y la que ocurrió en el mapa de Mussolini. Y no se parecieron ni una mierda.
Ése era Benito Mussolini. Una impulota y orgullosa cáscara de huevo, dentro de la cual no había nada.
El siglo XX es el siglo de la eclosión de dos ideologías: el fascismo y el comunismo. Yo, la verdad, considero que se trata, en realidad, de dos formas distintas de fascismo: uno, si se quiere, de derechas, y el otro de izquierdas. Pero me cuesta ver muchas más diferencias entre ambos desde un punto de vista programático y filosófico. No obstante, respetando la nomenclatura que todo el mundo usa (de momento; todo es cuestión que un catedrático de campanillas decida destacar diciendo algo parecido), el fascismo es, en gran medida, Benito Mussolini. Porque si por esencia del fascismo muchos tienen a Adolf Hitler, no hay que olvidar que para fascista influyente, el italiano. Esto es especialmente verdad en un blog mayoritariamente dedicado a la Historia de España, ya que el fascismo español, donde quiera que lo situemos, fue, sin duda alguna, de inspiración mussoliniana.
Benito Amilcare Andrea Mussolini Maltoni nació el 29 de julio de 1883 en Varano dei Costa, en la Romaña. Las veleidades revolucionarias de su padre, miembro de la pequeña burguesía rural, hicieron que el niño llevase tres nombres dedicados a tres revolucionarios. Fue Benito por el mexicano Benito Juárez; fue Amilcare por Amilcare Cipriani, activista anarquista; y fue Andrea por Andrea Costa, uno de los fundadores del Partido Socialista Italiano. En 1902, el joven Mussolini se desplazó a Suiza, donde se estableció el primer paralelismo entre él y alguno de los personajes que se le parecieron, en este caso Hitler. Igual que le ocurrió al dictador austriaco en Viena en su juventud, en Suiza Mussolini vivió muy precariamente, aceptando empleos de repartidor o almacenero. Por aquel entonces, por cierto, iba por la vida con una medalla al cuello que portaba un retrato de Carlos Marx. De hecho, su principal influencia de aquella época fue la rusa revolucionaria exiliada Angélica Balabanov, al calor (ideológico) de la cual labró su antimilitarismo cerril (no acudió a filas cuando le llegó la edad militar, por lo que fue condenado a un año de prisión) y su ateísmo militante. Es una escena bien conocida de su vida el debate sobre la existencia de Dios mantenido con un sacerdote llamado Tagliatella, durante el cual conminó a Dios a que lo fulminase para demostrar su existencia. Resulta difícil creer en la existencia de Dios, la verdad, si, aún habiendo sido requerido para ello, y teniendo en cuenta que es omnisciente y por lo tanto sabría la que iba a montar aquel cabezón, no aprovechó para apiolárselo.
En 1904 se decreta una amnistía en Italia que permite al prófugo Mussolini regresar al país. Tiene que prestar el servicio militar, cosa que hace con disciplina. En 1909, en Forlí, conoce a Rachele Lombardi, que será la madre de sus hijos primero y su esposa después (no se casó hasta pasados ocho años) y una de las dos mujeres de su vida junto con Clara Petacci, su particular Eva Braun. Entre dicho año y 1912, Mussolini escala en el prestigio dentro de los socialistas hasta conseguir ser nombrado director del órgano partidario Avanti.
Como todo fascista que se precie, Mussolini tenía una habilidad; cierto don. Hitler era un orador cautivador, capaz de electrizar a las masas de pequeñoburgueses y obreros que iban a escucharle a la Löwenbräukeller. Franco, por su parte, era un militar bajito y de voz bastante atiplada, pero que, a decir de sus contemporáneos, tenía una mirada y una actitud que acojonaban. José Antonio Primo de Rivera era persona de un atractivo personal y una capacidad carismática que ni siquiera sus enemigos niegan. Mussolini era regordete, no muy buen hablador (sus discursos, vistos hoy, parecen los discursos de alguien que lo estuviese parodiando con gestos exagerados), y también carecía de una presencia imponente. El don de Mussolini era la convicción. Era uno de esos políticos que era capaz de decir, con la distancia de unos pocos meses o años, una cosa y la exactamente contraria, y sonar convincente en ambos casos. Como escritor no estaba exento de talento, y tenía visión periodística. Bajo su dirección, Avanti multiplicó su difusión por cinco.
El cambio de Mussolini comienza a labrarse en 1914, con el estallido de la Gran Guerra. En apenas unas horas Mussolini, que hasta entonces ha sido un antimilitarista furibundo, se convierte en un belicista impregnado del mismo tipo de entusiasmo. Esta voltafaccia le produce tantos problemas en el PSI que decide abandonar el Avanti antes de que le echen. En ese momento, Mussolini funda un periódico propio, Il Popolo d'Italia, sobre cuya financiación inicial hay mucho misterio.
Mussolini estaba en la quinta pregunta. Así pues, no pudo fundar su periódico con ahorro alguno. Evidentemente, tuvo que contar con apoyos, y esos apoyos lo más lógico es que estén vinculados al hecho fundamental que traía consigo la defección de Mussolini: la división del Partido Socialista. Así pues, sectores del gran capital o del propio gobierno son los más racionales candidatos a haber ayudado en este punto a Benito para sacar adelante su proyecto. Por otra parte, la postura aliadófila que inmediatamente tomó el periódico en lo que se refiere a la guerra mundial ha hecho a muchos pensar que el capital francés pudo no ser muy ajeno a la operación.
A base de estas presiones, Italia, en 1915, le declara la guerra a Austria. Una decisión que colocará el primer mojón del camino que lleva hasta el fascismo en el poder.
jueves, junio 18, 2009
Adivinanza beethoveniana: ganó Jota.
Démosle la palabra al musicólogo francés André de Hevesy, en su obra Vida íntima de Beethoven, traducida al español por Enrique Ruiz de la Serna y publicada por la editorial Mundo Latino en 1927. Página 161:
«Por extraño azar, Beethoven, a quien sus camaradas de Bonn llamaban en otro tiempo «el español», iba a terminar sus días en una mansión que, a su vez, recordaba a España. Unos benedictinos catalanes, consagrados al culto de la Virgen Negra de Montserrat, construyeron a principios del siglo XVII una capilla y un monasterio en Viena. José II disolvió la congregación de los españoles negros. En lo que fuera iglesia, se instaló un depósito de catres de cuartel, llamado por el pueblo el «almacén de las pulgas». El monasterio quedó convertido en casa de vecindad. Era un amplio caserón de dos pisos, que por un lado daba a las murallas y las frondosas colinas que rodean la capital y por el otro a un vasto terreno que antaño sirviera para los ejercicios militares. Aquella vivienda de altas y resonantes bóvedas tenía algo de monacal. El 15 de octubre de 1825, Beethoven alquilaba en ella un modesto cuarto del piso segundo (...)»
Por lo tanto: lo de españoles negros tiene que ver no con los españoles, sino con su culto, que se centraba en una virgen negra, la de Montserrat. Y eran catalanes. Beethoven murió en lo que antes de ello fuera un monasterio de benedictinos catalanes.
Cataluña es la respuesta. De esta adivinanza, quiero decir.
miércoles, junio 17, 2009
Ludwig van Beethoven y el Estado de las autonomías
La pregunta es: ¿qué comunidad autónoma española está [probablemente, sin ella saberlo] íntimamente ligada a la muerte del genial Luis de Beethoven?
Y, ya puestos, ¿por qué?
lunes, junio 15, 2009
La huelga agraria del 34
El secreto tiene que ver con que algunas veces, muchas incluso, es la música quien decide sobre qué escribir. Yo no sé si a vosotros os pasa lo mismo, pero el caso en que a mí hay músicas que se me quedan pegadas a temas del conocimiento, normalmente porque esa música sonaba en el momento en que yo hacía alguna lectura especialmente importante sobre esos mismos conocimientos. Este reflejo condicionado humano genera maridajes extrañísimos y casi imposibles de explicar a cualquiera que no sea yo, porque la identificación proviene de hechos tan íntimos que son imposibles de transmitir.
Hace muchos, muchos años, leí un libro sobre la historia del Egipto antiguo. Se trata de la monografía de Etienne Drioton y Jacques Vandier. Tiene casi 1.000 páginas, como corresponde a un manual universitario que está más diseñado para la consulta que para la lectura. En aquel entonces la Historia de Egipto me fascinaba más que ninguna otra y decidí pasar aquel verano leyendo el enorme libraco amarillo a ratos perdidos, en las horas de más calor. Por aquel entonces me pude comprar el primer tocadiscos que entró en mi casa. Lo que pasa es que la compra del tocata me dejó tan seco económicamente hablando (otra buena razón para leer de más en casa) que apenas pude comprar en el Discoplay de Princesa dos o tres discos, que escuchaba una y mil veces. Uno de aquellos discos era el de uno de los conciertos de Vinicius de Moraes y Toquinho, creo que en La Fusa, pero no estoy seguro. Un disco en el que ambos cantan una canción muy cadenciosa que se llama Tarde en Itapoa.
Aquel fue, por lo tanto, un verano de Tarde en Itapoa y dinastías faraónicas. La mezcla ocurrió tantas veces, y fue tan placentera, que desde entonces, cada vez que escucho esa canción, cierro los ojos y, si alguien me pregunta en qué pienso, le doy esta absurda respuesta: trato de imaginar al faraón Pepi reinando sobre el mundo con 108 años de edad.
Esta tarde he seleccionado para empezar a trabajar en el ordenador un disco que os recomiendo vivamente: Eleven string baroque, con piezas del guitarrista sueco Göran Söllscher. Confieso que la música barroca versionada para guitarra, piano y, en menor medida, arpa, me fascina casi tanto como Donizetti o los Doobie Brothers. Y no sabría decir por qué, no sabría decir cuál es el origen de este reflejo de Pavlov, pero lo cierto es que cada vez que Söllscher toca la primera pieza de este disco (el hermosísimo pasacalle de Silvio Leopoldo Weiss), si cierro los ojos, viajo al año 1934 y veo el rostro, contrariado y tenso, de Francisco Largo Caballero, en junio de 1934, escondido entre sus puños, mientras masculla: «¡Lo dije! ¡Lo dije!»
Y ahora debo explicaros el por qué de esta visión. Y, para eso, debo hablaros de la huelga general campesina de junio de 1934.
sábado, junio 13, 2009
La mafia en sus orígenes (y 5): la muerte de Lo Turridu
Salvatore Giuliano cobró caro su papel de desatascador contra la izquierda comunista siciliana. Se cobró aquel trabajo tan desagradable en forma de contactos e influencias al más alto nivel en los gobiernos italianos. Sin embargo, sólo era cuestión de tiempo que los políticos, que como sabemos siempre viven, de un forma u otra, al filo de la navaja, se diesen cuenta de que era negocio muy peligroso figurar en la agenda de un tipo como Lo Turridu. Aunque al mismo tiempo lo necesitaban. La democracia cristiana multiplicó por 1,5 sus votos en las áreas controladas por Giuliano desde el momento en que existió connivencia entre ambas partes.
Los poderes deciden acabar con Giuliano. Pero para eso necesitan a don Calo y su, digamos, capacidad logística.
El primer clavo del ataúd de Salvatore Giuliano lo clava el gobierno de Roma creando en Sicilia el Mando de las Fuerzas para la Represión del Bandidismo, al frente del cual colocará al coronel Ugo Luca, a quien muchos llaman El Chino, a causa de los muchos años que pasó en el Extremo Oriente realizando labores de información, o sea espionaje.
Luca y Vizzini se entendieron a la primera y llegaron a un pacto rápido. A cambio de protección para sus hombres, el jefe de la Mafia comprometió su colaboración en la caza de Giuliano. Este acuerdo supuso el inicio de un calvario para Lo Turridu, pues la Mafia comenzó a darle el queo a los carabineros de cada movimiento de su organización, con lo que la policía comenzó a ser sospechosamente eficiente (y selectiva) en sus acciones anticriminales. Giuliano, desde luego, no se quedó quieto. Ocho carabineros murieron en Bellolampo, dos más en Monreale e incluso un comandante del ejército fue asesinado en Montelvetrano. En paralelo, la Mafia maniobró para facilitar la detención de algunos de sus lugartenientes, tales como Nunzio Badalamenti, Castrenze Madonia, Antonio Guarino, Gaspare de Liso y Vincenzo Ofanto.
Con todo, no fue ninguno de estos hombres el utilizado para llegar hasta Giuliano. Fue Gaspare Pisciotta, un malhechor que para entonces ya estaba tuberculoso. Pisciotta era uno más de los fieles a Giuliano que se había dado cuenta de que algo no iba bien, porque la impunidad de que habían gozado en el pasado, y que su jefe les juró estaba garantizada con la victoria de la democracia cristiana, se había esfumado. Así pues, fue rápidamente sensible a las llamadas de la Mafia para que colaborase con la policía.
Otro elemento importante de la trama fue Benedetto Minasola, a quienes todos conocían como don Nitto, jefe de la Mafia de Monreale, que estaba mosqueado con la penetración en su territorio de los hombres de Giuliano.
En el hotel de Palermo donde Vizzini residía cuando estaba en la capital, don Calo le comentó a don Nitto que había que matar a Giuliano, y que Pisciotta estaba dispuesto a colaborar a cambio de impunidad y un pasaporte para irse a América (como el escolta que traiciona a Michael Corleone en la primera parte del Padrino y, con ello, causa la muerte de su primera mujer). Don Nitto se convirtió en el intermediario que atrajo a Pisciotta y lo llevó al cuartel de Calatafini de Palermo, donde se entrevistó con el coronel Luca. Mientras ocurrían estas gestiones, Giuliano acababa con el jefe de la democracia cristiana de Parnitico, Santo Flores, su principal colaborador y el hijo de éste, que sólo tenía tres años.
Giuliano tenía algunas costumbres que Pisciotta, por supuesto, conocía bien. Por ejemplo, cuando iba a Castelvetrano dormía en casa de un abogado de la localidad apellidado De María. Cuando Pisciotta avisó de que Guiliano iba al pueblo, se decidió la operación.
Ugo Luca puso en juego a otro personaje: el ex inspector de la seguridad pública Ciro Verdiani. Había sido cesado con la creación del mando de Luca, así pues odiaba a los carabineros y, conocedor de que Giuliano era su principal enemigo, procuraba darle soplos de todo lo que se enteraba. Luca lo llamó a su despacho y, jugándosela a fondo, le contó a Verdiani que pensaba matar a Giuliano. Sin embargo, le dijo, era algo que no podían hacer directamente los carabineros. Hacía falta alguien que fuese lo suficientemente bueno para llevar a cabo la operación pero que, al tiempo, estuviese lo suficientemente libre de cargos o responsabilidades como para no despertar sospechas. El ego de Verdiani se hinchó y se hinchó hasta que el policía, viéndose como el gran héroe de la lucha contra el crimen siciliano, aceptó. En realidad, todo aquello fue un movimiento de Luca para tener un Plan B por si la cosa salía mal, y así tener un pringao al que echarle la culpa. Como salió bien, optó por poner a los carabineros en primera fila para la foto.
Don Nitto era responsable de comunicarle al abogado De María toda la operación. De María ni se negaría ni se iría de la lengua; como miembro de la Mafia, estaba obligado a obedecer a su capo.
La noche de la muerte de Giuliano, los carabineros, dirigidos in situ por Verdiani, rodearon silenciosamente la casa del abogado De María, tras lo cual Gaspare Pisciotta y don Nitto llamaron a la puerta.
Pisciotta tenía una sola instrucción clara: cuando matase a Giuliano, resultaba imperativo que tuviese los pantalones puestos. Dado que toda la operación iba a hacerse pasar por una operación policial clásica, habría sido muy difícil, cuando no imposible, demostrar que la policía había logrado penetrar en su dormitorio hasta pillarlo en calzoncillos sin que antes hubiese sido prevenido. Así pues, Pisciotta le dice que le han descubierto y que debe huir. Cuando Giuliano se vuelve para ponerse los pantalones, espera unos segundos, que le debieron parecer siglos, hasta que se sube los pantalones, y después dispara tres veces.
Aún así, Pisciotta ser precipitó. Al morir Giuliano y soltar los pantalones que se estaba ajustando, éstos cayeron a los tobillos. Así pues, don Nitto y De María tienen que levantar el cadáver y terminar de vestirlo.
La policía, finalmente, tiene su gran triunfo contra el crimen en Sicilia. Pero ese triunfo no ha hecho otra cosa que consolidar a la Mafia.
miércoles, junio 10, 2009
La mafia en sus orígenes (4): muertos y más muertos
Todas estas acciones están relacionadas con la conferencia de Londres, celebrada poco tiempo antes de estas acciones. En dicha conferencia Estados Unidos, creyendo jugar sobre seguro en su apuesta, emplazó a la república italiana presidida por Alcide di Gasperi a que en seis meses demostrase que era capaz de gobernar su territorio. Con toda claridad, si Washington se lanzó aquel órdago a juego es porque estaba convencido de que Di Gasperi llevaba la jugada de Perete. No contaba, sin embargo, con la inteligencia de dos personas: el jefe de la diplomacia soviética, Molotov, y el alto comisario italiano para Sicilia, Aldisio. Molotov le rompió las pelotas a la propuesta del primer ministro laborista inglés, Clement Attle, de celebrar un referéndum en Sicilia, a base de proponer la misma solución para Grecia, un territorio de influencia británica en el que Londres por los cojones treinta y tres quería dar voz al pueblo para que decidiera. Por lo que se refiere al funcionario italiano, decidió movilizarse dentro del complejo sistema de influencias que era la política siciliana y buscó un aliado inesperado. Aquellos que seais aficionados al ajedrez me entenderéis si os dijera que esta jugada habría que describirla seguida de un par de signos de admiración.
Buscó la ayuda de la Iglesia.
El propio Calogero Vizzini tenía varios parientes directos que eran curas. Y la Iglesia, además, era y es una institución con una diplomacia lo suficientemente fina como para percibir los beneficios existentes en una solución autonómica para Sicilia, con un parlamento local controlado por los barones. Aldisio comenzó a vender esta solución y la jerarquía eclesiástica la compró y se la transmitió al jefe mafioso; con ello, lentamente, se comenzó a labrar el cambio de orientación de la Mafia en la cuestión siciliana.
Pero toda situación que está jodida es siempre susceptible de empeorar. En el tablero hay una pieza más, con ganas y capacidad de moverse: los comunistas. Se moverán, y su movimiento desencadenará la tragedia.
Es el 16 de septiembre de 1944. Estamos en la pequeña localidad de Villalba, centro neurálgico de la provincia de Catalanisetta; la población de origen, el Corleone de Calogero Vizzini. Al pueblo entran camiones de militantes comunistas, que se bajan de los mismos profiriendo cánticos. Es una demostración en el mismo epicentro de la Mafia organizada por Girolamo Li Causi, el dirigente local que acompañó al embajador soviético en su visita al coronel Poletti.
Mafioso y comunista se encuentran frente a frente en plena calle. Como en una escena de spaguetti western, ambos llevan en los ojos el mensaje de que los dos a la vez no caben en el mismo pueblo. Vizzini conmina a Causi a que se marche con sus militantes. El comunista se niega. Vizzini parece ceder, y le invita a tomar café en una taberna que está cerrada, pero que abre por arte de magia nada más acercarse a ella el jefe mafioso. En la trastienda, se sientan Vizzini, su confidente don Lumia, Li Causi y Michele Pantaleone, militante socialista. Allí, el mafioso vuelve a exigir que se vayan. Y los comunistas se vuelven a negar.
Llegan las tres de la tarde. A las tres de la tarde, la treintena de comunistas llegados en camión más algunas decenas de braccianti, jornaleros, atienden al estrado de los oradores. Al fondo de la plaza, don Calo con medio centenar de pisciotti observa la escena en silencio.
Li Causi toma la palabra. Habla de las razones por las que el PCI ha decidido apoyar al gobierno Badoglio. Y también conmina a los sicilianos a liberarse de la Mafia, una organización criminal, dice, cuyo principal jefe está al fondo de la plaza.
Don Calo ruge.
Los pisciotti amartillan sus armas.
Y disparan.
Es difícil de creer, pero aquella tarde, en Villalba, hubo 18 heridos, pero ningún muerto. Entre los heridos estuvo Causi, que recibió un balazo en un muslo. Nadie fue jamás encarcelado por esta acción, que fue sobreseída definitivamente catorce años después.
No será ésta la única tragedia del año. El 19 de octubre de 1944, unas sesenta mil personas se manifiestan por la escasez de abastecimientos en Sicilia. Toda Italia sufre racionamiento, pero en la península es más fácil encontrar abastecimientos que en Sicilia, porque en la isla, además de la escasez, hay una Mafia que se lucra de la misma. En la manifestación se producen disparos contra el ejército, hasta que un soldado resulta muerto. En ese momento, el alto comisario Aldisio ordena una carga contra los manifestantes. Dicha carga provoca nada más y nada menos que 107 muertos, de los cuales 17 son niños que, en su mayoría, murieron aplastados por la multitud.
Tras esta manifestación, que no hace sino alimentar la idea general de que Italia es responsable del hambre siciliana, el independentismo recrudece su política. Comandos del ejército independentistaq incendian ayuntamientos, comisarías y edificios oficiales. Además, encienden los ánimos de los jóvenes que están siendo llamados al servicio militar, y que desertan en masa. En Ragusa, nueve desertores son detenidos, hecho que provoca una violenta rebelión social que se extiende a Comiso, Vittoria, Giarratana. Finocchiaro Aprile, ya libre, reclama... la reocupación de Sicilia por los aliados (o sea, por los Estados Unidos del coronel Poletti).
En marzo ya de 1945, el independentismo siciliano fue a más aflorando la acción contra el extranjero. Para ello, sus impulsores se inspiraron en una vieja tradición conocida como vísperas sicilianas. Según esta historia, en 1282 los sicilianos salieron a la calle con sus cuchillos y pararon a la gente en la calle, conminándola a pronunciar la palabra Cicerone. Aquél que lo hacía de forma defectuosa era considerado franco-normando, y degollado. Siguiendo esta tradición, el nacionalismo siciliano impulsa acciones defendiendo la idea de que Sicilia debe ser sólo para los sicilianos. No obstante, los independentistas tienen una grieta en el casco. Esa grieta se llama Mario Turi, o sea Antonio Canepa, uno de los líderes más carismáticos del EVIS, el cual ha desarrollado una animadversión clara hacia los mafiosos y, además, parece querer iniciar acercamientos con los comunistas.
El 17 de junio de 1945, en Randazzo, Canepa y los comunistas tienen una cita para hablar de la posibilidad de una Sicilia autónoma dentro del Estado italiano que pueda placer a todos. A las doce menos cuarto de la mañana, una moto con sidecar conduce por la carretera de Catania a Randazzo, que transcurre por las laderas del volcán Etna. En un solitario punto del camino, al paso del vehículo, ráfagas de ametralladora. Lo Giudice, el joven que conduce la moto, muere casi antes de soltar el manillar. Los otros dos viajeros también están muertos: Antonio Canepa y Rosano, su principal lugarteniente. Dos pájaros de un tiro. El independentismo siciliano se ha quitado de en medio a un tibio y, de paso, lo ha convertido en un mártir.
Vizzini no da hilo sin puntada. Es probable que mucho antes de la muerte de Canepa ya estuviera pensando en la posibilidad de colocar a Salvatore Giuliano en su puesto de jefe militar del independentismo. Giuliano, a quien todos llaman Lo Turridu, es un malhechor de pies a cabeza con un temible estado mayor: Gaspare Pisciotta, que tendrá una importancia crucial en su vida; Pasquale Sciortino, Antonio Terrano, Guiseppe Zito, Antonio Cucunella... Todos ellos pasarán a la Historia por caminos malolientes.
Hablamos de la tragedia de Portella della Ginestre.
Es el 1 de mayo de 1947. Lo que significa el día del trabajo para los comunistas supongo que no hay que explicarlo. En la localidad de Portella della Ginestre, los militantes y simpatizantes comunistas de San Ciripello, de San Giuseppe Juto, de Piana dei Greci, se han ido acumulando en la plaza del pueblo para un mitin de celebración. Salvatore Giuliano los observa desde unas peñas cercanas. Cuando ya hay formada una multitud de centenares, entrada la mañana, Giuliano se levanta y da una señal. Lo siquiente que se oye es el paqueo de las armas.
Dispararon durante doce minutos sobre hombres, mujeres, niños y animales. Hubo once muertos, de ellos cuatro mujeres y cinco niños, amén de 56 heridos muy graves, varios de los cuales morirían en los días por venir.
La matanza de Portella della Ginestre marca el punto más elevado del poder de la Mafia separatista siciliana. Si Giuliano se atrevió a llevarla a cabo era porque no sólo contaba con la capacidad de mando de la Mafia en Sicilia, sino con connivencias al más alto nivel en el gobierno italiano. Sin embargo, hay una cosa que la Mafia había olvidado. Una cosa que sustenta la idea de que, pase lo que pase, un régimen democrático no debe nunca dejar de serlo. Porque en una democracia hay siempre un factor que, por mucho miedo que se genere, siempre es incontrolable; y ese algo es el voto. Las personas pueden vivir con miedo; pueden no decir nunca en público una palabra más alta que la otra. Pueden mostrar respetos casi perrunos y callar sus opiniones. Pero, al final, en una democracia hay una cabina, la soledad, y un sobre. Ahí reside su grandeza.
El 2 de junio de 1946 hay elecciones, y el separatismo se queda muy lejos de conseguir los resultados apetecidos. La Mafia se da cuenta de que ha llegado el momento de plegar velas, de volver grupas sobre el secesionismo.
Y ya casi hemos terminado.
lunes, junio 08, 2009
Hijos de puta


Alguno de vosotros tendrá hijos pequeños. ¿Acaso este niño parece más peligroso que ellos?
¿Alguno de vosotros tiene un hijo de diez a doce años? ¿Queréis ver el aspecto que tendría si estuviese internado en una prisión en la que se practicasen la tortura y los trabajos forzados? Pues aquí lo tenéis.

¿Y si lo que tenéis es una hija? ¿La imaginais internada en una prisión pensando, cada noche, en la muerte, en la violación, en el hambre? ¿Creéis que pensaría en vosotros en el momento de ser fotografiada por sus torturadores? Éste es su aspecto:

Hoy no puedo ser yo quien hable. Ya llegará el día de hablar largo y tendido sobre ese rincón de Asia y su indigno experimento dictatorial. Hoy sólo quiero recomendaros, si no pediros, que invirtais un rato visitando, por ejemplo, la web de la prisión de Toul Sleng de donde he sacado los rostros de estos niños. Es sincrética, silenciosa. Sólo tiene rostros. Pero tenéis que mirarlos, al menos una vez, porque si no los miráis, los olvidaremos. Y el olvido es lo único que no podemos permitirnos.
La mafia en sus orígenes (3)
Curutalu Turi partira cu li vutidazzo, pi la vera de Cuda martedi iournu 20. In partiro lu stissu iurnu cu li vacci, li voi di carruzzu e lu tavaru. Priparati l'ordimi pi fari lu fruttu e li mannari pi riparari li pecuri. Avvertiti l'autri curatuli di tinirse pronti. Pi lu quagghiu ci mensatu lu.
En este mensaje, escrito en siliciano, alguien da instrucciones a un tal Turi (Mario Turi) para que salga el día 20 con unos pastores hasta Cerda. El remitente avisa que el mismo día saldrá con las vacas, los carros y el toro. Conmina a Turi para que prepare el fuego para la comida y abrigo para las cabras y que avise a los amigos.
Este mensaje utiliza los términos habituales del mundo rural para referirse en clave a las tropas aliadas, y ordena su apoyo por parte de los partisanos independentistas sicilianos. Y fue escrita por Calogero Vizzini, don Calo, el jefe de la Mafia.
El independentismo es un sentimiento tan legítimo como cualquier otro. Pero, como cualquier otro, también puede ser pasto de influencias e intereses más o menos espurios. Sicilia, por otra parte, ha tenido siempre la conciencia de ser distinta. Su condición insular ha hecho que desde que existe memoria haya formado un territorio aparte y, aunque está culturalmente incluida dentro de Italia, tiene elementos, por ejemplo su idioma, claramente diferenciales. Quizá la mejor expresión del sentir de los sicilianos como italianos esté en una de las escenas centrales de El gatopardo, la genial novela de Lampedusa. En esa escena, el protagonista tiene una conversación, creo recordar que con un político de Roma, en la que define muy claramente la filosofía del siciliano frente al poder central romano.
La marcha de la guerra mundial e, internamente, la resistencia contra el fascismo de Mussolini, exacerbó los sentimientos independentistas de los sicilianos. Ya en 1942, el Ejército de Liberación Sicilia, conocido como EVIS, realizó una primera acción armada contra el ejército italiano. Mussolini puso precio a la cabeza de los líderes del EVIS, y especialmente de su comandante en jefe, Antonio Canepa, alias Mario Turi, un oscuro profesor de Derecho en la universidad de Catania. Canepa es el brazo militar de un movimiento independentista que está comandado, en el flanco ideológico, por Andrea Finocchiaro Aprile. Aprile envió un memorando a la Conferencia de Casablanca celebrada por los aliados en enero de 1943 en la que calificaba a Italia de nación colonialista y solicitaba la separación de Sicilia dentro del monumental juego de Stratego en que se convirtió, progresivamente, el final de la segunda guerra mundial. Aprile, sin embargo, era un puto radical siciliano; un tipo demasiado abajo en el organigrama del mundo como para conseguir parir un papel que fuese leído por Franklin Delano Roosevelt, Josif Stalin y Winston Churchill. Si consiguió eso, sólo pudo ser por una razón: el apoyo de la OSS, es decir la inteligencia militar estadounidense, cuya principal cabeza era el coronel Charles Poletti, quien acabaría siendo gobernador de Sicilia y jefe del AMGOT, es decir el ejército aliado en los territorios ocupados.
Poletti tenía una misión. La misma que muchos otros ocupantes en diversos puntos del mundo. La misión de Poletti era garantizar la preeminencia norteamericana desde el punto de vista geoestratégico. De momento, el partido iba en contra en el Mediterráneo; o, si preferís, en las vías hacia el petróleo de Oriente Medio. Las dos llaves de esta vía, es decir el Estrecho de Gibraltar y el Canal de Suez, estaban en manos británicas; Churchill, además, tenía el culo sentado sobre Egipto, Chipre, Rodas, Malta y Palestina, a lo que hay que unir que Grecia se muestra partidaria de llegar a algún acuerdo preferencial con Londres y que la fidelidad francesa, líder en el norte de África, no es algo en lo que quepa confiar. Por su parte, la URSS, mediante la más que previsible extensión de su área de influencia por lo que un día conocidos como los países del bloque del Este, tenía también su pica puesta. Para Estados Unidos, Sicilia e Italia eran cruciales; y, cuando termine la guerra, conforme Italia se vaya convirtiendo en el segundo país, con Francia, en el que la influencia comunista es más fuerte, no pocos estrategas americanos acabarán por darse cuenta de que la carta que deben jugar es la segregación de Sicilia; al fin y al cabo, en Sicilia manda una organización rabiosamente anticomunista. Que además fuese una organización rabiosamente criminal no parece que les importase mucho.
La falta de escrúpulos a la hora de buscar soldados para su cruzada queda demostrada con hechos como la detención por los fascistas, en mayo de 1943 en Sferracavallo, de un italonorteamericano que declaró haber sido reclutado por la inteligencia americana en una cárcel en Boston, donde cumplía condena por haber sido soldado de Charlie Lucky Luciano. Otros gángsteres de segunda fila como Nicky Gentile, Albert Vinizza o Romero Bertoluzzi, fueron al parecer usados por la OSS. En todo caso, Poletti tenía sus propios contactos en Estados Unidos, pues era buen amigo de James Riddle Hoffa, el que sería todopoderoso líder del sindicato de camioneros con notables conexiones mafiosas; o el propio Vito Genovese.
El 23 de julio, los aliados liberan Palermo. Cinco días después el CIS, o Comité por la Independencia de Silicia, reclama la segregación de la isla. El 21 de agosto, el coronel Poletti recibe a los miembros del CIS, bajo la dirección del barón Lucio Tasca, casi con honores de Estado. Este detalle despierta la ira de Don Sturzo, el líder de la democracia cristiana italiana. El 3 de septiembre, los últimos alemanes y camisas negras que quedan en Sicilia capitulan. Empieza una nueva etapa para Sicilia y para la Mafia.
Don Calo y Poletti acuerdan el nombramiento de Tasca como alcalde de Palermo. De hecho, en la administración provincial nombrada por el americano, son mayoría los partidarios del separatismo. Finocchiaro Aprile le dirige una carta al rey Víctor Manuel invitándolo a abdicar y a santificar la segregación de Sicilia. La democracia cristiana reacciona intentando hacerse presente en la vida política siciliana. El CIS contesta con un macrocongreso independentista celebrado en enero de 1944, en cuyas sesiones no faltó nadie. Estuvo Calogero Vizzini, pero también Genco Russo, quien acabaría heredando su padrinazgo, Vito Genovese, y todos los jefes locales.
Sólo era cuestión de tiempo que «el otro» moviese ficha.
El 15 de febrero de 1944 desembarca en Sicilia Andrej Vichinsky, embajador de la URSS en Italia. Lo primero que hace es visitar a Poletti. Y lo primero que hace, cuando lo tiene delante, es expresarle la honda preocupación de la URSS ante la posibilidad de que los EEUU y Gran Bretaña estén pensando en apoyar una solución secesionista en Sicilia. Vichinsky hace en esa reunión todo un alarde de conocimiento sobre la realidad siciliana y se preocupa muy bien de que, a su marcha, Poletti se dé cuenta de que ha llegado acompañado por Girolamo Li Causi, futuro onorevole miembro del Senado italiano, y el principal representante del Partido Comunista en Sicilia; amén de enemigo declarado de la Mafia.
Para los mafiosos se hace evidente que los comunistas son el enemigo. Palmiro Togliatti, el histórico líder comunista, regresa del exilio y deja claro desde el primer minuto que apoya la total unidad italiana; la situación se hace explosiva cuando el PCI se convierte en el principal valedor en Sicilia de la requisa de trigo decretada por el gobierno. En Regalbuto, en mayo de 1944, dos comunistas son asesinados. La mafia de Casteldaccio, a su vez, acaba con la vida de otro comunista integrado en una comisión de control y reparto de las requisas.
Salvatore Aldisio, nombrado en 1944 alto comisario italiano para Sicilia, impulsó un estudio sobre los diferentes apoyos existentes en Sicilia a las opciones políticas. Segúndicho estudio, el movimiento independentista tendría 480.000 miembros, a los que habría que unir otros 26.000 separatistas de partidos menores. La democracia cristiana tenía 25.000, los socialistas 7.000, y el Partido Comunista 250.000. Parece bastante claro de qué iban las hostias.
Aldisio y Poletti chocaron inmediatamente. El americano se negó a destituir a los alcaldes que había nombrado (casi todos separatistas o filomafiosos) y, de hecho, echar al barón Tasca del ayuntamiento de Palermo sólo fue posible cuando el asunto quedó en manos del gobierno Badoglio en Roma. El ministro del gobierno central Meuccio Ruini se deja ver por Sicilia, para hacer campaña. En el teatro Bellini de Parlermo, el mismo donde se celebró aquel supercongreso independentista, el público le tira tantos huevos podridos que el buen hombre tiene que huir.
El gobierno Badoglio decide actuar fieramente y decreta el arresto de Finocchiaro Aprile. La acción se realiza el 13 de septiembre. Se ha diseñado una operación para las ocho de la tarde de aquel día para la ocupación coordinada de sedes del MIS, detención de sus líderes y proscripción de la organización. A las 19,30, sin embargo, el coronel Poletti llega a la residencia de Aldisio y tiene con él una tormentosa reunión. Aldisio, que odia a Poletti, lo manda a la mierda. Poletti estalla. Viene a decir: vosotros, italianos, creéis que tenéis un gobierno y eso. Pero aquí quien manda es quien os ha salvado el culo y tiene los soldados. Aldisio dice que y una mierda. A las 21,45, se consigue tener comunicación con Nápoles, donde está el mariscal Badoglio, jefe del gobierno. Poletti habla con él. Badoglio le dice que le pase con Aldisio.
El alto comisario recibe la orden de abortar la operación.
Y, como decía Superratón: no se vayan todavía, aún hay más.
viernes, junio 05, 2009
Estajanovistas
martes, junio 02, 2009
La mafia en sus orígenes (2): De don Ciccio Caccia a la «victoria» de Caserta
En mayo de 1924, un triunfante don Benito, señor de Italia, visitó Sicilia. En un pueblo llamado Piana dei Greci fue recibido por un hombre más bien bajito llamado Ciccio Cuccia, que era el jefe de la Mafia local además de podestá del área (juez nombrado a dedo). Tras visitar el pequeño pueblo Mussolini sugirió una visita por las zonas rurales de alrededor. Los locales asintieron.
Cuando don Ciccio llegó al automóvil oficial de Mussolini y vio al pequeño ejército de policías que lo acompañaba de escolta, estalló en cólera. Se volvió hacia el Duce y le dijo, más o menos, que estando don Ciccio con él, no necesitaba ni un solo protector. Nadie se atrevería siquiera a mirarlo torvamente. Mussolini comprobó, alucinado, cómo los propios prebostes facistas locales aprobaban las palabras del podestá. Finalmente, tuvo que aceptar el trayecto sin un solo escolta.
Aquel pequeño viaje tuvo que ser humillante para un infatuado como Mussolini. Quizá fue la primera y única vez desde su llegada al poder y antes de su defenestración en que tuvo que asumir que no era el número uno. Para empezar, cuando entraba en su coche, don Ciccio se volvió y se limitó a decir:
- ¡El que toque a mi amigo Mussolini se las tendrá que ver conmigo y con los míos!
Y luego está lo peor. El mafioso se colocó de pie en el coche descubierto, junto al Duce, y correspondía con saludos y sonrisas a los vítores de la población al paso del vehículo.
De regreso a Roma, Mussolini cursó orden al prefecto de Palermo, Cesare Mori, de que detuviese a Ciccio Cuccia. En realidad, Mori no tenía ninguna gana de tocar la punta del pelo de un solo mafioso. Al fin y al cabo él gobernaba Sicilia y sabía bien que, vistiendo camisa negra, azul o mediopensionista, en Sicilia ni las hojas de los árboles se atrevían a caer en otoño sin permiso de su ziu correspondiente. Pero Mussolini debió de insistir mucho, especialmente después de que don Ciccio cometiese la humorada de ir a Roma, donde pretendía reunirse con su colega; así que le preparó una celada a su llegada de aquel viaje y, en lugar de conducirle a tomar un aperitivo como le prometió, lo llevó a la prisión palermitana de Ucciardione.
El encarcelamiento del capo de Partinico dio el pistoletazo de salida de una vasta campaña antiMafia llevada a cabo por Mori, que terminó de convencer a la Mafia de que el fascismo no era para ellos.
La estructura administrativa fascista era efectiva en la lucha contra la Mafia. En un país sin elecciones, los mafiosos no podían comprar políticos, pues éstos no dependían de ellos, sino de la jerarquía fascista, para llegar a ser diputados o gobernadores. Por lo demás, si la Mafia es violenta, los camisas negras no iban por la vida precisamente dando rociadas de lilimento. Mori comenzó a obtener bastantes éxitos con sus operaciones, lo cual lo instaló en la megalomanía. Una megalomanía que terminó por convencerle de que no había reto en el mundo, y muy especialmente en la Mafia, que fuese imposible para él.
Mori, por lo tanto, decidió jugar en la Champions League de la lucha contra el crimen organizado. Creyéndose el Lionel Messi de la Historia Policial, puso sus ojos en una muy poderosa familia mafiosa palermitana, los Madonie, dirigida por un conocido oculista de la ciudad, Alfredo Cucco, quien además era diputado en Roma. Aquella investigación, conforme fue profundizando, fue sacando a la luz la connivencia en negocios de los grandes capos de la Mafia, con conexiones en el Estado. Así pues, Superman Mori fue destituido sin ruido.
Durante los años de Mussolini, en todo caso, se crearía el gran tridente mafioso del que se beneficiarían los Estados Unidos una vez que entrasen en guerra. Ese triángulo estaba formado por: Calogero Vizzini, capo de Villalba y jefe in pectore de la Mafia siciliana; Charlie Lucky Luciano, co-constructor en Estados Unidos del sindicato del crimen; y Vito Genovese, otro miembro de la Cosa Nostra que en 1936 hubo de salir de EEUU y acabó en Italia, donde hizo muy buenas migas con el fascismo y, además, sirvió de enlace entre la Mafia y la Cosa Nostra.
Como diría Sofía Petrillo: Sicilia, 1943.
La segunda guerra mundial avanza. Todo el mundo sabe que en 1944 se produjo el desembarco de Normandía, pero antes se produjo otro hecho de igual o mayor importancia, que fue el desembarco aliado en el norte de África, que le creó un frente más a Hitler y que permitió a los aliados, fundamentalmente estadounidenses, atacar por el flanco más débil del Eje, que era Italia. Los aficionados a los shooter recordaréis algunas de las misiones de Call of Duty 1 y 2, sobre todo las de la Big Red One, tras el desembarco aliado en Sicilia.
El 7 de febrero de 1943, dos oficiales de la inteligencia militar americana visitaron la prisión de Dannemora, cerca de Canadá. Solicitaron ver al preso Charlie Lucky Luciano, que había sido condenado en 1936 a 50 años de prisión por delito fiscal. Querían pedir ayuda al jefe mafioso. Sabían que su organización controlaba los muelles de Nueva York, y tenían informaciones de que agentes proalemanes habían conseguido infiltrarse en los mismos con el objeto de sabotear los suministros para los aliados. Los soldados de Luciano debían identificarlos y señalarlos para que la policía se pudiera encargar de ellos.
Pero había más. Los militares americanos fueron enormemente transparentes con Luciano. Le ofrecieron el traslado a una prisión más confortable a Albany. Pero es que incluso le contaron algo que Roosevelt ni siquiera le había contado a su mujer Eleanor: lo planes secretos para desembarcar en Sicilia.
El mito dice que Luciano garantizó a los americanos la colaboración de los sicilianos. Mentira. El americano no podía garantizar tal cosa y los militares lo sabían. Lo que le pidieron aquella tarde a Luciano no fue la connivencia de los sicilianos, sino que se la pidiese a quien realmente podía proveerla: Calogero Vizzini, don Calo.
El 23 de abril, de madrugada, estos dos militares sacaron a Luciano de la cárcel, también vestido de militar, y lo trasladaron al norte de África. El 2 de mayo, los tres se metieron en un minisubmarino que buceó hasta las costas de Gela, en Sicilia. Desembarcaron de madrugada en una playa donde les esperaba uno de los pisciotti locales, que los llevó a Villalba.
Vizzini puso una sola condición al trato que Luciano le propuso: poder quedarse con las armas que encontrase por el camino. Los militares jamás hablaron directamente del tema con don Calo. Un patri ranni no discute asuntos de negocios con rifardu.
El mayor éxito de Vizzini lo consiguió en la noche del 15 de julio de 1943, en Agrigento. Allí estaba situada la 5ª División del III Ejército italiano, que tenía que defender el terreno del empuje aliado. Estaba al mando de un oficial alemán, el Oberleutenant Wolfgang Ross; y el coronel Milani, de sólidas creencias fascistas, condecorado con la Cruz de Hierro.
Cuando Ross se acercó por las posiciones de la división, el espectáculo que vio lo dejó helado. Traseros. Montones de traseros. Culos a medio desvestir, accionando en el silencio de la noche. Una división entera del ejército italiano se estaba desnudando (los americanos llamaron a esta operación secreta con el nombre en clave strip-tease). Tardó el alemán en darse cuenta de lo que pasaba: los soldados se estaban cambiando y poniendo ropa de paisano. No uno, ni dos, ni doscientos. Todos. Sin excepción. Se vestían de paisano y se susurraban: «volvemos a casa». 6.000 hombres habían decidido no luchar, le habían dado una mano de hostias a los oficiales que habían intentado meterlos en vereda y habían visto cómo el resto de la oficialidad, más pragmágtica, simple y llanamente se había largado. Teléfonos, telégrafos. Hasta el último puto aparato de la División había sido inutilizado.
Lo que Ross y Milani no lograban comprender era de dónde habían sacado 6.000 soldados ropa de paisano. Claro que nosotros sabemos la respuesta. Muy cerca de donde estaban, alguien había enviado una flota de ¡¡¡150 camiones!!! repletos de ropa; camiones que ahora estaban siendo cargados con las armas y municiones que los soldados tiraban.
Ambos, alemán e italiano, hicieron lo que un oficial debe hacer en estas circunstancias. Sacaron sus pistolas y amenazaron con matar a todo el que desertase. Pero, claro, cuando los desertores son 6.000, lo más normal que ocurra, y ocurrió, es que el que acabe en el suelo cosido a balazos seas tú. Así, pues, se produjo la victoria aliada de Caserta, en la que sólo hubo dos muertos: Ross y Milani.
La colaboración entre la Mafia y los Estados Unidos llegará lejos. Mucho más lejos.
Y me voy, que estoy haciendo el Be a Legend del PES 09 y ayer me fichó el Athletic de Bilbao. Voy a ver si me aplico, porque tengo la sensación de que se han enterado de que no soy vasco, y por eso no me pasan el balón. Aunque no debería de ser por eso, porque, al fin y al cabo, el portero del Athletic se llama... ¡¡¡Kawashima!!!
Nos vemos.
lunes, junio 01, 2009
La mafia en sus orígenes (1): Don Vito
Si sabes algo del mundo de la mafia supongo que conoces nombres como los de Dutch Schultz, Al Capone, Charlie Lucky Luciano, Lepke, Adonis, Bugsy Siegel... La lista es bastante larga pero tiene un denominador en común: se trata de nombres de la llamada Cosa Nostra, es decir la mafia americana. Hollywood es responsable de ello. Algunas de las mejores películas de la historia del cine han tenido a la mafia como asunto central. Eso marca. No son pocas las personas que consideran que la segunda parte de El Padrino es la mejor película sobre la mafia que se ha filmado (yo, personalmente, prefiero Goodfellas). Y conviene recordar aquí esta segunda tentativa de Francis Ford Coppola porque una de las cosas que nos cuenta esa segunda parte es la relación entre Don Corleone, interpretado por Robert de Niro, y su socio italiano, Don Tomassino, que se queda inválido tras una arriesgada acción para matar al capo responsable de la desgracia de la familia del niño Vito Andolini, que después sería el mayor mafioso de América.
Pero hoy, en este post, descubriréis que el hecho de que Mario Puzo escogiese para su padrino el nombre de Vito no es en modo alguno casualidad.
Las referencias a Sicilia son constantes en la historia de la familia Corleone y en el resto del cine mafioso (salvo, lógicamente, cuando la mafia tratada es la irlandesa o la negra de Harlem). Y es que en Silicia empezó todo. Pero una prueba de que todo este mundo está oscurecido es que, cuando os plantéis delante de alguien que diga saber de la mafia y rece los nombres que aquí ya se han citado, no tenéis más que contestarle: «muy bien; pero ahora, dime un nombre, uno solo, de un famoso capo de la mafia siciliana de Sicilia».
Hoy quiero salvar un poquito esta oscuridad hablándoos de mafiosos que nunca salieron de la isla de Sicilia. Hombres a quienes el mismísimo Lucky Luciano admiraba y respetaba. Hombres que, además, debieran llevarse todos los méritos de una historia conocida por todos, que es la connivencia entre los mafiosos y el gobierno americano durante el desembarco aliado en Italia durante la segunda guerra mundial. He llegado a oír cosas como que los carros de combate americanos llevaban dibujadas dos letras L, o sea Lucky Luciano, para garantizarse su seguridad. La verdad de las cosas es que, de haber hecho esto, los americanos no se habrían garantizado apoyo alguno por parte de los sicilianos. No era Luciano, sino, en este caso, don Calo Vizzini, quien quitaba y ponía apoyos en la isla. Pero ya llegaremos a eso. De momento, empecemos por el principio, o sea el génesis.
Parece existir cierto consenso al situar el nacimiento de la mafia en 1738, y señalar la responsabilidad que en ello tuvo nuestro buen rey Carlos III, que entonces era rey de Nápoles. En 1738 se produjo una sequía brutal en Italia que generó una hambruna desesperante en Calabria. Los calabreses huyeron del hambre cruzando el estrecho de Messina e invadiendo literalmente Sicilia. Los sicilianos los odiaron pronto porque aquellos scacciapagliari, es decir segadores de paja, segaban todo lo comestible que veían, dejando la tierra yerma. De haber actuado el rey Carlos adecuadamente y haber protegido a los sicilianos de los abusos de los calabreses, las cosas hubieran ido de otra manera. Pero no fue así. Los sicilianos precisaron crear su propio sistema de seguridad contra los invasores, sistema que alumbró a la mafia.
Por toda Sicilia comenzaron a patrullar a miles los soldados básicos de la mafia, conocidos como pisciotti, armados. Cazaron literalmente a casi 14.000 calabreses. Estos grupos de resistencia, que pronto comenzaron a cobrar por la misma, se denominaban cosche, en singular cosca (que significa, según los contextos, mulso o alcachofa). Los jefes de cosca no eran padrinos, sino tíos (ziu).
Cuando el problema de los calabreses se resolvió, las cosche existentes amagaron con empezar a luchar por el poder. Pero la gran novedad de la mafia estriba en darse cuenta de que esa estrategia no lleva a ninguna parte y que es mejor entenderse y repartirse lo que haya. En fecha tan temprana como 1742 se produjo ya la primera reunión de zii, de capos, en la que se coordinaron y repartieron territorios. Se pactó que cada cosca sería independiente y que los conflictos que pudieran surgir los dirimiría un uomo di respettu u hombre respetuoso. Una afirmación común y, a mi modo de ver, errónea, es que estos hombres de respeto son el antecedente de los capos mafiosos. Dicho antecedente hay que buscarlo en los zii; de hecho, los hombres de respeto, en su origen, eran de avanzada edad, siempre más de 60 años, y tenían que estar desconectados de la labor de las mafias; así pues, difícilmente podrían comandarlas.
En 1783, la mafia se enfrentó a una nueva invasión calabresa. Para entonces, se había organizado para plantar cara a los recaudadores de impuestos que llegaban de Nápoles, a los que mató en gran número; y había instituido la costumbre de que los productores le pagasen un porcentaje de sus ganancias, conocido en Sicilia como pizzu, o sea pizca, bocado. En 1793, cuando el reino de Dos Sicilias le declara la guerra a la Francia revolucionaria, la mafia organizará el evitamiento de la recluta por los jóvenes sicilianos. Esta campaña acabará por extender definitivamente su influencia por toda la isla.
En la segunda mitad del siglo XIX, cuando el rey Victor Manuel y su primer ministro Cavour inician desde el Piamonte la reunificación de Italia, la mafia decide apoyar el movimiento. Los jefes de las cosche consideran que la monarquía borbónica está muerta y, además, no le hacen ascos a una dominación desde un sitio tan lejano como Piamonte. Así pues, pactan con Cavour la ayuda del pueblo a un desembargo de Garibaldi en la isla.
Una vez que la guerra de reunificación de Italia hubo terminado, los problemas entre Sicilia y la metrópoli comenzaron pronto. Lo racional es pensar que los zii jamás pensaron en otra cosa que en dominar la isla a su antojo y, por eso, cuando Piamonte pretende recaudar allí impuestos y cuando, más tarde, Italia comience sus guerras coloniales que harán necesarias las levas de jóvenes, la mafia, que hasta entonces había manejado el cotarro, se da cuenta de que formar parte de Italia no es ningún chollo.
De esta segunda mitad del siglo XIX, época de gran pobreza para Sicilia, datan la gran parte de las emigraciones masivas de sicilianos, que tienen América como destino. Una vez en Estados Unidos, muchos de estos sicilianos, pisciotti en su tierra de origen, reproducen el esquema. En un principio, crean una organización llamada la Mano Negra; es la organización a la que, si recordáis, pertenece don Fanucci, el mafioso de barrio a quien mata Vito Corleone en la puerta de su casa. Luego fundan lo que se llamó la Cosca Nostra, es decir nuestra organización, que acabaría por llamarse Cosa Nostra.
El primer emperador de la mafia siciliana fue Vito Cascio Ferro. Don Vito es el primer ziu que tiene la visión de crear algo parecido a eso que conocemos por crimen organizado. La mafia comenzó a establecer pequeños impuestos por una gran variedad de servicios, y a prosperar consecuentemente.
Vito Cascio tuvo que enfrentarse , además, al primer problema serio con las fuerzas del orden. En Estados Unidos, la policía se había dado ya cuenta de las importantes connivencias de los miembros de la Mano Negra con personas residentes en Silicia. Así pues, decidió enviar a un policía, Jack Petrosino, para investigar sobre el terreno. Petrosino llegó a Palermo acompañado de dos mafiosos que creía arrepentidos. Ese mismo día, Cascio visitó a un diputado siciliano llamado Petrani , a quien pidió prestado su coche. Buscó por Palermo al recién llegado Petrosino y, cuando lo encontró, se bajó del coche y lo mató de un único disparo. Si ya era respetado, aquel asesinato elevó a don Vito a los altares de la mafia siciliana.
Para este creador de la mafia moderna, mucho más poderoso que las organizaciones italoamericanas que, para entonces, todavía estaban luchando por prevalecer frente a otras mafias, y muy especialmente la irlandesa, la primera guerra mundial fue el chollo final. Las elevadas necesidades de material y sobre todo de animales forró a la mafia. Muchas comisiones de compras estaban asimismo compradas, así pues en realidad era la mafia la que ponía el precio por los pertrechos vendidos al ejército. Las tentativas de hacer justicia no prosperaron. Nadie habló.
La primera prueba de fuego llegaría en la primavera de 1924. Muchas cosas acababan de cambiar en Italia. La marcha sobre Roma, los camisas negras... En Italia mandaba un nuevo Duce; Benito Mussolini. Un hombre que no admitía compartir mando con otro jefe.
El choque era inevitable.
En un par de días, gritad y me despertaré.
viernes, mayo 29, 2009
Los godos molan (y 5). El viejo Wamba
Recesvinto fue el caudillo que llegó a Zaragoza y la liberó de la creciente amenaza que se cernía sobre la ciudad. Pero, como hemos dicho, en términos históricos, la verdadera importancia de este rey estriba en el paso dado en el terreno jurídico para avanzar en la definición de eso que hoy llamamos España. Existen indicios de que desde el mismísimo inicio de su reinado, Recesvinto tenía en medio de las cejas la idea de revisar el ya viejo código de Leovigildo. En la apertura del VIII concilio de Toledo, el rey hizo un llamamiento a los obispos (que eran lo más parecido a un parlamento que había entonces) a que revisaran a fondo la legislación para eliminar de la misma todo lo que de desenfocado o superfluo se encontrase.
El código finalmente publicado por Recesvinto contenía 324 leyes de Leovigildo, 99 de Chindasvinto y 87 leyes nuevas. Pero lo realmente importante de este código es que obligaba a todos los habitantes del reino y, por lo tanto, rompía con la dualidad entre godos e hispanorromanos que hasta entonces había vertebrado la nación. Aunque es muy difícil adivinar los porqués de la reforma, es obvio que, al abolir el derecho romano, los godos cercenaron definitivamente el poder que pudieran tener los cargos hispanorromanos, notablemente la administración de justicia. Es probable, por lo tanto, que la reforma de Recesvinto venga a significar el momento en el que los godos se sintieron, por primera vez, con fuerza, real y moral, suficiente como para echarse a todo el país a las espaldas.
Recesvinto murió en el 672. El mismo día de su óbito, los nobles del reino eligieron a Wamba como nuevo monarca. El nuevo rey intentó al principio pasar de la historia, pues, dice en las crónicas, era bastante viejo para poder enfrentarse a los desastres que ocurrían en el país; lo que las crónicas no nos dicen es qué tipo de desastres eran ésos. No obstante, aceptó, al parecer convencido por la actitud de los grandes jefes territoriales o duces, los cuales le informaron de que si no aceptaba se lo pasarían por la piedra.
Lo primero que hizo Wamba en cuanto fue rey fue lo mismo que Guardiola en la final de copa: arremeter contra los vascos. Pero cuando estaba en ésas, le llegó la comunicación de que en la Galicia hispanogoda, un tal Ilderico, apoyado por el obispo Gunildo y el abad Ranimiro, se habían alzado contra su poder. Tomaron rápidamente control de la mitad este de la Septimania, aunque la capital de la provincia, Narbona, se les resistió.
Wamba nombró como general de las fuerzas de rescate a un tal Paulo, que no es un nombre godo sino latino; lo cual quizá nos da la medida de hasta qué punto, en aquellos tiempos que fueron los de la reforma de Recesvinto, los propios círculos de poder de los germanos habían cambiado.
La corrupción política es algo que ha existido de toda la vida. En aquellos tiempos, no sólo tenía que ver con acumular pasta sino también con acumular poder real. Paulo marchó hacia la Septimania para sofocar la rebelión. Iba en compañía de varios comandantes, entre ellos Ranosildo, que era gobernador de la provincia tarraconense, y un gardingo o alto noble de la corte llamado Hildigiso. Ranosildo e Hildigiso, quizá cabreados por tener nombres más propios de renos del tiro de Santa Claus que de militares de pelo en pecho, comenzaron a comerle la oreja a Paulo con que si él tenía el poder, o sea las tropas, por qué, además de pasarse a Ilderico por la entrepierna, no se llevaba también por delante al abuelo Wamba. Los planes de estos conspirados llegaron a los oídos de Argebado, obipo de Narbona, el cual se apresuró a enviarle un e-mail al rey. No obstante, para entonces Paulo entraba en Narbona y se hacía ungir rey; existen indicios de que Argebado, incluso, llegó a unírsele.
Al parecer, Paulo no quería luchar con Wamba por el copo. Su interés se centraba en ser rey de la Septimania y la Tarraconense, o sea una especie de rey catalán antes de los Países Catalanes, y dejar a Wamba reinar en el sur. Cuando Ilderico se unió a Paulo, Wamba había perdido el control de su nación desde el extremo de la Septimania hasta más o menos Barcelona.
Wamba debía de ser un tío listo. Procedió con cautela. Quizá recordaba la rebelión de Froia, de la que nosotros casi nada sabemos. Era consciente de que, a base de salir de la comunidad autónoma a repartir hostias por Euskadi Sur-Sur-Sur, los vascos se habían internacionalizado y habían adquirido la habilidad, y la costumbre, de cerrar alianzas bélicas. Es posible que tuviese información de que euskaldunes y paulistas estuviesen en tratos; y, por lo tanto, decidió secar esa fuente.
En lugar de entrar en la Galia, donde entró Wamba fue en el País Vasco. Al parecer, montó una del cuarenta y dos, hasta no dejar ni un cabolo con chapela vivo. Los vascos, claro, claudicaron. Y, evidentemente, pasaron de ayudar a Paulo.
Una vez cerrado el flanco euskera, Wamba se dirigió a Barcelona a través del norte de Aragón, capturando por el camino a los jefes rebeldes Euredo, Pompedio, Gundefredo, Humulfo y Neufredo. Barcelona se le rindió, y luego siguió hasta Gerona, que hizo lo propio.
Una columna de Wamba capturó a los jefes rebeldes Ranosindo y Eldigiso en una ciudad llamada Clausurae. La captura de esta ciudad desató los esfínteres de los paulistas, pues con ella Wamba tenía el camino franco hasta Narbona. Paulo se retiró de la ciudad a Nimes, pero dejó en la capital a un gran ejército al mando de su comandante Witimiro. En una batalla relativamente corta (tres horas) las tropas de Wamba le dieron hasta en el cielo de la boca. Witimiro, según las crónicas, se refugió en una iglesia y, una vez tras el altar, sacó su espada declarando que moriría matando; pero bastó que un soldado se le acercase con un chuzo para arrearle una hostia en la cabeza para que se cagase de miedo, se echase de rodillas y se rindiese.
Wandemiro, capitán de Wamba, se dirigió a Nimes, ciudad a la que llegó por sorpresa en un amanecer, después de una marcha de una noche entera. Cogió por sorpresa a los defensores y pudo quemar las puertas de la ciudad, por lo que Paulo y los suyos se refugiaron en el anfiteatro. Wandemiro también debía de ser un tipo listo como Wamba, pues, en lugar de atacar a los anfiteatrados, dejó simplemente correr los predecibles mecanismos de la psiquis humana. Acorralados, sin escapatoria, notablemente debilitados, los capitanes de Paulo comenzaron a discutir qué hacer y, cuando descubrieron lo distanciado de sus ideas, empezaron a matarse entre sí. Los que no se mataban entre ellos eran asesinados por los propios ciudadanos de Nimes que les habían acompañado en la aventura. Paulo, incapaz de detener la matanza, se despojó de sus vestimentas reales y claudicó.
Ignoro por qué. Pero una de las acciones de Wamba tras ganar la guerra fue volver a Narbona y expulsar de la ciudad a los judíos.
El domingo 14 de octubre del 680, Wamba se sintió mortalmente enfermo y pidió la presencia de los sacerdotes. En presencia de los nobles de la corte, fue tonsurado y vestido con el hábito monástico, acto tras el cual el rey se declaba ya muerto y, por lo tanto, dejaba de ser rey. El acto de tonsurar a un moribundo, en efecto, tenía los mismos efectos que enterrarlo. Wamba, sin embargo, sobrevivió a su enfermedad. Él ya ni era rey ni podía volver a serlo. Pero podemos estimar que no quería dejar el poder, así pues hizo algo que está completamente de más en el derecho godo: nombrar sucesor suyo al conde Ervigio.
El tal Ervigio debía de tener muchas fuerzas de su parte, pues a la muerte definitiva de Wamba los obispos se apresuraron a declarar la plena legalidad de su mando. Ervigio fue un rey decididamente encuadrado en el partido de la nobleza, a la que concedió increíbles beneficios económicos, y de nuevo implacable con los judíos, contra los que dictó hasta 28 leyes punitivas que eran aplicables en su totalidad desde los diez años de edad. Entre otras cosas penó la circuncisión con la realización de un corte algo más profundo, es decir la castración (como las mujeres no tienen pito, las condenó a la mutilación de la nariz en el caso de que hubiesen participado en una circuncisión). Se instauró que un judío no podía dar una orden a un cristiano y se les restringió notablemente el derecho a viajar. En 687 Ervigio, ya muy enfermo, siguió la costumbre de Wamba y nombró sucesor en la persona de su yerno Egica, casado con su hija Cixilo.
Mala decisión. Egica, para ser rey, prometió proteger a los hijos de Ervigio. Pero, muerto éste, declaró ante los obispos que su suegro había sido un cabrón de tal calibre que la necesidad de hacer justicia era incompatible con la protección de su familia. En otras palabras: todo parece indicar que, en vida del suegro, disimuló como pudo, pero en cuanto llegó a rey se quitó al careta. Probablemente lo hizo para ganar apoyos. Pero no lo debió hacer bien, porque años más tarde el obispo de Toledo, Siseberto, lideró una rebelión para matarlo, que salió mal.
Egica prosiguió la tendencia antijudía con mayor ahínco aún que su denostado suegro. Sus medidas están claramente dirigidas a invitarles a largarse a otra parte. Les puso muy, pero muy difícil, poder ganarse la vida. E incluso llegó a decretar que todos los hijos de judíos serían separados de sus padres a los siete años, para ser entregados a familias cristianas que los educarían como tales. Aunque hubo una significativa resistencia a esta medida entre los propios sacerdotes, se aplicó en amplias zonas de España; quién sabe cuántos de nosotros descenderemos de esos niños desarraigados de sus propios padres a la fuerza. Los judíos tuvieron que esperar dos décadas para que las cosas cambiasen con la invasión musulmana; no ha de extrañar que tiendan a ver ésta como una liberación.
Egica murió como Franco, de muerte natural, en el 702. Dos años antes, había asociado al trono a su hijo Witiza, el cual reinó hasta el 710, en unos años que, según las crónicas, fueron prósperos para el país. A su muerte, el trono fue usurpado por Rodrigo. Este Rodrigo que ha pasado a la Historia, y honradamente no sé por qué, con el Don delante, no sabía la que se le venía encima. El moro Muza, que dominaba el Magreb, envió a la península a su capitán Tarik Ibn Ciyad (si se llega a llamar Ciyad Ibn Tarik, hoy Tarifa se llamaría Cillada). Tarik partió de Ceuta y desembarcó en la roca que llamaron los musulmanes Gebel Tarik, uséase Gibraltar. Rodrigo se enfrentó a los árabes, pero perdió la batalla, muy probablemente, porque su propio ejército estaba en guerra civil contra aquéllos, no sabemos muy bien quiénes,que habían reaccionado ante su okupación del trono. Cuando Muza cruzó a España, se encontró frente a él a unos resistentes que se estaban dando de hostias entre ellos, lo que facilitó la labor invasora. En alguna zona de España, un tal Aquila llegó a suceder a Rodrigo como rey, al parecer durante tres años.
Ésta es, sucintamente, la historia de los godos. Quien haya pensado alguna vez en España, en las cosas que han servido para definirla, para estructurarla como nación, habrá pasado, en sus reflexiones, por algunas de las cosas que aquí se cuentan.
Casi todo lo que pasa en la Historia de los pueblos entre la caída del imperio romano y la Baja Edad Media tiene poco glamour. Son pocas las fuentes y muchos los esfuerzos interpretativos. Así pues, es fácil pensar que hay que pasar de los godos porque ni puta falta que te hacen en el cerebro.
Y puede que sea verdad. Pero, amigo lector, si eres español, o si eres latinoamericano pero portas alguno de esos apellidos que sin duda vienen de aquí, tú eres un poco ellos. Un día, ellos fueron tú.
¿De verdad aprenderse de memoria una puta listita de nombres era tanto pedir?
martes, mayo 26, 2009
Los godos molan (4). nace la cuestión judía
La cuestión judía se ha movido en el tiempo de forma irregular, con momentos mejores y peores pero con una melodía de fondo que era claramente antijudía. El derecho romano desarrollado en Hispania tenía ya medidas preventivas contra los judíos, aunque Alarico abolió no pocas de ellas; no sin conservar una de las nucleares, que era la prohibición de celebrar matrimonios entre romanos y judíos. Ya en los tiempos de Alarico, además, a los judíos se les prohibió ostentar cargos públicos y, si bien se les permitía reparar sus sinagogas, no se les dejaba construir nuevas. Asimismo, el proselitismo judío en la persona de cristianos estaba castigado con la muerte. Aunque los judíos no son un pueblo que se haya distinguido por el proselitismo (ellos son el pueblo elegido, no tienen la ambición de conseguir nuevos creyentes por ahí fuera), todo parece indicar que el hecho de que las creencias estuviesen en sus inicios provocaba muchas confusiones entre los ritos cristiano y hebreo, lo cual puede haber justificado este tipo de normas.
Podemos resumir diciendo, por lo tanto, que los judíos fueron, en la España goda, vigilados muy de cerca, aunque podían practicar sus cultos sin problemas. Pero en el 612, como ya decíamos, falleció el rey Gundemaro y para sucederle fue elegido Sisebuto, quien se mantendría en el trono hasta el 621. Fue ese cristianismo militante el que llevó al rey a plantearse el estatus de los judíos en Hispania. Las medidas tomadas en el pasado no habían evitado que, como una evolución lógica de la vida, hubiese judíos que medrasen hasta el punto de tener esclavos o manumitidos; y, en estos casos, éstos solían ser cristianos, con lo que se producía una situación de poder efectivo del hebreo sobre el cristiano que no era aceptable desde el punto de vista de un rey católico cien por cien (habría aquí que hacer el inciso de que, en España como en otras muchas naciones europeas, y contra lo que a menudo se cree, el cristianismo primero, y el catolicismo después, no encontraron en el mensaje de Jesucristo elemento alguno incompatible con la esclavitud humana).
Sisebuto continuó la línea jurídica de condenar con la mayor dureza el proselitismo judío. Pero fue más allá, colocándose ya en el terreno claro del antisemitismo. Es Sisebuto, por ejemplo, quien comienza a practicar las conversiones forzadas, que se hacían, por ejemplo, en la persona de los nacidos de matrimonios mixtos que, a pesar de la dureza de las leyes, se hubiesen producido. En defensa de la Iglesia católica hay que decir, en este punto, que todos los indicios que nos han llegado, especialmente los relativos al IV concilio de Toledo, indican claramente que la misma se opuso a la política de conversiones forzadas. El más claro indicio de la política de Sisebuto es el hecho de que provocó emigraciones masivas de judíos a Francia.
A la muerte de Sisebuto, le sucedió su hijo Recaredo II quien, sin embargo, sólo vivió unos días, sin que haya logrado averiguar yo hasta el momento si fue casualidad o acción enervada por algún tercero. El caso es que, muerto Recaredo II, le sucedió Suintila, el principal general de Sisebuto.
Lo primero que hubo de hacer Suintila en el trono fue subir al noreste de la península a defenderla de los vascos, que una vez más habían bajado de sus montañas y se habían dedicado al pillaje de Euskadi Sur-Sur-Sur. Sin embargo, su campaña más exitosa, que ya había apuntado siendo general de Sisebuto, fue la expulsión de los bizantinos de su área malacitana; lo que convierte a este Suintila en el primer rey español que reinó sobre toda la España concebida por el PNV (esto es, excluida la tierra de los vascos, que nunca fue gobernada por rey godo alguno).
Resulta difícil saber cómo fue, en realidad, este Suintila. El mismo cronista, Isidoro de Sevilla, lo considera lo mejor del mundo mundial en su primera historia de los godos (publicada cuando Suintila todavía era rey) o un abyecto criminal en la segunda (publicada cuando ya no lo era). Hay indicios de que Suintila pudo ser un rey populista, una especie de Hugo Chávez godo, querido por el pueblo llano pero odiado por la nobleza, aunque son conjeturas y es además imposible conocer con precisión los porqués. Lo que sí sabemos con razonable precisión es que los nobles decidieron deshacerse de él, para lo cual enviaron a uno de ellos, Sisenando, a conseguir la ayuda del rey franco Dagoberto de Neustria. El ejército borgoñón que penetró en España desde Tolosa acabó obligando a Suintila a capitular; hasta Geila, su hermano, apoyaba a sus enemigos.
En marzo del 631, Sisenando fue proclamado rey, aunque es posible que lo fuese después de una rebelión provocada por un tal Iudila del que nada se sabe. En todo caso, Sisenando controló la celebración del IV concilio de Toledo, en el que se condenaron las conversiones forzadas de los judíos, pero se estrechó el cerco sobre ellos.
Asimismo, dicho concilio consagró el sistema de elección del nuevo rey a la muerte del anterior mediante una especie de cónclave conjunto de nobles y obispos. A la muerte de Sisenando (636) se eligió a Chintila. Lo que más claro queda en los testimonios que nos han quedado de Chintila es que pasó la mayor parte de su reinado acojonado. Trata constantemente de impulsar a los concilios a exportar medidas que le protejan a él y a su familia, así pues podemos especular con la posibilidad de que su elección se produjese más o menos por los pelos y que el rey sintiese desde el principio el aliento de sus enemigos en la nuca. De hecho, se especula con que en aquella época hubieran estallado diversas rebeliones.
En el terreno que más nos ocupa en este post, durante el VI concilio de Toledo, aún en el reinado de Chintila, la Iglesia española recibió una misiva del papa, Honorio I, en la que les instaba a incrementar su dureza respecto de los judíos. No conservamos la carta del Papa. Pero conservamos la respuesta de Braulio, obispo de Zaragoza, en la que le dice, en nombre de los obispos españoles, que ningún hombre es merecedor de penas tan severas como las que Honorio reserva a los hebreos. Por lo tanto, podemos imaginar que los castigos propuestos por Roma eran, probablemente, digamos que muy en la línea de la forma católica de castigar; y que la Iglesia española se rebeló contra dicha crueldad, argumentando que no había nada ni en los cánones ni en el propio Nuevo Testamento que justificase dicha violencia.
La carta de Braulio ha sido alabada no pocas veces por su valentía. Y es valiente, aunque lo que no es, a mi modo de ver, es una defensa de los judíos. Lo que la Iglesia española compartía totalmente con el Papa era la convicción de que los judíos debían ser perseguidos; era en los medios donde no había aquiescencia entre las partes. De hecho, Braulio, y los obispos a los que representa, se declararon partidarios de la idea de Chintila, que ya de por sí marca un cambio cualitativo en la cuestión judía, de no permitir a quien no fuese católico vivir en España. Chintila, por lo tanto, saltó el listón mucho más arriba que Sisebuto y abre, de hecho, toda una corriente de pensamiento que llega, de alguna manera, hasta el nacionalcatolicismo franquista: la teoría de una España puramente católica; no mayoritariamente católica, sino poblada sólo por católicos, pues quien no lo es, no puede ser español.
Chintila murió en el 640 y nombró sucesor a su hijo Tulga, lo que suponía pasar del cónclave casi recién instaurado. Por ello, a la muerte del rey se sucedió un periodo de intensas revueltas, en las que finalmente los contrarios a Tulga, liderados por Chindasvinto, acabaron por prevalecer. Con él, se sentó en el trono de España el pragmatismo. Si Chintila había buscado su seguridad y la de su familia instando a los concilios a aprobar cánones que las aseverasen, Chindasvinto fue más directo y dedicó su reinado a encarcelar y apiolarse a todo aquél que consideró que le podía traicionar. Eso sí, a los judíos los dejó en paz. En el 649, y siguiendo las recomendaciones de sus obispos, Chindasvinto asoció a su hijo Recesvinto al trono, de forma que, a su muerte, éste lo ocupó en solitario. El reinado de Recesvinto daría otro paso, esta vez jurídico, para la construcción de España.
Es por ello que se aconseja descansar de nuevo.
domingo, mayo 24, 2009
Los godos molan (3): Recaredo
Si hay dos cosas que cohesionan a los pueblos que lo vas flipando, esas cosas son la lengua y la religión. La mayor parte de las personas que son algo (armenios, mongoles, españoles, vascos, uzbekos) están dispuestas a soportar que su pueblo sea agredido de diversas maneras; pero colocan la barrera infranqueable en la discriminación de su idioma y/o la negación de sus creencias. En este mundo moderno y en esta esquina del mundo, que se ha vuelto más bien laica (o, cuando menos, está en el mayor punto de laicidad de su Historia conocida) quizá sea difícil de ver, pero lo cierto es que la religión es uno de los cementos más sólidos a la hora de unir a los hombres bajo un nombre común que designe a una nación, un pueblo, o una raza.
Las religiones, por lo común, se basan en la existencia de un misterio. Por misterio hemos de entender algo imposible o difícilmente aprehensible que hace necesario el concurso de un intermediario experto. El cristianismo tiene a los sacerdotes, el budismo a los lamas y los rimpochés, el musulmanismo a los muftíes... en general, toda religión tiene presbíteros que cumplen ese papel de intérpretes que aprovechan su relativa mayor cercanía con la divinidad.
En el caso del cristianismo, y sobre todo del catolicismo, este elemento primario, que como digo está en todas las religiones pues todas las religiones tienen sacerdotes o sacerdotoides, se lleva a un extremo bastante alto. El catolicismo rechaza la libre interpretación de los mensajes de Dios y crea una institución, que es la Iglesia, la cual interpreta dicho mensaje y debe ser seguida por los creyentes en dicha interpretación. Pero la interpretación católica de las Escrituras y del mensaje de Dios es sólo una más; la básicamente prevalente hasta Lutero, pero una más. Los primeros tiempos del cristianismo, sus primeros diez o quince siglos, fueron el vivero de muchas y muy diferentes interpretaciones de esa realidad, la mayoría de las cuales son conocidas hoy con el sustantivo que desde Roma se les impuso: herejías, lo cual quiere decir doctrinas desviadas de la verdad católica (y atacables por ello).
La mayor parte de los problemas doctrinales surgidos en el seno del cristianismo durante la Edad Media tiene que ver con la Trinidad (a secas; sin Jiménez). La Trinidad es una formulación misteriosa de la existencia de Dios, un monoteísmo matizado, de difícil comprensión desde análisis simples. Siempre he pensado que esto, y no otra cosa, es lo que buscó la Iglesia de Roma con su desarrollo. Cuanto más compleja (se podría decir: más gnóstica) la teoría, mejor: eso reclamaría mayores dosis de liderazgo por parte de la propia Iglesia, como intérprete de esa verdad.
La Trinidad dio en aquellos tiempos para discusiones interminables (bizantinas, en buena medida) sobre la naturaleza del Hijo y del Espíritu Santo; sobre el tipo de voluntad de Jesucristo, humana o divina; sobre la calidad de su sufrimiento. Un curso de teología hereje sería complejo y aburrido. Pero, así, en términos muy gruesos, se puede decir que el primer gran enfrentamiento en torno al concepto de la Trinidad, es decir el momento en el que el monoteísmo judío se hace gentil de la mano de Pablo de Tarso y hace sitio cuando menos a un segundo inquilino, el Cristo; el primer gran enfrentamiento, digo, es si Jesucristo es igual que su padre, si es distinto, qué era cuando estuvo en la Tierra, y qué es ahora mismo.
La Iglesia católica defiende una visión que es bastante complicada de explicar. Está en el Credo que cualquier católico reza los fines de semana en voz alta. Jesucristo es el hijo único de Dios, de su misma naturaleza, engendrado y no creado. Lo cual viene a querer decir que Jesús es y no es el Padre, así pues ambos, y el Espíritu Santo, de alguna forma son y no son lo mismo. Siempre he pensado que en el desarrollo de toda esta historia tuvo que participar un huevo de obispos gallegos.
Los godos, de origen germánico, son cristianizados más tardíamente que los latinos. Por lo demás, cuando comienzan a expandirse hacia el sur, radicándose en terrenos del imperio romano, enrolándose en su ejército y vendiéndoles pan por las mañanas (pues ésta es la invasión goda; quien se imagine a tipos con cuernos en los cascos ganando batallas, yerra en lo fundamental), se encuentran con una organización fuertemente nacionalista a la que le cuesta considerar a esos tipos rubios, altos y que hablan tan fuerte como unos romanos más. A mi modo de ver, fueron los romanos los primeros que hicieron que los godos se sintieran godos. Así las cosas, cuando el imperio se fue a la mierda y los godos dominaron el cotarro, siguieron sintiéndose distintos de los romanos.
Ese desarrollo propio también se llevó a las ideas religiosas. Muchos godos, y entre ellos los visigodos que acabaron sentando el culo en España, eran seguidores de Arrio, un teórico para el cual el Hijo desde luego merecía la atención de los cristianos, pero no al mismo nivel que el padre, pues uno era Dios y el otro, no. El arrianismo siempre me ha parecido a mí como una versión más sencilla del cristianismo, sin tantas complicaciones teóricas. Hay un Padre, hay un Hijo, y el Padre es más que el Hijo. El Padre elije al Hijo y, por lo tanto, el Hijo no es Dios.
Arrianismo y catolicismo son ambos creencias cristianas que, probablemente, no tenían por qué tener muchas dificultades para vivir juntas. Sin embargo, para entender su enfrentamiento en la España visigoda, hay que comprender el concepto fundamental de que aquél era un país en el que vivían dos pueblos. Los visigodos, que dominaron a los hispanorromanos, se quedaron con parte de sus tierras, pero no los sometieron, puesto que los necesitaban para que el país funcionase. Aún así, establecieron dos códigos de leyes distintos, uno para godos y otro para latinos, y consecuentemente instituciones propias para cada pueblo. En este entorno, es lógico que cada uno conservase su religión.
No se puede hablar, sin embargo, de que la España arriana fuese agobiante a la hora de imponerse al catolicismo. Los católicos, en los tiempos de Leovigildo y los reyes anteriores, podían fundar iglesias y monasterios con entera libertad (libertad que se apresuraron a negar a los arrianos tras la conversión de Recaredo). Podían escribir y difundir libros sin problemas (o sea, no fueron los arrianos los que inventaron el Índice de libros prohibidos; serían los católicos). Se dan casos como el del obispo Masona de Mérida, en su día desterrado por Leovigildo, a quien en su destierro se le permitió escribirse libremente con el Papa. De hecho, cuando los católicos empezaron a ejercitar su inveterada tendencia a ir a por los que no concebían las cosas como ellos, cosa que ocurrió con el priscilianismo, la nación arriana les dejó llevar a cabo esa lucha.
La principal presión arriana era social. Si un visigodo se convertía al catolicismo, el trato que recibía era de haber dejado de ser godo para pasar a ser un latino.
Recaredo sucedió a su padre Leovigildo en algún momento de la primavera del 586. Su acceso al trono fue hasta cierto punto un suceso, pues conviene recordar que la monarquía goda no era hereditaria; así pues, que Leovigildo hubiese sido rey no tenía significado alguno para que Recaredo lo fuese también. En todo caso, Recaredo heredó varios ingredientes claros.
Heredó, en primer lugar, una guerra civil reciente, en la que las posiciones se habían radicalizado; entre otras cosas, en sus últimos años Leovigildo había extremado su política anticatólica, aunque esta afirmación hoy parece una coña teniendo en cuenta que su represión de los católicos se hizo, que sepamos, sin tocarles un pelo, mucho menos quemándolos a centenares en las plazas.
La segunda cosa que heredó Recaredo fue el conflicto con los francos, muy especialmente con Childeberto, a cuenta de las brutalidades cometidas por su madrastra Goisunda contra la joven Ingundis, hermana de Childi. Recaredo envió emisarios inmediatamente a la corte de Childeberto para ofrecer la paz. Éste aceptó. De esa manera, los visigodos se aseguraban no tener problemas con dos de los reyes francos, pues con Chilperico no tenían problemas. Sin embargo, el que se negó siquiera a recibir a los embajadores españoles fue Gontrán. No sólo eso, sino que la frontera entre su nación y la Septimania (la región comprensiva de Narbona, Nimes, etc.) quedó cerrada.
Todo hace indicar que los movimientos de Recaredo en el inicio de su reinado tienen como objetivo primario evitar una guerra con los francos. Entre otras cosas, ordenó la ejecución de Sisberto, el asesino de su hermano Hermenegildo; gesto que ganó para él, definitivamente, la neutralidad de Childeberto (bueno; en realidad, al gesto se unió también un montón de pasta). Recaredo incluso se ofreció para casarse con otra hermana de Childeberto, Clodosinda. La boda con Clodosinda, sin embargo, sólo era posible con el consentimiento de Gontrán (asimismo, tío carnal tanto de Ingundis como de la propia Clodosinda), que se negaba. Gontrán argumentó, no sin razón, que no podía enviar a su sobrina a vivir en un país donde su otra sobrina había sido en tal modo maltratada.
Sin embargo, Childeberto acabó accediendo a la boda. Y lo hizo por una razón que registra la documentación de la época: porque Recaredo se había convertido al catolicismo.
Todo parece indicar, por lo tanto, que el movimiento de Recaredo fue un movimiento en parte provocado por la política exterior. Como ya he dicho, cuando menos en mi imaginación, Recaredo se me aparece como un rey muy consciente de la levedad de su mandato, pues entre los godos las sucesiones carnales en el trono no eran comunes; decidido a no buscar soluciones parciales o parches que apenas permitan tirar unos años; y notable analista exterior, por lo que se dio perfecta cuenta de que, en saliendo de España, en aquella Europa ya no ibas a ningún sitio diciendo que eras arriano, pues el Concilio de Nicea había ganado clarísimamente la partida. La conversión de Recaredo, que estaba destinada a marcarnos a los españoles como tales durante siglos, fue, en mi opinión, un movimiento de paz.
En el 589, Gontrán atacó la Septimania. Pero el jefe político de la región, un latino llamado Claudio, le metió tal mano de hostias en la batalla del río Aude, cerca de Carcasona, que en el campo de batalla quedaron 5.000 cadáveres francos.
Fue a inicios del 587 que Recaredo se hizo católico y fue bautizado en secreto. Según el Papa Gregorio I, en dicha conversión habría participado Leandro, el mismo sacerdote sevillano que había convertido a su hermano Hermenegildo.
Se convocó un concilio para resolver el conflicto entre arrianos y católicos, el conocido como III concilio de Toledo; pero, de todas formas, antes de que comenzase, las propiedades arrianas ya habían sido entragadas a los católicos, así pues el resultado estaba cantado. En mayo del 589 comenzaron las sesiones. El concilio declaró anatema la negación de que Jesucristo hubiese sido engendrado por Dios Padre y que fuese de su misma naturaleza, así como a quien le negase la misma naturaleza que a ambos al Espíritu Santo.
En sus inicios, de todas formas, la conversión de España al catolicismo no fue demasiado impuesta; lo cual, en mi opinión, es bastante coherente con el carácter que se adivina en Recaredo por algunos de sus actos. Las actas del concilio toledano son especialmente etéreas en lo que se refiere a quienes han sido arrianos. Como ejemplo, la Iglesia tardó casi medio siglo en dictaminar que los nacidos en la fe arriana no podían ser obispos, en lo que parece una clara evidencia de que, durante los primeros años en los que el catolicismo fue la religión nacional, una medida así o no habría sido eficiencia o no habría sido permitida por el rey. De hecho, en el III concilio de Toledo sólo cuatro obispos godos abjuraron del arrianismo.
Hubo resitencia, y mucha.
En Mérida, el obispo arriano Sunna, junto con sus amigos Segga y Vagrila, parece ser que organizaron una movida para apiolarse a Masona, el obispo católico. Cuando menos Segga pagó la cosa muy cara, pues Recaredo le cortó las manos. Por cierto, que el rey se enteró de la historia por una delación de Witerico; el cual, curiosas putadas de la Historia, acabaría siendo rey después de cargarse... al hijo de Recaredo.
Más seria parece haber sido la conspiración liderada por la siempre inquieta y tocacojones Goisunda, la cual se alió con el obispo arriano Uldila para derrocar al rey. Se descubrió todo y Uldila fue desterrado mientras que Goisunda murió poco después, no sabemos si de muerte natural (lo cual es bastante lógico).
La tercera rebelión se produjo en la Septimania. Allí, el obispo arriano Athaloc y los nobles Granista y Wildigerno se alzaron en armas contra Recaredo por la conversión, y no tuvieron problema en solicitar el apoyo del rey Gontrán (católico). No obstante Claudio volvió a ganarles otra vez como ya hiciera en Carcasona.
La cuarta movida fue impulsada por el noble Argimundo, y buscaba destronar a Recaredo. Tras desmontarse la traición, Argimundo fue decalvado y se le cortó la mano derecha.
En todo caso, lo más importante es que, con la conversión de Recaredo y sobre todo el III concilio toledano, el panorama de la permisividad religiosa entre cristianos cambia radicalmente; aunque, por lo que os acabo de contar, es racional pensar que la radicalización arriana tal vez tuvo algo que ver en ello.
Si hasta entonces los arrianos habían permitido la fe católica en su seno, como he dicho sobre todo impulsados por la consciencia de que era la preferida de medio país, con la conversión de Recaredo las cosas cambian. Se inicia la muy hispana tradición de la quema de libros que dicen cosas que a uno no le gustan, que a juzgar por los resultados debió ser masiva. Se inició también la costumbre de vedar puestos, por ejemplo en la función pública, a los arrianos. Y se inició la también inveterada costumbre de las conversiones forzosas.
Una última cosa queda clara del movimiento de Recaredo. Este rey godo inició, en el terreno jurídico, una tendencia a la que acabaría por poner la guinda, algunas décadas después, Recesvinto: la unificación jurídica entre godos e hispanorromanos. Por lo tanto, es más que racional pensar y sostener que la conversión de España tuvo mucho que ver con el intento de este rey por conseguir tener un solo pueblo bajo su corona. Desde Recaredo, las diferencias entre godos e hispanorromanos comenzarán a desdibujarse, y colocarlos bajo un mismo palio religioso es un primer e importante paso en ese camino.
Recaredo murió en diciembre del 601 y fue sucedido por su hijo, Liuva II. Pero al año y medio de reinar, teniendo aún veinte años, Witerico, como ya hemos dicho, conspiró, lo derrocó y le cortó la mano derecha (el rey no podía ser manco), e, incluso, unos meses después se lo cargó.
De Witerico sabemos que es el último rey godo que intenta llegar a un acuerdo permanente con los francos. Teoderico II de Borgoña le ofreció casarse con Ermenberga, hija de Witerico y con un nombre, la verdad, que al menos en su segunda mitad suena hoy, digamos, poco femenino. Witerico accedió y envió a Ermenilla a Francia al casamiento. Pero mientras llegaba, a Teoderico la vieja Brunequilda y su propia hermana, Teudila, le predispusieron en contra de la candidata, por lo que el borgoñón deshizo la boda (pero que se quedó con la pasta de la dote; muy francés esto). A partir de ahí, los reyes godos tuvieron claro que no tenían nada que ganar en alianzas con los francos. Quizá les hubiera dado un escalofrío de saber que la tierra que gobernaban acabaría siéndolo por una dinastía de tal origen.
A Witerico lo mataron en un banquete y fue sucedido por Gundemaro. De él sabemos que era muy religioso y que asoló la comunidad autónoma de Euskadi (aunque ambos elementos no están en modo alguno relacionados, que yo sepa). Murió en el 612 y fue sucedido por el muy, muy piadoso Sisebuto. El cual comenzaría otra costumbre inveteradamente española: la persecución de los judíos.
A bientôt.