lunes, abril 25, 2016

Forajidos de leyenda: Jesse James

De todos los mitos falsarios creados por la cultura popular estadounidense, probablemente el de Jesse James es el más falsario de todos. Jesse James, y los muchos folletines y libritos que se escribieron con sus presuntas historias, es, en buena parte, el responsable de que esa pandilla de palurdos esclavistas, rednecks aculturados, violadores, bebedores, no pocas veces sádicos personajes que llamamos pistoleros, tengan buena prensa (no se si lo he escrito alguna vez, pero me estomaga bastante la buena prensa que suelen tener pistoleros y piratas).

La culpa, ya digo, es de W. W. Beauchamp, ese personaje gordito y cobarde de Unforgiven, la obra maestra de Clint Eastwood, interpretado por el siempre aseado Saul Rubinek. Beauchamp recorre el Oeste de escudero cultural de English Bob (Richard Harris), inventándose la vida de un pistolero de leyenda que ni existe ni nunca existió, como en memorable escena se ocupa de informarle el sheriff Little Bill Daggett (Gene Hackman). Los Beauchamp de aquellos tiempos, que fueron muchos, crearon el mito de pistoleros que siempre disparaban de frente y que bla y bla. Para cuando llegaron Sergio Leone y los suyos, el mundo occidental ya estaba fascinado con los vaqueros del Oeste, y estaba dispuesto a creerse todas las imbecilidades que, durante cuarenta años más o menos, les contaron los guionistas de Hollywood Ad Maiorem Dollari Gloriam. Y, entre estas historias, nos colaron ésa de que Jesse James era un tipo presentable, que cuando lo mataron había decidido redimirse, y que, de todas maneras, siempre robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

Jesse James es teóricamente famoso, también, por el hecho de que, por muchos robos que perpetró, jamás mató a nadie. Falso. En los atracos de la banda James-Younger hubo frecuentes tiroteos, en los cuales murieron trabajadores de los bancos e incluso meros transeúntes; y resulta imposible de asumir que Jesse James no tuviese nada que ver con ellos. Eso sí, después de cada robo con muerte de alguien, Jesse se preocupaba de enviar cartas a los periódicos afirmando su inocencia y construyendo algún tipo de coartada.

La historia de James es increíble cuando estaba vivo; pero la que se desarrolló, y se desarrolla, tras su muerte, lo es más. A ver si consigo contárosla sin aburriros.

Jesse Woodson James nació el 5 de septiembre de 1847 en Clay County, Missouri. Hijo de un pastor baptista, se quedó sin él cuando tenía tres años, porque papá James murió en los campos de oro californianos. Su madre, Zerelda, se casó de nuevo muy pronto, aunque rápidamente abandonó a su segundo marido, al parecer porque maltrataba a sus dos hijos, Jesse y Frank. Luego se casó con el doctor Reuben Samuel, que les procuró una infancia y adolescencia de granjeros normales.
Cuando estalló la guerra civil, la familia James se convirtió en partidaria de la Confederación, entre otras cosas porque poseían esclavos en su granja. Jesse se unió, con su hermano Frank, en una banda de guerrilleros que llevaba el nombre de William Quantill, cuyo líder era Bloody Bill Anderson. Por dos veces, Jesse resultó gravemente herido (una bala alojada en su cadera, de hecho, apareció cuando su cadáver fue exhumado, algunos párrafos más abajo).

Su primer tiroteo ocurrió el 27 de septiembre de 1864, en Centralia, Missouri. Anderson apareció en este pueblo con treinta seguidores, entre ellos James, para saquearlo. Se encontraron con unos 25 soldados de la Unión que estaban desarmados, y los mataron a sangre fría. Tras esta acción, un comandante del ejército del Norte, A. V. E. Johnson, montó la típica partida de persecución, pero Anderson los estaba esperando con más de doscientos efectivos reclutados entre diversas guerrillas de la zona. El propio Johnson, junto con un centenar de sus hombres, perdió la vida en la emboscada.

Cuando la guerra civil comenzó a definirse a favor del Norte, muchas guerrillas como la de los James, y desde luego ellos, se reciclaron a patota de ladrones. Fue, de hecho, esta banda la que tiene el dudoso mérito histórico de haber realizado el primer atraco a un banco en tiempo de paz y a la luz del día: Fue el 13 de febrero de 1866, se produjo en el Clay County Savings Bank, y el botín fueron 6.000 dólares. El cajero y su hijo, apenas un niño, fueron encerrados en el propio banco. A la salida, los ladrones se pusieron nerviosos sin razón, y acabaron disparando a un transeúnte, George Wymore (que era apenas un adolescente).

La banda seguiría robando bancos en la zona durante años. Para entonces, la banda era ya la banda James-Younger, pues, bajo el mando de Jesse, se encontraban, además de su hermano, los hermanos Cole, James, Bob y John Younger.

El 21 de marzo de 1868, en Rusellville, Kentucky, Jesse y su hermano Frank, acompañados por los Younger y otros cuatro bandidos, se presentaron en la ciudad para atracar el Southern Bank of Kentucky. Jesse tuvo que acojonar al cajero, Morton Barkley, para que le diese el dinero, pues a pesar de varios disparos al aire seguía siendo renuente a darle la pasta (ole sus huevos).

Se da la circunstancia de que el mismísimo presidente del banco, Nimrod Long, estaba muy cerca y pudo escuchar todo el follón. Vivía al lado, y en ese momento estaba comiendo. Así pues, salió corriendo hacia el banco, dando la voz de alarma por la calle. Entró por la puerta de atrás y, de repente, se dio de bruces con James. El ladrón le disparó dos veces, una en la cabeza. Pero el esforzado Long no sólo seguía vivo, sino que salió en persecución de la partida de ladrones.

El 7 de diciembre de 1869 debemos situarnos en Gallatin, Missouri. Los dos hermanos James entran en el banco local haciéndose pasar por clientes. Solicitaron hablar con el propietario, John W. Sheets, con quien, al parecer, tenían algún mosqueo previo. Nada más aparecer el hombre, uno de los dos hermanos le disparó dos veces, matándolo en el acto. Luego dispararon al empleado William McDowell en un brazo, aunque se las arregló para salir a la calle y pedir ayuda. Los dos hermanos salieron a la naja, aunque uno se encontró con que su caballo estaba herido e inútil, así pues debieron de huir en un solo caballo.

Una semana después, el 15, se encontraban en Clay Country, Missouri. Cuatro hombres rodearon la granja del doctor Samuel, padrastro de los James. Claramente, si estaban allí era por los 3.000 dólares de recompensa que se habían ofrecido por los ladrones de Gallatin. Cuando el ayudante del sheriff John Thomason se estaba acercando a la casa, los hermanos James salieron en estampida de dentro. Obviamente, ambas partes se dispararon, y los de la partida de cazarrecompensas salieron a galope detrás de los James. Thomason desmontó para poder apoyar la pistola en la silla de montar y hacer un disparo certero. Pero su caballo se encabritó y salió al galope en solitario, siguiendo a los James. Éstos mataron al animal, y luego escaparon.

El 26 de septiembre de 1872, En Kansas City, tres hombres a caballo se acercaron a Ben Wallace, que era el vendedor de entradas para la Kansas City Fair. Uno de esos hombres, presuntamente Jesse James, le robó la caja de la recaudación. Wallace forcejeó con él, por lo que James le disparó. En la trifulca consiguiente, y hasta que los ladrones huyeron, resultó herida una niña en una pierna.

En 1873, la banda decidió diversificar su actividad, y comenzó a atracar trenes. Aquello ya eran palabras mayores en términos de botín e inseguridad percibida por los particulares, así pues es en ese año cuando se ponen precios elevados a las cabezas de la banda. En 1874, la banda James-Younger tiene ya a los detectives de la famosa agencia Pinkerton respirándoles en la nuca. Un agente de la agencia, John Whicher, fue asesinado en marzo de aquel año muy cerca de la casa de su madre. En su tiempo, nadie pareció dudar de que los hermanos James fuesen los autores del hecho.

El 23 de abril de 1874, Jesse James se casó con su piba de toda la vida, Zee Mimms, que le dio un niño y una niña.

En 1875, personas nunca identificadas dispararon sobre la granja del doctor Samuel. El hermanastro de ambos, que tenía 9 años, resultó muerto; a la madre de los James hubo que amputarle una mano.

El 7 de septiembre de 1876, en Northfield, Minnesota, ocho miembros de la banda James-Young aparecieron en la ciudad para atracar el First National Bank. Tres hombres se quedaron a la entrada del pueblo, dos se quedaron fuera del banco con los caballos preparados, y los otros tres entraron en el banco. Allí el cajero, Joseph L. Heywood, se resistió a sus presiones, por lo que uno de los atracadores le cortó la garganta y luego lo remató de un disparo. Un cliente que trató de escapar, A. E. Bunker, fue disparado en un hombro. Entonces pasó lo que solía pasar en esos casos y las pelis del Oeste no suelen contar: el pueblo entero, ya totalmente consciente de lo que estaba pasando, la emprendió a tiros con los atracadores. Las gentes de Northfield lograron matar a Clell Miller y a William Stiles, y herir seriamente a Bob Younger. Los atracadores, por su parte, mataron a un vecino llamado Nicholas Gustavson. Parece ser, según el relato de Cole Younger, que los James querían ejecutar a Bob Younger para poder huir más deprisa. Como los otros se negaran, decidieron irse por su cuenta. Y no les salió mal la jugada, pues días después las partidas de persecución mataron al miembro de la banda Charlie Pitts, y trincaron a Bob, Cole y Jim Younger.

Perseguido ya muy de cerca por las autoridades, Jesse James comenzó a utilizar identidades falsas, con las cuales se trasladó con su mujer a Texas, Tennessee y Kansas. En 1881 lo encontramos en la ciudad de St. Joseph en 1881, bajo el nombre Thomas Howard, planeando nuevos golpes. Sin embargo, para entonces eran legión las recompensas que se habían ofrecido por su cabeza y, la verdad, también eran muchas las versiones que circulaban de que estaba muerto.

Ese mismo año de 1881, el 15 de julio, cometió un espectacular atraco en un tren. El tren nocturno de Chicago a Kansas City operado por la Rock Island & Pacific Railroad recibió a media docena de discretos viajeros que, en realidad, eran ladrones, en sus paradas de Cameron y Winston, Missouri. Cuando el tren salió de Winston era noche cerrada, así pues la partida se decidió a actuar. Un hombre (casi seguramente, Jesse James) se presentó en la máquina, donde se encontraba el conductor William Westfall. Lo encañonó y conminó a levantar las manos. Westfall, sin embargo, se volvió bruscamente, por lo que James le disparó en la espalda. Luego lo disparó otra vez, matándolo. Otros miembros de la banda, oyendo los tiros, hicieron uso de sus armas también, con el resultado de que un pasajero, Frank McMillan, resultase muerto.

La banda hizo parar el tren y se dirigió hacia el vagón correo. Robaron la caja, y desaparecieron.

El 3 de abril de 1882, James estaba en su domicilio de St Joseph junto con dos hermanos, Charles y Robert Ford, a los que había captado para su banda, pues estaba pensando en realizar nuevos atracos (eso de que se había retirado de la mala vida es un invento cinéfilo). Era lunes, y los tres acababan de desayunar. Entraron en el salón, y James se dio cuenta de un cuadro que estaba torcido en la pared. Así pues, se subió en una silla para enderezarlo. Bob Ford, quien al parecer llevaba tiempo pensando en cobrar las sustanciosas recompensas que se ofrecían por aquel hombre, decidió que era su momento, sacó su pistola y le disparó en la cabeza. Fue un gesto cobarde, pues James estaba desarmado en ese momento y, además, de espaldas. Pero tampoco nos pongamos estupendos, porque el propio James no es que le hubiese dado muchas oportunidades de defenderse a sus víctimas durante sus atracos. El caso es que, con ese gesto, Ford se ganó, durante muchas décadas, el título de americano más odiado.

La historia de Jesse James, sin embargo, ni de coña termina con su muerte. En realidad, James se convirtió, durante mucho tiempo, en el Elvis Prestley del siglo XIX.

En primer lugar, las ocasiones en las que la propia prensa había publicado que James había muerto eran muchas; así pues, los escépticos tenían mucha base para dudar de la noticia que ahora se les dio. En los años siguientes a la muerte de Jesse James, una quincena de hombres afirmaron ser él y haber escapado a la muerte.

James, sin embargo, estaba muerto. Su cuerpo fue llevado a su tierra chica de Kearney, Missouri, por un tren especial; allí, fue enterrado en el jardín de la granja de su madre, Zerelda James. Muy pronto, la avispada Zerelda se dio cuenta de que allí había negocio, así pues comenzó a cobrar 25 centavos por visitar la casa y la tumba; muchos visitantes se llevaban piedrecitas de ella como recuerdo. Zerelda James vivió de este negocio durante veinte años, pero en 1902, cuando ya no podía cuidar de todo aquello, la familia decidió trasladar el cuerpo a un cementerio. En junio, pues, Jesse James fue exhumado delante de su hijo Jesse junior, quien reconoció a su padre por el balazo en la cabeza y por las trazas de oro en los dientes.

Muy poco tiempo después de la muerte de James, sin embargo, un banquero de Brownwood, Texas, afirmó ser Jesse James. Pero lo que nos da la medida de lo extremadamente popular que fue en Estados Unidos la historia de Jesse James es la longevidad de estas historias sobre su supervivencia. En los años treinta del siglo XX se habló mucho de un recluso de Colorado llamado James Sears, quien siempre estaba retando a sus vecinos a pillarle en un renuncio con alguna pregunta sobre la vida de James, y que afirmaba que la muerte de éste había sido un montaje. Fue después de su muerte cuando personas que lo habían tratado comenzaron a decir que, en realidad, era James. Al parecer, se parecía bastante.

En esa misma época, apareció una persona aparentemente sin hogar en Excelsior Springs, Missouri, contando que era Jesse James. Se hacía llamar John James y fue tan convincente que logró convencer a la policía de llevarlo a la capital del Estado para pedir perdón por sus supuestos crímenes. El gobernador se negó a recibirlo, pero en el pueblo siguieron empalmados con aquella historia hasta que apareció por allí Stella, la esposa de Jesse James Jr y, por lo tanto, nuera del bandido. Comenzó a preguntarle detalles sobre la vida de su suegro que el impostor no fue capaz de acertar. Para colmo, Stella se había traído consigo un boto de su suegro y, como en un relato de Cenicienta cutre, invitó a John James a probárselo. Le quedaba pequeño.

Todavía en 1947, precisamente el año que falleció en un manicomio John James, apareció otro nuevo Jesse James. Un tal J. Frank Dalton aseguró ser James y tener cien años de edad. Una vez más, se trataba de alguien que parecía saber mucho de la vida del pistolero; pero eso no es difícil, porque se habían publicado libros y folletines para aburrir. Aquello se convirtió en un circo y, de hecho, en 1950 se organizó un gran espectáculo durante el supuesto 103 cumpleaños de Jesse James. Al mismo tiempo, un tipo en Nashville aseguraba tener 106 años de edad y ser Cole Younger (que la palmó en 1916).

Cuando Dalton murió en Granbury, Texas, en 1951, el empresario del espectáculo que se había forrado con su cumpleaños, Rudy Turilli, lo enterró y puso una lápida en la que afirmaba que era Jesse James, y creó un museo de cera dedicado a la figura del bandido, que todavía existe, en Stanton, Missouri.

En la última década del siglo XX, la universidad George Washington se planteó dejar clara toda esta movida. El profesor y forense James Starrs consiguió el apoyo de la familia James, así como de un juzgado, para poder exhumar el cadáver de James.

La intención de Starrs era estudiar el ADN mitocondrial del cadáver. El ADN mitocondrial aguanta siglos y siglos sin desaparecer y se transmite por línea femenina (por eso los mistabobos que se hacen pajas con la idea ésa de los descendientes de Jesús, en realidad, se refieren a los descendientes de María Magdalena, suponiendo que hubiese sido su mujer). Starrs quería comparar el ADN del cadáver con el de los descendientes de Susan James, la hermana del pistolero.

El cuerpo fue exhumado en julio de 1995. A pesar de que el ataúd se había roto y, por lo tanto, los huesos estaban contaminados por la tierra, Starrs obtuvo algunos fragmentos viables de dentadura, además de un cierre de corbatín que parecía ser el mismo que se ve en algunas fotos de James de 1882.

En febrero de 1996, en Nashville, Starrs anunció que los análisis realizados dejaban claro un parentesco entre el hombre enterrado en aquella tumba y la familia James. En la rueda de prensa estaban presentes descendientes de Frank Dalton, que abandonaron el lugar encabronados. Decidieron entonces exhumar el cadáver de su antepasado para llevar a cabo sus propios tests de ADN pero, en una escena un tanto chusca, se equivocaron de cadáver; entre otras cosas, el tipo al que desenterraron era manco. La familia nunca ha abandonado el proyecto de realizar la exhumación algún día.


A día de hoy, que gracias a internet hemos podido descubrir (cierto es que ya lo sospechábamos) que hay más tontos que tuercas y cualquiera puede conseguir una audiencia, siquiera modesta, a base de escribir tonterías (para muestra, este blog); a día de hoy, digo, 130 años después de la muerte de Jesse James, siguen apareciendo extraños descendientes de un hombre que, dicen, no murió cuando murió, y tal y tal. De hecho, es probable que encontrase en su día el elixir de la inmortalidad y siga entre nosotros, reconvertido a empresario de chemtrails. O tal vez sea homeópata. O agente secreto del Club Bildemberg. Vosotros mismos, elegid.