No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung
Indonesia es uno de los grandes desconocidos de la segunda guerra mundial. Las Naciones Unidas han estimado que la conflagración provocó cuatro millones de muertos en el archipiélago, de una población de sesenta y ocho millones. Esto supone que puede calcularse que la guerra dañó a la población indonesia tanto como si la guerra civil española hubiese durado desde 1936 hasta finales de los años sesenta. Indonesia es el quinto país del mundo con más muertes (tras la URSS, China, Alemania y Polonia); pero, ojo, es el primero en muertes de civiles. En la URSS, y es una tasa brutal, el 58% de las muertes soportadas lo fueron de civiles; en China, fueron del 81%; en Polonia, el 96%. Pero en Indonesia el 99,7% de los muertos fueron civiles. Indonesia, por lo tanto, no luchó en una guerra; tan sólo la soportó. En otras palabras: no existe en el ámbito de los pueblos de la posguerra mundial uno solo en el mundo que mereciese más el acceso a sus derechos y, por lo tanto, a su independencia. Sin embargo, igual que pasó en todo el sudeste de Asia, el mundo occidental no tenía demasiadas ganas de reconocer esos méritos.